“No se quedaron callados y gritaron: ‘¡Métetelo en la zorra conchetumadre!'”

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    Todos los días me movilizo en mi bicicleta para ir a la universidad, a la casa de alguna amiga, para hacer deporte o cualquier otra cosa, y siempre me dicen algo. Para descolocarlos,  y que sepan que también podemos responder, suelo hacerles un gesto obsceno (cuidando siempre que sea un lugar transitado y que haya más gente), porque me da rabia no poder hacer algo como pegarles o tirarles un escupo en la cara.

    Pero ayer la cosa fue distinta. Eran cerca de las 20:00 horas, y ya estaba oscuro. Yo iba con mi tenida deportiva y unos hombres del camión de la basura me dijeron: “¡Qué deportista mi amor!”. Y un sonido de besos asquerosos. Seguí mi camino, pero tuve que parar. Ellos estaban una cuadra más atrás, el camión partió y gritaron: “¡Cosita rica!”.  Me di vuelta y con ambas manos hice un gesto obsceno con mucha rabia. Por supuesto no se quedaron callados y gritaron: “¡Métetelo en la zorra conchatumadre!”. Quedé pensando un rato y no me dejé llevar por la asquerosidad del insulto. Hice que me resbalara, pero la rabia no se me quitó.

    A pesar de todo seguiré respondiendo frente a cosas que me griten o digan. Hay que hacerles saber que no son dueños de la calle ni que tampoco tienen la atribución de decirnos algo, sea lo que sea. No quiero que tengamos miedo de responder. Quiero que sepan que ya no nos quedamos calladas.