frases agresivas

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    Esto sucedió una tarde de la semana pasada. Estaba anocheciendo y le pedí a mi hermana mayor que me acompañara a tomar unas fotos en la calle cerca de mi casa. Yo estaba vestida como suelo hacerlo en época de verano, un short y una polera sencilla. A pesar de estar vestida de manera normal, desde el primer momento la situación se comenzó a tornar cada vez más molesta y tensa. Fácilmente me habrán gritado, tirado besos y tocado la bocina unas diez veces mientras estaba en esa calle tomando fotos. Mi hermana lo consideró como algo “gracioso”, lo que me causó mucha molestia y rabia. El acoso y mi sensación de malestar iban en aumento. Hasta que en un momento, mientras cruzaba la calle para tomarle una foto a un edificio, mi paciencia definitivamente se colmó. En el sentido de la calle donde yo me encontraba, pasó un auto rojo con una música reguetonera a todo volumen y la ventana abierta. Un tipo joven de unos 27 años más o menos, con el pelo rubio y rapado en los costados, asomó su cabeza por la ventana y me gritó: ¡huaaaachita rica! Tirándome un estruendoso beso. Luego, se rió y el auto redujo la velocidad.  Yo estaba totalmente indignada, así que me armé de valor y con la rabia que tenía, le contesté levantándole el dedo. Como él había girado su cabeza, no sé bien si vio mi gesto directamente o lo observó por el espejo retrovisor del auto, pero no contento con molestarme en la calle, me gritó: “¿y por qué no te lo metes por el hoyo?”. Estaba totalmente furiosa, mi paciencia había llegado a su límite. Así que me descargué gritándole: “¡hueón ordinario!”. El auto aceleró y se perdió.

    No le alcancé a ver la patente, pero cada vez que lo recuerdo me hierve la sangre. La tarde de tomar fotografías se estropeó por completo.