“Aunque me encuentre bonita, ¿por qué tengo que escucharlo?”

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    Tenía 18 o 19 años, iba a tomar la micro después de pasar la noche donde una amiga. Eran las 08:00 horas de un día sábado o domingo, por lo que había poca gente en la calle. Un tipo caminaba detrás mío diciendo: “¡Uy mijita, que no te haría, medio culo!”. Yo iba vestida como niñito (probablemente producto del trauma de sentir que ser femenina es ser débil y propensa a ser víctima, después de años de acoso del mismo tipo) y con caña. Me aburrí. Después de varias cuadras me di vuelta, lo miré y le pregunté: “¿Te ha resultado alguna vez? ¿Una mina te ha dicho ¡ay huevón, me tení tan moja! Vámonos a un motel, culeame ahora ya!? ¿Te ha resultado?” El huevón quedó helado (ahí caché que tenía más de treinta años). Solo atinó a decirme algo así como: “¿Pero acaso está mal que te diga que te encuentro bonita?”.

    O sea, que decir que quiere meterme cosas en la vagina y el ano ¿es decirme que soy bonita? Aunque me encuentre bonita, ¿por qué tengo que escucharlo?