“Esto no me pasó por usar ropa provocativa ni andar en exceso arreglada, simplemente me pasó por ser mujer”

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    Esto pasó hace poco. Iba volviendo de la casa de una amiga a pie. Yo vivo en Ñuñoa, calle Los Cerezos con Eduardo Castillo Velasco. Era de noche, las 22 horas. Como siempre iba mirando hacia atrás cada diez segundos para ver si no me sigue nadie. Cuando faltaban dos cuadras para mi casa, vi a alguien caminando a mi ritmo y mirándome en la vereda de enfrente. Estaba con capucha rosada o naranja (no se veía bien de noche), chaqueta negra y jeans, un metro setenta y algo, era flaco.

    Me daba vuelta mientras caminaba cada vez más rápido y el tipo me seguía desde la otra vereda. Me apuré más hasta llegar al frente de mi casa, saqué las llaves rápido, pero él ya estaba detrás mío. Pasó todo muy rápido, el tipo me agarró un seno con fuerza y salió corriendo. Yo me quedé ahí helada, qué sacaba con gritar. Abrí el portón de mi pasaje y entré.

    Ya sabíamos con mi familia de un caso similar, quizás en manos del mismo enfermo que andaba por el sector atacando a mujeres que andaban solas. Yo no salí dañada físicamente, pero el miedo es algo que siempre quedará. Esto no me pasó por usar ropa provocativa ni andar en exceso arreglada, simplemente me pasó por ser mujer.

    Pensaba en cambiarme de barrio, pero esto es algo que pasa en todos lados. Me hubiera gustado haber podido inmovilizarlo, haberle mirado el rostro. Haber gritado, haber hecho algo al respecto. El no poder hacer nada aún me desespera, me da rabia, impotencia. Por eso les dejo mi testimonio, además de hacer la denuncia a Carabineros.