“Me sentí sucia, pese a que iba con un pantalón largo y gracias a eso no pudo tocar mi piel”

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    En noviembre del año pasado, iba al instituto de neurocirugía ubicado en Metro Salvador para ver a mi tía, que estaba hospitalizada.

    Había salido hacía poco de la universidad y como quedaba cerca, decidí caminar hasta allá. Eran eso de las 15:00 hrs. Todo iba bien hasta que pasé frente a un centro hospitalario (creo que Integra Médica) y como la calle es estrecha, se acumuló mucha gente. Iba detrás de una abuelita y de pronto se acercaron dos tipos que pasaron junto a mí, aparentemente universitarios. Uno de ellos me dijo “preciosa, guapa” y antes de que yo me diera cuenta, tocó mi muslo izquierdo.

    Me asusté. Nunca me había pasado algo así. Enmudecí, ni siquiera le pude reclamar, el miedo se apoderó por completo de mí e intenté salir corriendo.

    Recuerdo que corrí lo más rápido que pude hasta el hospital donde estaba mi mamá con mi tía. Le conté todo casi llorando de la rabia.

    Sentí tanta impotencia por mi actitud, de no haberme devuelto y golpearlo o al menos reclamarle su falta de respeto. Me sentí sucia, pese a que iba con un pantalón largo y gracias a eso no pudo tocar mi piel, sentía rabia que él pensara que yo era de su propiedad, que él sólo tomara aquello que le gustó en la calle.

    Me marcó tanto, que decidí no volver a pasar sola por ahí de nuevo.