“Me agarraron el poto porque podían, porque ahí estaba yo, una chica sola y un cuerpo a disposición”

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    Sucedió cuando tenía dieciocho años. Salí de mi casa para juntarme con una amiga, íbamos a una fiesta. Caminaba por mi población cuando de pronto se cortó la luz, así que me puse transitar por el medio de la calle, porque había perros por las veredas y el sector no era muy concurrido. Cuando estaba a punto de llegar a mi destino sentí que venían dos bicicletas detrás de mi, pero no llamaron mi atención hasta que comenzaron a rodearme mientras caminaba. Daban vueltas en círculo mientras yo tomaba con firmeza mi cartera, porque no quería que me robaran las cosas que llevaba, luego empecé a sentir miedo al pensar en lo que me podía pasar. Pese a ello seguí caminando, hasta que uno de los tipos pasó a mi lado y me agarró el trasero, luego de eso, partieron.

    Eran unos cabros, lo sé por su pinta, y lo más probable es que ni siquiera fueran ladrones, porque sino hubieran aprovechado la oportunidad de soledad y la falta de luz para robarme. Pero en vez de asaltarme me agarraron el poto porque podían, porque ahí estaba yo, una chica sola y un cuerpo a su disposición.

    Para ellos pudo ser un chiste más, pero yo siento tanta rabia cuando lo recuerdo, que no soporto que digan que los hombres hacen este tipo de cosas porque es su naturaleza. ¿De verdad es natural ver a una niña sola y aprovecharse de ella sólo porque es mujer? Yo creo que no.