ley de acoso callejero

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    La cantante y actriz juvenil se abanderiza en la lucha contra el acoso callejero y nos cuenta porqué decidió sacar la voz por esta causa y dar a conocer el Estudio “Jóvenes y acoso sexual callejero: opiniones y experiencias sobre violencia de género en el espacio público”. Se trata del primer sondeo de acoso sexual callejero elaborado por INJUV con la asesoría de OCAC Chile.

    —¿Por qué quisiste ser parte de esta iniciativa y de la campaña Juventud Sin Acoso, organizada por INJUV y OCAC Chile?
    —Básicamente me motivé a participar, porque creo que con mi testimonio puedo ayudar a que las generaciones más jóvenes tomen conciencia sobre qué realmente significa “el acoso callejero”, y cuáles son las consecuencias psicológicas con las que deben lidiar quienes han sufrido de este tipo de actos. Además, es un tema que no se habla mucho entre las personas, por lo que en la medida que vayamos poniéndolo como una semilla en el desarrollo de los jóvenes, vamos a poder generar una sociedad con mayor conciencia y respeto.

    — ¿Has sufrido de acoso callejero? ¿Hay alguna experiencia que te haya marcado?
    —Sí, infinitas veces. Siempre me he movido en transporte público y cuando era pequeña hubo un acto que me afectó bastante. Tenía 14 años y mientras esperaba la micro en un paradero, un vendedor de helados abusó de mí físicamente: me agarró súper fuerte el poto. Antes me habían pasado episodios de acoso, pero con gente cercana a mi edad y siempre me defendí. Pero en este caso fui violentada por un mayor, en la calle y sola. Me sentí tan frustrada, triste y vulnerable… Sobre todo porque nadie hizo algo a pesar de mis gritos. ¡Este tipo de cosas no le pueden pasar a nadie!

    — ¿Sientes que lo que te pasó es una realidad que con frecuencia viven muchas mujeres?
    —La verdad es que siendo bien realista creo que lo que me pasó en aquella ocasión, es lo mínimo que sucede en el día a día de las personas que viven en este país. Las cifras de abusos contra la mujer son increíbles. Muchas veces este tipo de situaciones se callan, porque el acoso callejero está establecido en nuestra sociedad como algo que no es tan importante. Por eso creo, que campañas como la que hizo OCAC Chile junto a INJUV (Juventud Sin Acoso), sirven para que se generen cambios.
    Hay que recordar que años atrás nadie podía alzar la voz y manifestar su malestar; hoy está la posibilidad de poner opinar libremente y discutir sobre ciertos temas.

    —Actualmente se está tramitando en el Congreso un Proyecto de Ley con el que se espera terminar con estas prácticas, ¿qué opinas de esto?
    —Me parece bien que se esté haciendo algo, porque la gente a simple vista ve el acoso callejero como algo inofensivo y suelen decir: “Ay bueno, pero cómo no le va a gustar”. Siendo que en realidad es un cáncer de actitudes y pensamientos que propician este tipo de situaciones. Como país y personas, deberíamos hacer un auto análisis sobre estas materias y ver cómo podríamos aportar con un granito de arena para hacer verdaderos cambios. En ese sentido, pienso que junto con una ley, el cambio tiene que ir de la mano con educación. Educación que debería partir en el interior de los hogares, para luego extenderse a colegios.

    — ¿Por qué piensas que la educación es tan importante?
    — Porque la violencia de género ataca en varios aspectos de nuestra cotidianidad y muchas veces no nos damos cuenta. Por ejemplo, en la televisión, que es un medio muy masivo, constantemente se dan instancias en las que se atenta contra la dignidad de la mujer y se muestra como algo normal, que es correcto. Por eso, estimo que es fundamental que comencemos a educar a nuestros cercanos y, en especial, a los jóvenes que están creciendo.
    Todos merecemos vivir en libertad y con la seguridad de salir a la calle, sin sentir miedo a que te puedan abusar con una palabra o con algún gesto ofensivo que, inevitablemente, lleva a situaciones que podrían ser aún más graves.

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      Hoy me pasó algo asqueroso y triste que quiero compartir con ustedes. Pienso que este es el medio para poder denunciar estas cosas, ya que no creo que la ley me ampare mucho.

      Iba sola camino a mi universidad escuchando música con mis audífonos, cuando se me acercó un tipo de aproximadamente 30 años, un poco más alto que yo, de pelo claro, con una polera blanca estampada, macizo, pero no gordo en exceso. Me faltaba sólo una cuadra para llegar, y él tenía cara de querer preguntarme algo (pensé ingenuamente que me iba a pedir la hora). Le pregunté qué era lo que quería y me preguntó si yo estudiaba en la universidad de más allá. Me dijo que una estudiante se había enojado con él porque le mostró su pene e inmediatamente se bajó el cierre y me lo mostró. Reaccioné gritando: ‘‘¡¿Qué te pasa estúpido, indecente?!’’, además de otras cosas. Ni siquiera dije disparates, ya que no quise rebajarme a su nivel. El tipo se fue riendo, medio enojado y yo quedé asustada. Llegué a mi universidad, llamé a alguien y le conté a la guardia. Ella me preguntó detalles y dijo que avisaría a recepción, para que los Carabineros se ‘‘dieran una vuelta” por el sector. Finalmente quedó ahí, en nada; es obvio, ya que no hay una ley que proteja a las mujeres ante estos hechos.

      Tengo pena por esta sociedad, donde se les permite a los hombres hacer este tipo de cosas, u otras como piropos, que faltan el respeto a las mujeres. ¡Ya basta de esto! ¿Hasta cuándo tendremos que permitirlo? Pese a ello, aún tengo fe en esta humanidad, ya que son muchas las mujeres y hombres que son conscientes de lo que sucede con nosotras en todos los aspectos sociales. Creo ahora más que nunca en el feminismo, la igualdad y el respeto que cada ser humano en este mundo se merece. Siento que cada vez podremos ser más, puesto que hoy existen muchas formas de seguir tomando consciencia sobre el acoso y luchando por nuestros derechos.

      Solo quiero finalizar invitando a que reflexionemos y que no me llamen feminazi, porque esto no es un totalitarismo es simplemente igualdad y respeto.

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        Me avergüenza un poco contar esto, porque tiene que ver con mi actitud pasada en relación a el acoso callejero. Sin embargo, quiero compartirlo por si a alguien alguna vez le sirve.

        Yo era una niña con muchos problemas de autoestima, me sentía fea e indeseable. En especial, porque en esta sociedad machista ser bella pareciera ser lo más importante. Entonces cuando me llegó la pubertad y empezaron a gritarme cosas en la calle, nunca me sentí asqueada como lo hago ahora. En parte porque mis padres decían que la culpa era mía. Ahora cuando me detengo a analizar las cosas que me decían por mi físico, pienso en lo asqueroso que era. Cómo gente adulta podía acosar a una niña de 12 años, sin que alguien cuerdo hiciera algo.

        Afortunadamente, con el tiempo y con ayuda de información, empecé a darme cuenta de que eran conductas inadecuadas. Sin embargo, no fue hasta conocer el OCAC que supe realmente porqué no debemos aguantar que este tipo de situaciones sigan ocurriendo. Gracias a la organización pude tener herramientas para discutir contra el acoso callejero, como otra forma de violencia de género.

        ¡Chicas recuerden, no necesitan que nadie les diga lo “buenas que están” y tampoco necesitan estarlo!

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          Cuando recién empecé a manejar me ocurrió una situación muy desagradable y que por desgracia aún recuerdo. Iba bajando por una calle en la mitad de un taco que no se movía ni de buena voluntad. Al frente había una camioneta ‘’pick-up’’ en la que había varios hombres que parecían de una construcción. Uno de ellos hace bastante rato que me estaba mirando, hasta que me señaló con el dedo y le dijo algo a sus compañeros. Todos voltearon a verme y comenzaron a tirarme besos y a sonreír. No les hice caso y traté de ignorarlos, pero fue bastante complicado considerando que se encontraban a  sólo unos metros y era imposible moverme a otra pista. Los tipos insistían y cada vez se ponían más desagradables; de tirarme besos pasaron a relamerse los labios y a hacer gestos con los dedos (como mover la lengua entre los dedos índice y medio), y muchas cosas más que cada vez que me acuerdo se me hace un nudo en la garganta. En ese momento no podía hacer nada, ningún auto avanzaba y esos asquerosos seres seguían con su cuento y riéndose.

          En ese momento, me sentí atrapada y muy pequeña, porque esos asquerosos seguían con su cuento y no paraban. Fue tanto el acoso que rebajaron mi persona hasta que me puse a llorar, pero ellos siguieron riéndose. Luego de unos minutos por fin pude cambiarme de pista para no verlos más.

          Desde entonces, cada vez que veo una camioneta con gente en la parte de atrás, le hago el quite o me pongo extremadamente nerviosa.

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            Aún recuerdo cuando tenía tan solo 11 años de edad. Era verano y como era frecuente para la fecha, por el calor y el sol, viajamos a una playa cercana de vacaciones.  Hasta ahí todo marchaba bien. Yo era una chica muy tímida y aún no tenía malos pensamientos, vivía en un mundo bastante infantil e inocente, hasta que pasó lo que tenía que pasar: un día fuimos a la playa con mis abuelos y mi hermano bebé. Ellos me dieron permiso para bañarlo, así que lo tomé en brazo y estuvimos chapoteando en la orilla. Había mucha gente, algo normal en ese balneario, la estábamos pasando tan bien hasta que de repente, sentí dos manos grandes que me agarraron mi trasero de una manera tan asquerosa y brutal… ¡Sin pudor me agarró y apretó hasta más no poder! Con el impacto salté y casi solté a mi hermano. Rápidamente,  me  di vuelta y no encontré a nadie: el cobarde se había sumergido bajo del agua. Tras la horrible y chocante experiencia, fui hasta donde estaban mis abuelos con un dolor terrible y con la cara llena de lágrimas. Dejé sentado a mi hermano y no hice más que llorar,  mi abuelo quiso llamar a alguien, pero como no vi su rostro, nadie nos iba a prestar atención.

            Mi abuela me consoló y me dijo algo que ahora creo que está mal: “Hija estas cosas  pasan y te pasarán siempre”. Nos fuimos del lugar y cuando llegamos a casa aún sentía dolor en mi cuerpo. Las manos de ese hombre grotesco y bruto que quedaron marcadas como por tres días. Sentía asco y repulsión. ¿Por qué me tenía que pasar esto a mí? Mi madre y abuela sólo me  decían que era por ser mujer. No era la mejor respuesta. Somos niñas, somos mujeres y nadie tiene el derecho de hacernos ni decirnos nada, menos quitarnos nuestra inocencia.

            Han pasado 10 años y aún siento miedo de bañarme en la orilla de la playa. Crecí con ese miedo constante hacia los hombres. Ahora, con mayor madurez, no dejo que nadie me piropee o me diga cosas. Los enfrento y hago pasar vergüenza públicamente.

            Con mi familia nunca volvimos a hablar de lo sucedido, pero me di el valor de contar mi testimonio para que este tipo de situaciones no vuelvan a suceder. Espero que pronto se penalice en Chile el “Acoso Callejero”, porque no lo merecemos.

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              La charla se realizará entre el 19 y 28 de agosto, en el marco del IV Curso de Instructores en Derechos Humanos Aplicables a la Función Policial 2015.

              El próximo 19 de agosto a las 9:40 horas, María Francisca Valenzuela, Directora del Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC), ofrecerá una charla a Carabineros de Chile durante el IV Curso de Instructores en Derecho Humanos Aplicables a la Función Policial 2015. El evento se realizará en la Escuela de Carabineros, ubicada en Av. Antonio Varas N° 1842, Providencia.
              Se trata de una jornada de sensibilización sobre violencia de género, específicamente en acoso sexual callejero, y la falta de una legislación acorde a los tiempos. Esto, para motivar el compromiso de carabineros y carabineras respecto a la seguridad ciudadana y recepción de denuncias.
              Cabe señalar que si hoy una víctima acude a la Fiscalía, a la PDI o Carabineros para denunciar acoso callejero leve, no va a encontrar acogida, ya que las policías no pueden iniciar procesos por faltas que no existen en la ley. Si bien hay funcionarios que inscriben las agresiones, las denuncias se pierden en cifras negras.
              El curso está destinado a Oficiales y Suboficiales de la institución, cuyo objetivo es formar a Carabineros de Chile sobre diferentes materias relacionadas con Derechos Humanos, como Derecho Internacional Humanitario y Mantenimiento del Orden Público.

               

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                No es meta de OCAC Chile encarcelar y criminalizar a quienes cometen acoso callejero. Al contrario, creemos en el poder de la sensibilización y de la educación, por eso, hemos propuesto medidas alternativas.

                Vamos a partir con la verdad: nadie irá a la cárcel por decir “piropos” en el espacio público. Ese temor es sólo un mito. El proyecto de ley que sanciona el acoso sexual callejero, que esta semana fue presentado por OCAC Chile en el Congreso, es mucho más amable y astuto que eso.

                Primero, la idea de legislar se basa en una cuestión social grave, que hemos denunciado desde 2013 y que este año, gracias a nuestro segundo estudio, fue validada por la ciudadanía. En el último año, tres de cada cuatro personas ha sufrido acoso callejero, afectando especialmente a mujeres jóvenes. Asimismo, las víctimas y los testigos de acoso no son indiferentes: más del 90% opina que es necesario sancionar estas agresiones. El problema existe y es innegable.

                Como respuesta, en OCAC Chile elaboramos el proyecto “Ley de Respeto Callejero”, que incorpora a la legislación chilena toda manifestación de acoso callejero, desde la más leve hasta la más grave, porque consideramos esta forma de violencia en su globalidad y proponemos que la normativa también lo haga. Sin embargo, entendemos que no es igual recibir un comentario sexual al oído, que sentir genitales ajenos en medio de un tumulto. El proyecto se hace cargo de esa diferencia y propone tipificar faltas y delitos.

                Todo contacto corporal, de connotación sexual y no consentido, como “punteos” o “agarrones”, será considerado delito. El acoso callejero sin contacto físico, como frases sexuales, toma de fotografías, masturbación o persecución, será falta. En el proyecto, proponemos, como máximo, multas de 20 UTM para las faltas y de 540 días de presidio para los delitos. Pero, honestamente, esperamos que dichas sanciones no sean aplicadas.

                Qué queremos decir. El objetivo esencial de tipificar faltas no es repartir multas a destajo por cada comentario sexual que ocurra en el espacio público, sino empoderar a las víctimas, quienes necesitan acogida luego de sufrir una agresión. Hemos leído decenas de testimonios en los que las personas lo único que buscan tras un episodio traumático es que la autoridad las considere y levantar una alerta para prevenir futuros ataques.

                En la actualidad, si una persona acude a Fiscalía, PDI o Carabineros para denunciar acoso callejero leve, no encuentra acogida, ya que las policías no pueden iniciar procesos por faltas que no existen. De todos modos, algunos funcionarios bien intencionados inscriben las agresiones bajo otras tipificaciones. El problema: las denuncias de acoso callejero se pierden en cifras negras, dificultando la creación de políticas públicas que traten el asunto.

                Este vacío legal es alarmante cuando ocurre acoso callejero grave. Un caso: ¿qué pasa si una adolescente quiere denunciar que una persona mayor tocó sus pechos sin su consentimiento? Nada, hoy no pasa nada, porque la legislación chilena exige que haya contacto genital, anal o bucal para constituir el delito de abuso sexual. En consecuencia, las víctimas que sufren agresiones como “punteos” o “manoseos” quedan desamparadas. Así, el proyecto de OCAC Chile crea el delito de acoso callejero en el Código Penal, que corresponde a agresiones sexuales lesivas, que hasta ahora eran inexistentes para la legislación.

                De este modo, la “Ley de Respeto Callejero”, en primera instancia, es una herramienta para las víctimas, sean éstas hombres o mujeres. En segundo término, como ya decíamos, establece sanciones. No es meta de OCAC Chile encarcelar y criminalizar a quienes cometen acoso callejero. Al contrario, creemos en el poder de la sensibilización y de la educación, por eso, hemos propuesto medidas alternativas. Las multas y la pena privativa podrán sustituirse por asistir a, mínimo, cinco sesiones de sensibilización sobre acoso callejero o, en el caso de falta por acoso verbal o no verbal (comentarios sexuales, abordajes intimidantes), la multa podrá ser reemplazada por disculpas públicas.

                Con todas estas alternativas, apelamos a que el presidio sea la última opción, que se aplique solamente cuando exista reincidencia o cuando la agresión vulnere los derechos de los grupos que tienen más dificultades para defenderse, como niños, niñas o embarazadas.

                La cárcel no sólo priva a las personas de su libertad, sino que segrega e impide vivir en diversidad. Las medidas alternativas de este proyecto apuntan precisamente a eso, al cambio cultural a partir del reconocimiento del otro u otra. Por eso las disculpas públicas, por eso la educación. No pretendemos que la gente deje de acosar por miedo, sino que a través del aprendizaje comprenda que sus actos son dañinos y atentan contra los derechos de los demás.

                Por último, para que la transición desde el acoso callejero al respeto callejero sea completamente sana, en paralelo hemos entregado al Ejecutivo un conjunto de recomendaciones para impulsar políticas públicas educativas y preventivas. Por ejemplo, sugerimos capacitar a Carabineros y PDI sobre acoso callejero, ya que serán estas policías las que realicen las futuras denuncias. O, también, sensibilizar a conductores de transporte público, para que sepan cómo actuar ante una situación de acoso.

                De ser aprobado, este proyecto sería un tremendo primer paso, uno imprescindible, para avanzar hacia espacios públicos seguros, donde se respete y se resguarde la libertad sexual no sólo de las mujeres, adolescentes y niñas, sino de toda la ciudadanía. Ésa es la voluntad de OCAC Chile y ése es el espíritu que impulsa esta propuesta de ley.

                Columna escrita por el equipo de OCAC Chile, publicada originalmente The Clinic.

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                  “Nuestro quehacer no se agota en dictar una ley penal, porque al final del día lo que nos interesa no es sancionar a la gente, sino erradicar las conductas” expresó Daniela Castillo, abogada del equipo jurídico de OCAC Chile.

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                  El Proyecto de Ley que busca erradicar las prácticas de acoso sexual callejero hizo ingreso al parlamento chileno el día de hoy. La propuesta legislativa busca introducir modificaciones al código penal que permitan catalogar a las prácticas de violencia sexual callejera en delitos sancionables.

                  La proyecto de ley de Respeto Callejero del Observatorio contra el Acoso Callejero de Chile (OCAC Chile), es patrocinado por las diputadas Camila Vallejo y Karla Rubilar, y tiene por objetivo generar un cambio cultural progresivo a través de la sanción legal de estos actos, cuyo castigo depende de la gravedad de la conducta, y va desde las multas hasta la privación de libertad.

                  Además, el documento es patrocinado por parlamentarios y parlamentarias de militancia transversal, como Giorgio Jackson (Independiente-RD), Daniella Cicardini (PS), Loreto Carvajal (PPD), Marcela Sabat (RN), Karol Cariola (PC), Vlado Mirosevic (Liberal), Yasna Provoste (DC), Camila Vallejo (PC) y Gabriel Boric (Independiente-IA).

                  parlamento

                  Según los resultados del estudio “¿Está Chile dispuesto a sancionar el acoso callejero? Estudio de caracterización y opinión sobre el acoso sexual callejero y sus posibles sanciones”, realizado por OCAC Chile con apoyo de ONU Mujeres, el 84,2 % de las y los chilenos cree que las prácticas de acoso callejero deben ser sancionadas por la ley.

                  ¿Cómo se pretende sancionar los actos acoso callejero?

                  El proyecto se divide en cuatro ejes principales: define qué se entenderá como acoso sexual callejero, tipifica qué actos serán constitutivos de falta, incorpora en el Código Penal el delito de acoso sexual callejero y propone medidas alternativas con enfoque educativo. En forma paralela, OCAC Chile presentó al Ejecutivo un conjunto de recomendaciones para promover políticas públicas educativas y preventivas, y así no criminalizar meramente el problema.

                  Las sanciones van desde una multa de ½ UTM o disculpas públicas, en el caso del primer grupo de actos, hasta presidio menor en su grado mínimo (61 a 540 días) en el caso de las acciones de violencia sexual con contacto físico.

                  Según explicó Daniela Castillo, abogada del equipo jurídico de OCAC Chile, esta propuesta de ley es sólo una arista de lo que se quiere lograr desde el punto de vista legislativo, ya que  “nuestro quehacer no se agota en dictar una ley penal, porque al final del día lo que nos interesa no es sancionar a la gente, sino erradicar las conductas”

                  En la actualidad, en Chile no existe una ley que castigue los actos de acoso sexual callejero y esté destinada a proteger a las víctimas, sino que existe una ley de 1874 que apela a la defensa del pudor, la moral y las buenas costumbres.

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                    La aprobación casi unánime del proyecto revela la importancia del tema y la existencia de un “acuerdo sobre la necesidad de prevenir y sancionar este tipo de prácticas”, según Camila Bustamante, Vicepresidenta de OCAC Chile.

                    A pocos días de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, el Congreso de Perú aprobó la “Ley de Prevención, Atención y Sanción del Acoso Sexual Callejero”, con 76 votos a favor, cero en contra y dos abstenciones. Quienes cometan este tipo de delitos arriesgan entre 1 y 12 años de cárcel.

                    La normativa, que quedó lista para la promulgación del Ejecutivo, plantea prevenir y sancionar los actos de violencia sexual en el espacio público (calles, parques, entre otros) y en los medios de trasporte, que afecten la integridad física y moral de niños, adolescentes y mujeres.

                    Ante la iniciativa peruana, Camila Bustamante, Vicepresidenta de OCAC Chile, señaló que “la aprobación de esta ley en Perú sienta un precedente muy importante a nivel latinoamericano, pues evidencia que es un problema real, que afecta a muchísimas personas y del que hay que hacerse cargo en todos los niveles.”

                    La nueva ley peruana establece que quienes cometan actos de acoso sexual callejero tendrán sanciones de pena privativa de libertad, de acuerdo al nivel de agresión que ejerzan. Así, arriesgan entre uno y tres años si violentan a una persona a través de tocaciones, aumentará a cinco años si dicha acción se realiza con violencia explícita y amenazas y llegará a doce si el acto degrada o daña física y mentalmente a la víctima.

                    En Chile, el problema de la violencia sexual en el espacio público progresivamente ha generado debates y cuestionamientos. Bustamante expresó que la aprobación casi unánime de este proyecto de ley en Perú demuestra que hay una discusión sobre el tema y que existe un “acuerdo sobre la necesidad de prevenir y sancionar este tipo de prácticas”.

                    Lee el proyecto de ley aquí.

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                      Chile está en deuda con la mitad de su población: con las mujeres y niñas víctimas de acoso sexual callejero. Y la deuda crece al sumar a los varones y LGBT que lo sufren. ¿Qué ha hecho nuestro país para contrarrestar este fenómeno? Poco o nada. Chile está en deuda, pero puede enmendar y aprender de las experiencias exitosas de otros países, que han decidido combatir el acoso callejero.

                      Tal es el caso de Bélgica, donde el acoso sexual callejero se visibilizó por del documental “Femme de la Rue” (Mujer de la calle), que mediante una cámara oculta mostró las diversas formas de acoso en las calles de Bruselas. Gracias al documental, se expuso en el tapete público una realidad que muchas mujeres belgas experimentaban a diario, lo que luego se materializó en la creación de una ley para combatir el acoso sexual callejero.

                       Específicamente, la ley belga contra el sexismo define el acoso callejero como cualquier acción o conducta que tenga el evidente propósito de expresar desprecio por un persona o considerarla inferior, a causa de su género, dañando su dignidad. Bélgica ya contaba con una ley para luchar contra la discriminación entre hombres y mujeres, pero en

                      palabras de la Ministra Federal de Igualdad de Oportunidades, Joanne Milquet, era necesaria “una gama de facultades mucho más amplias para poder enfrentar el acoso callejero”, por lo que la ley anti sexista apunta a complementar dicha normativa.

                      Asimismo, esta norma considera variedad de circunstancias: reuniones o lugares públicos, en un lugar no público, pero abierto a una cantidad de personas con derecho a reunirse allí; en cualquier lugar en presencia de la persona ofendida y delante de testigos; a través de documentos, impresos o no, ilustraciones o símbolos, que hayan sido distribuidos, vendidos, o expuestos públicamente, o a través de un escrito o documento no hecho público, pero enviado o comunicado a varias personas.

                      La preocupación por legislar no sólo ha surgido en Europa, sino también en Latinoamérica. Perú y Paraguay tienen proyectos de ley en tramitación, que abordan el acoso sexual callejero desde una perspectiva integral, apuntando a la participación de diversos ministerios, con el fin de prevenir este tipo de prácticas dentro de un contexto global de violencia contra la mujer.

                      Y mientras tanto, en Chile, la deuda persiste: nuestra única iniciativa legislativa relacionada al acoso sexual callejero es del año 2011, cuando un grupo transversal de diputados presentó un proyecto de ley que tipificaba el delito de acoso sexual en público. Sin embargo, este proyecto no avanzó en su tramitación legislativa y solo consideraba las situaciones de acoso sufridas por mujeres.

                      Así, la legislación chilena se queda corta a la hora de enfrentar el acoso sexual callejero y entregar respuestas a sus posibles víctimas. Y aunque el tema haya logrado posicionarse en la discusión pública, esto no se ha materializado en acciones concretas por parte de los legisladores, quedándonos relegados en comparación a la experiencia internacional.

                      Parte del trabajo de OCAC Chile es tomar medidas concretas para combatir el acoso callejero, siendo una de ellas la creación de un proyecto de ley con un enfoque comprehensivo. Como Observatorio, consideramos necesaria la tipificación de esta conducta, un paso necesario para enfrentar de manera real las prácticas de acoso y abuso sexual callejero. Sólo así comenzaremos a saldar esta deuda con quienes sufren sistemáticamente esta violencia sexual.

                      *Columna de Constanza Parada, publicada originalmente en El Quinto Poder