llorar

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    Esto me pasó como a los 19 o 20 años. Hoy tengo 25, pero aún no se me ha quitado el miedo a andar sola de noche. Eran como las 22:30 hrs. y yo iba llegando a mi casa, luego de haberme quedado hasta tarde en la universidad haciendo un trabajo. Bajé de la micro, que me dejaba a una cuadra de mi casa, y me dispuse a caminar. Siempre mis papás se quejaban de que esa calle era demasiado oscura, pero según yo eran exagerados. A medio camino más o menos alguien me abrazó fuerte por la espalda. Justo había terminado un pololeo largo hacía poco y por un instante pensé que mi ex me estaba esperando para pedirme volver o algo así, pero ahí me di cuenta de que más que abrazarme, me querían inmovilizar. Cuando me tenía completamente inmovilizada, con fuerza, el tipo me metió una mano por debajo de la parka (era invierno y andaba muy abrigada) y me levantó del agarrón que me dio en el trasero y en la vagina. Afortunadamente atiné a gritar y el tipo salió corriendo. Le grité un millón de cosas hasta que lo perdí de vista. Me fui corriendo a mi casa muerta de miedo y más encima con la entrepierna súper adolorida. Nadie salió a mirar qué pasaba. Llegué a mi casa en estado de shock, llorando en silencio. Fue difícil contarlo, porque había visitas en la casa, y por alguna razón me daba vergüenza que ellos escucharan, pero mi papá me abrazó, me terminé de quebrar y les conté todo. Mi papá salió con sus amigos a buscar al tipo, pero no lo encontraron. Desde entonces, cada vez que llegaba a mi casa después de las siete de la tarde, alguien me iba a buscar al paradero, aunque fuera solamente una cuadra, y eso se mantuvo hasta que me fui de la casa de mis papás. Hoy han pasado varios años, pero me sigue atemorizando caminar sola de noche, muchas veces termino llamando a mi pareja para que me vaya a buscar al metro o derechamente tomo un taxi.

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      Tengo 13 años y hace algún tiempo me cambié de casa por el liceo. Debido a que cerca de mi hogar había una librería, fui a comprar un libro para entretenerme en las vacaciones. Mientras rondaba por el lugar, un hombre (de unos 45 años aprox.) me preguntaba cosas sobre qué libros necesitaba (él no trabajaba allí) y como aquel lugar era grande, me lo encontraba muy seguido. Cuando terminé de comprar mis libros, me devolví a mi casa y sentí que alguien me habló, era aquel hombre. Me dijo que yo era bien natural y bonita, y yo no le respondí, y me empezó a preguntar qué carrera estudiaba, que libros quería, incluso me habló sobre ir JUNTOS a una obra de teatro en “x” lugar. Al decirle que ya me iba a mi casa (un condominio, donde él ya no podía entrar), puso su mejilla en la mía y se despidió de lo más normal (en ese momento me dio asco). Si, es cierto que no me tocó, pero me sentí demasiado incómoda, y de cierta forma, vulnerable. Ese día (que era martes; hace muy poco) llegué a mi casa muy asustada y como estaba sola me asusté más y no paré de llorar en todo el día, me sentí con mucho miedo.
      Ahora salgo a la calle con el temor de encontrármelo o encontrar a otros hombres que hagan lo mismo.

      Al día siguiente, salí para juntarme con mi mamá en el centro para sacarme una foto del carnet y un hombre me silbó en la calle. Estoy realmente harta de esta situación. Yo soy una fanática de usar shorts y ahora salgo con miedo de usarlos ¿Cómo es posible que haya gente que no respeta a las mujeres?

      Sé que soy muy pequeña, pero tengo el derecho para decir esto:
      ES MÍ CUERPO; YO DOY PERMISO PARA QUE LO TOQUE QUIEN YO QUIERA, NO SOY UN JUGUETE O UN ANIMAL PARA QUE ME SILBEN EN LA CALLE O ME TOQUEN. NADIE TIENE EL DERECHO DE TOCAR UN CUERPO AJENO SI OTRO/A NO SE LO PERMITE; YO NO TENGO DUEÑO ADEMÁS DE MÍ MISMA. YO SERÉ LA QUE TE PERMITA TOCAR MI CUERPO O NO, RESPETA A LAS MUJERES.

      Un saludo a las mujeres de mi edad, más chiquitas o más grandes. Yo doy mi testimonio porque estoy harta de ir a cualquier lugar público con el miedo a que un idiota me toque o diga cualquier comentario sobre mí o mi cuerpo que me incomode.

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        Eran los primeros días de primavera, estaba en octavo básico, acababa de cumplir 13 años. Siempre, toda la vida, había usado el jumper ancho hasta la rodilla, porque mi mamá me repetía siempre que era mejor así para no llamar la atención de nadie. Pero ese año, como cualquier adolescente, quería sentirme bonita, le rogué por varias semanas a mi mamá que me permitiera ajustar el jumper -que era dos tallas más grande- y me dejara hacerle basta unos seis dedos por encima de la rodilla, como lo usaban el resto de mis compañeras. Luego de muchas vacilaciones, mi madre aceptó.

        Ese día, iba al colegio sola con mi hermana de nueve años. Como todos los días, era el primer día que fui al colegio feliz con mi nuevo jumper. De pronto, por el camino, veo a lo lejos unas mas allá antes veo un tipo desconocido que mira insistentemente hacia nosotras. Me siento un poco asustada, pero tras verlo desaparecer, me tranquilizo y sigo avanzando.

        Unos cinco minutos más tarde, el tipo aparece tras nosotras y me mete su mano por debajo del jumper. Pensé lo peor, estaba tan asustada que solo atiné a pedirle a mi hermana que corriera hasta el colegio. Fue lo ultimo que alcancé a decir, antes de que mi voz se paralizara sin poder articular otra palabra. Producto del impacto, también se me nubló la vista y al voltearme sólo pude ver una silueta gris de un hombre de unos 30 años que me observaba sonriente mientras yo lloraba paralizada. Luego de unos minutos, corrió victorioso. Llegué al colegio llorando, los inspectores llamaron a mi mamá, quien vino a retirarme y me llevó a la casa, me acogió y contuvo por supuesto, pero también me dijo: “viste, te dije que no arreglaras el jumper”.

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          Soy una joven de 18 años. Cuando iba destino a mi trabajo, la micro iba demasiado llena. Al lado mío se encontraba un hombre metalero que, al verlo, me dio mala espina. Yo iba con vestido, cosa que nunca me pongo. Era la primera vez que lo usaba. El tipo iba muy pegado a mí, lo empujaba con mi codo para que no estuviera cerca mío. Cuando me iba a bajar, el hueón degenerado me tocó mi parte íntima. Lo único que atiné fue a putiarlo. ¡Había tanta gente y ninguna persona pudo ayudarme! Desde ese día que ya no me atrevo a ponerme un vestido.

          Llegué llorando a mi trabajo, ¡me sentía sucia! Qué chucha tienen los minos en la cabeza. Hasta dónde llegará la morbosidad y depravación.

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            Hace unos años, volvía a mi casa en bicicleta, era pleno día de verano. Iba feliz pedaleando. Entré por unas calles menos transitadas y me di cuenta de que un motociclista venía detras mío. No le di importancia, supuse que me iba a adelantar. Pero no. Se acercó a mí y -sorprendentemente hábil- pasó su mano por mi pecho, dándome un agarrón. Luego siguió de largo como si fuese algo muy natural para él. Sólo atiné a gritarle todo lo que se me vino a la mente.

            Aunque nunca dejé de pedalear, me sentía congelada. Totalmente asustada. Traté de llegar lo más rápido a mi casa y recién ahí pude llorar un poco. No salí de mi casa en dos días. Estaba muy asustada,
            pero por sobre todo con una rabia inmensa, una impotencia. ¡¡Cómo era posible que un desconocido se tomara ese tipo de licencias con mi cuerpo!! Hasta hoy recuerdo el evento como si fuera ayer y me sigue dando mucha rabia.

             

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