“Él me decía: déjame tocarte, quiero tocarte las manos, solo las manos”

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    Eran aproximadamente las siete de la mañana de un día domingo, había trabajado toda la noche y llevaba mi bolso con mi ropa de trabajo. Me encontré con un muchacho que trabajaba en el mismo lugar que yo (él era garzón y yo barwoman). Yo estaba vestida con unas jeans negros y un polerón.

    Estábamos esperando la micro en el barrio Bellavista, la 210. El paradero estaba lleno y los Carabineros a diez metros porque ese día había una maratón. Después de esperar cerca de media hora, me di cuenta de que había un tipo que estaba todo curado, solo y me miraba fijamente. Le comenté al muchacho que me acompañaba que el tipo no dejaba de mirarme y que me sentía incomoda, él sólo lo miró para ver quién era y punto.

    Cuando pasó una micro verde, el tipo se me acercó con las manos estiradas como queriendo tocarme. Era la primera vez que alguien se me acercaba así. En general, suelo gritar de vuelta “podría ser tu hija”, “asqueroso @-#@&”, y ese tipo de cosas.

    Me dejó en shock el descaro del tipo y le empujándole las manos lo increpé para que me dejara tranquila. Creo que no estaba vestida provocativamente, soy alta y varias veces defendí a niñas en las micros de acosadores. Amenacé al tipo con pegarle, pero con nada desistía. La gente miraba y no hacía nada. Él me decía “ya, pero déjame tocarte, déjame tocarte, quiero tocarte las manos, son solo las manos”. Intentaba agarrarme de la parte de atrás del cuello y me tiraba para acercarme a él y yo seguía empujándolo.

    Lo más horrible de toda la situación fue que el muchacho que estaba conmigo no hizo nada. Me decía “déjalo, ya se va a ir”, y yo lo miraba con cara de incrédula. No sé cuánto tiempo duró eso, pero para mí fueron horas. Al llegar la 210, me di cuenta de que el tipo también se subió y pensé en esperar la siguiente. En el tumulto de gente me encontré a un amigo con el cual sí me sentía segura,  me dijo “subamos, yo te cuido”. Nos fuimos adelante sentados en el suelo.

    Esto pasó en noviembre del año pasado, tenía 21 años. Hoy sigo defendiendo a escolares y gritando de vuelta, pero jamás olvidaré la cara de ese hombre.