“De un segundo a otro sentí que él me acariciaba la pierna subiendo por mi vestido, fue demasiado rápido”

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    Hoy tengo un poco más procesado lo que viví. Fue un día del 2014, cerca de las tres dela tarde. Sufrí acoso sexual por parte de un hombre en la micro de recorrido 405 que sube por Vitacura.

    Me cambié de asiento para dárselo a una señora mayor y el hombre amablemente me dijo, “siéntate aquí”. Hasta ese momento todo iba bien. Me senté al lado de él, tomé mi celular y puse mi bolso en las piernas. Ese día hacía frío, andaba con un vestido negro y medias. No un vestido ajustado ni corto, generalmente uso ropa holgada.

    De un segundo a otro sentí que él me acariciaba la pierna subiendo por mi vestido, fue demasiado rápido. Lo enfrenté. Lo empujé y le grité. Él me respondió diciendo “qué halaracas las mujeres, siempre pensando algo que no es”. Como si sus manos en mis piernas hubieran sido producto de mi imaginación.  Sentí una impotencia terrible. Qué hacer en esos casos, cuando nadie te ayuda.

    Me bajé de la micro tiritando y me puse a llorar. Me pregunto cuántas mujeres por miedo aguantan este tipo de cosas. Yo al menos lo enfrenté. Pero me quedo con la experiencia de que estos casos son ciegos, sordos y mudos.