“Comencé a usar buzos oscuros y muy holgados”

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    Cuando era chica (aproximadamente unos seis años), mi mamá me llevó con ella a su entrega de empanadas en el centro de la ciudad. Una vez allí, me quedé afuera del local jugando con palitos de helado que recogí del suelo. En eso se me acercó un hombre de unos 35 años que se veía desarreglado, tenía pelo largo y usaba lentes oscuros. Se quedó mirando por un rato, lo miré y en mi interior sentí una voz que me dijo que entrara al local donde estaba mi mamá. Entonces entré, le dije a mi mama y ella salió a ver. El tipo se fue rápidamente y desde ahí que sufrí un trauma, me daba miedo salir a la calle sola. Además comencé a usar buzos oscuros y muy holgados, y siempre me amarraba un polerón a la cintura para que me tapara el trasero. Afortunadamente, como a los 13 años logré superarlo. Hoy me siguen diciendo cosas en la calle, pero no me han vuelto a toquetear.