acoso no verbal

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    Ayer iba en el bus, en el asiento junto a la ventana. Desde ahí vi cómo una mujer pasaba frente a dos mecánicos que estaban sentados en la vereda conversando. Lo primero que pensé fue “pobrecita, la van a insultar”. Pero fue peor: cuando la mujer pasó, uno de los tipos sacó su celular y empezó a fotografiar su trasero.

    En ese momento el bus partió y me sentí pésimo. No supe qué hacer, se me ocurrió bajarme del bus e ir a decirle, pero ¿qué hubiese pasado? No sacaba nada con confrontar al tipo y aunque le dijera a la mujer o a Carabineros, no hubiesen hecho nada, porque todavía no hay ley que nos ampare.

     Al final me quedé en el bus porque el lugar es “zona roja” de acoso y sufro de ansiedad, así que no me atreví a pasar por un mal rato, pero sigo sintiéndome culpable por no haber sabido qué hacer.

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      Tenía 18 años y me dirigía a la universidad en micro, vestida como siempre con bototos y jeans. Iba estudiando en un asiento al lado de la ventana y se sentó a mi lado un hombre joven, de alrededor de 30 años, de “buena presencia”.

      Mientras avanzaba el viaje, empecé a sentir que me tocaba con su mano, como casualmente y se mantuvo así por varias cuadras. Cuando miré, no pude ver sus manos porque las tenía envueltas en una chaqueta. Al principio quise creer que era casualidad pero luego fue acercando más y más su mano a mi muslo, hasta que en un movimiento tenía toda su mano rodeando mi muslo a la altura de mi entrepierna.

      Estar al rincón sin poder alejarme, me dejo paralizada unos momentos. Luego lo enfrenté y le dije “saca la mano”. Él me sonrió. Luego, al querer bajarme, no me dejó salir fácilmente del rincón, tuve que decirle explícitamente: “déjame salir”. Cuando salí, volvió a tocarme. Me paré rápido y me bajé de la micro.

      Cuando me bajé el hombre me tiraba besos por la ventana. Me sentí muy mal, con ganas de llorar, completamente violentada y con mucha vergüenza y culpa, sin saber por qué. Nunca le conté a mis papás, ni a mis hermanos, ni a mis compañeros lo que me pasó. Quizá solo a mi mejor amiga de la Universidad.

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        Soy de Colombia y quisiera compartir alguna de las tantas cosas que me pasan cuando salgo a la calle.

        Muchas veces me siento limitada para vestir. Me encanta usar faldas, shorts y vestidos pero no lo hago muy a menudo y menos si salgo sola. Me molestan demasiado esas miradas morbosas (hacia mis piernas, nalgas, vagina, cara y senos) y frases de “cómo estás de linda/buena”.

        Cuando salgo de día o de noche, siento mucho temor por mi vida: camino rápido, intranquila y mirando hacia atrás. Eso me pasa por saber de las altas cifras de maltrato y violaciones que se da en mi país. No puedo contener mis lágrimas, rabia y miedo cuando veo en noticias o en la red social que una mujer fue violentada en alguna parte. Sólo quiero calles libres de acoso y violencia para mujeres y hombres.

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          La primera vez que me “piropearon” tenía 11 años, andaba con uniforme escolar y era flaquísima, no tenía absolutamente ninguna curva. Había ido a comprar pan y al volver se me cayó una moneda, me agaché a recogerla (flectando las piernas). Por la calle pasó un taxi, el tipo se detuvo, tocó la bocina y lo miré, se estaba mojando los labios y haciendo sonidos asquerosos.

          Sin entender, seguí caminando, él me siguió en el taxi, avanzando muy lento hasta que doblé a mi casa. Me puse a llorar, no entendía nada y creía que era mi culpa. Tenía sólo 11 años.