ley de respeto callejero

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    Soy una mujer de 34 años. A los 12 sufrí mi primer acoso callejero. Iba del colegio a la casa a eso de las 16:00 horas, cuando en el camino tres niños comenzaron a turnarse para correr detrás mío y tocarme el trasero, uno tras otro. Ningún hombre me había tocado y mi primera vez fue así: en la calle. Ahora que lo escribo revivo mi pánico y humillación. En aquella ocasión traté de defenderme, pero los niños siguieron tocándome. Lloré todo el camino y, a pesar que era una avenida muy transitada, nadie hizo algo.

    Años más tarde se repitió, a los 14 y luego a los 15, unos tipos nos mostraron, a mí y a unas compañeras, sus genitales en plena calle. Las palabras groseras, miradas abusivas, sonidos y gemidos no sólo las recibí en la calle, también en la micro y el metro. Incluso una vez fui acosada frente a un carabinero quien, pese a mi petición de ayuda, no hizo nada.

    Por años me transformé, dejé de usar la ropa que me gustaba.  Dejé de salir. Dejé de ser yo misma. Es muy denigrante y humillante vivir así.

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      Esto fue cuando tenía 14 años. Tomé por primera vez la micro. Estaba más o menos llena y un hombre de unos treinta años me cedió su asiento, le agradecí y me senté. Luego, se paró al lado de donde estaba, muy cerca de mí, mirándome fijamente. Se pegó más y sentí que algo presionaba contra mi hombro y era su miembro. Pensé que era por el movimiento de la micro al detenerse, que estaba llena, pero hubo un momento en el que la micro no hacía movimientos bruscos y el hombre seguía presionando. Me di cuenta que lo hacía a propósito. No supe qué hacer y reaccioné, levantando mi brazo con fuerza, haciendo como que me arreglaba el cabello y logré golpearle los huevos. El hombre se quejó, diciendo: “¡cuidado niña!” Y yo: “vale, entonces no apoye su pene contra mi hombro”. Una señora le gritó que era un degenerado, pervertido y el hombre se bajó en el paradero siguiente, con una carpa entre las piernas, si saben a lo que me refiero.

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        Empecé a darme cuenta del acoso callejero cuando mi cuerpo empezó a cambiar, cuando me sentía observada en la calle, cuando sentía miradas que me invadían y me incomodaban. Al principio tenía casi asumido que era algo normal; algo por lo que toda mujer en su vida tenía que pasar y, hasta, que muchas veces la culpa la tenía una (sí, estaba equivocadisíma).

        Un día, de pura casualidad, me topé con información en Internet sobre algo que nunca había escuchado: feminismo. Tenía un concepto errado sobre el feminismo, como mucha gente lo tiene. Pensaba que era algo como el machismo pero al revés, que violentaba a los hombres y los humillaba. Sin embargo, seguí leyendo e investigando y entre otras cosas me di cuenta de que muchas mujeres día a día debían pasar lo mismo que yo, que el machismo se presentaba de muchas formas, no sólo con un hombre golpeando a su mujer o jalándola del pelo. Aprendí sobre machismo y micromachismos.

        En otros países aprendí la definición de sexismo, de la que tampoco tenía idea (y de paso aprendí que no debía sacar conclusiones sin informarme). Junto con todo esto, me di cuenta de que muchas costumbres sexistas estaban arraigadas en nuestra sociedad, que la gente las aceptaba como normales. Empecé a sacar la voz, a luchar por lo que me parecía justo. Ante cada comentario sexista, yo saltaba, con mis argumentos y razones. Al principio, mucha gente se mostró desconcertada. Me ponía a discutir con mis profesores, mis papás, mis amigos, incluso, con los papás de mis amigos, pero nunca me rendí, nunca me volví a quedar callada.

        También aprendí a quererme. Comprendí que la única aprobación que necesitaba era la mía, que si yo me maquillaba, me depilaba o me vestía de cierta forma, lo hacía por mí y para mí. Empecé a dar esta lección a la gente que me rodeaba, a mis amigas y mujeres conocidas, principalmente. Siento que lo mejor es informarse y educar, sobre todo a las nuevas generaciones.

        Aun así, me da mucha lata no poder hacer nada cuando veo a una mujer violentada en la calle. Me da impotencia, porque sé lo que se siente. Por eso es necesario dejar de reforzar los pensamientos sexistas que nos afectan a hombres y mujeres, que nos obligan a comportarnos de acuerdo con nuestro género, que nos educa como personas inseguras para vernos en la necesidad de buscar la aprobación del resto. No sólo por el acoso callejero, sino por todas las injusticias de género que se viven día a día es que hay que ponerle un fin a todo esto.

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          Esto no me pasó directamente a mí, pero es algo que quiero compartir.

          En los años de colegio, tuve un grupo de amigas. En esa época, una de ellas (n1) le decía a otra del grupo (n2), que la canción “tu reputación” era su canción (de n2). N1, insistentemente, siempre remarcaba el primer verso: “tu reputación son las primeras seis letras de esa palabra”, además de vitorearlo cada vez que sonaba en la radio, sólo porque n2 fue la primera del grupo en perder la virginidad.

          Ya pasaron 15 años de estos hechos y al pensar en ellos, me di cuenta del machismo asqueroso y recalcitrante de aquella letra y con la facilidad que se le da a la gente que pertenece a tu mismo grupo social, juzgarte sin siquiera conocer a fondo los acontecimientos, disfrazándolos de “canción”.

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            Las personas creen que se pueden dar libertades con el cuerpo femenino en la playa, ¿será porque están acostumbrados a ver bikinis pequeños y mujeres disfrutando del sol para adquirir un buen bronceado para sentirse bellas?

            Ellos, sí los hombres (aclaro que algunos, no todos), se dan el lujo de sentir que están en un centro de entretención, viendo el “botín”, para la ” buena caza”, como si la playa fuera un lugar para observar. Creo que aquello les da un toque de “hombría”, que los hace sentirse más que las mujeres.

            Una noche, caminando por mi condominio, abrigada por el frío que hacía, me acerqué al portón, lugar de ” seguridad”, donde la luz encandilaba. Ahí, junto a una caseta, divisé  a tres personas; una de un porte que daba a entender que era el “guardia” y dos pequeños, que como hace justicia la herencia del lugar, eran niños que se acercaban a charlar con el hombre para entretenerlo un rato. Recordé mi infancia y me acerqué, llena de nostalgia, para llegar a un lugar iluminado (por fin) y recordar viejos tiempos.

            Mientras me fui acercando, sentí un silencio sepulcral. Un niño se acercó a mí, rodeándome. Una nunca piensa mal de los niños, por lo que, continué el camino. Casi en la esquina de mi destino (sí, mi casa), empezaron las risas y los gritos. Unos gritos con una voz aguda, propia de un niño de 12 años, pero los improperios que salieron de su boca, definitivamente, no respondieron a esa edad.

            Acoso callejero queda pequeño. A ese niño sólo le faltó pedirme sexo oral por medio de gritos que, a las diez de la noche, retumbaron por todo el condominio. Me sentí usada y sucia por una sociedad que no enseña a los niños a tratar bien a las mujeres, por la que es mal visto que andemos solas en la noche, sin importar la ropa que usemos.

            Simplemente, tener un órgano sexual distinto es causa de que dos días después me preguntara, desvelada a las 3:30 de la mañana, por esa madre, ¿le enseñará respeto hacia las mujeres? Ese padre, ¿le enseñará cómo tratarlas? El sistema educacional, ¿será capaz de enseñar, de una vez por todas, el respeto hacia las personas? ¿Seremos capaces, algún día, de caminar tranquilas por las calles sin pensar que es “normal” que los hombres nos griten improperios, justificándolos como “piropos”?

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              Esa fue la primera vez en que me sentí acosada en la vida. Nunca me había sentido tan asqueada, lo peor es que me sentí asqueada por mí, por ser mujer.

              Tenía unos 9 ó 10 años, estaba con mi mamá esperando la micro, frente al Líder de General Velásquez. Estaba con falda, una falda de niña, obvio; me llegaba a las rodillas y ni pechugas tenía en ese tiempo. Un tipo empezó a llamar mi atención haciendo un sonido ‘chht chht’ para que lo mirara, entonces empezó a lamerse los labios de forma sexual y a tocarse el pene. En ese momento de verdad que quedé congelada, sentía que no sabía qué estaba pasando y me asusté. Comencé a mirar hacia otro lado pero el tipo seguía. Ni si quiera tuve el valor de decirle a mi mamá en primera instancia, hasta que le pedí que nos corriéramos de allí y lo notó. Jamás había escuchado a mi mamá gritarle a un desconocido en la calle: “viejo asqueroso, ¡pedófilo!”.

              El paradero estaba lleno y nadie hizo nada. Luego pasó la micro y el viejo asqueroso, desde abajo de la micro, hizo el mismo gesto con los labios y me tiró un beso. Mi mamá, obvio, estaba enrabiada y me decía que no le hiciera caso, que era un enfermo.

              La situación yo creo que me afectó mucho cuando me empecé a desarrollar. Cuando me empezaron a crecer las pechugas me empecé a conseguir vendas para tapármelas, porque me asqueaba de una forma impresionante ser mujer.

              Ahora, cada vez que me dicen algo en la calle, recuerdo a ese viejo asqueroso. Me costó harto entender que no debo sentirme culpable y creo que, al contrario de lo que muchos dicen, justificando con un “es algo lindo, te sube el autoestima”, a mí me la bajan, me degradan, como lo hizo ese viejo.

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                Esta semana, OCAC Chile presentará al Congreso su proyecto “Ley de Respeto Callejero”, que sanciona el acoso sexual en los espacios públicos. ¿En qué consiste esta propuesta y por qué es necesaria?

                Uno, porque el acoso callejero es violencia, afecta a tres de cada cuatro personas y lo sufren tanto hombres como mujeres. Además, el 90% de la gente opina que debe sancionarse.

                Dos, porque hoy no existe una figura legal para denunciar y proteger a las víctimas. Por ello, proponemos crear la falta y el delito de acoso callejero. Serán falta actos como frases sexuales, exhibicionismo y persecución, que podrían sancionarse con multas en dinero. También se inscribe en el Código Penal el delito de acoso callejero, que acogerá los ataques que actualmente la ley no considera dentro del abuso sexual, como “manoseos”, “agarrones” y “punteos”, que podrían sancionarse con presidio.

                Tres, porque nadie irá a la cárcel por “piropear”. No es meta de OCAC Chile criminalizar meramente el hecho ni privar a las personas de su libertad, por ello, el proyecto establece sanciones alternativas, como asistir a sesiones de sensibilización sobre acoso callejero o pedir disculpas públicas. La privación de libertad será la última opción, aplicada sólo cuando haya reincidencia o cuando la agresión vulnere a grupos con dificultades para defenderse, como niños, niñas o embarazadas.

                Cuatro, porque contempla un foco educativo y preventivo. Paralelo al proyecto de ley, OCAC Chile presentará al Gobierno un conjunto de recomendaciones para impulsar políticas públicas educativas y preventivas, como programas de sensibilización para policías y conductores del transporte público.

                Con la “Ley de Respeto Callejero”, Chile se sumará a los países de Latinoamérica y Europa que ya han avanzado hacia normativas que abordan, previenen y sancionan el acoso sexual callejero. Gracias a esta ley, como ciudadanía, por fin contaremos con una herramienta que nos permita usar la calle con libertad, seguridad y sin violencia.

                Columna escrita por Pamela Olivares, publicada originalmente en HoyxHoy.

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                  No es meta de OCAC Chile encarcelar y criminalizar a quienes cometen acoso callejero. Al contrario, creemos en el poder de la sensibilización y de la educación, por eso, hemos propuesto medidas alternativas.

                  Vamos a partir con la verdad: nadie irá a la cárcel por decir “piropos” en el espacio público. Ese temor es sólo un mito. El proyecto de ley que sanciona el acoso sexual callejero, que esta semana fue presentado por OCAC Chile en el Congreso, es mucho más amable y astuto que eso.

                  Primero, la idea de legislar se basa en una cuestión social grave, que hemos denunciado desde 2013 y que este año, gracias a nuestro segundo estudio, fue validada por la ciudadanía. En el último año, tres de cada cuatro personas ha sufrido acoso callejero, afectando especialmente a mujeres jóvenes. Asimismo, las víctimas y los testigos de acoso no son indiferentes: más del 90% opina que es necesario sancionar estas agresiones. El problema existe y es innegable.

                  Como respuesta, en OCAC Chile elaboramos el proyecto “Ley de Respeto Callejero”, que incorpora a la legislación chilena toda manifestación de acoso callejero, desde la más leve hasta la más grave, porque consideramos esta forma de violencia en su globalidad y proponemos que la normativa también lo haga. Sin embargo, entendemos que no es igual recibir un comentario sexual al oído, que sentir genitales ajenos en medio de un tumulto. El proyecto se hace cargo de esa diferencia y propone tipificar faltas y delitos.

                  Todo contacto corporal, de connotación sexual y no consentido, como “punteos” o “agarrones”, será considerado delito. El acoso callejero sin contacto físico, como frases sexuales, toma de fotografías, masturbación o persecución, será falta. En el proyecto, proponemos, como máximo, multas de 20 UTM para las faltas y de 540 días de presidio para los delitos. Pero, honestamente, esperamos que dichas sanciones no sean aplicadas.

                  Qué queremos decir. El objetivo esencial de tipificar faltas no es repartir multas a destajo por cada comentario sexual que ocurra en el espacio público, sino empoderar a las víctimas, quienes necesitan acogida luego de sufrir una agresión. Hemos leído decenas de testimonios en los que las personas lo único que buscan tras un episodio traumático es que la autoridad las considere y levantar una alerta para prevenir futuros ataques.

                  En la actualidad, si una persona acude a Fiscalía, PDI o Carabineros para denunciar acoso callejero leve, no encuentra acogida, ya que las policías no pueden iniciar procesos por faltas que no existen. De todos modos, algunos funcionarios bien intencionados inscriben las agresiones bajo otras tipificaciones. El problema: las denuncias de acoso callejero se pierden en cifras negras, dificultando la creación de políticas públicas que traten el asunto.

                  Este vacío legal es alarmante cuando ocurre acoso callejero grave. Un caso: ¿qué pasa si una adolescente quiere denunciar que una persona mayor tocó sus pechos sin su consentimiento? Nada, hoy no pasa nada, porque la legislación chilena exige que haya contacto genital, anal o bucal para constituir el delito de abuso sexual. En consecuencia, las víctimas que sufren agresiones como “punteos” o “manoseos” quedan desamparadas. Así, el proyecto de OCAC Chile crea el delito de acoso callejero en el Código Penal, que corresponde a agresiones sexuales lesivas, que hasta ahora eran inexistentes para la legislación.

                  De este modo, la “Ley de Respeto Callejero”, en primera instancia, es una herramienta para las víctimas, sean éstas hombres o mujeres. En segundo término, como ya decíamos, establece sanciones. No es meta de OCAC Chile encarcelar y criminalizar a quienes cometen acoso callejero. Al contrario, creemos en el poder de la sensibilización y de la educación, por eso, hemos propuesto medidas alternativas. Las multas y la pena privativa podrán sustituirse por asistir a, mínimo, cinco sesiones de sensibilización sobre acoso callejero o, en el caso de falta por acoso verbal o no verbal (comentarios sexuales, abordajes intimidantes), la multa podrá ser reemplazada por disculpas públicas.

                  Con todas estas alternativas, apelamos a que el presidio sea la última opción, que se aplique solamente cuando exista reincidencia o cuando la agresión vulnere los derechos de los grupos que tienen más dificultades para defenderse, como niños, niñas o embarazadas.

                  La cárcel no sólo priva a las personas de su libertad, sino que segrega e impide vivir en diversidad. Las medidas alternativas de este proyecto apuntan precisamente a eso, al cambio cultural a partir del reconocimiento del otro u otra. Por eso las disculpas públicas, por eso la educación. No pretendemos que la gente deje de acosar por miedo, sino que a través del aprendizaje comprenda que sus actos son dañinos y atentan contra los derechos de los demás.

                  Por último, para que la transición desde el acoso callejero al respeto callejero sea completamente sana, en paralelo hemos entregado al Ejecutivo un conjunto de recomendaciones para impulsar políticas públicas educativas y preventivas. Por ejemplo, sugerimos capacitar a Carabineros y PDI sobre acoso callejero, ya que serán estas policías las que realicen las futuras denuncias. O, también, sensibilizar a conductores de transporte público, para que sepan cómo actuar ante una situación de acoso.

                  De ser aprobado, este proyecto sería un tremendo primer paso, uno imprescindible, para avanzar hacia espacios públicos seguros, donde se respete y se resguarde la libertad sexual no sólo de las mujeres, adolescentes y niñas, sino de toda la ciudadanía. Ésa es la voluntad de OCAC Chile y ése es el espíritu que impulsa esta propuesta de ley.

                  Columna escrita por el equipo de OCAC Chile, publicada originalmente The Clinic.

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                    “Nuestro quehacer no se agota en dictar una ley penal, porque al final del día lo que nos interesa no es sancionar a la gente, sino erradicar las conductas” expresó Daniela Castillo, abogada del equipo jurídico de OCAC Chile.

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                    El Proyecto de Ley que busca erradicar las prácticas de acoso sexual callejero hizo ingreso al parlamento chileno el día de hoy. La propuesta legislativa busca introducir modificaciones al código penal que permitan catalogar a las prácticas de violencia sexual callejera en delitos sancionables.

                    La proyecto de ley de Respeto Callejero del Observatorio contra el Acoso Callejero de Chile (OCAC Chile), es patrocinado por las diputadas Camila Vallejo y Karla Rubilar, y tiene por objetivo generar un cambio cultural progresivo a través de la sanción legal de estos actos, cuyo castigo depende de la gravedad de la conducta, y va desde las multas hasta la privación de libertad.

                    Además, el documento es patrocinado por parlamentarios y parlamentarias de militancia transversal, como Giorgio Jackson (Independiente-RD), Daniella Cicardini (PS), Loreto Carvajal (PPD), Marcela Sabat (RN), Karol Cariola (PC), Vlado Mirosevic (Liberal), Yasna Provoste (DC), Camila Vallejo (PC) y Gabriel Boric (Independiente-IA).

                    parlamento

                    Según los resultados del estudio “¿Está Chile dispuesto a sancionar el acoso callejero? Estudio de caracterización y opinión sobre el acoso sexual callejero y sus posibles sanciones”, realizado por OCAC Chile con apoyo de ONU Mujeres, el 84,2 % de las y los chilenos cree que las prácticas de acoso callejero deben ser sancionadas por la ley.

                    ¿Cómo se pretende sancionar los actos acoso callejero?

                    El proyecto se divide en cuatro ejes principales: define qué se entenderá como acoso sexual callejero, tipifica qué actos serán constitutivos de falta, incorpora en el Código Penal el delito de acoso sexual callejero y propone medidas alternativas con enfoque educativo. En forma paralela, OCAC Chile presentó al Ejecutivo un conjunto de recomendaciones para promover políticas públicas educativas y preventivas, y así no criminalizar meramente el problema.

                    Las sanciones van desde una multa de ½ UTM o disculpas públicas, en el caso del primer grupo de actos, hasta presidio menor en su grado mínimo (61 a 540 días) en el caso de las acciones de violencia sexual con contacto físico.

                    Según explicó Daniela Castillo, abogada del equipo jurídico de OCAC Chile, esta propuesta de ley es sólo una arista de lo que se quiere lograr desde el punto de vista legislativo, ya que  “nuestro quehacer no se agota en dictar una ley penal, porque al final del día lo que nos interesa no es sancionar a la gente, sino erradicar las conductas”

                    En la actualidad, en Chile no existe una ley que castigue los actos de acoso sexual callejero y esté destinada a proteger a las víctimas, sino que existe una ley de 1874 que apela a la defensa del pudor, la moral y las buenas costumbres.

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                      Chile está en deuda con la mitad de su población: con las mujeres y niñas víctimas de acoso sexual callejero. Y la deuda crece al sumar a los varones y LGBT que lo sufren. ¿Qué ha hecho nuestro país para contrarrestar este fenómeno? Poco o nada. Chile está en deuda, pero puede enmendar y aprender de las experiencias exitosas de otros países, que han decidido combatir el acoso callejero.

                      Tal es el caso de Bélgica, donde el acoso sexual callejero se visibilizó por del documental “Femme de la Rue” (Mujer de la calle), que mediante una cámara oculta mostró las diversas formas de acoso en las calles de Bruselas. Gracias al documental, se expuso en el tapete público una realidad que muchas mujeres belgas experimentaban a diario, lo que luego se materializó en la creación de una ley para combatir el acoso sexual callejero.

                       Específicamente, la ley belga contra el sexismo define el acoso callejero como cualquier acción o conducta que tenga el evidente propósito de expresar desprecio por un persona o considerarla inferior, a causa de su género, dañando su dignidad. Bélgica ya contaba con una ley para luchar contra la discriminación entre hombres y mujeres, pero en

                      palabras de la Ministra Federal de Igualdad de Oportunidades, Joanne Milquet, era necesaria “una gama de facultades mucho más amplias para poder enfrentar el acoso callejero”, por lo que la ley anti sexista apunta a complementar dicha normativa.

                      Asimismo, esta norma considera variedad de circunstancias: reuniones o lugares públicos, en un lugar no público, pero abierto a una cantidad de personas con derecho a reunirse allí; en cualquier lugar en presencia de la persona ofendida y delante de testigos; a través de documentos, impresos o no, ilustraciones o símbolos, que hayan sido distribuidos, vendidos, o expuestos públicamente, o a través de un escrito o documento no hecho público, pero enviado o comunicado a varias personas.

                      La preocupación por legislar no sólo ha surgido en Europa, sino también en Latinoamérica. Perú y Paraguay tienen proyectos de ley en tramitación, que abordan el acoso sexual callejero desde una perspectiva integral, apuntando a la participación de diversos ministerios, con el fin de prevenir este tipo de prácticas dentro de un contexto global de violencia contra la mujer.

                      Y mientras tanto, en Chile, la deuda persiste: nuestra única iniciativa legislativa relacionada al acoso sexual callejero es del año 2011, cuando un grupo transversal de diputados presentó un proyecto de ley que tipificaba el delito de acoso sexual en público. Sin embargo, este proyecto no avanzó en su tramitación legislativa y solo consideraba las situaciones de acoso sufridas por mujeres.

                      Así, la legislación chilena se queda corta a la hora de enfrentar el acoso sexual callejero y entregar respuestas a sus posibles víctimas. Y aunque el tema haya logrado posicionarse en la discusión pública, esto no se ha materializado en acciones concretas por parte de los legisladores, quedándonos relegados en comparación a la experiencia internacional.

                      Parte del trabajo de OCAC Chile es tomar medidas concretas para combatir el acoso callejero, siendo una de ellas la creación de un proyecto de ley con un enfoque comprehensivo. Como Observatorio, consideramos necesaria la tipificación de esta conducta, un paso necesario para enfrentar de manera real las prácticas de acoso y abuso sexual callejero. Sólo así comenzaremos a saldar esta deuda con quienes sufren sistemáticamente esta violencia sexual.

                      *Columna de Constanza Parada, publicada originalmente en El Quinto Poder