martubación

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    Cuando estaba en la enseñanza media, el liceo me quedaba muy lejos. Yo vivo en Maipú y tenía que ir hasta Providencia para estudiar, así que siempre debía tomar micro. Un día, cuando tenía dieciséis años, venía caminando desde el paradero de la micro a mi casa (aproximadamente dos cuadras) y un tipo en bicicleta comenzó a pedalear lentamente a mi lado, siguiéndome.

    No me decía nada, pero yo sabía que me estaba mirando las piernas y el trasero, podía ver la lujuria en sus ojos. Aunque yo tampoco entendía por qué me miraba tanto si yo andaba con un jumper que no era corto; con los años aprendí que eso daba igual. Cuando faltaba muy poco para llegar a mi casa, vi al tipo adelantarme y meterse a mi pasaje, como si supiera que yo vivía ahí.

    Cuando yo entré al pasaje, él estaba justo afuera de mi casa, masturbándose. A esa hora mi casa estaba vacía, así que por ningún motivo pensé en entrar. Seguí caminando sin mirarlo y me fui a la casa de una vecina, en shock. Al entrar rompí en llanto y la abracé.

    Nunca me había sentido tan vulnerable en mi vida, me sentía solamente un objeto de diversión del tipo, como si él tuviera un gran poder sobre mí para hacer lo que quisiera. Llamé a mis padres y quedé en esperar a que llegaran donde mi vecina.

    El año pasado, ya siendo universitaria, me fui en la mañana a la universidad, pero en el camino comencé a sentirme muy enferma, así que me bajé en la Plaza de Maipú y tomé una micro de vuelta a mi casa. Al caminar, vi a un tipo extraño que caminaba muy cerca mío, pero como habían más personas no me preocupé, ya que el tipo me adelantó y le perdí el rastro. O eso yo creía.

    Al entrar a mi pasaje él estaba parado en la esquina con el pasaje adyacente, yo venía con unas ganas de vomitar increíbles y tenía las llaves en la mano, así que decidí entrar a mi casa lo más rápido posible gritando “mamá, mamá”, sólo para que él creyera que mi familia estaba en la casa. Cuando cerré la reja él comenzó a acercarse y pude ver su cara.

    Todos los recuerdos volvieron a mí: era el mismo tipo que vi masturbándose en mi adolescencia. Entré y llamé a mi pololo llorando, él dijo que si lo veía lo mataba y cosas así. Después estuve todo el día pensando en ello, sintiéndome vulnerable otra vez. ¿Y si él entraba a mi casa? ¿Y si me violaba adentro?. Es la peor sensación del mundo porque no era un tipo cualquiera, era el mismo que ya me había acosado antes.

    Me preocupa que cosas así pasen, vivo cerca de colegios y veo todos los días niñas pequeñas hacer el mismo recorrido que yo. No denuncié en su momento porque no tenía un nombre, sólo tenía un rostro clavado en mi mente. Al día de hoy no lo he vuelto a ver, pero siempre que camino de la micro a mi casa siento terror de encontrarlo.