diversidad sexual

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    Hoy - miércoles 17 de mayo- se conmemora la eliminación de la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales por parte de la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1990.

    Cada año, desde el 17 de mayo de 1990, se conmemora el Día Internacional contra la Homofobia, Lesbofobia y la Transfobia con diversos actos y manifestaciones, cuyo fin es promover la defensa y la garantía de los derechos de las diversidades sexuales.

    En nuestro país la fecha contará con la campaña “Chile Diverso”, que se traducirá en la iluminación de La Moneda y la proyección de los colores del arcoíris en el Facebook y Twitter de Metro. Además, en todas las pantallas de acceso a las estaciones se leerá la frase “#LaDiscriminaciónSeQuedaAbajo”.

    La campaña también vendrá acompañada de un video, que desde ayer se comenzó a difundir en redes sociales y en todos los andenes del Metro, donde se apela al respeto de las diversas formas de amar y construir familia. Hasta ahora 73 instituciones se han sumado a la campaña, que tendrá su acto central hoy a las 19:00 horas en el frontis de La Moneda.

    Sin embargo, para la presidenta de la Fundación Transitar y primera candidata a concejal trans por la comuna de Santiago, Niki Raveau, pese a los amplios esfuerzos realizados, aún falta un largo camino que recorrer. “Hoy se celebra el retiro de la homosexualidad como patología psiquiátrica. ¿La población trans celebrará estando todavía dentro del manual? Se trata de un día contra la discriminación. También incluye la Bifobia: pocas veces se recuerda a las personas bisexuales. Hoy como fecha de calendario, es un día más para seguir luchando y revisar cuanto han avanzado las demandas, los derechos y las libertades civiles”, expresa Raveau.

    En esa línea, como Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC) nos sumamos desde nuestro frente de lucha a la conmemoración de esta importante fecha y condenamos todo acto de violencia contra miembros de la comunidad LGTBI, quienes hoy siguen sufriendo discriminación, estigma, maltrato y violencia en distintos ámbitos de la vida, incluyendo el acoso sexual callejero.

    Respecto a este último punto, la directora de Estudios de OCAC, María José Guerrero, estima que es importante reflexionar sobre las particularidades que tiene el acoso callejero del que son víctimas las diversidades sexuales. Ello, porque “el acoso sexual callejero se suele ver sólo desde una mirada heterosexual, pero hay que considerar que no se refiere al deseo de un hombre hacia una mujer, sino que con aspectos normativos, y dentro de ellos correctivos cuando se desvían de lo hegemónico”.

    A modo de ejemplo, explica María José, “cuando en la calle alguien le grita a dos mujeres lesbianas ‘te falta pico’ no es sólo porque hay un deseo puesto en esos cuerpos, un deseo heterosexual, la fantasía, sino que también es porque se espera corregir esos cuerpos; quieren que las mujeres sigan performando como mujeres y los hombres como hombres. En ese sentido, es posible decir que el acoso sexual es una de las tantas formas de patriarcado para mantener la norma“, concluye la directora de Estudios de OCAC.

    Foto: forward.com

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      Gracias a su testimonio, se pudo demostrar que los cuerpos de las mujeres siguen siendo considerados como propiedad pública.

      El medio ‘‘Bustle’’ evidenció el daño que causa el acoso callejero, a partir de una carta que una joven irlandesa envió al diario ‘‘The Irish Times’’. Se trata del testimonio de Jenny Stanley en el que relata la angustiosa situación que vivió hace un tiempo, mientras esperaba el bus para ir a su casa, en Dublín.

      Así es como Stanley describió una parte de su experiencia:

      ‘‘Comenzó cuando un miembro del grupo me miró fijo a los ojos, me señaló y les dijo a los otros: ‘Me gusta esa’. Otro concordó e insinuó lo que a él le gustaría hacerme si me llevara a casa, mientras un tercer hombre añadió detalles de lo que a él me haría. Básicamente yo era un objeto para satisfacer sus deseos. Las cosas que dijeron me llenaron de furia y, para ser honesta, hicieron que cuestionara mi valor como persona”.

      A partir de esto, se pueden desprender algunas de las formas en las que el acoso callejero nos ha dañado como sociedad y como personas.

      • El acoso callejero perpetúa la desigualdad de género en la sociedad
        ‘‘Si puedo ser vista de esa forma, es porque estas personas no me perciben como un miembro igualitario de esta sociedad’’, escribió Stanley. De hecho, el acoso callejero demuestra que los cuerpos de las mujeres se siguen considerando como propiedad pública, de la que se pueden emitir comentarios, y no como las de un ser humano con privacidad. Esto se evidencia por medio de calificaciones que se hacen a las mujeres de “puta” o “zorra”, a través de la cultura de la violación y también por medio de ataques a los derechos sexuales reproductivos. Ningún cuerpo es propiedad pública.
      • El acoso callejero disminuye la libertad de tránsito en el espacio público
        Las personas pueden ser acosadas donde sea que vayan y bajo cualquier circunstancia. El sentimiento de inseguridad en los espacios públicos restringe la movilidad de las víctimas y provoca que estas caminen con miedo a ser acosadas o violentadas, cuando desean o necesitan ir a un lugar.
      • El acoso callejero aísla a las víctimas y las hace sentir solas
        A menudo, las personas no responden al acoso callejero, incluso a veces forman parte de este. Anne Thériault, escritora de medios como Washington Post, Vice, The Daily Dot y The Toas, publicó un testimonio en Facebook sobre cómo recibió un comentario de un hombre en la calle y la respuesta que ella le dio. Sin embargo, cuando lo hizo un grupo de hombres que la observaban le dijeron que ‘‘le debía gustar la atención que recibía’’ y que ‘‘lo estaba pidiendo” (por su forma de vestir). Incluso algunas personas que no son acosadoras, reafirman y apoyan la idea de que este comportamiento es correcto (siendo que no lo es).
      • El acoso callejero limita la expresión de la identidad de género
        La diversidad sexual a menudo sufre acoso callejero de forma muy violenta. Este comportamiento no solo cosifica a la mujer, sino que demuestra la intolerancia social existente hacia la diversidad sexual y a quienes no se sienten cómodos dentro del binarismo de género.
      • El acoso callejero hace que las personas olviden cómo merecen ser tratadas
        ‘‘La experiencia de esta noche me develó que me he convertido en alguien sin sensibilidad a este tipo de comportamientos, porque mi reacción fue el silencio”, aseveró Stanley. Debido a lo común del acoso callejero, las víctimas olvidan que ellas no merecen estas agresiones. Lo que se produce normalmente son la objetificación y las amenazas. Sin embargo, después de un tiempo se genera, como lo señala Stanley, el ‘‘cuestionamiento de tu valor como persona’’.

      Respecto a este tipo de agresiones, Josefa Crino, coordinadora del Área de Intervención de OCAC Chile señala: ‘‘El acoso callejero, al ser un tipo de violencia normalizada por la población, deja en manos de la víctima la responsabilidad de estos ataques, ya que apela a la provocación que estas víctimas puedan generar en el acosador. Cuando se vive una experiencia como esta, se genera un trauma propio de sentirse violentado sexualmente. Junto con ello, se produce un sentimiento de culpa por parte de la víctima, que debe enfrentar la poca empatía y nula contención de los demás. Es por esto que las personas no hacen las denuncias y tienden a aislarse’’.

      ‘‘En relación con la normalización de la violencia, si una persona tolera este tipo de trato en el espacio público, y no denuncia ni enfrenta el acoso, permite que se ejerza violencia sobre ella misma y olvida que se están vulnerando sus derechos’’.

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        “Cerca de mi casa, un hombre nos increpó a mí y a mi pareja violentamente, simulando tener un cuchillo debajo de su polera nos dijo "dense un beso" detalló Valentina, quien en esa ocasión fue acosada sexualmente en el espacio público, por ser mujer y por ser lesbiana.

        Caminar por la calle como mujer es, sin duda, una odisea. Según datos de la Primera encuesta sobre Acoso Callejero realizada por OCAC Chile, más de 90% de las encuestadas han sufrido acoso sexual callejero, una práctica de connotación sexual que se da en los espacios públicos y donde, según la misma encuesta, un 25,1% son acosadas más de una vez al día. Asco, rabia y miedo son los sentimientos comúnmente reportados por las víctimas.

        Pero, ¿qué pasa con las mujeres de la diversidad sexual? Las lesbianas, además de sufrir las características formas de acoso callejero, están expuestas a la “violencia y acoso por su orientación sexual”, explica Erika Montecinos, directora de la agrupación lésbica Rompiendo el Silencio.

        Persecuciones, proposiciones sexuales (como tríos y pornografía), comentarios reprobatorios por parte de desconocidos, del tipo “asquerosas”, “hay niños presentes” o “marimachos”, son algunas de las manifestaciones de violencia que diariamente sufren las lesbianas en las calles de nuestro país. Casos que se suelen mantener ocultos porque “muchas lesbianas sienten vergüenza de denunciar la violencia”, añade Montecinos.

        Si bien las mujeres lesbianas viven de igual manera acoso sexual callejero, en su caso se suma, además, una condena social por su orientación sexual, que tiene su origen en una sociedad machista y heteronormativa.

        Heteronormatividad, exclusión y violencia

        La heteronormatividad es un régimen social, político y económico. De acuerdo a Michael Warner, profesor de estudios americanos en la Universidad de Yale, es “el conjunto de relaciones de poder por medio del cual la sexualidad se normaliza y reglamenta en nuestra cultura y las relaciones heterosexuales idealizadas se institucionalizan y se equiparan con lo que significa ser humano”.

        En este régimen, las personas son clasificadas por sexo biológico y por género. Es decir, si tienes vagina eres una mujer y por ende femenina. Quienes no encajan en este orden son violentados o violentadas por su diversidad.

        “Las lesbianas constituimos un sector expuesto, doblemente, a problemas sociales y económicos derivados de ser mujer y de la orientación sexual: doble discriminación y violencia”, afirma Bárbara Orellana, de la agrupación Rompiendo el Silencio, a través la columna de opinión “Lesbianas y políticas públicas”.

        Caminando en los zapatos de una mujer lesbiana

        “Cerca de mi casa, un hombre nos increpó a mí y a mi pareja violentamente, simulando tener un cuchillo debajo de su polera, nos dijo ‘dense un beso’. Por suerte me di cuenta de que no existía ningún cuchillo y que era sólo un pobre imbécil”, cuenta Valentina Caro, quien fue acosada sexualmente en el espacio público, no sólo por ser mujer, sino también por lesbiana.

        Erika Montecinos explica que todas las mujeres sufren de una violencia similar, sin embargo, “en el caso de las lesbianas, nosotras sufrimos violencia y acoso sobre todo cuando expresamos nuestros afectos en la vía pública”.

        Otro caso: Cristina Sánchez caminaba con su polola de la mano, por una calle poco concurrida, cuando la tomó de la cintura y la besó. El conflicto surgió cuando un grupo de tres o cuatro hombres comenzaron a gritarles y ofenderlas por su orientación sexual. En palabras de Cristina: “los insultos, los garabatos y las ofensas son cosas que quedan”. “Lesbianas asquerosas”, “les falta pico”, “muéranse conchesumadres”, fueron algunas de las agresiones que recibieron.

        Después de este episodio, la pareja de la joven decidió que debían controlar las muestras de cariño en público. “Ella lo considera peligroso”, relató Cristina.

        ¿Has sufrido acoso en la calle por tu orientación sexual? Deja tu testimonio aquí.

        Jazmín Salazar