denise rosenthal

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    Francisca Valenzuela y Denise Rosenthal también se manifestaron a favor de la iniciativa legislativa que busca erradicar el acoso del espacio público.

    El pasado 5 de marzo se celebró en la Fundación Cultural de Providencia “Ruidosa”, el primer festival que promueve la participación femenina en la música y en la cultura, a través de conciertos y paneles de discusión que invitan a la ciudadanía a reflexionar sobre la actual situación de las mujeres en esta industria.

    La artista Francisca Valenzuela fue la gestora y la encargada de dar vida a este festival, junto a algunas de las actuales representantes de la música como Natisú, Fakuta, Camila Moreno, Paz Court, Marineros, Denise Rosenthal y Planta Karnívora. Todas mujeres empoderadas y comprometidas con la causa feminista.

    Junto a ellas también participaron organizaciones que generaron momentos de reflexión sobre la lucha por los derechos de las mujeres en los distintos aspectos de la vida. Entre ellas destacaron Amnistía Internacional trabajando por la despenalización del aborto y Ocac Chile por la erradicación del acoso callejero.

    OCAC Chile dio a conocer en qué consiste el Proyecto de Ley de Respeto Callejero y cuáles son sus principales características. Logrando, al final de la jornada, recaudar 435 firmas de apoyo para la iniciativa legislativa.

    Cabe destacar, que una de las primeras artistas en dar su apoyo fue Francisca Valenzuela, quien apenas puso sus pies en el Festival Ruidosa, no dudó en entregar su firma. A ella se sumó Javiera Mena, Camila Moreno y una entusiasmada Denise Rosenthal, a quien le pareció una muy buena idea “que se generen este tipo de instancias para debatir temas tan importante como el feminismo, y luchar por una causa común, a pesar que aún quedan cosas hacer”.

    En esa misma línea María Francisca Valenzuela, Presidenta de OCAC Chile, agregó que “a Chile le falta por avanzar en temas de la mujer. Si bien se han reconocido problemas de desigualdad, se debe profundizar en materia educativa y cultural. En ese sentido, creo que Ruidosa es un hito en el mundo de la música, porque nos invita a reflexionar sobre la participación de las mujeres en esta industria, potenciar los talentos que existen, y romper conceptos y estructuras de musicales ya establecidas”.

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      La cantante y actriz juvenil se abanderiza en la lucha contra el acoso callejero y nos cuenta porqué decidió sacar la voz por esta causa y dar a conocer el Estudio “Jóvenes y acoso sexual callejero: opiniones y experiencias sobre violencia de género en el espacio público”. Se trata del primer sondeo de acoso sexual callejero elaborado por INJUV con la asesoría de OCAC Chile.

      —¿Por qué quisiste ser parte de esta iniciativa y de la campaña Juventud Sin Acoso, organizada por INJUV y OCAC Chile?
      —Básicamente me motivé a participar, porque creo que con mi testimonio puedo ayudar a que las generaciones más jóvenes tomen conciencia sobre qué realmente significa “el acoso callejero”, y cuáles son las consecuencias psicológicas con las que deben lidiar quienes han sufrido de este tipo de actos. Además, es un tema que no se habla mucho entre las personas, por lo que en la medida que vayamos poniéndolo como una semilla en el desarrollo de los jóvenes, vamos a poder generar una sociedad con mayor conciencia y respeto.

      — ¿Has sufrido de acoso callejero? ¿Hay alguna experiencia que te haya marcado?
      —Sí, infinitas veces. Siempre me he movido en transporte público y cuando era pequeña hubo un acto que me afectó bastante. Tenía 14 años y mientras esperaba la micro en un paradero, un vendedor de helados abusó de mí físicamente: me agarró súper fuerte el poto. Antes me habían pasado episodios de acoso, pero con gente cercana a mi edad y siempre me defendí. Pero en este caso fui violentada por un mayor, en la calle y sola. Me sentí tan frustrada, triste y vulnerable… Sobre todo porque nadie hizo algo a pesar de mis gritos. ¡Este tipo de cosas no le pueden pasar a nadie!

      — ¿Sientes que lo que te pasó es una realidad que con frecuencia viven muchas mujeres?
      —La verdad es que siendo bien realista creo que lo que me pasó en aquella ocasión, es lo mínimo que sucede en el día a día de las personas que viven en este país. Las cifras de abusos contra la mujer son increíbles. Muchas veces este tipo de situaciones se callan, porque el acoso callejero está establecido en nuestra sociedad como algo que no es tan importante. Por eso creo, que campañas como la que hizo OCAC Chile junto a INJUV (Juventud Sin Acoso), sirven para que se generen cambios.
      Hay que recordar que años atrás nadie podía alzar la voz y manifestar su malestar; hoy está la posibilidad de poner opinar libremente y discutir sobre ciertos temas.

      —Actualmente se está tramitando en el Congreso un Proyecto de Ley con el que se espera terminar con estas prácticas, ¿qué opinas de esto?
      —Me parece bien que se esté haciendo algo, porque la gente a simple vista ve el acoso callejero como algo inofensivo y suelen decir: “Ay bueno, pero cómo no le va a gustar”. Siendo que en realidad es un cáncer de actitudes y pensamientos que propician este tipo de situaciones. Como país y personas, deberíamos hacer un auto análisis sobre estas materias y ver cómo podríamos aportar con un granito de arena para hacer verdaderos cambios. En ese sentido, pienso que junto con una ley, el cambio tiene que ir de la mano con educación. Educación que debería partir en el interior de los hogares, para luego extenderse a colegios.

      — ¿Por qué piensas que la educación es tan importante?
      — Porque la violencia de género ataca en varios aspectos de nuestra cotidianidad y muchas veces no nos damos cuenta. Por ejemplo, en la televisión, que es un medio muy masivo, constantemente se dan instancias en las que se atenta contra la dignidad de la mujer y se muestra como algo normal, que es correcto. Por eso, estimo que es fundamental que comencemos a educar a nuestros cercanos y, en especial, a los jóvenes que están creciendo.
      Todos merecemos vivir en libertad y con la seguridad de salir a la calle, sin sentir miedo a que te puedan abusar con una palabra o con algún gesto ofensivo que, inevitablemente, lleva a situaciones que podrían ser aún más graves.