Sam Reyes

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    Salí de la estación de Metro Príncipe de Gales y un tipo me siguió, me puso un arma en la cabeza e intentó llevarme al canal que pasa por Tobalaba. Hice la denuncia en Puente Alto ya que Carabineros nunca acudió a la estación de Metro. Se demoraron demasiado y como era de noche, decidí irme. Entregué una descripción del sujeto. Tengo miedo ya que el sujeto se quedó con mi celular. Al no querer bajar con él, me obligó a desbloquear mi celular y entregárselo, luego de eso salió corriendo. Se quedó con todos mis datos y desde esa fecha me están acosando por todas las vías existentes

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      Mi vecino, a quien sólo conozco de vista, me saludó y me pidió que le diera un beso en la boca. Me negué y me dijo que por último le diera un beso en la cara. Le dije que parara de molestarme y seguí caminando (casi corriendo). Empezó a gritarme que me quería mucho, que le alegraba el día cuando me veía y que esperaba verme todos los días.

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        Tenía 16 años, era muy delgada y no atraía a mucha gente. Mis amigas ya tenían pololos y yo ni siquiera había dado un beso. Sufría acoso escolar por parte de mis compañeras ya que tenía una apariencia poco habitual, me sentía muy insegura. Un día, una amiga me dijo que para llamar la atención debía ajustar mi jumper. Al principio me pareció mal, pero sentía que quería encajar. Fuimos a la casa de su tía y esta me lo dejó corto y apretado. El primer día salí a la calle y recibí toda aquella atención que nunca había tenido. Llamé la atención de un tipo y quiso salir conmigo, insistía en tocarme la cintura o decirme cosas como que estaba rica. Me sentía muy mal, pero sentía que debía encajar.

        A medida que pasaban los días, comencé a sentir los ojos amenazantes de muchos hombres, algunos de la edad de mi papá. Eso me volviós insegura y aún más tímida. Me volví muy torpe y comencé a taparme nuevamente con kilos de ropa. Estuve años atrapada en mis pensamientos de lo que era correcto llevar o no. Si la ropa realmente te hacía ver atractiva, si estaba bien escuchar “halagos” de esa índole tan… inadecuados.

        Hoy soy una persona segura que incluso defiende a niñas que están siendo acosadas a vista y paciencia de otros adultos, quienes se sienten con la obligación de decirte algo desagradable. Entendí y viví, esta experiencia y creo que me hizo ser la persona que soy.

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          En la micro que tomo a diario de regreso a casa, se sube un hombre de edad avanzada. Este tipo se masturba y al parecer nadie se da cuenta, o al igual que yo lo hacen pero no quieren tener problemas. Varias veces lo vi haciendo cosas raras con las manos, pero por lo general se coloca algo en su regazo para taparse. Sin embargo, ayer fue mucho más descarado, pero me dio miedo grabarlo o encararlo, porque sentí que nadie me iba a apoyar.  Ahora me siento culpable por no actuar, pero de verdad en ese momento sentí que si hacía algo no iba a pasar nada y que el tipo volvería a masturbarse en la micro que, por cierto, debo tomar todos los días. Lamentablemente, no he podido contarle a mis cercanos.

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            Debido a que no me gusta estar encerrada, suelo salir harto. Supongo que eso aumenta mis probabilidades, tal vez sólo es mala suerte, o simplemente las calles están llenas de acosadores, o todas las anteriores. Estas son mis experiencias:

            La primera vez que me acosaron era súper chica, iba como en séptimo básico. Estaba con ropa de colegio junto a mis amigos jugando videojuegos adentro de un supermercado, cuando vino un tipo y me tocó una pierna. Yo grité y les dije a mis amigos y uno de ellos salió persiguiendo al tipo en cuestión. Yo fui donde un guardia y este me dijo: “¡Déjelo!, que no le pegue su amigo porque él es enfermito y viene siempre para acá y hace esas cosas”. Quedé impactada al saber que lo dejaban hacer esas cosas con tranquilidad a cabras chicas de colegio y quién sabe a cuántas más. Me enojé muchísimo y quise insultar al guardia. Ahí aprendí que tienes que defenderte solita y defender a las demás.

            En otra ocasión, ya más grande, yo estaba sentada en la micro al lado de la ventana y un viejo se sentó junto a mí como cualquier persona no más. Yo iba con el bolso sobre las piernas y de un momento a otro sentí algo extraño en mi cadera, levanté mi bolso y era la mano de este viejo que iba en dirección a mi entrepierna. Le pegué en el brazo, lo empujé, me senté más atrás y le grité como pude porque no me salía la voz, le dije: “¡Viejo degenera’o!”. Algunas personas se dieron cuenta, pero él ni se inmutó. Se bajó cuatro paraderos más adelante, justo en el que me tenía que bajar yo, así que preferí bajarme después y darme una vuelta gigante por otras calles. Me arruinó el día, tenía demasiada rabia por lo ocurrido, por no haber actuado diferente y haber hecho algo más.

            En otra, yo iba en el Metro cuando un viejo me tocó el trasero, lo agarré del brazo, lo miré a los ojos y le dije: “Cuidadito con las manos hueón” y le enterré las uñas unos buenos segundos. Sonó la puerta y se bajó corriendo. Una señora me felicitó.

            Una vez vi a un viejo que iba punteando a una niña como de 14 años y le dije: “¡Oye!, córrete de atrás de la niña, la micro tiene harto espacio pa’ atrás”. El viejo se desfiguró entero y se fue calladito. La cabra no entendiendo nada, se avergonzó.

            También me ha tocado escuchar a viejos que le gritan a escolares y yo les grito de vuelta o me voy caminando al lado de ellas cuando es de noche. Es raro y es lindo eso. En las micros las mujeres nos sentamos con las mujeres y en las calles oscuras y paraderos también se forman silenciosos grupos de mujeres que se acompañan porque, de una manera u otra, todas sabemos que es difícil y peligroso. Además, si algo pasa, solo otra mujer te puede entender y ayudar.

            Es súper estresante caminar por la calle, sobretodo en Santiago (en otra región me relajo un poco). Yo defiendo mi espacio con uñas y dientes. Si un tipo se me pone muy cerca me corro, lo alejo o lo encaro.

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              Es verdad que siendo mujer eres acosada y discriminada diariamente, aun más cuando eres lesbiana. Mi pareja, con la que estoy en una relación hace ya dos años, y yo tenemos una opinión muy negativa respecto de cómo son vistas las relaciones lésbicas en Chile. Casi nunca nos tratan de forma normal, como quisiéramos que nos tratase, solo es un gusto distinto y ya. Sin embargo, la gente es cruel y juzga todo desde su punto de vista, en cómo se debería vivir para ser “normal” porque de lo contrario eres rechazada por la mayoría de las personas.

              Debido a la relación que tenemos, hemos sufrido la discriminación incluso por parte de nuestras familias que no nos aceptan. La familia de mi pareja no me deja entrar a su casa y me trata de lo peor. También nos ha pasado en lugares públicos; recuerdo una vez que estábamos en Santa Lucia, me recosté en el pasto con mi pareja y un tipo empezó a mirarnos, a hacer gestos vulgares, sonidos e intimidaciones acercándose mucho a nosotras.

              También fuimos discriminadas en una entrevista de trabajo. Con el fin de cuidarnos la una a la otra decidimos trabajar juntas para darnos apoyo y compañía en un mal momento de nuestras vidas. Fuimos a ciudad empresarial a una entrevista para call center en Virgin Movile. Nos preguntaron si éramos pareja y dijimos que sí ya que ya estábamos hartas de que nos miraran como cosas raras. Ante nuestros ojos, fue claramente una situación de discriminación ya que de todo el grupo que estaba en la entrevista, nosotras éramos las únicas con experiencia en el rubro, vivíamos cerca del lugar en cuestión y además sabíamos bastante bien cómo manejarnos en el trabajo indicado. Finalmente, después de la gran pregunta nos hicieron salir de la sala y esperar fuera, los demás quedaron dentro y esperamos bastante rato. Al final, le consultamos a un guardia qué pasaba y llamó a una chica que confirmó que ya hace bastante se había terminado esa selección y que ya estaban casi en la última etapa para comenzar a trabajar. Nadie se dignó a decirnos algo para que nos retiráramos.

              Sin embargo, el último y más violento, traumante y humillante episodio por el cual pasamos ocurrió un día que íbamos desde Lo Espejo a Puente Alto en metro para hacer un trámite. Pagamos nuestro pasaje, entramos al tren y nos sentamos. Todo iba bien y tranquilo hasta que se subió un mimo que hacía reír a los pasajeros burlándose de algunos. En cuanto lo vimos, él nos miró feo y se fue acercando a nosotras con sus bromas e imitaciones. Nos empezó a molestar a los minutos de haber subido con una señora que se había subido y nos increpó con gestos y burlas para que nos paráramos y le diéramos el asiento. Ante estos gestos, la señora señaló que no necesitaba sentarse ya que se bajaría en la próxima estación, este tipo siguió con las burlas hasta más no poder, haciendo gestos obscenos y burlas respecto a ser pareja. Nosotras en ningún momento le prestamos atención y eso más le molestó, porque siguió y siguió. Finalmente llegamos donde debíamos bajarnos, nos paramos y cuando se abrieron las puertas del vagón, el mimo nos gritó algo como “bájense lesbianas maracas conchesumadre”. Al escuchar esto, me di vuelta y después de aguantar harto, me defendí diciendo que parara el hueveo y le lancé unas gotas de agua de una botella prácticamente vacía que llevaba porque con los nervios me había tomado toda el agua. Este tipo me respondió inmediatamente, se lanzó encima de mí, me agarró fuertemente del cuello y con el otro brazo me tiró un combo. Mi única reacción fue intentar taparme con los brazos para que no me golpeara la cara. Recuerdo ese segundo como eterno ya que me quedé inmóvil y en shock, solo sentí miedo y no sabía qué hacer. Mi pareja rápidamente al ver lo que pasó, se abalanzó encima de él y lo sacó para que no me siguiera golpeando. Lo increpó y comenzaron a pelear a golpes. La gente nunca intervino y él, como un cobarde, nos tiraba golpes con patadas y puños mientras se escondía detrás de la gente, burlándose. La gente, como en un circo romano, lo defendía diciéndonos que habían niños, que tuviéramos cuidado, que para qué le hacíamos caso, etc. Yo les pregunté que cómo eran capaces de ver cómo se burlaba, que no hicieran nada ante los golpes que este tipo me propinó, la gente respondía una y otra vez de la misma forma.

              Entre todo este caos, dejaron parado el metro ya que él mismo salía y entraba al tren para golpearnos. Después, llegó un guardia y nos hizo subir hacia la boletería donde estaba carabineros, que allí arregláramos nuestro “problema”. Yo estaba llorando de impotencia y por la humillación que nos hizo pasar a mi pareja y a mí.

              Le pregunté a los guardias y hasta a las personas del aseo para saber a quién le podía pedir las grabaciones del metro con el fin de demostrar que él se lanzó encima de mí y que mi pareja solo me defendió para que no me siguiera pegando, pero fue inútil porque nadie dio una respuesta y nos ignoraron; se lavaron las manos diciendo que las grabaciones las debía pedir Carabineros. Por otro lado, el mimo seguía burlándose de nosotras mientras carabineros tomaba su declaración.

              Nos llamó mariconas de mierda delante de Carabineros, pero ellos siguieron escribiendo lo sucedido. Él contó que nosotras le pegamos de la nada, bastante ilógico ya que nadie se lanza de la nada a pegarle a alguien, a excepción de él. El mimo reiteró que nosotras lo golpeamos, sin embargo, físicamente no teníamos ninguna posibilidad de defendernos ante alguien como él. Un hombre que pesaba unos 85 kilos, medía 1,80 y tenía 35 años. Nosotras por otro lado, teníamos 22 años, pensábamos 60 kilos y medíamos 1,58.

              Carabineros decidió que era riña y nos llevó a los tres detenidos y a constatar lesiones ya que él tipo indicó y aseguró que lo golpeamos, que estaba mal y dando lástima cambió su actuar para salvarse .

              Fuimos a constatar lesiones y gracias a dios no alcanzó a hacernos nada tan grave salvo las evidentes lesiones de golpes, patadas, además de mi cuello en donde tenía las uñas y manos marcadas del tipo .

              Llegamos a la tenencia de carabineros y empezaron con hacer el informe o algo así para relatar y dejar por escrito lo sucedido. Dimos toda la información que nos solicitaron y solicitamos nuevamente las grabaciones de las cámaras del Metro para que quedara en evidencia el actuar del sujeto. Carabineros dijo que tendríamos que pasar todo el día, tarde y noche en el calabozo para pasar al otro día a la fiscalía e indicar lo sucedido .

              Nosotras no podíamos quedarnos ahí todo ese tiempo ya que teníamos comprado unos pasajes a Viña del Mar porque nos íbamos para allá y teníamos todo listo y, obviamente no esperábamos que ocurriera lo mencionado anteriormente, ni tampoco teníamos como deshacer todo de un momento a otro.

              Carabineros nos mandó al calabozo. A él a uno de hombres y a nosotras a otro de mujeres donde gracias a Dios una Carabinera que nunca esperé que se compadeciera me trató de una manera decente y me preguntó qué había pasado. Yo le conté y me dio frases de aliento y lamentó lo sucedido.

              Finalmente pasamos unas dos horas en el calabozo y nos preguntaron si seguiríamos el caso. El tipo obviamente se rehusó porque no le convenían las pruebas que podrían encontrar, estableció que ya se sentía mejor y que no quería seguir el caso. Nosotras por otro lado ya teniendo planes y cosas por hacer, dijimos que tampoco podríamos ya que no disponíamos de tiempo para seguir con eso. Sé que quizás fue un error por parte nuestra, pero realmente solo queríamos irnos y olvidar lo sucedido. Luego de unas horas, lo dejaron salir a él y después a nosotras.

              Ese día quedó en mi mente para siempre. Desde ese entonces que mantengo mucha angustia cada vez que ando en metro o en micro, tampoco quise volver al lugar ni tener alguna relación con lo sucedido ese día. Debo confesar que a pesar de que ya han pasado unos cinco meses de esto, todavía no lo olvido, siempre está en mi mente el miedo y pánico del momento y no sé cómo superarlo.

              He tenido constantes sueños y recuerdos de lo sucedido y siempre me inunda una gran pena, además de un sentimiento de asco y humillación. Este tipo me trató así y me golpeó solo por algo que a no le gustó.

              Desde ese día siento miedo de los homofóbicos y sus reacciones. Hasta cambié mi forma de ser con mi pareja, sé que no es su culpa, sin embargo, desde aquel momento no quise tomar su mano, ni besarla, ni tocarla en público nuevamente.

              Me siento muy perseguida y siempre que salimos estoy muy alerta de todos, con miedo en mi corazón y un nudo en la garganta.

              Sé que mi pareja me ama y entiende, pero para mí es muy difícil olvidar lo sucedido.

              Después de las cosas mencionadas, perdí la fe en la gente y me ha costado mucho avanzar. Últimamente me siento mejor encerrada y le pido a Dios que por favor se lleve el miedo y el trauma que me atormenta día a día .

              Se perfectamente cómo es sentirse acosa y violentada por ser mujer y por ser lesbiana.

              Agradezco mucho sus artículos y espero que algún día historias como esta no ocurran y nuestras próximas generaciones vean la discriminación y el acoso como un delito repudiable.

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                Mientras estaba esperando locomoción en el paradero un tipo me gritó “¡qué te vaya bien en el colegio, yo te acompaño!“.  Morí de miedo, así que apenas paró mi micro me subí de inmediato, pero para mi desgracia él también. Se paró frente a mí, me tiró besos y dijo palabras sexuales. Le hablé a una señora y lo único que conseguí fue un “es normal, siempre pasa, no puedes hacer nada“. Sin saber qué hacer, me alejé lo más posible. Cuando llegué a mi parada (Parque Bustamante) me di cuenta que él también se había bajado; me persiguió cinco cuadras hasta que entré a un negocio llorando. Después de 40 minutos de estar ahí dentro, el tipo se fue. Corrí a mi colegio sin entender muy bien por qué algunos normalizan estos actos.

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                  Siempre fui de esas personas que pensaban que podrían actuar en defensa propia si alguna vez se sentía amenazada, pero aprendí de la peor forma que no importa cuánto lo planees, nunca estás preparada.

                  A la hora de salida de clases (16.15 horas) acordé con mis amigas que las dejaría en el paradero de la micro ubicado frente al establecimiento, para luego seguir mi camino a casa. Una vez hecho eso, me dirigí a mi casa que está a menos de ocho minutos caminando. Iba tan feliz cantando que no presté atención, gran error. Pasé al lado de dos hombres jóvenes que conversaban, me detuve a ver mi reflejo en la ventana de un auto y vi a uno de ellos caminar por la vereda del frente, seguí caminando. ¿Por qué debería preocuparme de alguien que va caminando? Cuando llegué a mi calle, me detuve nuevamente a ver mi reflejo, pero esta vez sí lo noté. Sentí algo extraño, como si me estuvieran observando y entonces lo vi escondido detrás de un árbol. Entré en pánico, quería correr, quería gritar, me estaba siguiendo, no había personas cerca ¿qué podía hacer? Traté de hacer como si no lo hubiera visto y caminé lo más rápido que pude, al llegar a mi pasaje, corrí. Lo hice tan rápido que llegué a mi casa. Al correr tanto, se me cayeron las llaves y escuché sus pasos. También corrió, di la vuelta, me empujó hacia la reja de mi casa. Aunque su mano tocaba mi pecho, sus labios no lograron su objetivo ya que como pude moví mi rostro para evitarlo. Luego de que pasaran alrededor de dos segundos, que para mí fueron horas de tortura, huyó. ¿Qué había pasado?, ¿quién se creía que era?, ¿quién le dijo que podía venir y tomar mi inocencia?, ¿quién le dijo que podía venir a mi casa y tomar mi seguridad?, ¿quién permitió que me tratara como algo que era suyo?, ¿Quién se cree que es? Mis padres no confiaban en que caminara sola, no confiaban en mi ruta, siguen sin confiar en que estaré bien.

                  A mis 19 años, camino a casa tuve miedo, miedo de un chico que sólo quería lograr su cometido. ¿Por qué? Porque un tipo que creyó tener el derecho de seguirme como presa y tocarme como suya provocó en mí un rechazo a todo hombre que camine detrás de mí. No normalicemos algo que no es normal, si lo fuera, ¿por qué nos sentimos amenazadas cada vez que salimos a las calles? No quiero que las demás se sientan como yo me sentí.

                  Deberíamos estar libres de ser violentadas de esta forma. No más acoso callejero.

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                    Hoy me ocurrió una situación que todavía no sé cómo nombrarla. Iba en el Metro camino a la universidad y, como de costumbre, este iba más que repleto. Me subí en Tobalaba, cuando ya estábamos en Los Leones se subió más gente. Quedé adelante de un hombre, no tenía espacio para moverme y con suerte respiraba. Cuando el Metro avanzó, sentí algo extraño en mi mano; una vez que se abrieron las puertas y tuve espacio para moverme dentro del vagón, me di cuenta que el canalla, cerdo, asqueroso y enfermo se había masturbado con mi figura o qué sé yo. Me tiró su repugnante semen en mi trasero, piernas, manos y mochila. Quedé en shock.

                    Al querer pasarle su asqueroso semen por su cara, me di cuenta que ya se había bajado, sin que nadie se diera cuenta o pudiera hacer algo.

                    No entiendo cómo es posible que pasen esas cosas, me siento totalmente vulnerada como mujer, acosada, sucia y con mucha pero mucha rabia.

                    ¿En que tipo de sociedad estamos viviendo?, ¿cómo es posible que ni camino a la universidad me pueda sentir tranquila sin ser acosada sexualmente? Gente depravada que lo único que hace es daño, ¿qué mierda se creen?, ¿que acaso no tienen mamá, abuela, hermana o tías? Un mínimo de conciencia.

                    Espero que este tipo de situaciones no le ocurra a ninguna persona.