“Miró mi busto, susurrando se acercó y dijo: ‘Las medias tetas’”

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    Siempre fui más desarrollada físicamente que mis compañeras, así que sin poder evitarlo al llegar a los 13 recibí mí primer acoso en la calle.

    Era verano, recuerdo que llevaba una polera de tiras e iba caminando al supermercado a comprar algunas cosas. Un tipo muy alto, calvo con lentes de sol pasó por al lado mío. Miró mi busto, susurrando se acercó y dijo: “Las medias tetas”.  Sentí su aliento y respiración muy cerca, fue asqueroso, quedé paralizada. Pensé que me haría algo, pero él siguió caminando como si nada. Creo que fue una especie de iniciación al acoso varonil.

    Después de haber sido víctima de acoso, se volvió algo normal el que me susurren, griten o silben. Siempre recibo una opinión sobre mi cuerpo, independiente de la ropa que use, y pese a que ya es parte de mi día a día, me siento igual de violentada que la primera vez.

    Actualmente tengo 18 años y cuando alguien me violenta con algún “piropo”, no dudo en responder con insultos. Pero cuando pienso en mi prima pequeña, que está llegando a su adolescencia, no quiero que entre a este circulo vicioso y que piense que por ser mujer un hombre tiene el derecho de decir lo que quiera.

    En algún futuro tendré hijos o hijas, y haré todo lo posible para evitar que sean víctimas o victimarios de acoso. Para ello les enseñaré, desde pequeños, que este tipo de situaciones son incorrectas y les inculcaré un valor que muchos desconocen: el respeto. Respeto por los demás y por ellos mismos.