camino a la escuela

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    Tenía unos 13 o 14 años cuando iba por mi recorrido habitual del metro a mi casa, volviendo del colegio. Un día como cualquier otro, un tipo me abordó, debe haber tenido entre 18 y 25 años, la verdad es que no lo recuerdo bien. Se presentó diciéndome que él cuidaba autos en esa cuadra y que me veía pasar todos los días; en un par de segundos, el tipo mencionó conocer mis horarios y rutinas (incluyendo los días que salía más temprano o que pasaba con buzo en vez de uniforme). Sin ser grosero, manifestó su interés en conocerme y preguntó mi nombre. Yo le di uno falso y huí. En los meses que siguieron hasta fin de año, no volví a hacer la misma ruta; me bajaba en la estación siguiente, para mantenerme alejada de la calle donde me había abordado el hombre.

    El otro día escuchaba a unas conocidas hablar de lo lindo que son ese tipo de gestos románticos, donde los hombres te sorprenden con cosas así. Yo me había olvidado del cuidador de autos, pero lo recordé y se los conté para ejemplificarles que la vida no es como una película; cuando un tipo (que quizá te dobla la edad) te aborda en la calle para decirte que te tiene fichada e identificada, lo que una siente es miedo. Si le sacas el soundtrack, el príncipe azul y la equivocada idea de que una mujer “lo único que quiere” es que la aborde un hombre, la experiencia es escalofriante, no romántica.

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      Desde mi adolescencia he sufrido acoso. Tuve un vecino que me seguía y cuando salía a comprar me esperaba en las esquinas y me llamaba. Debido a que vivía junto a mi casa, sabía cada uno de mis movimientos. Lo más atrevido que hizo fue seguirme un día temprano en su auto mientras yo iba camino a la escuela, se detuvo en frente de mí y me abrió la puerta de su auto.

      He crecido con esa impotencia de no poder hacer nada, ya que si respondes algo te pueden insultar más o agredir físicamente, lo que sería terrible, porque un hombre siempre va a tener más fuerza que una mujer que no tiene entrenamiento.

      Nunca he sido sensual, coqueta, ni he tenido un físico perfecto, pero siempre fui la más alta de mi clase y con caderas prominentes. Hoy mido 1.65 metros, tengo un sobrepeso importante y me visto como un vagabundo, según dice mi padre, pero aún así los tipos se me acercan para decirme al oído estupideces. Con 24 años me da terror caminar junto a un hombre mayor en la calle.

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        Eran los primeros días de primavera, estaba en octavo básico, acababa de cumplir 13 años. Siempre, toda la vida, había usado el jumper ancho hasta la rodilla, porque mi mamá me repetía siempre que era mejor así para no llamar la atención de nadie. Pero ese año, como cualquier adolescente, quería sentirme bonita, le rogué por varias semanas a mi mamá que me permitiera ajustar el jumper -que era dos tallas más grande- y me dejara hacerle basta unos seis dedos por encima de la rodilla, como lo usaban el resto de mis compañeras. Luego de muchas vacilaciones, mi madre aceptó.

        Ese día, iba al colegio sola con mi hermana de nueve años. Como todos los días, era el primer día que fui al colegio feliz con mi nuevo jumper. De pronto, por el camino, veo a lo lejos unas mas allá antes veo un tipo desconocido que mira insistentemente hacia nosotras. Me siento un poco asustada, pero tras verlo desaparecer, me tranquilizo y sigo avanzando.

        Unos cinco minutos más tarde, el tipo aparece tras nosotras y me mete su mano por debajo del jumper. Pensé lo peor, estaba tan asustada que solo atiné a pedirle a mi hermana que corriera hasta el colegio. Fue lo ultimo que alcancé a decir, antes de que mi voz se paralizara sin poder articular otra palabra. Producto del impacto, también se me nubló la vista y al voltearme sólo pude ver una silueta gris de un hombre de unos 30 años que me observaba sonriente mientras yo lloraba paralizada. Luego de unos minutos, corrió victorioso. Llegué al colegio llorando, los inspectores llamaron a mi mamá, quien vino a retirarme y me llevó a la casa, me acogió y contuvo por supuesto, pero también me dijo: “viste, te dije que no arreglaras el jumper”.