comentario sexual

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    principal testimonios nuevoIba caminando a casa, luego de trotar, cuando un grupo en auto me siguió varias cuadras. Cuando finalmente intenté increparlos, uno de ellos me gritó “quién fuera toalla higiénica pa’ chuparte el choro”. Habían más personas ahí, todos hombres; ninguno hizo algo.

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      Tenía 17 años. Iba camino al Preu, temprano en la mañana. Como todos los lunes, crucé la plaza de armas de Concepción. Vestía mis jeans regalones y un polerón nada “provocador”, además llevaba mis audífonos puestos, que musicalizaban el ir y venir de la gente. En eso, vi a un hombre de unos 50 años que me miraba fijamente y se acercaba hacia mí. Bajé el volumen de la música pensando que me preguntaría algo, porque caminaba acercándose cada vez más. No me quería preguntar nada, solo necesitaba susurrar de la forma más asquerosa posible lo que me haría en el culo. Aún recuerdo la frase exacta. Me quedé inmovilizada por el espanto y este sujeto aprovechó para rozar su brazo con mis piernas. Luego aceleré el paso, apagué la música, guardé mis audífonos y caminé en silencio. Han pasado seis años desde esto y muchas situaciones de acoso, pero sin duda ese susurro aún me despierta un asco terrible.

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        Tres veces he llegado llorando a mi casa. La vez más emblemática fue en Providencia, cuando un hombre mayor venía frente mío y no me dejó pasar. Puso su cara en frente para decirme obscenidades. Me corrí y le dije “asqueroso”. Él se devolvió y me dijo “¿a ver?”. Yo le contesté, “¿qué te pasa, hueón? Y lo traté de empujar para que se despegara de mí. Entonces, él me agarró la mano y la forcejeó. Traté de pegarle en la otra mano y me di cuenta que era manco. Le dije, “por eso erís manco, hueón”. Corrí, miré hacia atrás y él me seguía. Tomé la primera micro que había en el paradero, el micrero no lo vio y alcanzó a cerrar las puertas antes de que el hombre subiera.