acercamiento

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    Tenía 11 años e iba caminando a mi casa, cuando un hombre en un auto me preguntó por una dirección. Amablemente le indiqué donde quedaba la calle que buscaba. Luego me preguntó si conocía a una persona que supuestamente vivía por ahí y yo le dije que no. Comenzó a preguntarme por mi edad y a decirme que le gustaban mis senos, entonces miré el mapa que tenía en sus manos y descubrí que se estaba masturbando. Ni siquiera recuerdo haber tenido miedo, solo quedé  profundamente impactada.

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      Me han pasado hartas cosas ligadas al acoso sexual callejero, pero esta experiencia me llamó mucho la atención y me marcó, me llenó de rabia e impotencia. Estaba volviendo de una fiesta como a las cinco de la mañana. Por motivos que no recuerdo tuve que irme sola caminando a la vuelta, estaba un poco curada entonces me dio lo mismo. Aparte, el lugar quedaba bastante cerca de mi casa.

      No le presté mayor atención. El tipo que manejaba comenzó a hacerme preguntas acerca de adónde iba. Me ofreció llevarme. Yo lo ignoraba, miraba hacia al frente y hacía como que no existía. El tipo pasó de largo y yo me olvidé, pero para mi sorpresa él se había estacionado un par de cuadras antes y me estaba esperando.

      “Te sientes mejor contigo misma rechazándome”, me dijo. Yo pasé de largo con susto pero caminando firme.  Yo me pregunto qué le pasa a esta gente, pensarán que es llegar y llevar sólo porque somos mujeres. Que por ofrecernos el auto nosotras debemos aceptar que hagan lo que quieran con nosotras. Espero que penalicen algún día casos de acoso como estos, porque los niveles de violencia y miedo que generan son demasiado altos.