Educación sexista: Qué es, cómo se manifiesta y por qué hay que terminar con el “currículo oculto”

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    El 2016 ha sido el año en dónde las demandas por educación no sexista han tenido bastante notoriedad. Primero con Marina Ascencio Muñoz, la niña de once años que pidió terminar con la tradición de sólo aceptar varones en el Instituto Nacional. El tema también ha sido parte de las consignas de las dirigentas secundarias dentro de la reforma educacional y la semana pasada volvió a la palestra al conocerse el caso de un jardín que pedía implementos de fútbol para sus alumnos y de cocina para sus alumnas.

    Pero, ¿qué es la educación sexista y por qué debemos terminar con ella? Desde Londres nos comunicamos con Camila Bustamante, ex vicepresidenta y directora de comunicaciones de OCAC Chile, socióloga con especialización en género, educación y juventud, parte de la Unidad de Equidad de Género del Ministerio de Educación y que hoy se encuentra cursando un Master en temas de Género, Políticas Sociales e Inequidades en la London School of Economics and Political Science.

    – ¿Qué se entiende por educación sexista?
    –Una educación sexista se identifica al menos en dos aspectos: cómo ocurre y cuáles son sus resultados. El primero se refiere a todas las dimensiones en las que se construye la educación de niños, niñas y jóvenes: las prácticas pedagógicas de docentes y académicos/as; los recursos que se utilizan, como libros y materiales; el currículo, es decir, la definición de qué tienen que aprender y en qué nivel o curso; la infraestructura; el lenguaje; entre otros.

    – ¿Cuál es tu diagnóstico sobre lo que ocurre en las aulas chilenas?
    –La educación chilena actual tiene un marcado sesgo de género, por ejemplo: estudios que analizan prácticas pedagógicas de educadoras de párvulo o docentes de nivel básico y medio, han demostrado que suelen dirigirse más a varones que a mujeres, a ellos les plantean preguntas más desafiantes y les entregan mayor feedback. Además, se entrega mayor apoyo a hombres en las áreas de matemática y ciencias; y a mujeres en humanidades y ciencias sociales. Otros estudios han mostrado que los textos escolares que se entregan en el sistema educativo suelen referir a varones, por ejemplo, a los héroes de la historia o a los científicos que han hecho descubrimientos. Lo mismo se replica a nivel universitario: si se analizan los autores que se estudian en las diversas disciplinas. Esto no ocurre porque no haya mujeres que hayan hecho aportes relevantes en esos campos, sino porque suelen ser invisibilizadas.

    – ¿Cuales son los resultados del sexismo en el sistema educacional chileno?
    –Podemos identificar el sexismo en la educación con sus resultados y estos son muy claros. No se trata sólo de las importantes diferencias de niños, niñas y jóvenes en pruebas estandarizadas como el SIMCE y la PSU, donde las brechas también se producen por sesgos sexistas en los instrumentos. El sistema educativo moldea los intereses y el desempeño de las personas en las distintas áreas del conocimiento, lo que tiene como resultado que hombres y mujeres escojan carreras distintas y se desempeñen luego en el mundo laboral en ámbitos altamente estereotipados como masculinos (ingeniería, ciencias, construcción, minería, negocios) y femeninos (educación, salud, humanidades, ciencias sociales, servicios).

    – ¿Existe evidencia respecto a que los niños sean mejores en determinadas áreas que las niñas, o viceversa?
    –Existe evidencia empírica de la diferencia de resultados de aprendizaje entre hombres y mujeres en diversas pruebas estandarizadas y estudios, donde ellas son mejores en lectura y escritura, y ellos en matemática. No obstante, hay dos grandes pero en esta realidad. El primero, es que algunas pruebas, como la PSU, tienen un importante sesgo de género en el diseño del instrumento, que sólo profundiza esas diferencias. El segundo, es que al analizar la evolución de los puntajes en el tiempo en este tipo de pruebas, se evidencia que en los primeros años de educación (primer ciclo de educación básica), las diferencias son casi nulas, sin embargo, van creciendo a medida que aumenta la edad de las y los estudiantes, llegando a brechas abismantes en la educación media. Un ejemplo de ello es lo que ocurrió este año con los resultados del SIMCE, que mostraron una gran desventaja de los varones en lectura en segundo medio, lo que se corresponde con los resultados complementarios que muestran que los varones no consideran la lectura como un pasatiempo y les gusta menos que les regalen libros.

    – ¿No existen entonces estudios científicos que avalen diferencias biológicas?
    –Algunas personas podrían aducir a que hombres y mujeres somos biológicamente distintos y que las diferencias en nuestras habilidades y preferencias estaría determinada naturalmente. La evidencia científica no es concluyente aún respecto a si existe verdaderamente un cerebro masculino y uno femenino, pero estudios recientes sobre plasticidad neural parecen apuntar a que las diferencias entre hombres están influenciadas por factores externos, la cultura y la sociedad, a medida que la persona se desarrolla.

    – ¿Qué ocurre en el caso de los niños, niñas y jóvenes LGTBI?
    –Los espacios educativos son percibidos de manera distinta por los distintos géneros. Por ejemplo, las personas LGBTI experimentan en general un paso por el sistema escolar altamente violento y discriminatorio, afectando su derecho a la educación. Otro ejemplo, son los niveles de acoso sexual que experimentan las mujeres en la educación superior, que es un tema que se ha vuelto cada día más relevante.

    El currículo oculto: azul o rosado, princesas o héroes

    – ¿Qué sucede con el denominado currículo explícito y el currículo oculto en la formación de niños y niñas?
    –Los sesgos y estereotipos de género en educación son provocados por lo que se ha denominado el currículo oculto, que refiere a todas aquellas creencias, imaginarios y valores que se transmiten a niños, niñas y jóvenes y que no están expresados en el currículum oficial o explícito. En el sistema educativo, el currículo oculto comienza a operar desde el inicio de la vida escolar de niños y niñas, donde se les muestra un mundo dividido en dos: rosado o celeste, princesas o héroes, muñecas o pelotas, comunicar o moverse, expresar o reprimir, usar el rincón del hogar o usar el rincón de la construcción en el jardín infantil.

    La transmisión del currículo oculto ocurre de manera inconsciente. No necesariamente una educadora de párvulos va a cuestionarse en el momento de calmar a un niño, al decirle que los hombres no lloran. Un profesor de matemática no necesariamente reflexiona cuando prefiere que un varón entregue una respuesta, aunque una niña a su lado también haya levantado la mano para responder. Todas y todos nosotros, incluidas las y los docentes, nacimos y nos desarrollamos en una cultura patriarcal, que naturaliza la posición dominante de los varones en la sociedad y la reproducción de conductas discriminatorias y violentas. Hemos estado expuestos/as a ellas toda la vida y es muy difícil identificar cuándo algo que hacemos o decimos está reproduciendo el orden patriarcal.

    Foto: El desconcierto