nerviosa

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    Un día cuando me disponía a ir a clases particulares, un hombre de 18 años más o menos empezó a seguirme. Yo aceleré el paso, ya que nunca había sufrido acoso ni nada similar. Cuando ya estaba en la puerta del establecimiento, me percaté que el tipo se había quedado un poco atrás, pero sentí que iba a venir hacia mí. Me puse tan nerviosa, que empecé a tocar la puerta para que alguien me abriera; cuando por fin lo hicieron, él me dijo a escasos pasos: “Pero no se me esconda mamita”. El acosador se rió y no dejó de mirarme hasta que entré.

    Nunca había sentido tanto miedo. Algunas veces cuando voy sola, me acuerdo de esto y pienso en qué habría pasado si nadie hubiera abierto la puerta.

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      Les envío mi experiencia personal, para mí es muy complejo compartirla, pero a la vez importante, pues no sólo me sentí pasada a llevar, sino que también me sentí decepcionada ante la nula respuesta de quienes se encontraban a mi alrededor.

      Actualmente tengo 18 años, pero a pesar de ello he vivido varias malas experiencias en la calle, especialmente desde los 13 años, transformándose en una constante vivencia al andar por la vía pública. La más traumática de ellas, y la primera que recuerdo, fue cuando tenía 13 años. Estaba en primero medio, eran las 12 del día e iba camino al liceo en un trayecto que duraba aproximadamente 40 minutos, cuando un tipo de unos 50 años se sentó en el asiento de al lado, comenzó a mirarme fijamente (lo cual me intimidó mucho) y posteriormente sacó su pene y se comenzó a masturbar. Me urgí mucho y comencé a mirar para todos lados, en busca de algún adulto para que parara tal situación, pero nadie me ayudó, todos miraron hacia otro lado y él continuó hasta que finalmente eyaculó, guardó su pene y se levantó tranquilamente de su asiento. Se bajó de la micro y yo no aguanté más y llegué llorando al liceo. Fueron cerca de 15 minutos de trayecto que nunca he logrado olvidar, aunque no me tocó ni hubo contacto físico, me desesperé y sentí confundida y muy nerviosa, no lograba entender mucho lo que sucedía. A diferencia de otras, a los 13 años yo era aún muy niña, siempre pienso que me habría gustado que alguien interviniera.