“Cruzó la calle directo hacia mí y me susurró al oído ‘te lamería enterita'”

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    Cuando tenía once años era más desarrollada que mis compañeras de mi edad, pero eso nunca me importó porque mi cuerpo todavía no era un tema para mí. Un día, mi mamá me pidió ir a comprar a cuatro cuadras de la casa. Cuando iba de vuelta, un hombre de unos 40-45 años cruzó la calle directo hacia mí y me susurró al oído “te lamería enterita”. Sentí toda su respiración en mi cara y me congelé. Volví corriendo a la casa, aguantándome el llanto porque pensaba que algo malo me iba a pasar.

    Nunca le conté a nadie porque no quería que se preocuparan y tampoco pensé que fuese mi culpa, aunque esa frase me dio vueltas por mucho tiempo en la cabeza. Pasé meses tapada con chalecos enormes para que nadie viera mi cuerpo y lloraba cada vez que me pedían salir a comprar algo. Recién cuando pasaron los años me atreví a comentarlo con mis amigas y fue ahí cuando comencé a sentirme  culpable, porque la respuesta que siempre recibía era “¿pero cómo andabas vestida?”. Me dio rabia y me empecé a callar, porque me sentía juzgada y asustada del mundo con solo 13 años.