Niñas

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    Las clases serán en línea y completamente gratuitas.

    Con la intención de aumentar los conocimientos de niñas y niñes en materia de igualdad de género y sobre sus derechos desde una perspectiva transversal en la materia, OCAC dará inicio a su programa de “Empoderamiento para Niñas y Niñes”, con su primer curso online: “Feminismos para Niñas y Niñes”.

    Los módulos, totalmente gratuitos, están dirigidos para niñas/es entre 10 y 12 años, y se desarrollarán durante los tres primeros sábados del mes de julio (4, 11 y 18), a través de la plataforma Zoom con una duración de 45 minutos cada uno.

    Excepcionalmente, para el sábado 4 de julio, se contempla una sesión introductoria con las y/o los adultos responsables de las/es niñas/es, con el objetivo de explicar la metodología de trabajo y resolver las dudas que pudiesen tener.

    María José Guerrero, Directora Ejecutiva de OCAC Chile, destacó que el programa se enfoca en tres grandes áreas, que tienen relación con el derribamiento de los estereotipos de género, la erradicación del lenguaje sexista y una aproximación a la práctica del acoso sexual callejero.

    “Este programa nos tiene bastante contentas, porque creemos que es importante trabajar con niñas y niñes como agentes de cambios. Es fundamental que ellas y elles puedan contribuir a modificar el sistema sexo/género a través de sus propios lenguajes, a través de cuestionar sus propios juegos y de poner en duda los estereotipos de género. Asimismo, es fundamental que niñas y niñes tengan acceso a las herramientas para poder realizar estos cuestionamientos en un ambiente seguro y sano”, precisó María José Guerrero.

    Información del curso

    Relatora: Claudia Vázquez

    Sábado 4 de julio:
    – 15:30 a 16:00: Sesión introductoria con adultas/os responsables de las y les niñes.
    – 16:00 a 16:45: Sesión 1

    Sábado 11 de julio:
    -16:00 a 16:45: Sesión 2

    Sábado 18 de julio:
    -16:00 a 16:45: Sesión 3

    ¡A inscribirse!

    Muy sencillo. Debes llenar y enviar este formulario y en seguida te enviaremos un correo con la confirmación, además de un link con un consentimiento informado para la/el adulta/o responsable de la niña/e.

    Se otorgará un certificado de participación a todas/es quienes asistan a las 3 sesiones. Se requiere 1 hoja y lápiz para actividad final de cada sesión y tener acceso a Zoom.

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      Tras un año de desafíos y logros, la organización logró evidenciar el acoso callejero como una forma de violencia, generar alianzas con otras organizaciones del sector civil y de gobierno y participar del Plan Piloto en contra del acoso callejero en el Transmetro.

      Guatemala es un país pequeño, posee un territorio de 108,889 km2 en el que viven aproximadamente 15 millones de habitantes que día a día se enfrentan a diversas problemáticas, entre ellas, el acoso sexual callejero. Una situación que, al igual que en Chile, por mucho tiempo permaneció normalizada e invisibilizada.

      Hace un año, sin embargo, un grupo de valientes mujeres guatemaltecas decidieron dar un alto a esta situación. Se trata de Lidia, Cristina, Pili, Lu y Desirée, quienes indignadas con la noticia de tres mujeres que decidieron tirarse de un puente, tras ser acosadas por un grupo de hombres de que amenazaban con violarlas; se unieron para crear una organización feminista que lucha contra el acoso sexual callejero.

      “Las hermanas Shirley Madiel y Ángela María Hernández García de 15 y 19 años, junto a su tía, Darlyn Ramos García, de 27, salieron a trotar ayer por la mañana cuando cuatro hombres empezaron a perseguirlas y les gritaban que las iban a violar, por lo que decidieron tirarse del puente de Santa Marta, ubicado al final de la colonia Jocotales. Los gritos desesperados pidiendo auxilio que dieron las mujeres alertaron a los lugareños, quienes salieron a ver qué ocurría y fueron testigos de la decisión de las jóvenes, la que afortunadamente no tuvo un desenlace mortal”, publicó Siglo 21, el 6 de julio de 2015.

      Inicios

      Como en Guatemala no existía una institución u organismo que trabajara el acoso callejero, es que estas cuatro mujeres buscaron apoyo en otros países de Latinoamérica. Es así como encuentran en Chile el Observatorio contra el Acoso Callejero (OCAC), organización feminista que lucha por erradicar el acoso sexual en los espacios públicos y semipúblicos, y deciden ponerse en contacto para replicar la experiencia.

      Con el apoyo de OCAC Chile, estas mujeres dan comienzo un nodo del Observatorio en Guatemala, estableciendo una colectiva de trabajo y dos objetivos estratégicos para enfocar sus esfuerzos durante su primer año. El primero, visibilizar el acoso callejero como un tipo de violencia y un problema a resolver, tomando en cuenta a todos los sectores de la sociedad (civil, estatal, educativo, universitario, comunitario). El segundo, arrancar un estudio en el cual se determinaran las principales características de esta forma de violencia para luego emprender acciones puntuales junto a otras organizaciones y la sociedad civil.

      Logros

      Tras un año arduo de trabajo, OCAC Guatemala logró evidenciar el acoso callejero como una forma de violencia, generó alianzas con otras organizaciones del sector civil y de gobierno, participaron del Plan Piloto en contra del acoso callejero en el Transmetro; y realizaron diversos talleres a la comunidad sobre violencia de género.

      Junto con ello, iniciaron un mapeo del acoso callejero con la finalidad de identificar la magnitud el problema, que arrojó 260 incidentes de acoso callejero de abril a noviembre 2016. De ellos, el 58,8% ocurre en calles y avenidas y el 13,5% en el transporte público. Asimismo, se reportó que el 93,8% de los perpetradores de acoso sexual fueron hombres.

      Desafíos

      Luego de un primer año lleno de trabajo y logros, OCAC Guatemala se prepara para enfrentar nuevos desafíos y manifiesta que para prevenir el acoso callejero y transformar la cultura que lo normaliza, la sociedad civil junto a las instituciones y organizaciones que representan al Estado de Guatemala serán claves. Es por ello que en 2017 las acciones de la organización se enfocarán en acompañar procesos de formación que permitan a niñas, niños y jóvenes, la reflexión acerca de su autonomía en los espacios públicos, de tal manera que sea posible la construcción participativa de nuevas formas de interacción ciudadana en los espacios públicos con base al respeto y la NoViolencia.

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        Por Joaquín Satibáñez Padilla

        La violencia infantilizada y normalizada del piropo debe ser respondida con educación y agresividad.

        Un piropo no es un halago, es una forma de pretender “poseer” a una mujer: “tomar” su cuerpo y mantenerlas en un estado de falsa sumisión, desventaja y sujeta a cánones sexistas de belleza.

        Detrás de este gesto, no hay selección: niñas y jóvenes crecen oprimidas, entendiendo que son objeto y sujeto de deseo. Culpables de ser abusadas y violadas.

        El piropo y las otras formas de violencia hacia la mujer (entre las cuales podemos mencionar las de carácter laboral, educacional, obstétrica, económica, por mencionar sólo algunas), se erradican con violencia: hacia el hombre y a la mujer, que pretendan reproducir esta “tradición”. Hacia el Estado, sus órganos e instituciones, que mantienen en un constante desamparo a la mujer. En contra de los medios de comunicación, programas de televisión, publicidad que cosifiquen a la mujer, que la vulgaricen y, finalmente, hacia todo aquello que las despoje de poder.

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        Se erradica, también, pero más lentamente (demorando un par de generaciones, tal vez), a través de la educación, en la cual madres y padres, en primera instancia, somos responsables en detener esta violencia. Niñas y niños deben crecer en las mismas condiciones. Los otros espacios de socialización, especialmente el colegio, deben incorporar un discurso y práctica cada vez más cercana a la educación en torno al género, al respeto hacia la mujer quien, lamentablemente, pertenece al grupo social que en este momento se encuentra mayormente vulnerable en nuestra sociedad.

        Al hablar de este tema, pienso en estos dos caminos, los cuales deben comenzar desde ya. Aprovechar que se está haciendo ruido, que los más conservadores se sacan las máscaras y cuestionan esta clase de trabajos u opiniones, junto con esto llegan más agresiones que pretenden invalidar e invisibilizar las terribles experiencias que, valientemente, han compartido con nosotros muchas mujeres a través de los testimonios que se han publicado. Las agresiones, probablemente seguirán; sin embargo, lo importante es que el tema ya está instalado.

        No quiero que violenten a mi hija, ni a mi compañera, ni a mi madre ni a mis hermanas. No les inculcaré, ni reproduciré, el temor al cual están expuestas.

        Es por esto que yo -hombre-, NO ME SUMO a la violencia histórica contra la mujer. Y con ello pretendo, al interior de mi círculo social (particularmente espacios con hombres) sin temor a ser ridiculizado, poner el tema; evidenciar la violencia; criticar a quien la defienda; frenar a quien violente.