Acoso callejero y orientación sexual: la doble violencia hacia las mujeres lesbianas

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    “Cerca de mi casa, un hombre nos increpó a mí y a mi pareja violentamente, simulando tener un cuchillo debajo de su polera nos dijo "dense un beso" detalló Valentina, quien en esa ocasión fue acosada sexualmente en el espacio público, por ser mujer y por ser lesbiana.

    Caminar por la calle como mujer es, sin duda, una odisea. Según datos de la Primera encuesta sobre Acoso Callejero realizada por OCAC Chile, más de 90% de las encuestadas han sufrido acoso sexual callejero, una práctica de connotación sexual que se da en los espacios públicos y donde, según la misma encuesta, un 25,1% son acosadas más de una vez al día. Asco, rabia y miedo son los sentimientos comúnmente reportados por las víctimas.

    Pero, ¿qué pasa con las mujeres de la diversidad sexual? Las lesbianas, además de sufrir las características formas de acoso callejero, están expuestas a la “violencia y acoso por su orientación sexual”, explica Erika Montecinos, directora de la agrupación lésbica Rompiendo el Silencio.

    Persecuciones, proposiciones sexuales (como tríos y pornografía), comentarios reprobatorios por parte de desconocidos, del tipo “asquerosas”, “hay niños presentes” o “marimachos”, son algunas de las manifestaciones de violencia que diariamente sufren las lesbianas en las calles de nuestro país. Casos que se suelen mantener ocultos porque “muchas lesbianas sienten vergüenza de denunciar la violencia”, añade Montecinos.

    Si bien las mujeres lesbianas viven de igual manera acoso sexual callejero, en su caso se suma, además, una condena social por su orientación sexual, que tiene su origen en una sociedad machista y heteronormativa.

    Heteronormatividad, exclusión y violencia

    La heteronormatividad es un régimen social, político y económico. De acuerdo a Michael Warner, profesor de estudios americanos en la Universidad de Yale, es “el conjunto de relaciones de poder por medio del cual la sexualidad se normaliza y reglamenta en nuestra cultura y las relaciones heterosexuales idealizadas se institucionalizan y se equiparan con lo que significa ser humano”.

    En este régimen, las personas son clasificadas por sexo biológico y por género. Es decir, si tienes vagina eres una mujer y por ende femenina. Quienes no encajan en este orden son violentados o violentadas por su diversidad.

    “Las lesbianas constituimos un sector expuesto, doblemente, a problemas sociales y económicos derivados de ser mujer y de la orientación sexual: doble discriminación y violencia”, afirma Bárbara Orellana, de la agrupación Rompiendo el Silencio, a través la columna de opinión “Lesbianas y políticas públicas”.

    Caminando en los zapatos de una mujer lesbiana

    “Cerca de mi casa, un hombre nos increpó a mí y a mi pareja violentamente, simulando tener un cuchillo debajo de su polera, nos dijo ‘dense un beso’. Por suerte me di cuenta de que no existía ningún cuchillo y que era sólo un pobre imbécil”, cuenta Valentina Caro, quien fue acosada sexualmente en el espacio público, no sólo por ser mujer, sino también por lesbiana.

    Erika Montecinos explica que todas las mujeres sufren de una violencia similar, sin embargo, “en el caso de las lesbianas, nosotras sufrimos violencia y acoso sobre todo cuando expresamos nuestros afectos en la vía pública”.

    Otro caso: Cristina Sánchez caminaba con su polola de la mano, por una calle poco concurrida, cuando la tomó de la cintura y la besó. El conflicto surgió cuando un grupo de tres o cuatro hombres comenzaron a gritarles y ofenderlas por su orientación sexual. En palabras de Cristina: “los insultos, los garabatos y las ofensas son cosas que quedan”. “Lesbianas asquerosas”, “les falta pico”, “muéranse conchesumadres”, fueron algunas de las agresiones que recibieron.

    Después de este episodio, la pareja de la joven decidió que debían controlar las muestras de cariño en público. “Ella lo considera peligroso”, relató Cristina.

    ¿Has sufrido acoso en la calle por tu orientación sexual? Deja tu testimonio aquí.

    Jazmín Salazar