bocinazos

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    Este testimonio no es tan fuerte como los que ya hemos leído, pero quería expresar el grado de malestar que siento desde que tenía 17 años. A esa edad, comencé a escuchar cómo la gente “adulta” (30-50 años) me gritaba “guapa” desde un auto; o cómo camioneros me tocaban la bocina, constructores me miraban detenidamente y decían “cosita más rica, mi amor”. El no poder usar short en verano, porque esta misma “gente adulta” se quedaba mirándome fijamente de la cintura para abajo, es intolerable, da rabia y asco. Afortunadamente, en los últimos días esto no ha vuelto a pasar.

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      Más que un testimonio es un descargo. Ya es cosa de que todos los días, salgo a la calle y algún hombre pasa por al lado mío mirando de manera descarada o tocando la bocina. Esto es algo habitual en avenida Departamental, en la comuna de San Miguel que es donde vivo. Siempre hay algún personaje que se queda mirándote o los típicos bocinazos.

      Me da mucha impotencia no poder hacer nada. A veces me cuestiono a mí misma, empiezo a analizarme, quizás me maquillé mucho y eso está mal (el cuestionarme a mí porque ellos son los del problema). Incluso me bajo yo misma el autoestima diciéndome que soy fea y no deberían mirarme. Para qué mencionar el hecho de que muchas veces pasan por al lado mío diciéndome hermosa, preciosa, linda, etc. No necesito que me lo estén diciendo, la verdad no logro entender qué logran con eso, ¿que yo me de vuelta y los bese?

      Hasta cuándo será considerado como algo normal o típico de los hombres. Últimamente he usado mi colon irritable para andar con la panza hinchada por la calle, simulando que estoy embarazada para que no me miren y luego analizo, hasta este punto hemos llegado para que no me miren, pero lamentablemente miran igual. De verdad me siento muy pasada a llevar con todo esto que me ocurre diariamente, ojalá algún día esto deje de suceder.

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        Hoy iba caminando al supermercado, usando ropa cómoda (jeans, polera y chaleco), cuando pasó un furgón lleno de niños chicos. Tendrían unos doce años y me silbaron, algo que no pude o no quise entender. Al rato, un hombre me tocó la bocina de su auto, que tenía un timbre modificado que imitaba el silbido “jui juiuu”.

        Me vine reflexionando que, si bien es necesario enseñarle a nuestra niñas a defenderse, es vital enseñarle a los niños desde pequeños a respetar. No es el primer niño que vi -que por cierto ni alcanza la pubertad- gritándole cosas a niñas o mujeres incluso.

        Por otro lado, esto también me hizo pensar en por qué se permite a los autos que instalen ese tipo de bocinas con timbre que no tienen otro fin que el de imitar un silbido humillante por su connotación. ¿O acaso las personas de la revisión técnica pensarán que es muy útil este tipo de bocinas? Para la función que fueron ideadas originalmente es la de alertar a otros autos, no molestar a las personas en la calle.

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          Iba caminando al supermercado, usando ropa muy común -jeans, polera y chaleco-, y pasó un furgón lleno de niños chicos, 12 años máximo, que me silbaron y gritaron algo que no pude (o no quise) entender. Unos metros más allá, un hombre me tocó la bocina de su auto, que imitaba el sonido de un silbido (el típico jui-juiu). Eso me hizo pensar que, si bien es muy importante enseñarle a las niñitas a defenderse, también es vital enseñar a los niños desde pequeños que esto no se hace. No es el primer cabro chico que todavía no alcanza la adolescencia al que veo gritando cosas a las niñas. También me cuestioné por qué cresta están permitidas ese tipo de bocinas, cuyo fin es más que claro. ¿Acaso en la revisión técnica piensan que es posible llamarle la atención a otro auto silbándole?

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            No sé cuántos años llevo aguantando que me griten en la calle. Hace un par de años empecé a pelear con aquellos que me acosan, pero más de una vez me he sentido avergonzada y no he sentido la fuerza y las ganas para gritar algo de vuelta o ponerme a pelear.

            Hoy iba bajando en bicicleta por Santa Isabel, cuando dos tipos en una camioneta pasaron a mi lado chiflando y tocando la bocina. Les hice un gesto, volvieron a pasar a mi lado y a hacer lo mismo. Cuando los encontré en el semáforo, les grité que no era un perro para que me silbaran, que me respetaran. Lo único que conseguí fue que me siguieran por diez cuadras, chiflando, tocando la bocina y gritando. De pasada otro par de tipos más se sintieron con el derecho de gritarme.

            Siento rabia e impotencia, al ver que haciéndome respetar no consigo nada y que quedarme callada sólo significa aceptar estas conductas en silencio. No pienso quedarme callada nunca, por más que me desgaste. Soy voluptuosa, prácticamente cualquier cosa que me ponga implicará tener el cuerpo a la vista y eso que hace años que uso escote. Soy “gusto de maestro”, como me
            dijeron alguna vez, por mi copa D, mis caderas y mi poto. Sé que eso no justifica que expresen su opinión de mi cuando no la deseo.