galantería

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    “Quién fuera trovador, quién fuera Lennon y McCartney”. Esta frase resume un poco ese “piropo” encantador, que define a los llamados poetas del pueblo. Sin embargo, debo decir que desde la primera vez que me gritaron algo en la calle, cuando tenía aproximadamente 12 años, jamás recibí ese “piropo” supuestamente galante y encantador que define la cultura chilena, heredera a su vez de la española y su “galantería”.

    ¿Cuál galantería? “Huachita rica”, con suerte es decente, eso sin contar las veces en que algunos viejos verdes me trataron de saltar encima para tocarme o decirme groserías al oído. ¿De dónde viene eso de la galantería? El blogNormas de Protocolo explica de una forma bien didáctica que en los albores del amor cortés, del siglo XIX, cuando la mujer era protegida de los “peligros de la calle”, muchas veces enclaustrada en su dormitorio, el pretendiente llevaba canciones, poemas y una vivaz forma de conquista. Era común que si veía a una bella señorita en “edad casadera”, la siguiera hasta su casa en plan de asedio, con el fin de detectar una ventana o un balcón por el cual hablar. “Era, así, el balcón, altar de las mozas casaderas”, reza la web.

    Así, el “piropo” era parte de esas técnicas de conquista, donde los roles femeninos y masculinos estaban bien asignados, siendo siempre la mujer objeto de conquista. El blog agrega: “El origen del piropo se aduce a la galantería y a la exaltación de emociones que produce la presencia de una beldad. En España, esta inclinación hacia lo bello forjó el piropo callejero en forma de palabra o de frase garbosa lanzada desde la misma calle o desde el balcón.” En otras palabras, una técnica para hacer sentir bien a la persona receptora, no incómoda o derechamente mal u ofendida. Es más, la práctica tenía sus reglas, ya que si causaba rechazo, era inmediatamente censurada por la sociedad e incluso en algunos lugares estaba derechamente prohibido, ya que había algunos avezados, que sin respetar a la otra persona, tocaban o besaban a la fuerza sin consentimiento (suena muy actual, ¿verdad?)

    Con el fin de no importunar, el piropo se convierte en gesto no verbal. El más clásico y usado hasta el siglo XX, fue poner la chaqueta o capa en el suelo para que la dama caminara sobre ella, protegiéndola de pozas de agua o barro en las calles.

     Desgraciadamente, todo esto parece sacado de un libro de historia, prácticas que ya no existen en la actualidad. Hace muchos, muchos años, el “piropo” perdió el estatus de poema, de galantería y se ha convertido en fuente de opiniones no solicitadas, de acoso y hasta de tocaciones no pedidas por muchas mujeres en la calle.

    La historia es cíclica, dicen, y tal como ocurría en sectores menos educados de la España del siglo XIX, en el Chile del siglo XXI, se ha vuelto “casi una norma”, acosar a la mujeres en la calle de forma grosera “Los hombres de la España más ruda efectuaban este tipo de galanteo abordando a las mujeres para envolver con sus brazos su cintura, darle un beso o tocarle cualquier parte del cuerpo sin su consentimiento”,continúa Normas de Protocolo.

    Una de las formas de erradicar estas prácticas es por medio de la educación, la visibilización de estos actos como violentos y violentadores, y desaprobando como sociedad que una mujer no pueda caminar tranquila por la calle, como es deseable para cualquier persona.

    El objetivo es claro y las diferencias con el pasado lo son aún más: el “piropo” como concepto benévolo ya no existe, tal vez nunca existió y ha sido siempre una mera ilusión machista. Actualmente, el “piropo” es una burda parodia de sí mismo, convertido en una forma de control, de recordarle a la mujer que ella por sí sola no es válida y que si está en un espacio público, ella también lo es.

    *Escrito originalmente por Kitsune para El Ciudadano