ley de respeto callejero

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    El diputado por Magallanes, Gabriel Boric, ha sido testigo del acoso callejero. Para el ex líder estudiantil, es una práctica tan arraigada que “no se va a corregir si es que no se incide directamente”. En la siguiente entrevista, explica sus motivos para patrocinar el proyecto de ley Respeto Callejero.

    En una columna publicada en The Clinic, escrita por ti y Daniela López, sostienes que uno de los flancos débiles que tenemos como país es el trato a las mujeres. ¿Qué opinas sobre los proyectos y leyes que apuntan a mejorarlo?

    —El trato que se les da a las mujeres en nuestro país no es más que la expresión del rol subordinado que ocupan en la producción de nuestras vidas. En ese sentido la violencia y el feminicidio son sus expresiones más brutales, pero es algo de todos los días. Creemos que si bien se han presentado un par de iniciativas legislativas, que podrían avanzar en este sentido, hay que tener en cuenta que por un lado, han sido los movimientos sociales los que han demandado esos cambios y por otro, que gran parte de estas demandas han sido descafeinadas por las presiones del empresariado, los sectores más conservadores, la iglesia y la Nueva Mayoría que no tiene la voluntad de defenderlas. Por ejemplo, el proyecto de aborto, que era una respuesta tibia a la demanda del movimiento feminista, hoy peligra: las primeras dos causales han sido desnaturalizadas y la de violación peligra con caerse.

    ¿Por qué quisiste patrocinar el proyecto de Ley de Respeto Callejero?

    —Creemos que es necesario impulsar y apoyar iniciativas que apunten en esta dirección. A través de un proyecto que castigue el acoso callejero es posible visibilizar y problematizar el fenómeno que tiene un importante arraigo en nuestra sociedad y dar una señal clara de que ese comportamiento deja de ser socialmente aceptable. Ahora, creemos que el problema no se soluciona solo con el castigo del acoso, el acoso es una expresión del rol de las mujeres en la sociedad y hay que ir a la raíz,  lo que se les dice a las mujeres finalmente es que la calle no es su espacio “natural”, que dicho espacio es la casa y que se les hará hostil el espacio público si se atreven a frecuentarlo, lo que hay que cuestionar es esa división de espacios y de trabajos que genera la diferencia entre hombres y mujeres.

    ¿Por qué crees que Chile necesita esta ley?

    —En una sociedad como la nuestra es esencial que se tomen medidas concretas y efectivas, a veces de índole legal. El problema es tan de fondo y tan estructural que no se va a corregir si es que no se incide directamente. Debemos ser capaces de abordar el fenómeno desde una perspectiva global, entender que el acoso callejero es en todo caso parte del sistema patriarcal que tenemos y que es precisamente ese sistema en su conjunto lo que debemos cuestionarnos. Creo que la ley es un avance, pero no puede ser la respuesta solo la herramienta penal, nos hubiese gustado que el Gobierno patrocinara una ley integral.

    ¿Has sido testigo y/o víctima de una situación de acoso callejero?

    —Muchas veces. En el metro, en la micro, en la calle me ha tocado ver agarrones, comentarios desubicados o derechamente piropos agresivos. Está tan naturalizado que muchas veces no nos damos cuenta.

    ¿En qué momento te diste cuenta que el acoso callejero es violencia de género?

    —Hace un tiempo me puse a estudiar más sobre la mirada lúcida del feminismo, he estado leyendo y aprendiendo. Las compañeras y compañeros del Núcleo Feminista de Izquierda Autónoma nos ayudan cotidianamente a re-descubrir la violencia que está oculta y que asumimos como una situación dada y estática. Somos parte de un proyecto que busca liberar a las personas de las relaciones de dominación. El feminismo es parte sustancial de esa lucha.

    ¿Cómo combates el acoso callejero y el sexismo en general en tu día a día?

    —Trato de ser más consciente de lo que hago, de las palabras que uso, trato de pillarme cuando estoy mirando una situación desde una perspectiva sexista. También leo harto del tema y pregunto.

    ¿Crees que te desenvuelves en un ambiente sexista?

    —Absolutamente. Las mujeres son la mitad de la población, sin embargo en el Congreso y en nuestro colectivo político (Izquierda Autónoma) están completamente sub-representadas.

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      El pasado 25 de noviembre en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer se inauguraron dos nuevos nódulos en América Latina.

      Dos nuevos nódulos se suman a OCAC Latinoamérica, se trata de OCAC Guatemala (OCACGT) y de OCAC Costa Rica, quienes dieron por iniciadas sus actividades el pasado 25 de noviembre en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer.

      Ambas, al igual que el resto de las organizaciones hermanas, tendrán por finalidad visibilizar el acoso sexual callejero en su país por medio de la educación y de políticas públicas que busquen la eliminación de este grave problema social que afecta tanto a hombres como a mujeres.

      Guatemala en el último informe de Panorama Social de América Latina de la CEPAL, presentado en Chile el 26 de enero de 2015, se posicionó entre los 14 países con más violencia del mundo y dentro de los siete más violentos de Latinoamérica.

      A tanto llegó la situación que el 6 de junio de 2015, tres mujeres guatemaltecas decidieron tirarse de un puente después de que varios hombres las acosaran en la calle gritándoles que las violarían. Tras este hecho un grupo de mujeres cansadas de la violencia callejera, decidió dar vida a OCACGT y con ello ser parte de un cambio cultural.

      “Somos una colectiva que evidencia el acoso callejero con el propósito de recuperar los territorios que han dejado de ser seguros. Consideramos que la manera de transformar esta situación es a través del reconocimiento y respeto a los derechos humanos, buscando formas de comunicación real entre las personas y buscar estrategias no violentas de actuación”, afirma Lidia Guerra, fundadora de OCAC Guatemala.

      En tanto en Costa Rica, pese a que existen pocos datos concretos sobre violencia callejera, la última Encuesta Nacional de Juventudes (2013) realizada a personas entre 15 y 35 años de edad reflejó que “del 39.8% de la muestra que refiere haber recibido miradas obscenas, el 28% corresponde a mujeres; del 45.7% de la muestra que le han gritado vulgaridades, 32.7% son mujeres; y del 23.5% de la muestra que han sido tocas en la calle o en el bus sin autorización, 15.6% son mujeres”.

      Ante este panorama es que surge OCAC Costa Rica como un aparato de denuncia ante las conductas patriarcales y misóginas que afectan nuestra vida cotidiana, ya que “es fundamental realizar intervención desde procesos de investigación, procesos de promoción y sensibilización, y procesos de capacitación y educación para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres en la sociedad”, señala Karla Guzmán, fundadora de OCAC Costa Rica.

      Para contactar a OCAC Costa Rica puedes escribir a ocaccostarica@gmail.com y seguirlos en el Facebook del Observatorio Contra el Acoso Callejero Costa Rica

      También puedes seguir en Facebook a OCAC Guatemala aquí

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        principal testimonios

        Tengo 25 años y desde los trece  que he sido víctima de acoso callejero en incontables ocasiones.  Antes de contar mi primera experiencia, quisiera realizar algunas observaciones hacia las mujeres que sufrimos esto. Soy parte de esta comunidad desde que empezó en Facebook y siempre he leído lo mismo. La mayoría de los testimonios inician describiendo la ropa que llevaban puesta y contando que esta no era provocativa. Si nosotras iniciamos nuestros relatos describiendo la “ropa no provocativa” que llevábamos puesta. Ese es el primer error: ningún tipo de ropa justifica un acoso. Usted puede salir a la calle en bikini y nadie tiene derecho a tocarla sin su autorización. Hay que eliminar de nuestra cabeza y vocabulario eso de “ropa no provocativa”. Primero, porque es injusto contra nosotras mismas y es una forma de justificar el acoso. Segundo, porque los hombres son seres pensantes, por lo que pueden evitar “provocarse”.

        Mi segunda crítica es hacia nuestras madres y abuelas que más de alguna vez dijeron la frase “preocúpate cuando no te griten” o “te gritan porque eres bonita”. O sea que ¿nosotras necesitamos la aprobación de un hombre para considerarnos bonitas? No es así, las mujeres valen por sí misma y no necesitan la aprobación de nadie.

        Luego de esto les cuento mi experiencia. A pesar de ser una mujer de carácter fuerte, nunca he tenido la suficiente personalidad para enfrentar el acoso. Me da miedo la reacción de la otra persona, no sé cómo enfrentar la violencia. Me da susto que estos tipos lleguen más lejos, que me golpeen o algo peor.  En ese entonces, tenía doce años. Era una niña, nunca había dado un beso, ni siquiera me había gustado alguien, de hecho aún jugaba con mi hermana a las muñecas y mi primera experiencia con el sexo opuesto fue a través del acoso de este tipo. Iba caminando hacia la casa de mi mejor amiga, cuando pasó un tipo de unos sesenta años en bicicleta que me agarró el trasero de una manera tan fuerte e invasiva, que me llegó a levantar del suelo. Quedé en blanco, en shock, sin poder ni hablar. El tipo se dio vuelta a mirar mi reacción y me sonrió. Yo quede allí, de pie, sin poder decir una palabra e inmovilizada. Después de un rato y con un hilo de voz le grité: “Viejo cochino”, (creo que ni me escucho).  Llegué tiritando y llorando a la casa de mi amiga. No podía explicarle lo que me había pasado, entonces se quedó conmigo haciéndome cariño durante horas, mientras yo no paraba de llorar, porque me sentía muy sucia y casi violada. Tuvieron que llamar a mi mama porque no me atrevía a irme sola. Luego en mi casa, lloré toda la noche. Me sentía culpable y no comprendía qué hice para pasar por eso, no entendía por qué lo hizo si el era mayor que mi abuelo, ni qué le podía ver a  una niña de 12 años.

        Luego de eso me ha pasado en innumerables acosos callejeros, así que aprendí a evitar calles peligrosas, a cruzar si viene alguien sospechoso en frente, a no mirar ni sonreír en la calle, y no salir sola de noche, porque de lo contrario me acosan. La única forma que no me suceda es si salgo con mi novio, recién ahí soy una persona que merece respeto, a la que no le gritan ni tocan. Es injusto que solo de la mano de un hombre uno pueda caminar tranquila, me quitaron el uso de los espacios públicos desde que tengo 12 años y eso debe cambiar, eduquemos a nuestra familia, que nuestros abuelos, padres, tíos, primos, sepan que esto pasa, molesta y es una forma de violencia. Creo que si partimos por nuestro entorno de a poco esto irá cambiando.

         

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          principal testimonios

          Hoy tomé el Metro más tarde. Suelo irme temprano para evitar la hora punta. Estudio en el Liceo 7 de Providencia y lo tomo desde la estación Calicanto hasta los Héroes, para luego hacer combinación hasta Pedro de Valdivia. Hoy, cuando tome el Metro, me di cuenta que el tren que iba delante del mío le estaba saliendo humo y dejó pasado a plástico quemado. El Metro avanzaba lento por lo que se empezó a juntar mucha gente en cada estación y, por ende, mi vagón estaba cada vez más lleno. Cuando llegué a la estación Pedro de Valdivia el olor a plástico quemado ya era insoportable, por lo que cuando se abrieron las puertas, se juntó mucha gente para salir. Avancé lento y justo cuando estaba en el fierro que esta frente a cada puerta, sentí que me dieron un agarrón, ¡quede helada! Me di vuelta para mirar quién me había agarrado y solo vi gente que me empuja para tratar de salir. Seguí avanzando y en la escalera me toqué la chaqueta en la parte del trasero, pensando que quizás se habían masturbado detrás de mí y podía tener semen en la chaqueta. Pensé esto porque a una compañera le pasó en el metro. El agarrón que me dio fue sobre la chaqueta que me cubre el trasero, no fue un roce o que puso su mano, si no que me agarró un buen pedazo de carne.

          El Liceo 7 está junto al Metro, cuando llegué en la entrada estaban varias inspectoras, me acerqué a la mía y le comenté  la situación, porque todavía estaba en shock. Ella me llevó con  la enfermera del liceo, le conté y me puse a llorar. Fueron la psicóloga y la encargada de convivencia escolar, quienes conversaron conmigo y me preguntaron si quería hacer la denuncia. Luego junto con la inspectora general fui a Carabineros y al Metro a dar aviso. Me sentí muy apoyada por mi liceo, porque no se tomó como algo común, sino como algo grave.

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            Tenía 18 o 19 años, iba a tomar la micro después de pasar la noche donde una amiga. Eran las 08:00 horas de un día sábado o domingo, por lo que había poca gente en la calle. Un tipo caminaba detrás mío diciendo: “¡Uy mijita, que no te haría, medio culo!”. Yo iba vestida como niñito (probablemente producto del trauma de sentir que ser femenina es ser débil y propensa a ser víctima, después de años de acoso del mismo tipo) y con caña. Me aburrí. Después de varias cuadras me di vuelta, lo miré y le pregunté: “¿Te ha resultado alguna vez? ¿Una mina te ha dicho ¡ay huevón, me tení tan moja! Vámonos a un motel, culeame ahora ya!? ¿Te ha resultado?” El huevón quedó helado (ahí caché que tenía más de treinta años). Solo atinó a decirme algo así como: “¿Pero acaso está mal que te diga que te encuentro bonita?”.

            O sea, que decir que quiere meterme cosas en la vagina y el ano ¿es decirme que soy bonita? Aunque me encuentre bonita, ¿por qué tengo que escucharlo?

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              No es primera vez que me ocurre. Cuando era adolescente muchas veces un tipo se “apoyó contra mi” en la micro o algún depravado me agarró el trasero, pero aprendí a encarar y funar a los sujetos, con golpes y gritos. Hoy con 30 años, en la calle más central y transitada de Puerto Montt, un tipejo a eso de las 13:00 horas, aprovechando el volumen de personas, pasó rápidamente a mi lado y estiró sus dedos “rosándome” el trasero. No fue un agarrón, ni un  toqueteo, pero sentí sus dedos y para mí eso bastó. Me di vuelta y con una carpeta dura llena de formularios lo golpeé en la cabeza. Se giró sorprendido, diciendo que no había hecho nada, que no se había dado cuenta. En palabras coloquiales “lo subí y lo bajé” a improperios, pero él seguía haciéndose el desentendido. Cuando dio la vuelta para irse, volví a golpearlo. Sí, tengo 30 años y soy una mujer con carácter, pero lamentablemente estos hechos me dejan siempre mal, con ganas de llorar.

              ¿Hasta cuándo aguantaremos que las personas se sobrepasen? Pensando en los niños y adolescentes creo que tenemos que reaccionar y ser capaces de que, por ultimo, estos idiotas se lleven un mal rato público. De lo contrario, seguiremos reproduciendo una sociedad abusadora y violadora. Chile tiene cifras horribles, muy bien lo saben ustedes.

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                Llevo unos meses viviendo en Santiago debido a mis estudios. Estaba tranquila porque no había pasado nada desagradable, hasta hoy. Venía en la micro de vuelta de la universidad, y se subió un sujeto joven a recitar poesía por unas monedas. Yo no estaba prestando atención y en ningún momento lo miré, estaba escuchando música y mirando por la ventana. Resultó que íbamos al mismo paradero y mientras me bajaba, él tomó mi mano para ayudarme a bajar. Yo respondí un gracias cortado, pero el sujeto no me soltó la mano. En vez de eso, no encontró nada mejor que recitarme poesías de su invención al oído, diciendo que yo era muy hermosa, que ojalá nos volviéramos a ver, que no me asustara y que no podía dejar de mirarme, todo eso en verso y arrinconándome contra el paradero. De susto casi no me salía la voz y lo único que atiné a decir fue “ya, suéltame por favor, suéltame”. Cuando finalmente lo hizo, tiró su cuerpo contra el mío, me dio un beso en la mejilla  y puso todo su pene, que sobresalía del pantalón, en mi pierna. ¡Fue asqueroso! Y más encima, mientras yo huía, vi como otro hombre, que estaba manejando un auto con la ventana abajo, se reía pese a haber sido testigo de toda la situación.

                Quizás no fue un gran acoso o podría haber sido peor, pero yo estoy indignada. ¿Quién me quita ahora la sensación de haber sido violentada? ¿Por qué ese tipo se creyó con el derecho de decirme y hacerme cosas que nunca le pedí? Siempre pensé que si me llegaban a acosar alguna vez, iba a responder y sacar toda mi fuerza. Pero la situación fue tan de la nada, y tan incómoda, que no supe qué hacer, ni cómo reaccionar. Ahora tengo mucha rabia y pena, me gustaría volver a atrás, apartar a ese hombre, alejarme y responderle. Pero no puedo. El único recuerdo que me quedará es la risa del otro personaje que consideró mi acoso un espectáculo entretenido de ver, porque la idea de ayudarme claramente jamás se le pasó por la cabeza. Gracias a la conducta de ese tipo de gente, ya no podré caminar en las calles con la misma tranquilidad y soltura de siempre.

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                  Cuando era chica (aproximadamente unos seis años), mi mamá me llevó con ella a su entrega de empanadas en el centro de la ciudad. Una vez allí, me quedé afuera del local jugando con palitos de helado que recogí del suelo. En eso se me acercó un hombre de unos 35 años que se veía desarreglado, tenía pelo largo y usaba lentes oscuros. Se quedó mirando por un rato, lo miré y en mi interior sentí una voz que me dijo que entrara al local donde estaba mi mamá. Entonces entré, le dije a mi mama y ella salió a ver. El tipo se fue rápidamente y desde ahí que sufrí un trauma, me daba miedo salir a la calle sola. Además comencé a usar buzos oscuros y muy holgados, y siempre me amarraba un polerón a la cintura para que me tapara el trasero. Afortunadamente, como a los 13 años logré superarlo. Hoy me siguen diciendo cosas en la calle, pero no me han vuelto a toquetear.

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                    principal testimonios

                    Soy hombre y tengo 24 años. Un día, hace no mucho, iba en el metro camino a juntarme con un pinche, cuando de repente sentí un movimiento sobre mi pene, pero como íbamos todos apretados, no le presté mayor atención y atiné a echar hacia atrás la cadera para que lo que fuese dejara de rozarme. Sin embargo, al cabo de unos segundos sentí otra vez que me estaban acariciando mi zona íntima, y ahora estaba seguro que era de una forma deliberada. Creo que ni siquiera pude ver quién era. Quedé congelado: nunca me había enfrentado a una situación como esa, sentí una angustia muy grande y no podía moverme. Al momento que se abrieron las puertas, salí corriendo del tren. Cuando me encontré con el tipo con el que salía, me preguntó por qué tenía mala cara y le comenté lo que me había pasado buscando contención. Al contrario, se rió y me trató de exagerado. Claramente ya no salgo con él por insensible, entre otras cosas.

                    Siendo hombre, difícilmente uno está consciente de que puede ser víctima de acoso sexual, puesto que en general nuestra sociedad patriarcal remarca sólo la violencia hacia las mujeres, por lo que esta experiencia me pilló totalmente desprevenido. Uno pensaría, como hartos creo, que en caso de una situación así: “me achoro” o que “le saco la cresta al que me toque”, pero no, es muy distinto cuando ocurre: inexplicablemente  quedé paralizado, y eso fue lo que más angustia me dio, la fragilidad del cuerpo y la incapacidad de reaccionar. Sentí miedo. Me encantaría que existiese una forma en que las personas, sobre todo los hombres, que acosan en la calle pudiesen entender cómo se siente que te toquen el pene, sin que necesariamente sean víctimas de un acoso callejero.

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                      El 21 de octubre el Observatorio Contra el Acoso Callejero de Chile expuso los principales puntos del proyecto de ley de Respeto Callejero, ante la Comisión de Seguridad Ciudadana de la Cámara de Diputados, en el Congreso Nacional de Valparaíso.

                      Con éxito fue presentado por OCAC Chile el proyecto “Ley de Respeto Callejero” en el Congreso, que busca sancionar el acoso sexual callejero. La exposición estuvo a cargo de la Presidenta de la organización, Francisca Valenzuela, y de la Directora Ejecutiva, Bárbara Sepúlveda, quienes dieron a conocer a la Comisión de Seguridad Ciudadana de la Cámara de Diputados datos de su segunda encuesta “Estudio de caracterización y opinión sobre el acoso sexual callejero y sus posibles sanciones”, que valida el acoso callejero como un problema social grave e innegable.

                      En el último año tres de acada cuatro personas reconocieron haber sido acosadas, en especial las mujeres jóvenes. Asimismo, el 90% de las víctimas y testigos concuerdan que este tipo de agresiones deben ser sancionadas.

                      “Cuando comenzamos como organización pedimos testimonios y llegaron cientos. Nos convertimos en los primeros en levantar cifras del acoso callejero. De esta manera, pudimos demostrar lo grave y recurrente que es”, dijo Valenzuela.

                      Junto con estos datos, la organización enseñó un video llamado “¿Cómo es el acoso sexual callejero en Chile”, donde se muestran tres testimonios de mujeres quienes relatan experiencias traumáticas de acoso sexual en el espacio público, sufridas en Santiago y Viña del Mar.

                      Tras la exposición del video, la ministra del Sernam, Claudia Pascal, fue enfática en asegurar que “las imágenes muestran lo fuertemente arraigada que se encuentra esta práctica en nuestro país”.

                      Por su parte, Marcela Sabat (RN) puso en evidencia que esta en una realidad país en donde muchas mujeres sienten vergüenza de denunciar el acoso callejero, por lo que la diputada aseguró que el desafío es lograr que “tanto hombres como mujeres que sientan menoscabo, sepan que tienen una herramienta legal para ser validados”.

                      Es por ello, que OCAC Chile junto a las diputadas Camila Vallejo (JJ.CC); Karla Rubilar (Independiente); Daniella Cicardini (PS); Loreto Carvajal (PPD); Marcela Sabat (RN); Karol Cariola (PC); Yasna Provoste (DC); y los diputados Giorgio Jackson (Independiente-RD); Vlado Mirosevic (Liberal); y Gabriel Boric (Independiente-IA), proponen introducir modificaciones al código penal que permitan catalogar a las prácticas de violencia sexual callejera en delitos sancionables.

                      En ese sentido, todo contacto corporal, de connotación sexual y no consentido, como “punteos” o “agarrones”, será considerado delito. El acoso callejero sin contacto físico como frases sexuales, toma de fotografías, masturbación o persecución, será falta. En el proyecto se pretende como máximo, multas de 20 UTM para las faltas y de 540 días de presidio para los delitos.

                      Pero más allá de las penas, Fuenzalida explicó a la Cámara de Diputados que lo que se busca como fin último es “provocar un cambio cultural a largo plazo”, porque esta es una discusión de género, donde hombres y mujeres son víctimas de violencia.