“Ahora grito, insulto y peleo. Llevo un gas pimienta y voy preparada para repartir golpes”

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    Cuando era chica tenía baja autoestima, me sentía fea, quizás realmente lo era. Me hacían bullying en el colegio porque mi pelo con chochos  siempre estaba alborotado y mis cejas eran demasiado grandes. Por eso, cuando en la calle me decían cosas como linda, rica, (afortunadamente nada peor) yo pensaba que lo decían de forma sarcástica, como confirmando que en realidad era fea y mi autoestima se hundía más.

    Después salí del liceo, tuve la oportunidad de vestirme como quería, peinarme como quería  y por primera vez me sentí bonita. Nunca he sido una modelo (si fuera así, no quiero imaginar cómo sería el acoso entonces), pero me sentía bien conmigo misma. Ahí fue cuando empezó el acoso “de verdad”: los silbidos, las palabras que me da demasiado asco repetir y recordar, los besos al aire, los gestos que me dan ganas de vomitar.

    Empezó a pasar tan seguido que desarrollé ansiedad, me sentía (me siento) pésimo al salir a la calle, al punto que no puedo hacerlo sola, tengo que pedirle a mis padres o a mi pololo que me acompañe. Empecé a evitar  a los hombres en la calle, a  dar rodeos si me encontraba con alguna construcción, incluso me sé los horarios en los que pasa el camión de basura y los camiones repartidores de bebidas (porque todas sabemos que si te encuentras con alguno el acoso ocurrirá sí o sí) para ajustar mis horarios y no topármelos. También empecé a afearme. Para salir, me hago el peinado que menos me favorece, deje de maquillarme, utilizo la ropa más holgada que encuentro y siempre, no importa el calor que haga, ando con alguna chaqueta larga que tape por lo menos hasta mi trasero.

    Volví a sentirme fea. Me siento impotente, cobarde, y lo peor de todo es que ni siquiera es miedo lo que me impulsa a hacer todo eso, sino la rabia. Cuando alguien me humilla en la calle siento tanta rabia, tanto odio que no lo puedo soportar, siento nauseas reales, me dan ganas de llorar de pura impotencia y es una situación horrible, así que intento evitarla todo lo posible. He pasado por varias psicólogas pero no ha servido de nada, las dos primeras me dijeron que lo ignorara, la otras dos se rieron  a carcajadas frente a mí, y la última me dijo “bueno, deberías sentirte bien, te están diciendo que eres bonita”. Me dirán exagerada y espero que sea así, ojalá sea yo la única exagerando y ninguna otra mujer de este país se sienta como yo cuando es acosada, porque no se lo deseo a nadie.

    Ahora ya no me callo como cuando era chica, ahora grito, insulto y peleo. Llevo un gas pimienta y voy preparada para repartir golpes. Lo único que quiero es salir de este país, pero dudo tener los recursos económicos para hacerlo algún día. No sé qué hacer, ya no lo soporto, esta no es forma de vivir.