Espacio Público

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    Vivía en mi casa en Maipú, me había empezado a desarrollar. Mi mamá ya me había conversado de salir a comprar un sostén para niñas, tenía 11 años y era verano. Un día salí a comprar al almacén que estaba a dos cuadras de mi casa y cuando iba de regreso, pasó un ciclista y me dio un agarrón en el pecho. El tipo me toqueteó unos segundos mientras hacía comentarios de connotación sexual, que no repetiré. Me senté en el piso y me puse a llorar. Me quedé ahí hasta que me calmé y volví a mi casa. Nunca le conté a nadie, sentía vergüenza y pena por lo que había pasado. Después de eso, me daba pánico pasar por esa esquina.

    Tiempo después, ya con 27 años; en la misma esquina, un ciclista me empujó contra la muralla y, aplastándome con la bicicleta, me tocó el pecho y el trasero mientras me decía al oído lo que quería hacer conmigo. Todavía salto de susto si escucho una bicicleta atrás mío cuando voy caminando.

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      Iba camino al gimnasio cuando los típicos conductores empezaron a gritarme groserías. Después, me topé con un tipo que estaba cargando un camión y empezó a susurrarme cosas que ignoré por miedo, entonces caminé más rápido. Luego de eso, otro trabajador que estaba cargando cajas en el mismo camión se me acercó y susurró al oído, traté de esquivarlo pero estaba el camión en el costado. Sentí su cara a centímetros de la mía mientras él me decía que estaba guapa. La verdad, lo único que quería era llorar a pesar de que no significaba nada. No es un halago cuando violan tu espacio personal.

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        Gracias a su testimonio, se pudo demostrar que los cuerpos de las mujeres siguen siendo considerados como propiedad pública.

        El medio ‘‘Bustle’’ evidenció el daño que causa el acoso callejero, a partir de una carta que una joven irlandesa envió al diario ‘‘The Irish Times’’. Se trata del testimonio de Jenny Stanley en el que relata la angustiosa situación que vivió hace un tiempo, mientras esperaba el bus para ir a su casa, en Dublín.

        Así es como Stanley describió una parte de su experiencia:

        ‘‘Comenzó cuando un miembro del grupo me miró fijo a los ojos, me señaló y les dijo a los otros: ‘Me gusta esa’. Otro concordó e insinuó lo que a él le gustaría hacerme si me llevara a casa, mientras un tercer hombre añadió detalles de lo que a él me haría. Básicamente yo era un objeto para satisfacer sus deseos. Las cosas que dijeron me llenaron de furia y, para ser honesta, hicieron que cuestionara mi valor como persona”.

        A partir de esto, se pueden desprender algunas de las formas en las que el acoso callejero nos ha dañado como sociedad y como personas.

        • El acoso callejero perpetúa la desigualdad de género en la sociedad
          ‘‘Si puedo ser vista de esa forma, es porque estas personas no me perciben como un miembro igualitario de esta sociedad’’, escribió Stanley. De hecho, el acoso callejero demuestra que los cuerpos de las mujeres se siguen considerando como propiedad pública, de la que se pueden emitir comentarios, y no como las de un ser humano con privacidad. Esto se evidencia por medio de calificaciones que se hacen a las mujeres de “puta” o “zorra”, a través de la cultura de la violación y también por medio de ataques a los derechos sexuales reproductivos. Ningún cuerpo es propiedad pública.
        • El acoso callejero disminuye la libertad de tránsito en el espacio público
          Las personas pueden ser acosadas donde sea que vayan y bajo cualquier circunstancia. El sentimiento de inseguridad en los espacios públicos restringe la movilidad de las víctimas y provoca que estas caminen con miedo a ser acosadas o violentadas, cuando desean o necesitan ir a un lugar.
        • El acoso callejero aísla a las víctimas y las hace sentir solas
          A menudo, las personas no responden al acoso callejero, incluso a veces forman parte de este. Anne Thériault, escritora de medios como Washington Post, Vice, The Daily Dot y The Toas, publicó un testimonio en Facebook sobre cómo recibió un comentario de un hombre en la calle y la respuesta que ella le dio. Sin embargo, cuando lo hizo un grupo de hombres que la observaban le dijeron que ‘‘le debía gustar la atención que recibía’’ y que ‘‘lo estaba pidiendo” (por su forma de vestir). Incluso algunas personas que no son acosadoras, reafirman y apoyan la idea de que este comportamiento es correcto (siendo que no lo es).
        • El acoso callejero limita la expresión de la identidad de género
          La diversidad sexual a menudo sufre acoso callejero de forma muy violenta. Este comportamiento no solo cosifica a la mujer, sino que demuestra la intolerancia social existente hacia la diversidad sexual y a quienes no se sienten cómodos dentro del binarismo de género.
        • El acoso callejero hace que las personas olviden cómo merecen ser tratadas
          ‘‘La experiencia de esta noche me develó que me he convertido en alguien sin sensibilidad a este tipo de comportamientos, porque mi reacción fue el silencio”, aseveró Stanley. Debido a lo común del acoso callejero, las víctimas olvidan que ellas no merecen estas agresiones. Lo que se produce normalmente son la objetificación y las amenazas. Sin embargo, después de un tiempo se genera, como lo señala Stanley, el ‘‘cuestionamiento de tu valor como persona’’.

        Respecto a este tipo de agresiones, Josefa Crino, coordinadora del Área de Intervención de OCAC Chile señala: ‘‘El acoso callejero, al ser un tipo de violencia normalizada por la población, deja en manos de la víctima la responsabilidad de estos ataques, ya que apela a la provocación que estas víctimas puedan generar en el acosador. Cuando se vive una experiencia como esta, se genera un trauma propio de sentirse violentado sexualmente. Junto con ello, se produce un sentimiento de culpa por parte de la víctima, que debe enfrentar la poca empatía y nula contención de los demás. Es por esto que las personas no hacen las denuncias y tienden a aislarse’’.

        ‘‘En relación con la normalización de la violencia, si una persona tolera este tipo de trato en el espacio público, y no denuncia ni enfrenta el acoso, permite que se ejerza violencia sobre ella misma y olvida que se están vulnerando sus derechos’’.

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          El proyecto consiste en una serie de testimonios de personas trans en donde cuentan qué es lo que desearían usar, versus la ropa que visten en los espacios públicos para minimizar la amenaza de acoso callejero y violencia.

          Hace un par de semanas, el medio ”The advocate” publicó un artículo sobre el nuevo proyecto ‘‘What I Wanted to Wear’’ (‘‘Lo que me gustaría usar’’) en la plataforma web estadounidense Medium, que consiste en narraciones de historias y se enfoca en las opciones de vestir de las personas trans, queer y quienes no estén conformes con el género binario. En el sitio se muestra lo que la gente desearía usar, versus lo que finalmente deciden ponerse para salir a la calle con el objeto de minimizar la amenaza de acoso callejero y violencia.

          En el proyecto se muestran selfies de ‘‘antes’’ y ‘‘después’’ de salir al espacio público, junto con testimonios de jóvenes de distintas etnias y géneros. Estos relatos profundizan en la compleja lucha interna de las personas trans, quienes constantemente deben elegir entre la satisfacción de la expresión personal y el riesgo de ser atacadas. Uno de los escritores de este proyecto es Alok Vaid-Menon, quien -previamente apareció en la lista de los 100 personajes trans destacados del 2015 del medio ‘‘The Advocate’’ (The 2015 Trans 100)- resume de forma precisa el propósito principal de esta iniciativa. ‘‘Como lo mencioné en mi relato en Medium, el acoso callejero es el alto precio que debemos pagar por ser nosotros mismos’’ señala Vaid-Menon a ‘‘The Advocate’’ en una entrevista telefónica.

          Cabe destacar, que este proyecto es parte de una gran iniciativa de narración de historias llamada ‘‘We the T!’’ (‘‘¡Nosotros/as los T!’’), y se encuentra en la plataforma Medium. En ella cualquier persona se puede registrar y contar su testimonio. Asimismo, los participantes pueden potenciar aun más la iniciativa subiendo sus fotos a Twitter con el hashtag #WIWTW.

          Meredith Talusan es filipina y una de las primeras trans dentro del staff de escritores de BuzzFeed. Su artículo ‘‘What I Wanted to Wear’’ surgió cuando ella vio un post en Facebook de Vaid Menon que resumía lo que se convirtió en el motor del proyecto. ‘‘La historia es así, cada mañana cuando me despierto y veo mi closet me pregunto, ¿cuánto quiero que me acosen hoy en la calle?’’. Con esta frase Vaid Menon indica que gran parte del problema se encuentra en las apariencias ‘‘ambiguas’’ en términos de género. El hecho de ser visto como una persona que se identifica con una apariencia femenina o masculina (binaria), hace que las personas se encuentren más protegidas contra el acoso.

          Por su parte, Elías Jiménez, vocero de MUMS Chile (Movimiento por la diversidad sexual) señala: ‘‘Las personas trans en general (transexuales, transgénero, transformistas o travestis) muchas veces no están disconformes con el binarismo, sino que simplemente tienen una identidad de género diferente a la que corresponde a su sexo biológico. Efectivamente, algunas de estas personas tienen una teoría más queer en la que se cuestiona la construcción social de género, tanto de lo masculino como de lo femenino. Hoy en Chile, como se desconoce tanto sobre esto, las descripciones de género diversas, más allá del binarismo, generan cierta violencia que tiene que ver simplemente con discriminación donde incluso pueden haber agresiones o marginalización. Violencia que también se encuentra institucionalizada, por ejemplo, en el mundo laboral’’.

          En ese sentido, Jiménez agrega que: ‘‘Hay profesiones que están muy feminizadas y otras que son muy masculinizadas, por ejemplo es raro ver a un hombre que estudie enfermería o a una mujer que estudie ingeniería. Desde ahí ya se puede ver que hay elementos del binarismo de género que se expresan en temas de trabajo. En Chile, lamentablemente con las personas trans, debido a que ni siquiera entran al mundo laboral, no podemos tener estadísticas muy reales, lo que tenemos más que todo es una impresión de que el mundo laboral es bastante crítico respecto de esto. El mundo laboral no es un mundo aparte, ya que simplemente replica lo que pasa en la sociedad. Es un tema que se basa en la discriminación y la ignorancia, por ejemplo, ¿qué hace una empresa que tiene una persona trans? ¿debe hacer un baño especial? No hemos visto esa situación porque, insisto, las personas trans ni siquiera entran al mundo laboral. De lo que sí hemos sido testigos es de la crítica que se le hace a una determinada persona que quizás es demasiado afeminado para un determinado cargo. Esto se ve reflejado hoy en día en la homosexualidad masculina con el rechazo a la loca, pero sí se acepta al homosexual masculino que no se le nota y se alaba su excelente gusto para vestirse, etc.’’

          En esa línea, Elías Jiménez explica que lo que está detrás de todo esto es un elemento misógino. “Yo siempre he dicho que la diversidad sexual no va a avanzar si la mujer no avanza. Esto sucede debido a que el hombre homosexual es discriminado en tanto se acerca más a una mujer. La mujer lesbiana es discriminada en tanto trata de ocupar el espacio de un hombre. Las personas trans de forma más violenta reniegan de su masculinidad o de su femineidad, a tal punto de llegar a intervenirse quirúrgicamente para renunciar a su genitalidad y eso no lo comprende ni lo acepta nadie. Entonces la violencia se ve más exagerada porque a veces la gente piensa que cuando le dice un piropo a una mujer en la calle, no la está acosando, pero a un trans femenino lo que se busca es corregirlo, porque ahí la patologización también juega un rol importante. A una persona trans, inmediatamente se le ve como que tiene una enfermedad y por lo tanto se ataca. En la mujer no es una agresión en la que se le trata de corregir, en el caso de un trans, sí lo es. Estamos hablando de un trans femenino, ya que el trans masculino está súper invisibilizado y pasa desapercibido. Se ve al trans masculino, o sea a la mujer que transita hacia la masculinidad, como si estuviera evolucionando, mientras que el hombre estuviese retrocediendo y es mucho más criticable. Aquí se reflejan dos elementos ya mencionados: la misoginia y la patologización de esto’’.

          Imagen: The Advocate, imagen de Alok Vaid-Menon subido a ”What I Wanted to Wear”.

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            Sarah Teale, periodista de BBC Nottingham (Reino Unido), fue acosada por un hombre quien le gritó obscenidades sexuales justo cuando ella realizaba un reportaje sobre el acoso callejero. Este tipo de situaciones de violencia son comunes para quienes investigan agresiones sexuales.

            De acuerdo a lo publicado por BBC News, Sarah Teale se encontraba sentada afuera del Nottingham Women’s Center (‘‘Centro de la Mujer de Nottingham’’), en el donde se estaba llevando a cabo una conferencia sobre acoso callejero, cuando se perpetró la agresión. En el video, que posteriormente fue subido a la página de Facebook de BBC Radio Nottingham, la periodista decía: ‘‘Un estudio muestra que un 95% de las mujeres aseguró haber sido acosada o víctima de obscenidades verbales en la calle. Muchas también indicaron que han sido manoseadas de forma inapropiada en público’’. En cuanto Teale terminó de hablar, se pudo oír a un hombre emitiendo un comentario que posteriormente fue censurado. La periodista muy sorprendida y  ofendida señaló al agresor y dijo: ‘‘¡Sí, así mismo!’’.

            Más tarde, Teale escribió en twitter: “Ironía. Informando sobre cómo el 95% de las mujeres son víctimas de acoso verbal y un hombre me grita obscenidades sexuales”. Además declaró a BBC: ‘‘No es divertido y nadie debería soportarlo. Es obvio por mi reacción que no fue actuado. El hecho de que sea considerado una moda no lo hace menos ofensivo’’.

            La autora de ‘‘Acosada en el Paseo Ahumada’’, Rosario Castillo, evidencia cómo la violencia de género afecta a todos por igual, sin diferenciar edad, profesión y menos a quienes investigan el fenómeno. En el texto, la periodista chilena -gracias a un experimento social donde ella es la protagonista- describe la vivencia de una mujer acosada en el centro de Santiago a la hora peak, y cuenta cómo las víctimas deben cambiar y adoptar su interacción con los otros y con el espacio público debido a estas malas prácticas.

            La vivencia de Castillo es una situación bastante común entre las investigadoras de acoso callejero, quienes usualmente se transforman en víctimas de la misma. Fenómeno que se vuelve más extremo en sociedades donde la cultura de la violación y el silencio se encuentra mucho más arraigada. Un ejemplo de ello es Egipto. Hace un par de años se produjeron cientos de violaciones en los 18 días que duraron las manifestaciones contra el Presidente de ese entonces, Hosni Munarak, y que culminaron con su caída.  Estos ataques sexuales fueron perpetrados por manifestantes y policías, en su mayoría, hacia periodistas extranjeras que estaban cubriendo las agresiones que las mujeres sufrían en estas protestas.

            En esa línea, María José Guerrero, coordinadora del Área de Estudios de OCAC Chile señala: ‘‘No es casual que una mujer que esté investigando un caso de acoso sexual callejero sea víctima del mismo. Si bien es irónico, mientras sigan existiendo las estructuras que posibilitan este tipo de violencia, esta no se limitará a los sujetos investigadores (por más que la periodista la esté evidenciando simultáneamente). Por lo tanto, el desafío es seguir trabajando para que el acoso callejero deje de ser considerado como un hecho aislado y pase a ser visto como un problema social que nos afecta a todos y todas, y que sea considerado como tal por las instituciones públicas’’.

            Imagen: BBC News

            Por: Alejandra Pizarro