bocina

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    El día sábado 8 de marzo de este año, salí a trotar por Avenida Tobalaba, durante la mañana. Luego de unos 40 minutos de trote, crucé la calle para caminar en dirección a mi casa, tranquilamente, pero llegando a Avenida Los presidentes, un tipo comenzó a gritarme cosas desde su auto y tocaba la bocina, varios metros antes de pasar por mi lado. Yo no quería mirar, no me interesaba verle la cara a tan patético ser humano. Pero para el muy pelotudo no fue suficiente gritarme y cuando pasó a mi lado, quedó mirándome fijamente hacia atrás. Era un viejo y olvidó que había un semáforo, que justo en ese momento dio luz roja. Delante de él había un auto y como el viejo feo no miró a tiempo, lo chocó. Debo admitir que al principio me asusté, porque “el viejo” se veía un poco aturdido, pero después me dio mucha risa lo ridículo y avergonzado que debió sentirse él.

    Justicia, fue lo primero que pensé.

     

     

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      No sé cuántos años llevo aguantando que me griten en la calle. Hace un par de años empecé a pelear con aquellos que me acosan, pero más de una vez me he sentido avergonzada y no he sentido la fuerza y las ganas para gritar algo de vuelta o ponerme a pelear.

      Hoy iba bajando en bicicleta por Santa Isabel, cuando dos tipos en una camioneta pasaron a mi lado chiflando y tocando la bocina. Les hice un gesto, volvieron a pasar a mi lado y a hacer lo mismo. Cuando los encontré en el semáforo, les grité que no era un perro para que me silbaran, que me respetaran. Lo único que conseguí fue que me siguieran por diez cuadras, chiflando, tocando la bocina y gritando. De pasada otro par de tipos más se sintieron con el derecho de gritarme.

      Siento rabia e impotencia, al ver que haciéndome respetar no consigo nada y que quedarme callada sólo significa aceptar estas conductas en silencio. No pienso quedarme callada nunca, por más que me desgaste. Soy voluptuosa, prácticamente cualquier cosa que me ponga implicará tener el cuerpo a la vista y eso que hace años que uso escote. Soy “gusto de maestro”, como me
      dijeron alguna vez, por mi copa D, mis caderas y mi poto. Sé que eso no justifica que expresen su opinión de mi cuando no la deseo.