Caminar tranquila

    2 3797

    principal testimonios

    Iba camino a mi trabajo, con una camisa a rayas suelta y que me tapa el trasero, unos pantalones de tela y mis botines con taco. En la escalera mecánica, adelanté a un hombre  (de unos cuarenta y tantos) y pasé por el lado suyo. Yo iba con mis audífonos, pero con la música apagada. Al pasar junto a él, me dijo: “shhh, mmmh, cosita rica, uy amor”, de una forma tan asquerosa. Alcancé a subir dos peldaños, cuando no pude contener la rabia y es asco, así que decidí encararlo. Le dije “ordinario, qué te creís”. A lo que él me dijo “y qué tanto si estai entera buena”. En eso llegué arriba de la escalera y me detuve para encararlo nuevamente, increpándolo, le dije que era un ordinario. Entonces él se puso choro. Me asusté, pero no bajé los hombros y me puse firme, con la rabia que tenía le di un palmazo en la cabeza. Él me empezó a insultar, entonces me puse a gritar y  llamar al personal del Metro, él se fue corriendo como un bandido.

    Luego me lo topé en la micro y cuando se bajó y desde abajo me gritó fuerte “MARACA”. Luego de haber vivido esa experiencia tan desagradable, yo me pregunto, más encima ¿maraca? ¿por defenderme y no dejar que me insultara? Basta ya se abusos, yo no tengo un gran físico no soy una modelo ni nada, soy rellenita con todo lo que dios me dio, jamás ando provocando tampoco, pero me encantaría poder caminar como quisiera en público sin tener que soportar que me invadan o me digan groserías.

      0 1528

      principal testimonios

      Yo también he vivido situaciones horribles. La que me marcó fue ésta. Tenía unos doce años -actualmente tengo 25- me había puesto un pantalón morado muy lindo, que me hizo mi abuelita. Era ajustado a mi cuerpo y tenía una polerita con un chalequito lindo, del mismo color. Jamás lo olvidaré
      porque eran preciosos.

      Salí a comprar al negocio de la esquina y en ese trayecto pasaron tres hombres diciéndome sus piropos groseros. Pasó otro hombre que me quedó mirando con cara perturbadora, me dijo algo así, “estoy soltero, ¿quieres ser mi mujer?”. ¡Yo solo tenía 12 años! No estaba ni ahí con nada. Mi mundo era inocente, jugaba o miraba televisión. Todo era sano.

      Ese día, volví a mi casa, me saqué toda la ropa y le dije a mi mamá que nunca más quería usar pantalones ajustados a mi cuerpo, ni nada que mostrara algo, me daban miedo los hombres. No quería ponerme esa ropa y mi mamá tuvo que comprarme pantalones sueltos. Usé mucho tiempo esos pantalones, todo por culpa de hombres que no controlan sus emociones, que carecen de sentido común, que carecen de valores como el respeto.

      Hoy en día también a veces quiero usar falda y las uso re-poco, porque inconscientemente las descarto. En la calle no se puede caminar tranquila, por las miradas, las groserías que llaman piropos, que son a mil por hora.

        0 6919
        En el enero de 2014 se realizó la primera sesión fotográfica de OCAC Chile, donde mujeres anónimas mostraron carteles alusivos al acoso callejero.
        Las fotografías fueron tomadas por Nicolás Aros Marzá y contaron con la colaboración de personas anónimas.