cosificación cuerpo

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    Cuando tenía 11 años me mandaron a comprar. Estaba contenta porque llevaba puesto un vestido nuevo confeccionado por mi abuela, que me parecía lo más lindo del mundo. Todo iba bien, hasta que un hombre muy mayor se asomó por la reja de su casa, me miró con deseo y me dijo cosas asquerosas al oído.

    Como nunca me había pasado algo así, entré en pánico y corrí hasta mi casa llorando. Cuando llegué, me cambié el vestido de inmediato y le tomé fobia. También le agarré odio a mi propio cuerpo en plena pubertad. No quería usar sostén, no quería crecer. Desde ese día comencé a usar poleras enormes y pantalones gigantes para ocultar mis formas, y pasaron más de 10 años hasta que pude volver a ponerme un short, una falda o cualquier prenda ajustada sin temor a cómo pudieran verme los demás.

    El acoso callejero nunca es justo, menos a los 11 años.

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      Para combatir el sexismo y su impacto negativo en las ventas, las tiendas han tenido que cambiar la experiencia de la clientela a través de variedad en la oferta de productos, capacitaciones y nuevas contrataciones.

      Hace unas semanas, el medio ‘‘Reverb’’ publicó un artículo sobre el sexismo en las tiendas de música, en el que se señala que además de traspasar barreras en medios de comunicación, publicidad y productos, también está pegando fuerte en la industria musical. Y es que en el afán de llenar los rankings musicales con hombres adolescentes, se relegó a las mujeres a un papel secundario. Situación que hoy le está costando caro a la industria.

      En el medio se cuenta que para combatir el sexismo y su impacto negativo en las ventas, las tiendas han tenido que cambiar la experiencia de la clientela a través de ofertas de productos más variados, capacitaciones y nuevas contrataciones. Ello, con el fin de que se respete la diversidad de todos los clientes.

      En esa línea, Meyer De Wolfe, dueño de “Wolfe Music”, enfatiza la importancia de no asumir nada o emitir algún juicio sobre el conocimiento musical, la capacidad o el poder adquisitivo de la clientela, ya que puede ser visto como un acto condescendiente y alejar al potencial cliente del negocio. ‘‘Estamos felices de mostrarles todo de una forma no prejuiciosa, porque en general en las tiendas de música se piensa que el cliente (hombre o mujer) saben todo sobre guitarras, y ese no es el caso”, afirma.

      Asimismo existe una percepción de que las mujeres no son bienvenidas en las tiendas de música, por lo que Michael Samos, de “Empire Guitars”, para combatirla dice que él está consciente de lo que va a vender y lo que no.‘‘En particular en el mundo de los pedales hay algunos nombres de productos que me hacen sentir incómodo. Por lo mismo son descartados inmediatamente, sin importar qué tan bueno sea. Creo que las tiendas deben ser pensadas como un proyecto basado en la comunidad. En esa línea, es importante ofrecer un acceso igualitario a la información y al equipo, de manera que la comunidad se abra a las mujeres. Especialmente en las tiendas pequeñas, porque si no son lugares cómodos y accesibles,verán reducida su comunidad y la oportunidad de vender’’, explica.

      Junto con ello, Samantha Suause, una profesional de las ventas en ‘‘Island Music’’, asegura que la capacitación puede tener un impacto positivo para disminuir el sexismo en las tiendas de música: ‘‘Cada vez que contratamos a una nueva persona, nos sentamos, repasamos nuestras políticas y le enseñamos cómo deben vender y tratar a la clientela. Cuando hacemos eso, la gente sabe que puede hablar con cualquiera, ya sea hombre o mujer, y que nosotros sabremos sobre qué están hablando y que los ayudaremos en todo lo que podamos’’.

      Adicionalmente, las tiendas también deben estar conscientes de cómo tratan a las vendedoras señala Jennifer Tabor, fundadora y gerenta de “Souldier Straps”, ya que ‘‘existen muchas tiendas que no se hacen responsables de las vendedoras’’.  A modo de ejemplo, cuenta que en varias ocasiones la gente se le ha acercado para preguntar dónde está el hombre que atiende. Al no encontrarlo algunos se van o simplemente se dan cuenta que buscan a alguien que no existe: “Ellas quieren a un hombre, porque no pueden negociar conmigo como dueña del negocio. Cuando estas personas vuelven, tengo que decirles que no hay ningún hombre con el que ellos puedan conversar. Entonces se olvidan del tema, porque les gusta el producto y continuamos con la venta’’.

      Si bien esta situación puede parecer cómica, la gerente de Souldier Straps dice que no es un hecho aislado, puesto que en el 15% de las tiendas que debe visitar, no la toman en cuenta porque creen que ella no sabe de lo que está hablando: ‘‘Soy una persona lo suficientemente segura, por lo que en realidad no me ofende. Yo puedo enfrentarlos codo a codo, sin embargo hay muchas mujeres que se echan para atrás, no enfrentan la situación y no vuelven a la tienda’’.

      Para Jan King, guitarrista, cantante y escritor de ‘‘Jan King and Medicine Ball’’, existen por lo menos tres razones para avanzar y contribuir con el fin del sexismo en la industria: porque es lo correcto, es bueno para los negocios y es cada vez más simple. En ese sentido, crear un entorno acogedor para las mujeres no tiene porqué ser difícil, requerir mucho tiempo o ser costoso. ‘‘Solo se necesita ser respetuoso, amable, no condescendiente y alentador. No creo que sea mucho pedir’’, afirma. 

      Por su parte, Graciela Salinas, colaboradora de prensa en el área de comunicaciones de OCAC y autora de la tesis ‘‘Playing like a girl: the impact of gender in the working experiences of women drummers and sound engineers’’ para un Master of Arts en la Universidad de Melbourne, señala que ‘‘la idea de la música popular, en especial el rock, como un ‘territorio masculino’ está muy naturalizada, a pesar de que la presencia de mujeres en el área crece día a día. Se asume que es cosa de hombres, que si ves a una mujer en una tienda de música, le está comprando algo al pololo. Muchas de las experiencias de las profesionales en esta industria están ligadas al doble esfuerzo que deben realizar para validarse con sus pares y el público, a la cosificación por parte de los medios y la industria en su totalidad, a ser tratadas como un grupo aparte en la música, como intrusas o simplemente al hecho de ser invisibilizadas. Las frases: ‘tocas como niña’ u ‘oye, eres buena… para ser mujer’, son muy comunes en los relatos de las mujeres en esta área’’.

      Además Salinas indica que durante su tesis comprobó las hipótesis de otras investigadoras respecto a prejuicios contra las mujeres en la música, ya que “se da por hecho que la mujer no tiene la capacidad física de cargar instrumentos, de armar y desarmar equipos o de manejar tecnología. Es por eso que dos de los roles más hostiles para las mujeres suelen ser el de baterista y el de sonidista. Todas mis entrevistadas comentaron que en más de una ocasión, tanto hombres como mujeres, asumieron que ellas no podrían hacer bien su trabajo sólo por el hecho de ser mujeres. Olvidan que, por ejemplo, tanto un hombre como un mujer sonidista pueden lesionarse si cargan equipo sin la técnica y las precauciones necesarias”.

      Imagen: Reverb, portada de revista ‘‘She Shreds’’ y de ‘‘Guitar World’’ que recientemente desencadenaron un extenso debate sobre cómo se muestra a las mujeres en la cultura musical.

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        Hace algunas semanas, el periódico británico “The Guardian” abordó el tema del control y uso del cuerpo femenino, en una noticia sobre un proyecto comunitario que ayuda a las víctimas de trata de personas a reemplazar los tatuajes que pandillas o proxenetas hicieron en sus cuerpos.

        En la noticia, Jennifer, fundadora de Survivors Ink (“Tinta de sobrevivientes”), señala que hace un año reemplazó por un tatuaje de flor el nombre de la pandilla relacionada con las drogas que la vendió por sexo.  “Fui marcada como ganado” dice, parada afuera de la tienda de tatuajes “Among the Living”, en Lancaster, Ohio, donde dice que se liberó de una vida de violencia y esclavitud.

        Dentro de la predominancia masculina sobre el cuerpo femenino, las marcas, ya sea mediante tatuajes o cicatrices intencionales, se han convertido en una característica perturbadora de un subconjunto particular de la creciente trata de personas.

        “¿Qué tan comunes eran los tatuajes cuando estabas en las calles?”, le preguntan a Jennifer y ella contesta que casi todas las mujeres que sobrevivían en las calles salían con algún tipo de marca en el cuerpo. Algunas voluntariamente, otras eran forzadas o presionadas a hacérselos.

        Survivors Ink es un proyecto comunitario que entrega becas para tatuajes, con el objetivo que mujeres que han vivido la trata de personas y han permanecido libre de drogas y en recuperación por más de seis meses puedan postular a reemplazar sus tatuajes.

        “Me traficó afuera de una casa, hasta que encontré la manera de irme. Y después de eso, llevé su nombre en mi cuerpo durante nueve años”, cuenta Andrea, otra víctima de trata de personas. “No importó qué dijera o hiciera: el tatuaje enviaba un mensaje a todo el mundo de que yo tenía dueño y no era yo misma”, agrega.

        “Las marcas en los cuerpos como práctica de segregación no son actuales. Antes las relacionábamos con la esclavitud y hoy responden a lo mismo: esclavitud sexual en mujeres. Las marcas cumplen la misión de hacer visible la segregación de los cuerpos de las mujeres cosificadas en la sexualidad. Esta realidad no nos es ajena, en la actualidad el acoso sexual callejero funciona como una demarcación simbólica de apropiación de cuerpos femeninos (en su mayoría), y por lo tanto, cosificación de los mismos”, señala María José Guerrero, Coordinadora del Área de Estudios de OCAC Chile.

        El fotógrafo CC Murphy, quien ayudó con el programa, explica: “La trata de personas está a la vuelta de la esquina. Puede ser solo una mujer en una relación con un drogadicto que le ordena prostituirse para sustentar sus dos hábitos. No tiene que ser un sindicato gigante o una enorme red criminal. Normalmente es solo Juan cruzando la calle que está manipulando a su novia, hijos o hijas, y obteniendo ganancias de esto”.

        Para más información sobre el proyecto, visita www.gracehaven.me/survivors-ink o escribe a survivors.ink2013@yahoo.com

        Foto: Almudena Toral Photograph.