Melissa Gutiérrez

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    La periodista, feminista mapuche y docente de la Universidad de Chile, conversó con OCAC Chile sobre cómo las luchas feministas necesitan incorporar las reivindicaciones de las mujeres indígenas, en el marco de la celebración del Día Internacional de la Mujer Indígena.

    El 5 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Mujer Indígena, en recuerdo de Bartolina Sisa, una mujer aymara que luchó contra la opresión colonialista y que fue cruelmente asesinada en 1782.

    Paula Huenchumil es periodista, feminista mapuche y se desempeña en el Plan Transversal “Pueblos originarios y nuevas etnicidades en Chile”, de la Universidad de Chile. En esta oportunidad conversó con el Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC) sobre cómo las luchas feministas necesitan incorporar las reivindicaciones de las mujeres indígenas.

    – ¿Cuál es la importancia y la necesidad de que las luchas feministas incorporen temas de la comunidad indígena?
    –Los primeros movimientos feministas, de alguna forma no incluían las luchas de las mujeres indígenas, sino que cuidaban los intereses de mujeres de la élite, de las mujeres blancas con acceso a escolaridad, profesionales, o relacionadas a movimientos políticos. Más bien fueron las mujeres indígenas, que estaban involucradas en los movimientos de liberación de sus pueblos, las que dieron origen a un cuestionamiento de los procesos de inclusión de la mujer en las políticas públicas. Hoy la mujer indígena sufre una triple discriminación en diferentes ámbitos de la sociedad: por ser mujer, por ser pobre y por el hecho de pertenecer a un pueblo indígena.

    La conferencia de la antropóloga Sonia Montencino, en el marco del día de la mujer del año de este año, señalaba que “todas sabemos del significado de las triples opresiones (de género, clase y etnicidad) y que las mujeres indígenas ocupan el lugar de las más pobres entre las pobres (sobre todo en el caso mapuche). Hoy día esa diferencia (la étnica) convertida en desigualdad de género, clase y cultura es un cristal que encandila todas nuestras pretensiones de avanzar hacia un país justo”.

    – ¿Hoy día se han incorporado suficientemente las luchas de la mujer indígena en los movimientos feministas del país?
    –Yo creo que es un proceso, por lo menos acá, más o menos reciente. El hecho de llamarse una mujer indígena y feminista es algo que se está dando hace poco; y que en un comienzo causaba conflicto, porque a veces dentro de la misma tradición el límite de cuándo es tradición y cuándo estamos luchando por nuestros derechos es muy delgado. Las mismas mujeres y las nuevas generaciones nos hemos dado cuenta de que existe una defensa de nuestros propios pueblos, pero también hay una defensa de nosotras como mujeres. Nosotras somos las que tenemos menor acceso a la educación y para qué decir a la educación superior, el nivel de oportunidades que hay es súper bajo y nos cuesta bastante llegar y mantenernos.

    Debemos valorizarnos como mujeres indígenas, porque dentro de los mismos pueblos es fundamental su labor. La mujer es la encargada de que los conocimientos ancestrales vayan siendo promovidos y perpetuados de generación en generación y ese rol que tiene la mujer indígena no ha sido valorado por la sociedad chilena como debería ser.

    – ¿Ves situaciones en que se encuentren estas dos posiciones? ¿Entre lo que es tradición con lo que es la lucha feminista dentro de las comunidades indígenas?
    –Sí. Siempre existe gente que cree que la mujer viene a cumplir cierto rol. Pero si ahondamos en nuestra cultura mapuche, vemos que ancestralmente es una cultura que mantiene la dualidad, la tierra, Ñuke mapu, es nuestro principal sustento. Además, el universo nos muestra distintas energías, entre ellas, masculinas o femeninas, las cuales deben estar en equilibrio y en armonía. Es decir, nuestra espiritualidad es en conexión con la naturaleza, con nuestro entorno, tratando de mantener esto en el diario vivir. Entonces si vamos al origen, nos podremos dar cuenta que la igualdad de género sí existía, solo que con la colonización española se insertó de alguna manera el machismo.

    Hace poco, nos visitó en una actividad la feminista Maya Xinka Lorena Cabnal, quien ha manifestado que al interior de sus propias comunidades se viven situaciones de subordinación, violencia o discriminación: “La opresión manifestada contra las mujeres a lo interno de nuestras culturas y cosmovisiones es algo que hay que cuestionar de manera frontal y nombrarla como es: misoginia, expresada y manifestada en las actitudes y prácticas cotidianas más remotas y actuales, contra nuestros cuerpos, nuestros pensamientos, decisiones y acciones”.

    – ¿Cuáles son las luchas feministas que convocan a las mujeres indígenas en Chile?
    –De partida, el derecho a la educación. Porque claro, quizás una lucha feminista es poder tener acceso a mejores puestos en empresas, tener derecho a igualdad de sueldos, etcétera. Pero las mujeres indígenas, en ese sentido, estamos más atrás en la lucha. Hay que partir de la base que el acceso a la educación primaria, secundaria y universitaria es súper desigual porque en general las indígenas son familias con pocos recursos económicos y las mujeres tienen menos acceso a la educación y a la universitaria aún menos.

    Además hoy en día se exige detener la violencia que existe de parte del Estado y de la fuerza policial contra las mujeres de pueblos indígenas, especialmente de las que están en territorios en defensa de comunidades. Muchos de los presos políticos son hombres, entonces son las mujeres las que se quedan a cargo de comunidades y las que están sufriendo estas represiones, por supuesto que también se exige la libertad a los presos políticos mapuche.

    Actualmente está el caso de la machi Francisca Linconao, donde se está pidiendo su libertad. Ella es una autoridad ancestral, es mujer, es una mujer que está a cargo de su familia. Entonces también ahí hay una lucha muy importante de las mujeres indígenas, de su liberación. Porque ha sido súper simbólico el proceso, ha sido injusto y con mucha represión. Entonces ella como mujer y como autoridad ancestral es una lucha y uno de los puntos que se convoca en las marchas de conmemoración del Día de la Mujer Indígena. Claramente que lo que convoca también es la lucha contra el sistema colonialista y capitalista que existe hoy en día.

    – ¿Cómo afecta el tema del centralismo que existe en Chile?
    –Hay que destacar que gran parte de la población indígena está en Santiago. Entonces, claro, la triste realidad es que se invisibiliza lo que está pasando en el sur, el tema de la violencia física de la fuerza policial, se criminaliza la defensa legítima del territorio, del Wallmapu. Los medios tradicionales de comunicación son centralistas también y tienen sus propios intereses, los cuales defenderán, desinformando a la población.

    Pero acá en Santiago tenemos otros tipos de violencia que se ejercen hacia las mujeres, hombres, niñas y niños indígenas. Vemos que existe una discriminación constante por el aspecto físico, por los rasgos, como también por los nombres y apellidos. En ese sentido, vemos que Chile está muy atrasado en temas de aceptación de pueblos originarios, porque te ven como un ente extraño si uno se declara mapuche o indígena, para la gente es súper chocante.

    La discriminación que sufren los pueblos originarios, es un tipo de violencia simbólica que se da en lo cotidiano. Y también son una parte de las luchas de las mujeres indígenas que tienen que llevar ese peso y ese dolor cuando mandan a sus hijos a las escuelas, que sufren esta discriminación por los apellidos. Suena algo súper básico pero que existe mucho hasta el día de hoy.

    – ¿Cómo crees que las organizaciones feministas pueden trabajar en incorporar no sólo la temática indígena sino también otras temáticas interseccionales, como el racismo que estamos viendo hoy con la inmigración?
    –La lucha de la mujer indígena tiene muchos factores similares a varias luchas feministas. Quizás antes no fueron etiquetados de esa forma, porque siempre han existido mujeres indígenas valiosísimas que en diferentes etapas de la historia han sido y son grandes líderes que luchan por la defensa de la cultura, del idioma y del territorio. Uno de nuestros orgullos como pueblo es: Nicolasa Quintremán Calpán, una gran activista quien junto a su hermana Berta dieron una lucha extraordinaria en oposición a la construcción de la hidroeléctrica Ralco de Endesa.

    Lo que yo percibo ahora, y quizás me puedo estar equivocando, es que muchas mujeres indígenas, nos estamos atreviendo a decir, “somos indígenas y somos feministas”, fortaleciendo nuestra espiritualidad, pero también siendo políticas.

    Creo que en Chile, tenemos esa tendencia a etiquetarnos, cuando, sin duda, el movimiento feminista, el de las mujeres indígenas y mujeres inmigrantes, tienen muchísimo en común. Hoy muchas mujeres indígenas nos paramos y decimos que somos mujeres indígenas que luchamos por nuestros derechos. Entonces no es menor que en las marchas que se convocan para el Día de la Mujer Indígena, estemos posicionándonos como mujeres feministas también. Entonces creo que se puede hacer una gran labor si construimos puentes, un trabajo de más colaboración y hacemos este cruce entre el género y la etnicidad.

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      Este martes 12 de abril, la Sala de Cámara de Diputados aprobó por 113 votos a favor —es decir, de forma unánime— el proyecto de ley de Respeto Callejero, iniciativa impulsada por el Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC) Chile, que busca tipificar como delito el acoso sexual en espacios públicos. Luego de este trámite, el proyecto ingresa al Senado.

      Este logro se da, justamente, en el marco de la Semana Internacional Contra el Acoso Callejero, contexto en el que la red de OCAC Latinoamérica lanza #NoEsMiCultura, la primera campaña internacional contra esta forma de violencia.

      Durante sus intervenciones en la Sala, los congresistas explicaron por qué votaron a favor del proyecto. “Cuando hay acoso sexual, ya hay un signo de violencia”, comentó el diputado Jorge Sabag. “Deberíamos votarlo lo antes posible. Debería ser ley de la República”, dijo la diputada Alejandra Sepúlveda.

      Por su parte, Bárbara Sepúlveda, abogada y Directora Ejecutiva de OCAC Chile, señaló: “ésta es una señal fuerte de que nuestra voz es la de la mayoría de la ciudadanía, lo que también ha sido expresado en el voto unánime de diputadas y diputados de todas las tendencias políticas. Confiamos que el Senado seguirá esta senda y pronto nuestro proyecto se convertirá en ley”.

      Sepúlveda destacó, además, la labor de OCAC Chile, equipo de personas voluntarias, y dedicó el logro a todas las mujeres y hombres que se reconocen en la causa.

      El proyecto de respeto callejero ingresó al Congreso el 17 de marzo de 2015, con la moción de las diputadas Camila Vallejo (PC), Karol Cariola (PC), Loreto Carvajal, Daniella Cicardini, Yasna Provoste (DC), Karla Rubilar (IND) y Marcela Sabat (RN), y de los diputados Gabriel Boric (IND), Giorgio Jackson (RD) y Vlado Mirosevic (PL). Para mayor información, el Observatorio ha dispuesto la web Respeto Callejero.

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        En el marco de la Campaña Latinoamericana de los Observatorios Contra el Acoso Callejero, el artista conversa en extenso sobre este tema y otros que afectan la lucha del feminismo en Chile y nuestro continente.

        A Gepe le interesa la igualdad de género. Participó en la campaña “He for She”, de ONU Mujeres, en un video donde denunciaba que faltan 30 años para que se igualen los sueldos de hombres y mujeres. También le interesa Latinoamérica, con sus sonidos y texturas, que aparecen en su disco GP y en el single “Hambre”, en el que participa la cantante peruana Wendy Sulca y cuyo video destaca un palacete kitch boliviano.

        En días en que se celebra la semana internacional contra el acoso callejero, la red de OCAC en Latinoamérica lanza su primera campaña continental contra el acoso sexual en espacios públicos y OCAC Chile prepara su festival del Respeto Callejero, conversamos con Gepe sobre género y feminismo.

        ¿Cuál es tu postura frente al acoso sexual callejero?
        Estoy contra todo lo que sea violencia psicológica o física, y el acoso callejero por supuesto que entra en ese ámbito. Estoy absolutamente en contra. He tenido un par de experiencias con personas cercanas, sé que el tema es jodido.

        ¿Qué clase de experiencias?
        Hace años yo iba con mi hermana en el centro. Mi hermana tiene dos años menos que yo, parecemos de la misma edad. Y un tipo se acercó rápidamente y le dijo algo, no la tocó, pero le dijo algo cerca. Y aunque yo iba pajaroneando, igual vi. Entonces fui y le tiré unas chuchás. No me dio para un combo. Le estaban faltando el respeto a mi hermana y ella tampoco hizo nada. Fue asqueroso. Nadie puede decir que ella lo provocó, simplemente íbamos pasando. Entonces no tiene sentido. Con mi hermana nunca lo hemos hablado. Éramos chicos. Fue violento con ella, y de todas maneras me involucró a mí.

        ¿Te acuerdas de otra experiencia?
        Muchas amigas, cercanas, me han contado cosas como que una vez un tipo se estaba pajeando y exhibiéndose y ellas iban con amigas. Es una mierda que la gente lo entienda como folklore.

        Y suele pasar que hay gente que lo simplifica mucho, se van por el lado del “piropo”, de que es algo “inocente”.
        Claro, yo creo que cualquier cosa que te interpele en la calle, te pone en alerta. Por lo tanto es violencia. Si alguien te tira una chuchá, es incómodo. Y que te tiren un piropo, sea el que sea, igual te caga la onda.

        ¿Has visto machismo en la industria musical?
        Me pasó hace muy poquito en una localidad que se llama Pumanque, cerca de Santa Cruz. Se presentaba el Willy Sabor y tenía dos chicas bailarinas. No lo vi de frente, pero lo escuché. Y decía “y esta mina, te cobra 30 lucas porque es mapuche”. “Esta te cobra 50 porque es colombiana”. Y la gente cagá de la risa. Fue terrible. Por decir que la tipa es prostituta, y porque era mapuche cobraba menos. Un desastre. Hay una chica que me topo siempre, de los técnicos, Mariangel. Se ve que hace un doble esfuerzo, porque tiene que aparentar como cierta masculinidad en términos de arrastrar, mover cosas.

        ¿Demostrar más fuerza?
        Claro, pero para enchufar cables y ver el sonido tampoco es que necesites tanta fuerza, pero yo siento en ella un rol así.

        ¿Qué opinas de que se legisle sobre el acoso callejero?
        Necesario. Que te interpelen en el camino, vayas donde vayas, es terrible.

        En tus giras o viajes, ¿has podido ver cómo es el tema en otros países?
        En París, hace 10 años. Me acuerdo de haber ido a un carrete en un barrio cualquiera, ni pituco ni nada. Y una amiga que vivía ahí se quería ir. Y le decíamos que la acompañábamos y ella nos decía que no. Y le decíamos: “Pero ¿cómo te vai a ir sola? Son las cuatro de la mañana”. La niña se fue para su casa y efectivamente no le pasó nada. Después nos fuimos y andaba mucha gente sola. No había miedo. Me encantaría que Chile fuera así algún día.

        Las luchas de género, ¿son algo sobre lo que pienses cuando escribes letras?
        Es un tema, sobre todo últimamente. Son filtros necesarios. No pasar a llevar a alguien con las letras, ni propiciar la violencia contra las mujeres. En ninguna de mis canciones, en ningún disco. Siempre he apoyado la causa y seguirá siendo así.

        En “Ellas deciden” apoyas la decisión de la mujer en cuanto al aborto.
        Estoy absolutamente a favor del aborto, con esas tres causales. El Estado es laico, no puede tener como argumento la fe cristiana. Es ridículo. Respeto a la gente que no quiere abortar como a la que sí. Se está resguardando la calidad de vida de todo el mundo.

        ¿Crees que haga falta más gente que apoye este tipo de causas en la industria musical o artística? Pensando, por ejemplo, en la polémica con Briceño.
        Yo creo que está bien que Briceño haya compuesto “Ignorante”. Es su postura. Pero no comparto su mirada, la canción me parece denigrante. Fun People hizo bastante. Cuando se estaban haciendo famosos, empezó a llegar mucho neonazi, una cosa bien violenta. Y ellos se declararon queer. No creo que en Latinoamérica haya habido otro grupo con un esfuerzo tan claro.

        Ha surgido mucho el tema de género: brecha salarial, coparentalidad, aborto, acoso callejero. ¿Estamos avanzando?
        Es bacán que la discusión apareció fuerte. No es algo sólo de gente joven, sino de gran parte de las personas. Y las niñas también. Me tocó escuchar compañeras de colegio diciendo: “oye, me piropearon en no sé qué calle así que no voy a pasar más por ahí”. Y la actitud era “ten cuidado tú”. Ese enfoque ya se empezó a erradicar. Me parece genial.

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          Estudié una carrera de las ciencias sociales en una facultad de esas que se llaman a sí mismas con conciencia social, progresista, revolucionaria a veces. Ahí no había cosas que pasan en otras facultades, como tener compañeros que defienden la dictadura, autoridades fascistoides o profesores que acosan a sus alumnas, aunque sí conocí casos de renombrados académicos que ninguneaban a compañeras por ser mujeres, sexismo puro.

          Pero nunca supe de hechos de acoso sexual, después de todo, me imagino que el progresismo y el alto nivel de feminización de mi facultad deben haber surtido algún efecto disuasivo en cualquier potencial acosador sexual.

          Hace dos años trabajo en una organización que lucha contra el acoso callejero y este año comencé a investigar sobre el acoso sexual en mi universidad. Me sorprendí cuando me di cuenta que sucede lo mismo que al hablar de acoso callejero: todas lo han sufrido o conocen a alguien que ha sido víctima.

          Escuché historias como la de un académico que le preguntó a una estudiante, cuando no había nadie más cerca, si a ella le gustaba jugar al emboque. Escuché también que cuando ella manifestó su indignación por el comentario, él le recordó quién ponía las notas.

          Escuché sobre un médico que quiso explicarle a una interna de medicina dónde estaban las piernas dando una palmada en su trasero: “aquí comienza la pierna, y termina acá, en el tobillo”, le explicó usando innecesariamente las manos.

          Escuché sobre un ayudante de laboratorio de química que se las arreglaba para tocar los pechos de una de sus compañeras, cuando se quedaban solos a limpiar matraces. Sobre una estudiante de intercambio que fue violada por su profesor al salir de un carrete universitario, hace no mucho tiempo.

          Escuché decenas y quizá cientos de testimonios de acoso sexual, desde la mirada lasciva o el comentario insinuante, hasta la forma más terrible de atentar contra la dignidad de una persona: la violación. Y todo esto ocurrió en una universidad, un ambiente que se supone protegido. En un espacio que, según nos enseñan desde el comienzo, es el templo de la razón, la igualdad, el pluralismo, la fraternidad, el respeto, la ética y la conciencia social.

          Lamentablemente, las lógicas de poder entre estudiantes y profesores, y en las jerarquías académicas en una universidad, hacen que la denuncia sea el último recurso. Lo más común es ignorar lo sucedido, aunque tenga consecuencias en el rendimiento de la víctima y ponga en juego su formación. Esto sucede porque, considerando cómo funcionan los sistemas reglamentarios dentro de las universidades, la denuncia muy pocas veces es garantía para la víctima. Si el agresor es académico o directivo, es muy probable que sea protegido, que el caso no llegue a nada o se le pida a ella tomar un camino alternativo, como cambiar de ramo o de horarios.

          También es común que, cuando la víctima logra convencerse de que su miedo, molestia o incomodidad no son una exageración, bote el ramo o abandone la carrera, porque prefiere perder ese espacio en lugar de arriesgarse a amenazas, represalias o la vergüenza, que pueden afectar su trayectoria educativa o su carrera profesional.

          El acoso sexual en ambientes educativos constituye una forma de violencia de género muy grave, porque es otra expresión de la violencia sexual enquistada en esta sociedad, porque atenta contra la dignidad, la salud mental y el cuerpo de las personas, y también, porque niega a quienes han sido víctimas el acceso libre y protegido a la educación, derecho humano primordial.

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            Hace unos años me fui de intercambio estudiantil a Argentina. Tomé un ramo que se llamaba “Comunicación con perspectiva de género para el cambio social”. Era el 2010, yo tenía 23 años. El curso lo impartía Florencia Cremona y nos pasaba fotocopias de Catharine Mackinnon, Judith Butler y Marta Lamas. Me acuerdo que leí como nunca y entendí como siempre: poquísimo.

            Recuerdo una clase particular, en la que la profe contó sobre una estudiante del año anterior, que reprobó, porque había dicho algo así como yo no necesito este ramo porque en mi casa me llevo re bien con mi marido y no tengo problemas con lavar los platos. La profe nos explicó: no hay problema con lavar los platos, qué manera de entender nada. Y yo recibía el mate que circulaba en la sala y asentía con la cabeza, pero tampoco entendía. Pensé: si el feminismo no es sobre lavar los platos entonces qué.

            Volví a Chile y me traje esas fotocopias y las de Perón y todas las demás que leí estando allá. Me titulé y trabajé en una agencia digital como community manager de una faenadora de pollos que le hablaba a la dueña de casa. Desde la guata me sentía mal, pero no sabía cómo nombrar esa incomodidad. Ese año me compré una bici, para viajar cada mañana por la Costanera, desde Plaza Italia a Sanhattan, donde quedaba esa agencia infeliz.

            Ese verano fui muy consciente del acoso callejero, que padecí como una incomodidad sin nombre. El trayecto de mi casa al trabajo era una mierda. Silbidos, gritos, bocinazos. De obreros y ejecutivos terneados. Yo pensaba por qué, si no soy rubia, no soy alta, no ando escotada. Mi solución era triste: no decía nada, ni a ellos ni a nadie, y seguía pedaleando con cara de culo y a veces levantaba el dedo del medio como señal de déjenme en paz.

            Un día, leí una noticia que hablaba con ironía sobre un “grupo de amigas aburridas de los ‘piropos’”. Me sorprendí. Pensaba que era la única incómoda en el mundo. Me metí a su fan page y descubrí un concepto: acoso sexual callejero. Saber cómo llamar el problema me tranquilizó. Las seguí y meses después me enrolé como voluntaria. Era 2014. Un año después sigo dentro de este invento precioso que se llama OCAC Chile.

            Es extraño cómo funcionan las ideas. Esa metáfora de que son como una planta es cliché pero cierta: hay que esperar que crezcan. Lo que leí en Argentina empezó a cuajar en el OCAC. Repasé mis fotocopias y entendí que toda la teoría que nos enseñaba Florencia Cremona tenía un correlato cotidiano. Microfísica del poder, como diría Foucault: actos domésticos que sostienen estructuras grandotas y milenarias, llámese patriarcado, machismo, androcentrismo.

            Cremona lo explicaba así: la perspectiva de género es usar anteojos para mirar el mundo, reconociendo estructuras nocivas naturalizadas. Cuando entré a OCAC Chile esa sensibilidad se afinó. Ya no creo que dé igual que alguien te susurre frases sexuales o te toque sin que tú quieras. Ya no puedo mirar un cartel de Savory sin que me moleste que todas las mascotas de los helados sean hombres. No puedo ver mis películas favoritas –Volver al Futuro, El Rey León, Star Wars– sin sufrir porque ninguna pasa el test de Bechdel (y eso que el test es súper acotadito) y porque las parejas románticas del cine siempre son hétero. Ya no creo que sea natural el imaginario conservador donde los hombres ponen la plata y las mujeres lavan los platos.

            Hace unos días, me junté con una amiga trans. Un chileno que se fue a Estados Unidos en los setenta y que este 2015 vino de visita a su país como mujer. Hablamos de esto mismo que escribo ahora: sobre cómo, hace cinco años, yo no entendía el problema de lavar los platos. Obvio que el problema no es lavar los platos, dijo mi amiga, el problema es cuando esa tarea no es compartida, cuando se naturaliza la división sexual del trabajo.

            Ese día, después de juntarme con mi amiga, llegué a mi casa y me tocaba a mí lavar la loza. Le eché detergente a la esponja y empecé, pensando dos cosas esperanzadoras. Una, que es bonito lavar los platos en una casa donde esa tarea se comparte (una semana él, una semana yo) y dos, que hace cinco años no entendía esto porque no nací con los lentes de la perspectiva de género puestos. Lo aprendí. Y es bello porque significa que cada día puede haber gente nueva mirando con estos anteojos. Menos mal que feminista no se nace, se hace.

            Arelis Uribe, directora de comunicaciones de OCAC Chile.

            Columna publicada en The Clinic Online

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              El Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Urbanos incluyó entre sus objetivos crear espacios urbanos inclusivos con perspectiva de género.

              El “Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos”, comenzó una campaña para reflexionar e intercambiar información y experiencias sobre las ciudades. Esto, tras acordar los “Objetivos del Desarrollo Sostenible”, que busca alcanzar ciudades más amigables desde diversas perspectivas. Entre ellos, lograr espacios seguros desde la perspectiva de género, meta a la que se suma He For She.

              Alice Junqueira, Directora del Área Internacional del Observatorio Contra el Acoso Callejero Chile (OCAC), sostuvo que, tal y como ha sido demostrado en la guía de activismo Beijing+20, “solamente en 2013, en la 57 ª Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW), se habló específicamente del acoso sexual callejero en los documentos de los compromisos que asumen los países en el ámbito de la ONU”

              Si bien siempre estuvo reconocido como una forma de violencia, “el acoso callejero es constantemente invisibilizado en estos documentos apareciendo como “otras formas de violencia” o “acoso en otros ámbitos o locales”. Asimismo, Junqueira destacó que desde 2010, han aumentado las campañas de la ONU vinculadas a la temática. Un ejemplo de ello es “Ciudades Seguras”, movimiento global dedicado a la construcción de ciudades seguras e inclusivas con las mujeres y las niñas y, en 2013, la campaña “Espacios seguros para las mujeres y las niñas” y “Únete para Poner Fin a la Violencia contra las Mujeres”.

              Junqueira agregó que “esta creciente visualización es urgente e importante ya que el tema de la violencia en espacios públicos es indispensable para la discusión urbana, pues ¿de qué sirve una ciudad con buena infraestructura o que no contamina si millones de personas, principalmente mujeres y niñas, no pueden ni caminar tranquilas en las calles?”, reflexionó.

              Cabe señalar que la ciudadanía está activamente participando para lograr ciudades seguras e inclusivas para todos y todas”. En relación al acoso callejero, Junqueira explicó que “estamos trabajando a nivel latinoamericano con OcacLatam y articulándonos con ONGs de todo el mundo, como Acción Respeto (Argentina), Chega de Fiu Fiu (Brasil), Stop Street Harassment (EE.UU), Hollaback (NY), Harassment Map (Egipto) etc”.

              Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el objetivo es lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles, lo cual representa un amplio consenso internacional donde se reconoce que el desarrollo urbano sostenible constituye un enfoque transformador. Como parte de un programa integrado, las ciudades y los asentamientos humanos tienen un importante papel que desempeñar en todo el espectro de la Agenda 2030.

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                Este lunes 26 de octubre el Instituto Nacional de la Juventud (INJUV) y el Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC Chile) presentaron los resultados del estudio “Jóvenes y acoso sexual callejero: opiniones y experiencias sobre violencia de género en el espacio público”, que reúne la percepción de más de mil jóvenes respecto del acoso sexual callejero, sus manifestaciones y consecuencias.

                Entre los hallazgos, se destaca que cinco de cada diez jóvenes afirman que esta problemática es importante para la juventud y que las mujeres son el grupo más afectado por este tipo de violencia. Asimismo, el estudio muestra que los hombres también lo experimentan: uno de cada cuatro encuestados declara haber sido víctima de acoso sexual callejero, el 51% mediante acercamientos intimidantes y un 17% a través de toma de fotografías sin consentimiento.
                En cuanto al proyecto de ley impulsado por OCAC Chile, “Ley de Respeto Callejero”, que ingresó al congreso en marzo de este año, ocho de cada diez jóvenes se declara a favor de su aprobación, reflejando la urgencia de avanzar sobre todo en prevención y educación sobre este tipo de violencia de género.

                La encuesta también reveló que, a pesar de los avances sobre la percepción de las prácticas que constituyen acoso sexual callejero, un 72% considera que los “piropos”, bocinazos y silbidos son prácticas “típicas de la cultura chilena”, lo que alerta sobre una necesaria educación y formación para superar este tipo de violencia naturalizada.
                Al respecto, el Director Nacional de INJUV, Nicolás Preuss, manifestó que “como Instituto Nacional de la Juventud, estamos preocupados por las cifras arrojadas en este estudio, ya que el acoso callejero es también una forma de violencia de género. Creemos importante promover el respeto en todo ámbito de acción y esta campaña es un aporte para sensibilizar sobre el respeto al espacio privado de una persona, el cual comienza en las calles pero también en el diario vivir”.

                Por su parte, María Francisca Valenzuela, Presidenta de OCAC Chile, agregó que la alianza entre las organizaciones “es fundamental para enfatizar nuestro compromiso con los y las jóvenes de Chile. INJUV es un aliado estratégico a nivel institucional, ya que compromete al grupo que estadísticamente es el más afectado por este tipo de violencia, es fundamental generar campañas de concientización, sensibilización e información sobre este problema, es una meta que como organización buscamos alcanzar de la mejor forma posible. Hoy, esperamos lograr mayor cercanía y continuar entregando la información y apoyo necesario para seguir con nuestro trabajo contra el acoso sexual callejero y las desigualdades de género”.

                Para reforzar la perspectiva educativa y terminar con la justificación de esta manifestación de violencia de género, la presentación del estudio estuvo acompañada del lanzamiento del video #JuventudSinAcoso, material audiovisual que cuenta con la participación de la cantante Denise Rosenthal, el periodista Nicolás Copano y la actriz Natalia Valdebenito.

                “Creo que es importante sensibilizar e intentar concientizar a la sociedad sobre algunas conductas que socialmente están ‘aceptadas’, producto de que vivimos en una sociedad machista que aún no logra comprender que estos actos carecen de respeto y educación. Es importante que se apliquen soluciones, educacionales y estatales, para que este tipo de acciones no traigan consigo inevitablemente más abusos, que podrían llegar a ser mayores y más graves”, señaló Denise Rosenthal, rostro principal de la campaña #JuventudSinAcoso.

                El estudio, realizado por INJUV con asesoría de OCAC Chile, recopiló información de 1.114 jóvenes entre 15 y 29 años, de las 15 regiones del país. Gracias a los datos recabados, será posible caracterizar las opiniones y discursos de la juventud chilena sobre el acoso sexual callejero. A su vez, el documento es material valioso para continuar profundizando esta temática recientemente evidenciada.

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                  Los días miércoles 14 y 21 de octubre el Observatorio Contra el Acoso Callejero de Chile fue invitado a exponer en la Comisión de Seguridad Ciudadana de la Cámara de Diputados, en el Congreso Nacional de Valparaíso. En esta instancia, la Presidenta de la organización, María Francisca Valenzuela, acudió junto a la Directora Ejecutiva, Bárbara Sepúlveda.

                  Ambas expusieron cuatro puntos principales acerca del proyecto de ley de Respeto Callejero, el cual sanciona el acoso sexual callejero:
                  I. Por qué el acoso sexual callejero es un problema
                  II.­ En qué consiste el proyecto de Ley de Respeto Callejero
                  III.­ ¿Cómo ha sido la experiencia en otros países que aprobaron leyes similares?
                  IV.­ Derribando mitos: nadie irá a la cárcel por piropear

                  Revisa la Presentacion de OCAC Chile en el Congreso acá

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                    Entre el 19 y 28 de agosto se realizarán charlas en el marco del IV Curso de Instructores en Derechos Humanos Aplicables a la Función Policial 2015.

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                    Este miércoles a las 9:40 horas, María Francisca Valenzuela, presidenta del Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC), inauguró la charla a Carabineros de Chile durante el IV Curso de Instructores en Derecho Humanos Aplicables a la Función Policial 2015. El evento se realizó en la Escuela de Carabineros, ubicada en Av. Antonio Varas N° 1842, Providencia.

                    En la ocasión, se llevó a cabo una jornada de sensibilización sobre violencia de género, específicamente en acoso sexual callejero, y la falta de una legislación acorde a los tiempos. Esto, para motivar el compromiso de carabineros y carabineras respecto a la seguridad ciudadana y recepción de denuncias.

                    María Francisca Valenzuela, presidenta de OCAC Chile, recalcó la importancia de la charla “generar un vínculo con carabineros y carabineras nos permite mejorar nuestra labor en cuanto a cómo debe ser ejecutada la denuncia, podemos recibir un feedback mucho más completo de cómo se lleva a cabo el procedimiento y así ayudar de mejor forma a las personas que se nos acercan, Carabineros es uno de los pilares fundamentales para nuestra misión en contra del acoso sexual callejero”, enfatizó Valenzuela.

                    Pablo Cadena, capitán (I) que participó del curso, agrega que la iniciativa “es una forma de demostrar que los derechos humanos y  carabineros son transversales. Todos entendemos que como Carabineros somos la primera línea de defensa de los derechos humanos. Es bueno que OCAC nos oriente respecto a conocer cómo podemos asesorar en esta línea”, explica el capitán.

                    Cabe señalar que si hoy una víctima acude a la Fiscalía, a la PDI o Carabineros para denunciar acoso callejero leve, no va a encontrar acogida, ya que las policías no pueden iniciar procesos por faltas que no existen en la ley. Si bien hay funcionarios que inscriben las agresiones, las denuncias se pierden en cifras negras.

                    El curso está destinado a Oficiales y Suboficiales de la institución, cuyo objetivo es formar a Carabineros de Chile sobre diferentes materias relacionadas con Derechos Humanos, como Derecho Internacional Humanitario y Mantenimiento del Orden Público.