“Alcancé a bañarme en la piscina unos diez minutos, cuando mi nana me y dijo: ándate pa’ dentro que ese señor te está mirando”

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    Era verano, estaba de vacaciones y tenía una de esas piscinas armables. Hacía mucho calor, así que partí al patio con mi traje de baño puesto. Alcancé a bañarme unos diez minutos, cuando mi nana, que había estado un rato en el patio tendiendo ropa, se me acercó muy seria y me dijo “ándate pa’ dentro que ese señor te está mirando”. Yo ni siquiera me había percatado que había un hombre en el techo de la casa de al lado haciendo arreglos. Cuando lo miré, se hizo el hueón.

    En ese entonces no comprendí nada, no procesé nada, sólo obedecí y me entré. Pero ahora me doy cuenta de por qué me tuve que entrar y por qué ese señor me miraba. No estaba usando bikini, ¡ni me habían crecido las pechugas! Pero el señor aun así me había estado mirando. ¿Cómo tanto? ¿Cómo?

    Nunca toqué el tema con mi nana. Cuando fui más grande me acordé de eso y me sentí vulnerable. No me pude bañar en mi piscina, en mi propia casa, porque un viejo de la contru me miraba raro.