exhibición pública

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    Lo recuerdo claramente, tenía 11 años y con mis hermanas y vecinas jugábamos a las barbies en el pasaje que estaba fuera de nuestras casas. En eso se acercó un hombre en un Fiat amarillo y nos hizo señas para que fuéramos. Como yo era la más grande del grupo me acerqué y fue ahí cuando pude ver que tenía su pene afuera. No supe qué hacer, era muy pequeña, y él seguía preguntando por una calle. Claramente lo que menos le interesaba era saber la dirección, solo exhibirse.

    Cuando le conté a mis papás salieron corriendo a ver si pillaban el auto, incluso me anotaron la patente pero como era muy chica no atiné a memorizarla. Hoy con casi 30 años recuerdo y agradezco que no haya pasado a mayores. Lamentablemente, este tipo de situaciones hacen que uno se encierre cada vez más en la casa, dejando de disfrutar de las plazas y otros lugares públicos.

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      Hoy me pasó algo asqueroso y triste que quiero compartir con ustedes. Pienso que este es el medio para poder denunciar estas cosas, ya que no creo que la ley me ampare mucho.

      Iba sola camino a mi universidad escuchando música con mis audífonos, cuando se me acercó un tipo de aproximadamente 30 años, un poco más alto que yo, de pelo claro, con una polera blanca estampada, macizo, pero no gordo en exceso. Me faltaba sólo una cuadra para llegar, y él tenía cara de querer preguntarme algo (pensé ingenuamente que me iba a pedir la hora). Le pregunté qué era lo que quería y me preguntó si yo estudiaba en la universidad de más allá. Me dijo que una estudiante se había enojado con él porque le mostró su pene e inmediatamente se bajó el cierre y me lo mostró. Reaccioné gritando: ‘‘¡¿Qué te pasa estúpido, indecente?!’’, además de otras cosas. Ni siquiera dije disparates, ya que no quise rebajarme a su nivel. El tipo se fue riendo, medio enojado y yo quedé asustada. Llegué a mi universidad, llamé a alguien y le conté a la guardia. Ella me preguntó detalles y dijo que avisaría a recepción, para que los Carabineros se ‘‘dieran una vuelta” por el sector. Finalmente quedó ahí, en nada; es obvio, ya que no hay una ley que proteja a las mujeres ante estos hechos.

      Tengo pena por esta sociedad, donde se les permite a los hombres hacer este tipo de cosas, u otras como piropos, que faltan el respeto a las mujeres. ¡Ya basta de esto! ¿Hasta cuándo tendremos que permitirlo? Pese a ello, aún tengo fe en esta humanidad, ya que son muchas las mujeres y hombres que son conscientes de lo que sucede con nosotras en todos los aspectos sociales. Creo ahora más que nunca en el feminismo, la igualdad y el respeto que cada ser humano en este mundo se merece. Siento que cada vez podremos ser más, puesto que hoy existen muchas formas de seguir tomando consciencia sobre el acoso y luchando por nuestros derechos.

      Solo quiero finalizar invitando a que reflexionemos y que no me llamen feminazi, porque esto no es un totalitarismo es simplemente igualdad y respeto.

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        En ese momento tenía nueve años de edad, vivía en Punta Arenas y asistía a un colegio, que por alguna extraña razón, estaba rodeado de cantinas. Un día me dirigía a mi casa junto a mi hermano de 12 años y un amigo suyo, que tenía la misma edad. Cuando cruzábamos hacia el paradero de buses, un tipo salió de una cantina, nos dijo “mira” y nos mostró su pene, los tres quedamos choqueados. Si bien a esa edad no nos sentíamos niños, sí lo éramos. Yo me puse a llorar. Cuando llegamos a casa, mi padre había regresado del trabajo. Le conté todo y llamó a los carabineros, quienes tiempo después nos informaron que habían atrapado al exhibicionista. No sé si realmente lo atraparon, nunca dimos nuestro testimonio, tal vez fue una forma de no perder la fe en la justicia a tan temprana edad.