manoseo

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    No recuerdo del todo mi edad, solo que estaba en La Serena. Mis hormonas estaban en apogeo y algunos cambios físicos comenzaban a notarse. Como soy gordita, mis senos crecieron antes y más rápido que los de las niñas de mi edad. Yo tenía muy claro por qué esto pasaba, así que sólo me preocupaba por no golpearlos, porque eran demasiado sensibles.

    Un día caluroso, salí con mi tía a la playa. Era una zona ideal para la gente que tenía niños, porque casi no había olas y por eso había mucha gente. Me metí al mar con una amiga del día, típico de los niños que hacíamos amistad fácilmente. Jugábamos en el agua compitiendo quién duraba más flotando. Ella se reía de un hombre de edad avanzada que nos miraba, “rascándose” sobre sus intimidades. A mí me dio  asco, sabia más que mi amiga respecto al tema. Ella se despidió y no volví a verla.

    Seguí en el agua otros minutos, hasta que oí una voz llamándome. Era mi tía. Se hacía tarde. Tranquilamente, me abrí paso entre los niños y adultos que había. Una mano casi estrujó mi seno derecho. Sabía que no debía quedarme callada y empecé a gritarle al hombre, que era el mismo que nos había estado mirando. Gracias a Dios mi tía me apoyó en presentar una denuncia. Gran sorpresa me llevé al enterarme tiempo después de que no fui la primera niña que tocó, ni la última.

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      El viernes pasado salí como a las diez de la noche a tomarme una cerveza con un amigo y a pasear a mi perro. Cerca de la casa. Mientras conversábamos sentados en el pasto, veo que a menos de una cuadra se acercan tres hombres rápidamente. En seguida supe que era un asalto, ya me ha sucedido antes. Nos preguntaron si conocíamos a una Melani, a lo que respondí por si acaso, ya resignada, a ver si salvaba un poco la situación, cosa que por supuesto no sucedió. Todos sacan pistolas de su pantalón y nos revisan.  Como éramos dos y ellos tres, cada cual tenía a su asaltante personal. El mío era el más grande. Me revisa la chaqueta y me pregunta si tengo dinero, yo sólo tenía mi celular antiguo y malo. Cuando se da cuenta de que no tengo dinero en los bolsillos, me dice: “tranquilita, que te puede llegar un balazo. A ver acá”, bajándome el chaleco, revisándome el sostén y toqueteándome los senos. No pude hacer nada con una pistola en mi cabeza, sólo pedir al universo que no siguiese en otro lugar. Cuando acabó y nos quitaron todo, se fueron corriendo hasta una camioneta estacionada un poco más allá.

      Me fui a mi casa y a la mañana siguiente hice la denuncia en carabineros, le dije al policía que  tal vez tendría que hacer dos, una por robo y otra por abuso sexual, ya que por supuesto me sentía abusada. Él me respondió que como su objetivo principal era robarme y no abusar, que al robar se aprovechó de algo más, sólo quedaba como robo y no se puede hacer nada más. Entonces, realmente, eso para la ley no es abuso. Le dije, no entiendo.

      ¿Es una tocación pequeñita? ¿Es robo con una manoseá leve? Qué mierda es eso. Qué es eso que sucede todos los días y, a veces, de forma peor. Qué es, entonces, esto que pasa, estos HECHOS que podemos ver relatados aquí en paginas como ésta. Qué es, qué es, qué es.

      Le conté a mi mamá y me retó. Le conté a mi papá y me retó más. Dijo que me pasó por “exponerme”. Entonces, ¿no puedo pasear a mi perro de noche? Y ni tan de noche era. ¿No me merezco libertad de andar sola porque sencillamente me gusta? ¿Sólo porque ser mujer me ando exponiendo? En este país, lo que me pasó no es abuso. La mentalidad no cambia mucho.

      Quiero libertad y juro que trabajo día a día para que esto cambie. Aunque ocurran asuntos desmotivantes como éste. Agradezco, con toda mi alma, páginas de trabajo feministas y/o contra el acoso, como ésta.

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        Soy una joven de 18 años. Cuando iba destino a mi trabajo, la micro iba demasiado llena. Al lado mío se encontraba un hombre metalero que, al verlo, me dio mala espina. Yo iba con vestido, cosa que nunca me pongo. Era la primera vez que lo usaba. El tipo iba muy pegado a mí, lo empujaba con mi codo para que no estuviera cerca mío. Cuando me iba a bajar, el hueón degenerado me tocó mi parte íntima. Lo único que atiné fue a putiarlo. ¡Había tanta gente y ninguna persona pudo ayudarme! Desde ese día que ya no me atrevo a ponerme un vestido.

        Llegué llorando a mi trabajo, ¡me sentía sucia! Qué chucha tienen los minos en la cabeza. Hasta dónde llegará la morbosidad y depravación.

        Si quieres enviarnos tu testimonio, puedes hacerlo aquí.