“Era como un viejo baboso que miraba a su presa”

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    Tenía nueve años. Ese día vestía una falda y polera,  algo muy inocente para esa edad.  Estábamos sentadas con mi mamá en el centro, esperando a mi papá. Mientras conversábamos, me di cuenta que un hombre de unos cincuenta años me observaba las piernas con una cara de pervertido que nunca se me olvidará. Era como un viejo baboso que miraba a su presa. Les juro que jamás en mi vida me habían mirado así, me sentí tan incómoda que no le dije en ese momento a mi mamá.

    Me sentí tan pasada a llevar que me dio hasta miedo decir lo que había pasado, sabiendo que mi mamá podría haber hecho algo, pero era un miedo tan profundo que solo atiné a quedarme callada y guardármelo.

    Desde ese momento, trato de “mostrar” lo menos posible. Ahora que tengo 18 años y a veces prefiero morir de calor en el verano, antes de usar una falda, un vestido o un short, para tratar de evitar que viejos asquerosos me miren como si fuera una presa.