Joven irlandesa contó su experiencia de acoso callejero y mostró el daño que causa en las personas

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    Gracias a su testimonio, se pudo demostrar que los cuerpos de las mujeres siguen siendo considerados como propiedad pública.

    El medio ‘‘Bustle’’ evidenció el daño que causa el acoso callejero, a partir de una carta que una joven irlandesa envió al diario ‘‘The Irish Times’’. Se trata del testimonio de Jenny Stanley en el que relata la angustiosa situación que vivió hace un tiempo, mientras esperaba el bus para ir a su casa, en Dublín.

    Así es como Stanley describió una parte de su experiencia:

    ‘‘Comenzó cuando un miembro del grupo me miró fijo a los ojos, me señaló y les dijo a los otros: ‘Me gusta esa’. Otro concordó e insinuó lo que a él le gustaría hacerme si me llevara a casa, mientras un tercer hombre añadió detalles de lo que a él me haría. Básicamente yo era un objeto para satisfacer sus deseos. Las cosas que dijeron me llenaron de furia y, para ser honesta, hicieron que cuestionara mi valor como persona”.

    A partir de esto, se pueden desprender algunas de las formas en las que el acoso callejero nos ha dañado como sociedad y como personas.

    • El acoso callejero perpetúa la desigualdad de género en la sociedad
      ‘‘Si puedo ser vista de esa forma, es porque estas personas no me perciben como un miembro igualitario de esta sociedad’’, escribió Stanley. De hecho, el acoso callejero demuestra que los cuerpos de las mujeres se siguen considerando como propiedad pública, de la que se pueden emitir comentarios, y no como las de un ser humano con privacidad. Esto se evidencia por medio de calificaciones que se hacen a las mujeres de “puta” o “zorra”, a través de la cultura de la violación y también por medio de ataques a los derechos sexuales reproductivos. Ningún cuerpo es propiedad pública.
    • El acoso callejero disminuye la libertad de tránsito en el espacio público
      Las personas pueden ser acosadas donde sea que vayan y bajo cualquier circunstancia. El sentimiento de inseguridad en los espacios públicos restringe la movilidad de las víctimas y provoca que estas caminen con miedo a ser acosadas o violentadas, cuando desean o necesitan ir a un lugar.
    • El acoso callejero aísla a las víctimas y las hace sentir solas
      A menudo, las personas no responden al acoso callejero, incluso a veces forman parte de este. Anne Thériault, escritora de medios como Washington Post, Vice, The Daily Dot y The Toas, publicó un testimonio en Facebook sobre cómo recibió un comentario de un hombre en la calle y la respuesta que ella le dio. Sin embargo, cuando lo hizo un grupo de hombres que la observaban le dijeron que ‘‘le debía gustar la atención que recibía’’ y que ‘‘lo estaba pidiendo” (por su forma de vestir). Incluso algunas personas que no son acosadoras, reafirman y apoyan la idea de que este comportamiento es correcto (siendo que no lo es).
    • El acoso callejero limita la expresión de la identidad de género
      La diversidad sexual a menudo sufre acoso callejero de forma muy violenta. Este comportamiento no solo cosifica a la mujer, sino que demuestra la intolerancia social existente hacia la diversidad sexual y a quienes no se sienten cómodos dentro del binarismo de género.
    • El acoso callejero hace que las personas olviden cómo merecen ser tratadas
      ‘‘La experiencia de esta noche me develó que me he convertido en alguien sin sensibilidad a este tipo de comportamientos, porque mi reacción fue el silencio”, aseveró Stanley. Debido a lo común del acoso callejero, las víctimas olvidan que ellas no merecen estas agresiones. Lo que se produce normalmente son la objetificación y las amenazas. Sin embargo, después de un tiempo se genera, como lo señala Stanley, el ‘‘cuestionamiento de tu valor como persona’’.

    Respecto a este tipo de agresiones, Josefa Crino, coordinadora del Área de Intervención de OCAC Chile señala: ‘‘El acoso callejero, al ser un tipo de violencia normalizada por la población, deja en manos de la víctima la responsabilidad de estos ataques, ya que apela a la provocación que estas víctimas puedan generar en el acosador. Cuando se vive una experiencia como esta, se genera un trauma propio de sentirse violentado sexualmente. Junto con ello, se produce un sentimiento de culpa por parte de la víctima, que debe enfrentar la poca empatía y nula contención de los demás. Es por esto que las personas no hacen las denuncias y tienden a aislarse’’.

    ‘‘En relación con la normalización de la violencia, si una persona tolera este tipo de trato en el espacio público, y no denuncia ni enfrenta el acoso, permite que se ejerza violencia sobre ella misma y olvida que se están vulnerando sus derechos’’.