intento de violación

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    Cuando tenía ocho años, un día soleado iba caminando al colegio sola. No me desarrollé mucho; a esa edad mi cuerpo era totalmente de niña, recién me estaban saliendo senos y no se notaban para nada. Ese día, sentí una mano que asquerosamente tocaba mi seno mientras caminaba. Lo hizo mientras iba en dirección contraria; yo quedé congelada ya que fue algo muy traumático.

    Hoy tengo 25 años y si bien no puedo describir con exactitud ese día, recuerdo muy bien la sensación, mi miedo, mi impotencia y mi culpa. Cada vez que paso cerca de un hombre, de forma inconsciente pongo un brazo como barrera para que nadie me toque, para que no me pase lo mismo.

    Cuando tenía 20 años, el pololo de mi mejor amiga, de ese entonces, trató de violarme. Siempre había pensado, cuando veía las noticias o cuando escuchaba esto de otras personas, que si alguien intentaba violarme me defendería, no me quedaría callada, etc. Sin embargo, cuando pasó esa situación me congelé y ni siquiera pude hablar; fue algo muy violento. Lamentablemente, mi amiga desechó nuestra amistad y prefirió quedarse con él, pese a que fui yo quien le contó a ella. Unos días después fui a Carabineros, pero no me tomaron en cuenta, y al final todo quedó ahí.

    Es impactante ver cómo somos vulneradas en la calle, en la publicidad o hasta en nuestra propia familia. Si nos pasa algo, es nos echan la culpa. Nosotras fuimos las que provocamos o somos las tontas, las confiadas y las que no debimos pasar por tal calle. Me impresiona que alguien abuse sexualmente de otro y que no tengamos el amparo legal o protección.

    Siento que ser mujer en esta sociedad es horrible: no puedes vestirte como deseas, ya que, sea como sea tu ropa, por muy tapada que estés si te violan o abusan de ti, es tu culpa siempre. Eres un objeto, eres un cuerpo, y un hombre puede decir y hacer lo que quiera. No digo que todos los hombres sean iguales, pero en definitiva pienso que el no poder caminar por una simple calle sin tener miedo, es algo realmente preocupante. Debería ser una preocupación social.

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      En 2013 iba a mi casa después de salir de clases, con mi jumper que ni siquiera es provocador y un polerón ancho que me llegaba hasta el trasero; en esos momentos tenía 14 años. Estaba a una cuadra de mi casa cuando furgón blanco se estacionó frente a mí. De ahí se bajó un hombre de unos 40 años que iba de copiloto, me agarró y empezó a tocarme, ¡se estaba masturbando! No supe qué hacer y quedé en shock. Él intentó subirme al furgón y lo único que atiné a hacer fue a tratar de safarme. Menos mal que justo iba pasando gente por la vereda de al frente, así que me dejó. Salí corriendo desconcertada, ya que no entendía bien que había pasado, corrí hasta el portón de la villa donde vivo e intenté buscar las llaves pero no pude de lo nerviosa que estaba, ya que pensaba que me seguía de nuevo. Entonces corrí hasta el otro lado de la villa donde la puerta del portón estaba abierta, cuando por fin llegué a la puerta de mi casa la golpeé con tanta fuerza que mi mamá abrió asustada y me dijo: “¿Qué te pasa?”. Y yo sólo me puse a llorar. Después de contarle lo que había sucedido, fuimos a la comisaría que queda cerca de mi casa, pero una vez allí los carabineros me dijieron que estaban de manos atadas, porque no habían pruebas. ¡Sentí mucha rabia! Ni siquiera salieron a rondar por el sector para ver si veían el furgón blanco. Me costó tanto superar lo que pasó que, desde ese día y durante todo ese año, mi mamá me tuvo que ir a dejar y a buscar al colegio.

      Ahora, con 16 años, estaba esperando a mi mejor amigo afuera de un supermercado, que era donde nos íbamos a juntar, pero llegué antes, y mientras lo esperaba, un taxista de como 60 años se paró frente a mí, me tocó la bocina y dijo: ”Yo la llevo mi guachita, venga mamita’’. Lo bajé y lo subí a garabatos hasta que se fue; me dio mucha rabia e impotencia, porque me vinieron los recuerdos de lo que me había pasado anteriormente y me puse a llorar hasta que llegó mi mejor amigo.

      Me he topado con tanta gente pervertida, que ya casi ni me siento segura en este país en donde si te acosan, nadie hace nada. Además siento rabia que digan que es por cómo nos vestimos, porque me visto normal y no ando de provocativa por la vida. Es más, ¡ni siquiera parezco de mi edad! Me veo menor y siempre me echan unos 14 años e incluso menos. Espero que con los testimonios de todos/as logremos hacer algún cambio en este país.

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        Esto me pasó un día antes de cumplir 15 años.

        Todos los días, espero a una amiga en la calle frente al pasaje en que vivo, para irnos al liceo en auto. Eran como las 7:20 de la mañana, estaba oscuro y no transitaba casi nadie. Saqué mi celular para cambiar la canción y sentí unos brazos en el cuello, rodeándome por detrás. Al principio pensé que era alguien conocido. Cuando me di vuelta, quedé helada. Le mostré el celular al tipo y le dije que se lo llevara. Con una voz asquerosa, me susurró al oído que no lo quería. Yo me empecé a mover y a mirar a los lados, buscando cómo zafarme o alguna persona que me ayudara. No había nadie. Entonces me dijo: no te muevas o disparo.

        Me hizo cruzar la calle y entramos por mi pasaje. Cuando pasamos por mi casa, la miré y él se dio cuenta de que estaba tratando de arrancar. Me ahorcó muy fuerte por varios segundos. No sé cómo, me solté y grité lo más fuerte que pude. Me tapó la boca y me hizo caminar más rápido. Habíamos pasado varias casas, cuando salió un vecino nuevo. Me acerqué y me aferré a la reja con toda mi fuerza. El tipo me jalaba la mochila y decía “vamos mi amor”. Las lágrimas se me salían y empecé a balbucear que mentía, que yo era su vecina, que no conocía al tipo. Mi vecino me dijo que le diera mi mochila para que se fuera. Yo no quería, por un libro que tenía adentro. Finalmente, el tipo se fue y una vecina llamó a mi abuela. El tipo se perdió. No llamamos a Carabineros porque sentí que sería inútil. No podía ni hablar de la angustia.

        Cuando llegué al liceo, entré a la sala y mis compañeras comenzaron a cantarme el cumpleaños feliz. Yo tenía un nudo en la garganta, lo único que quería era llorar y abrazar a alguien. Me fui a sentar con mis amigas y les conté todo. Luego, tuve una prueba semestral en la que me fue horrible. No tuve valor para contarle a la profesora, decirle que, por los nervios, no podía dar la prueba. Me dio vergüenza.

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          Me encontraba en Manquehue esperando a mi polola, que venía de Providencia, eran las cinco de la mañana. Estaba sentada en un paradero y en eso paró un taxista, me dijo: ¿qué hace acá tan tarde y sola, señorita? Tenga cuidado, que la pueden asaltar. Yo le dije que sabía y que estaba esperando a una amiga para irme a casa con ella. Me preguntó que a dónde iba y yo le dije que a Los Dominicos.

          Él se ofreció a llevarnos, pero yo le expliqué que mi “amiga” llegaba en un buen rato, él dijo que no era problema, así que esperamos. Mi polola llegó y nos subimos al taxi, que en vez de subir por Apoquindo, siguió por Las Condes. Yo pensé que se metería por Padre Hurtado, pero seguimos por varias cuadras más arriba, hasta que nos habíamos pasado de cualquier salida o conexión lógica hacia nuestro destino.

          Yo le dije que se fuera por tal calle, pero no me hizo caso, estábamos casi en Cantagallo. Él nos preguntó si nos molestaba que se bajara a hacer pipí, yo ahí ya noté algo extraño. Le dije, sin embargo, que no había problema. Se metió en un callejón pero había mucha luz y dijo que a esa hora andaban muchos pacos y le podían poner problemas. Nos metimos a otro callejón y el tipo dejó el auto estacionado. 

          Cuando volvió, abrió la puerta de atrás y nos explicó que se le bloqueaba la puerta de adelante. Yo cerré la puerta que había abierto y abrí yo misma la delantera. Él nos dijo, “tranquilas si nos les voy a hacer nada”. Yo y mi polola estábamos peleadas, entonces no habíamos hablado nada en todo el camino, ni entre nosotras ni al taxista.

          El taxista se subió por adelante y vi que se había sacado lo pantalones, entonces nos dijo: ay, ay, ay, ¡ahora sí, señoritas!”, y yo le dije “ay, ay, ay, qué conchetumadre”. Inmediatamente con mi polola le empezamos a pegar al tipo. Yo le empecé a pegar combos en la cara, mientras ella le pagaba combos a la ventana y patadas al asiento. Traté de abrir las puertas pero no podía. El tipo solo nos gritaba que paráramos.

          Entonces le dije que abriera la puerta o le íbamos a reventar el taxi. Él se empezó a desesperar, tenía toda la cara rota, abrió el seguro. Mi polola se bajó corriendo y yo también, entonces el tipo aceleró y casi me atropelló. Se fue arrancando. No alcanzamos a anotar la patente ni nada.