observatorio contra el acoso callejero chile

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    Era una tarde cualquiera, yo iba caminando por una de las calles más transitadas de Antofagasta, hacia el dentista. Sentía las miradas babosas de algunos hombres, pero las ignoraba porque no sabía qué hacer, así que seguí caminando. Luego de un rato, pasó al lado mío un hombre de treinta y tantos años y se atrevió a tocar uno de mis senos y decirme: “me lo comería todito, mi amor”. Quedé en shock, me di la vuelta y por un rato me quedé ahí mirando cómo se alejaba como si nada hubiese hecho, como si no acabase de tocarme, de agredirme y de humillarme. Comencé a maldecir hasta a mi genética por tener muchas curvas y entre esos pensamientos, se me cruzó el “no es tu culpa”. Me decidí y comencé a correr detrás del tipo, estaba esperando el semáforo como dos cuadras más allá y yo no me iba a quedar de brazos cruzados. Corrí y cuando lo tuve al lado mío, me miró y me dijo: “ah, te quedé gustando”. Me enojé y le pegué con el codo en todo lo que se llama cara. “¡Maraca de mierda, puta, zorra” y otros garabatos me siguió gritando mientras le sangraba la nariz y yo me alejaba de su lado.

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      Esto pasó en invierno. Hacía mucho frío y yo andaba demasiado abrigada. Me dirigía a mi casa, luego de salir temprano de la universidad como a las 11 y tanto de la mañana. Tomé la micro I09 en dirección a Maipú. Iba muy poca gente, así que me senté junto a la ventana para irme durmiendo en el camino.

      De repente comencé a sentir como unas cosquillas en mi espalda, pensé que podía ser la etiqueta de la camisa. Pasó un rato y en eso siento un agarrón cuático en mi guata. Me doy vuelta y veo un viejo con cara de excitado, un viejo de unos 60 años. “Conchesumadre…” pensé. Me paré rápido y veo que el viejo se estaba masturbando. Salí corriendo para delante de la micro. Quedé en shock, sólo atiné a sentarme al lado de una señora. Me sentí pésimo, un nervio cuático indescriptible, un hormigueo por todo el cuerpo. Me sentía paralizada. El viejo luego se bajó de la micro.

      La verdad, yo siempre me defendía. Soy de las que le responde a los hombres asquerosos que me gritan cosas en la calle y los enfrento. Siempre decía que si alguien me toca, le saco la cresta. Pero jamás me habían vulnerado de esa manera. Realmente, no supe qué hacer, no hice nada. Es cuático, una se siente sucia y queda temerosa de andar sola.

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        Me acaba de pasar algo terrible. Todas hemos pasado por el acoso callejero, pero este hueón me dejó mal. Estaba entrando a Dimeiggs, y como en esa tienda te ponen seguridad hasta por si acaso, preferí preguntar si vendían de los vasos que andaba buscando. Eran dos guardias: uno abuelito y muy amable, y un loco joven con pocas cejas. El segundo, comenzó tratándome de “mi reina”, “washita linda”, “washita rica”, etc. Luego me dijo que no sabía si había lo que necesitaba, así que le respondí que pusiera la seguridad a mi bolso. Andaba de cartera y cada cinta que le ponía, venía una cosa cerda que me decía al oído, como “en un ratito te voy a hacer de todo, washita”. Además, me rosaba el pecho con su mano. Quedé mal, helada, no supe qué decir, sentí impotencia. Me dije: “yo que tengo una facilidad para tirar chuchás y no salió ni una sola”. Avancé medio pasillo y colapsé.

        Salí de la tienda, entré por la otra puerta y le comenté al caballero que estaba con otro guardia en el mesón. Salí porque no quería verlo. Lloré. Dos tipos que entregaban panfletos me preguntaron qué me pasaba. Se acercó una señora y me separó de ellos, porque desconfió. Igual sentí que se aprovechaban de que estaba llorando y pensé que quizás me podían asaltar o no sé; ya no sabía qué pensar. La señora me agarró del brazo y me llevó al retén de Carabineros y me dije “por la chucha, lo único que faltaba”. Hablamos con los pacos, me calmaron y fueron a buscar al loco. Él se defendió diciendo: “yo nunca le falté el respeto ni la traté con garabatos ni nada. Yo tengo señora, tai súper mal, flaca”. A todo esto, la señora me dijo que este tipo igual la trató de “cosita rica”.

        Cuando lo vi y escuché, me sentí peor. Me dijo cosas como: “ni que te hubiera violado que le poní tanto color”. Le dije a los pacos que no lo quería ver, salí por otro lado del retén y quedaron de hablar con su jefe para que lo despidiera.

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          Salí de la estación de Metro Príncipe de Gales y un tipo me siguió, me puso un arma en la cabeza e intentó llevarme al canal que pasa por Tobalaba. Hice la denuncia en Puente Alto ya que Carabineros nunca acudió a la estación de Metro. Se demoraron demasiado y como era de noche, decidí irme. Entregué una descripción del sujeto. Tengo miedo ya que el sujeto se quedó con mi celular. Al no querer bajar con él, me obligó a desbloquear mi celular y entregárselo, luego de eso salió corriendo. Se quedó con todos mis datos y desde esa fecha me están acosando por todas las vías existentes

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            Mi vecino, a quien sólo conozco de vista, me saludó y me pidió que le diera un beso en la boca. Me negué y me dijo que por último le diera un beso en la cara. Le dije que parara de molestarme y seguí caminando (casi corriendo). Empezó a gritarme que me quería mucho, que le alegraba el día cuando me veía y que esperaba verme todos los días.

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              Tenía 16 años, era muy delgada y no atraía a mucha gente. Mis amigas ya tenían pololos y yo ni siquiera había dado un beso. Sufría acoso escolar por parte de mis compañeras ya que tenía una apariencia poco habitual, me sentía muy insegura. Un día, una amiga me dijo que para llamar la atención debía ajustar mi jumper. Al principio me pareció mal, pero sentía que quería encajar. Fuimos a la casa de su tía y esta me lo dejó corto y apretado. El primer día salí a la calle y recibí toda aquella atención que nunca había tenido. Llamé la atención de un tipo y quiso salir conmigo, insistía en tocarme la cintura o decirme cosas como que estaba rica. Me sentía muy mal, pero sentía que debía encajar.

              A medida que pasaban los días, comencé a sentir los ojos amenazantes de muchos hombres, algunos de la edad de mi papá. Eso me volviós insegura y aún más tímida. Me volví muy torpe y comencé a taparme nuevamente con kilos de ropa. Estuve años atrapada en mis pensamientos de lo que era correcto llevar o no. Si la ropa realmente te hacía ver atractiva, si estaba bien escuchar “halagos” de esa índole tan… inadecuados.

              Hoy soy una persona segura que incluso defiende a niñas que están siendo acosadas a vista y paciencia de otros adultos, quienes se sienten con la obligación de decirte algo desagradable. Entendí y viví, esta experiencia y creo que me hizo ser la persona que soy.

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                En la micro que tomo a diario de regreso a casa, se sube un hombre de edad avanzada. Este tipo se masturba y al parecer nadie se da cuenta, o al igual que yo lo hacen pero no quieren tener problemas. Varias veces lo vi haciendo cosas raras con las manos, pero por lo general se coloca algo en su regazo para taparse. Sin embargo, ayer fue mucho más descarado, pero me dio miedo grabarlo o encararlo, porque sentí que nadie me iba a apoyar.  Ahora me siento culpable por no actuar, pero de verdad en ese momento sentí que si hacía algo no iba a pasar nada y que el tipo volvería a masturbarse en la micro que, por cierto, debo tomar todos los días. Lamentablemente, no he podido contarle a mis cercanos.

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                  Debido a que no me gusta estar encerrada, suelo salir harto. Supongo que eso aumenta mis probabilidades, tal vez sólo es mala suerte, o simplemente las calles están llenas de acosadores, o todas las anteriores. Estas son mis experiencias:

                  La primera vez que me acosaron era súper chica, iba como en séptimo básico. Estaba con ropa de colegio junto a mis amigos jugando videojuegos adentro de un supermercado, cuando vino un tipo y me tocó una pierna. Yo grité y les dije a mis amigos y uno de ellos salió persiguiendo al tipo en cuestión. Yo fui donde un guardia y este me dijo: “¡Déjelo!, que no le pegue su amigo porque él es enfermito y viene siempre para acá y hace esas cosas”. Quedé impactada al saber que lo dejaban hacer esas cosas con tranquilidad a cabras chicas de colegio y quién sabe a cuántas más. Me enojé muchísimo y quise insultar al guardia. Ahí aprendí que tienes que defenderte solita y defender a las demás.

                  En otra ocasión, ya más grande, yo estaba sentada en la micro al lado de la ventana y un viejo se sentó junto a mí como cualquier persona no más. Yo iba con el bolso sobre las piernas y de un momento a otro sentí algo extraño en mi cadera, levanté mi bolso y era la mano de este viejo que iba en dirección a mi entrepierna. Le pegué en el brazo, lo empujé, me senté más atrás y le grité como pude porque no me salía la voz, le dije: “¡Viejo degenera’o!”. Algunas personas se dieron cuenta, pero él ni se inmutó. Se bajó cuatro paraderos más adelante, justo en el que me tenía que bajar yo, así que preferí bajarme después y darme una vuelta gigante por otras calles. Me arruinó el día, tenía demasiada rabia por lo ocurrido, por no haber actuado diferente y haber hecho algo más.

                  En otra, yo iba en el Metro cuando un viejo me tocó el trasero, lo agarré del brazo, lo miré a los ojos y le dije: “Cuidadito con las manos hueón” y le enterré las uñas unos buenos segundos. Sonó la puerta y se bajó corriendo. Una señora me felicitó.

                  Una vez vi a un viejo que iba punteando a una niña como de 14 años y le dije: “¡Oye!, córrete de atrás de la niña, la micro tiene harto espacio pa’ atrás”. El viejo se desfiguró entero y se fue calladito. La cabra no entendiendo nada, se avergonzó.

                  También me ha tocado escuchar a viejos que le gritan a escolares y yo les grito de vuelta o me voy caminando al lado de ellas cuando es de noche. Es raro y es lindo eso. En las micros las mujeres nos sentamos con las mujeres y en las calles oscuras y paraderos también se forman silenciosos grupos de mujeres que se acompañan porque, de una manera u otra, todas sabemos que es difícil y peligroso. Además, si algo pasa, solo otra mujer te puede entender y ayudar.

                  Es súper estresante caminar por la calle, sobretodo en Santiago (en otra región me relajo un poco). Yo defiendo mi espacio con uñas y dientes. Si un tipo se me pone muy cerca me corro, lo alejo o lo encaro.

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                    Es verdad que siendo mujer eres acosada y discriminada diariamente, aun más cuando eres lesbiana. Mi pareja, con la que estoy en una relación hace ya dos años, y yo tenemos una opinión muy negativa respecto de cómo son vistas las relaciones lésbicas en Chile. Casi nunca nos tratan de forma normal, como quisiéramos que nos tratase, solo es un gusto distinto y ya. Sin embargo, la gente es cruel y juzga todo desde su punto de vista, en cómo se debería vivir para ser “normal” porque de lo contrario eres rechazada por la mayoría de las personas.

                    Debido a la relación que tenemos, hemos sufrido la discriminación incluso por parte de nuestras familias que no nos aceptan. La familia de mi pareja no me deja entrar a su casa y me trata de lo peor. También nos ha pasado en lugares públicos; recuerdo una vez que estábamos en Santa Lucia, me recosté en el pasto con mi pareja y un tipo empezó a mirarnos, a hacer gestos vulgares, sonidos e intimidaciones acercándose mucho a nosotras.

                    También fuimos discriminadas en una entrevista de trabajo. Con el fin de cuidarnos la una a la otra decidimos trabajar juntas para darnos apoyo y compañía en un mal momento de nuestras vidas. Fuimos a ciudad empresarial a una entrevista para call center en Virgin Movile. Nos preguntaron si éramos pareja y dijimos que sí ya que ya estábamos hartas de que nos miraran como cosas raras. Ante nuestros ojos, fue claramente una situación de discriminación ya que de todo el grupo que estaba en la entrevista, nosotras éramos las únicas con experiencia en el rubro, vivíamos cerca del lugar en cuestión y además sabíamos bastante bien cómo manejarnos en el trabajo indicado. Finalmente, después de la gran pregunta nos hicieron salir de la sala y esperar fuera, los demás quedaron dentro y esperamos bastante rato. Al final, le consultamos a un guardia qué pasaba y llamó a una chica que confirmó que ya hace bastante se había terminado esa selección y que ya estaban casi en la última etapa para comenzar a trabajar. Nadie se dignó a decirnos algo para que nos retiráramos.

                    Sin embargo, el último y más violento, traumante y humillante episodio por el cual pasamos ocurrió un día que íbamos desde Lo Espejo a Puente Alto en metro para hacer un trámite. Pagamos nuestro pasaje, entramos al tren y nos sentamos. Todo iba bien y tranquilo hasta que se subió un mimo que hacía reír a los pasajeros burlándose de algunos. En cuanto lo vimos, él nos miró feo y se fue acercando a nosotras con sus bromas e imitaciones. Nos empezó a molestar a los minutos de haber subido con una señora que se había subido y nos increpó con gestos y burlas para que nos paráramos y le diéramos el asiento. Ante estos gestos, la señora señaló que no necesitaba sentarse ya que se bajaría en la próxima estación, este tipo siguió con las burlas hasta más no poder, haciendo gestos obscenos y burlas respecto a ser pareja. Nosotras en ningún momento le prestamos atención y eso más le molestó, porque siguió y siguió. Finalmente llegamos donde debíamos bajarnos, nos paramos y cuando se abrieron las puertas del vagón, el mimo nos gritó algo como “bájense lesbianas maracas conchesumadre”. Al escuchar esto, me di vuelta y después de aguantar harto, me defendí diciendo que parara el hueveo y le lancé unas gotas de agua de una botella prácticamente vacía que llevaba porque con los nervios me había tomado toda el agua. Este tipo me respondió inmediatamente, se lanzó encima de mí, me agarró fuertemente del cuello y con el otro brazo me tiró un combo. Mi única reacción fue intentar taparme con los brazos para que no me golpeara la cara. Recuerdo ese segundo como eterno ya que me quedé inmóvil y en shock, solo sentí miedo y no sabía qué hacer. Mi pareja rápidamente al ver lo que pasó, se abalanzó encima de él y lo sacó para que no me siguiera golpeando. Lo increpó y comenzaron a pelear a golpes. La gente nunca intervino y él, como un cobarde, nos tiraba golpes con patadas y puños mientras se escondía detrás de la gente, burlándose. La gente, como en un circo romano, lo defendía diciéndonos que habían niños, que tuviéramos cuidado, que para qué le hacíamos caso, etc. Yo les pregunté que cómo eran capaces de ver cómo se burlaba, que no hicieran nada ante los golpes que este tipo me propinó, la gente respondía una y otra vez de la misma forma.

                    Entre todo este caos, dejaron parado el metro ya que él mismo salía y entraba al tren para golpearnos. Después, llegó un guardia y nos hizo subir hacia la boletería donde estaba carabineros, que allí arregláramos nuestro “problema”. Yo estaba llorando de impotencia y por la humillación que nos hizo pasar a mi pareja y a mí.

                    Le pregunté a los guardias y hasta a las personas del aseo para saber a quién le podía pedir las grabaciones del metro con el fin de demostrar que él se lanzó encima de mí y que mi pareja solo me defendió para que no me siguiera pegando, pero fue inútil porque nadie dio una respuesta y nos ignoraron; se lavaron las manos diciendo que las grabaciones las debía pedir Carabineros. Por otro lado, el mimo seguía burlándose de nosotras mientras carabineros tomaba su declaración.

                    Nos llamó mariconas de mierda delante de Carabineros, pero ellos siguieron escribiendo lo sucedido. Él contó que nosotras le pegamos de la nada, bastante ilógico ya que nadie se lanza de la nada a pegarle a alguien, a excepción de él. El mimo reiteró que nosotras lo golpeamos, sin embargo, físicamente no teníamos ninguna posibilidad de defendernos ante alguien como él. Un hombre que pesaba unos 85 kilos, medía 1,80 y tenía 35 años. Nosotras por otro lado, teníamos 22 años, pensábamos 60 kilos y medíamos 1,58.

                    Carabineros decidió que era riña y nos llevó a los tres detenidos y a constatar lesiones ya que él tipo indicó y aseguró que lo golpeamos, que estaba mal y dando lástima cambió su actuar para salvarse .

                    Fuimos a constatar lesiones y gracias a dios no alcanzó a hacernos nada tan grave salvo las evidentes lesiones de golpes, patadas, además de mi cuello en donde tenía las uñas y manos marcadas del tipo .

                    Llegamos a la tenencia de carabineros y empezaron con hacer el informe o algo así para relatar y dejar por escrito lo sucedido. Dimos toda la información que nos solicitaron y solicitamos nuevamente las grabaciones de las cámaras del Metro para que quedara en evidencia el actuar del sujeto. Carabineros dijo que tendríamos que pasar todo el día, tarde y noche en el calabozo para pasar al otro día a la fiscalía e indicar lo sucedido .

                    Nosotras no podíamos quedarnos ahí todo ese tiempo ya que teníamos comprado unos pasajes a Viña del Mar porque nos íbamos para allá y teníamos todo listo y, obviamente no esperábamos que ocurriera lo mencionado anteriormente, ni tampoco teníamos como deshacer todo de un momento a otro.

                    Carabineros nos mandó al calabozo. A él a uno de hombres y a nosotras a otro de mujeres donde gracias a Dios una Carabinera que nunca esperé que se compadeciera me trató de una manera decente y me preguntó qué había pasado. Yo le conté y me dio frases de aliento y lamentó lo sucedido.

                    Finalmente pasamos unas dos horas en el calabozo y nos preguntaron si seguiríamos el caso. El tipo obviamente se rehusó porque no le convenían las pruebas que podrían encontrar, estableció que ya se sentía mejor y que no quería seguir el caso. Nosotras por otro lado ya teniendo planes y cosas por hacer, dijimos que tampoco podríamos ya que no disponíamos de tiempo para seguir con eso. Sé que quizás fue un error por parte nuestra, pero realmente solo queríamos irnos y olvidar lo sucedido. Luego de unas horas, lo dejaron salir a él y después a nosotras.

                    Ese día quedó en mi mente para siempre. Desde ese entonces que mantengo mucha angustia cada vez que ando en metro o en micro, tampoco quise volver al lugar ni tener alguna relación con lo sucedido ese día. Debo confesar que a pesar de que ya han pasado unos cinco meses de esto, todavía no lo olvido, siempre está en mi mente el miedo y pánico del momento y no sé cómo superarlo.

                    He tenido constantes sueños y recuerdos de lo sucedido y siempre me inunda una gran pena, además de un sentimiento de asco y humillación. Este tipo me trató así y me golpeó solo por algo que a no le gustó.

                    Desde ese día siento miedo de los homofóbicos y sus reacciones. Hasta cambié mi forma de ser con mi pareja, sé que no es su culpa, sin embargo, desde aquel momento no quise tomar su mano, ni besarla, ni tocarla en público nuevamente.

                    Me siento muy perseguida y siempre que salimos estoy muy alerta de todos, con miedo en mi corazón y un nudo en la garganta.

                    Sé que mi pareja me ama y entiende, pero para mí es muy difícil olvidar lo sucedido.

                    Después de las cosas mencionadas, perdí la fe en la gente y me ha costado mucho avanzar. Últimamente me siento mejor encerrada y le pido a Dios que por favor se lleve el miedo y el trauma que me atormenta día a día .

                    Se perfectamente cómo es sentirse acosa y violentada por ser mujer y por ser lesbiana.

                    Agradezco mucho sus artículos y espero que algún día historias como esta no ocurran y nuestras próximas generaciones vean la discriminación y el acoso como un delito repudiable.

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                      En su nuevo libro sobre humor político “Malditos Humanos”, Malaimagen decidió incluir temas de género. De hecho, trae dos viñetas sobre acoso sexual callejero. “No entiendo por qué hay hombres que atornillan para el otro lado en algo tan grave”, dice en esta entrevista sobre humor, política y feminismo.

                      Como un rockstar. Guillermo Galindo, “Malaimagen”, lanzó su nuevo libro “Malditos Humanos”: en una sala repleta de gente, con personas frustradas que no lograron entrar al lanzamiento, vestido de negro y al lado de Ana Tijoux. Esa fama, dice él, no le ha hecho perder el foco: dibuja porque piensa que el arte tiene un compromiso político contra el poder. Y eso, también, en coordenadas feministas.

                      —Tu bio de Twitter es “aborto obligatorio”, ¿por qué?
                      —Por fastidiar. (Cuando se votó la idea de legislar en el Senado) me la iba a cambiar a “aborto 3500 causales”. Es que encuentro que los argumentos anti aborto son delirantes. Lo que habló la Van Rysselberghe, de los fetos de 80 años; la Alvear, relacionándolo con el rodeo. O la otra vez, que se va a acabar la Teletón o que el aborto es como la esclavitud. Qué argumentos más idiotas. Es triste cuando vienen de mujeres. Uno lo podría entender de un hombre, que habla desde una ignorancia masculina, pero no me cabe en la cabeza que haya mujeres que quieran quitarle derechos a otras mujeres o a ellas mismas. Las mujeres deberían unirse de forma transversal.

                      —Y al revés: había hombres, como Rossi o Girardi, defendiendo el derecho a decidir.
                      —Es un tema de egoísmo. Por qué alguien que no tiene un problema va a pensar que nadie más lo tiene. Yo estoy por el aborto en tres causales y creo que se debiera llegar al aborto libre y seguro. Encuentro triste cuando la oposición viene de mujeres porque, al final, son ellas quienes se embarazan. Eso no le quita responsabilidad a los hombres. Un hombre que está en contra del aborto es igual de nocivo y repudiable.

                      —En tu nuevo libro, Malditos Humanos, viene toda una sección de humor político sobre género, ¿por qué decidiste incluir esos temas?
                      —Siempre ha sido importante para mí ocupar mi tribuna de dibujante para hacer algo constructivo. Al ir articulando el libro fui detectando problemáticas que no se dan solamente en Chile y una grande fue el género, incluyendo la moral religiosa en políticas públicas, el machismo, la publicidad sexista, la discriminación. Fue un granito de arena, para empujar y que se logren avances.

                      Cuando se habla de género casi siempre el tema se reduce a los gays o a las mujeres, pero en tu libro incluiste chistes sobre las masculinidades agresivas, sobre machotes rudos.
                      —Es que los estereotipos de lo masculino y lo femenino pesan sobre hombres y mujeres, pero pesan de forma más compleja sobre las mujeres porque los hombres tienen privilegios, como ganar más plata por hacer el mismo trabajo. En el libro traté de incluir el estereotipo del hombre machista, porque me causa gracia el sinsentido de que un hombre se sienta más hombre por menospreciar a otros. Además, hay muchas mujeres haciendo cómic feminista, pero hay pocos hombres haciendo cómic feminista.

                      También incluiste dos chistes sobre acoso callejero.
                      —Me molesta que se ridiculice el acoso callejero. La caricatura que pesó. Que no se le va a poder decir linda a una mujer en la calle porque te van a llevar preso. Y no es así, se está luchando por algo mucho más grave. Yo trabajé en un departamento de diseño donde la mayoría eran mujeres y llegaban contando que las habían perseguido hombres masturbándose, o que las habían toqueteado o les habían hecho insinuaciones sexuales en la calle. Me llamaba la atención eso: hombres que se masturbaban siguiéndolas. Y eso pasaba todas las semanas. Es fácil no ver el problema cuando uno no tiene el problema. Es fácil decir que le están poniendo color si a uno no le pasa nada. No entiendo por qué hay hombres que dicen “feminazi” y atornillan para el otro lado en algo tan grave. Si a ellas les molesta, cuál es tu problema de que se quieran defender. Ante esa ridiculización, creí importante incluir el acoso callejero, para apoyar.

                       

                      opresion
                      Esta es una de las viñetas de “Malditos Humanos” sobre acoso sexual callejero, que Malaimagen compartió en exclusiva con OCAC Chile.

                      inmoralidad

                      —¿Y qué piensas del feminismo?
                      —No soy un conocedor de la teoría y de la historia del feminismo y de muchas otras cosas, pero creo que es absolutamente válido y actual. Mucha gente lo hace ver como algo pasado, como que hubo feminismo para que las mujeres votaran y con eso basta. El feminismo es una lucha que se tiene que dar hasta que se logre la igualdad. Es un movimiento valiente, necesario y me alegro de que sea cada vez más fuerte.

                      El humor discriminatorio no aportó nada”

                      —En el lanzamiento de Malditos Humanos dijiste que antes de escuchar punk, escuchabas Los Tres, y que pensabas que no entendías sus letras, pero en verdad era porque no decían nada. ¿Crees que el arte debe ser político?
                      —Escuchaba La Ley, no Los Tres. Me gustaba La Ley, pero no entendía las letras. Y Los Tres no me gustaban, pero tampoco entendía las letras (se ríe). No creo que el arte deba estar necesariamente al servicio de temas políticos. La creación tiene que ser lo más libre posible. No es una obligación usar la tribuna para temas sociales, es una oportunidad, pero es irresponsable no usarla. En los 80 había grupos que tenían mucho público y cantaban canciones súper estúpidas, mientras se mataba gente en la calle. No entiendo cómo ni por qué hay autores indiferentes ante cosas tan evidentes. Es decisión de cada autor, pero nadie debería ser indolente a temas que nos afectan a todos.

                      Y qué piensas de esos casos donde los autores no manifiestan algunos temas en su obra, pero salen con declaraciones políticas desafortunadas, como pasó con Bersuit. No sé po, qué pasa si alguien que admiras sale con un desmadre.
                      —No me ha tocado admirar a alguien y que se me caiga. Yo no era fanático de Bersuit y no creo que el tipo sea un violador, creo que es un imbécil. Hace poco salieron declaraciones del vocalista de Attaque 77, que decía que era capaz de erotizarse con una niña. Debió darse cuenta de que eso era una estupidez, con todos los casos de pedofilia y abuso infantil que hay. Hay femicidios todos los meses, no vai a salir diciendo que las mujeres le dan color. Eso lo encuentro imbécil lo diga alguien en un carrete o un músico que leen millones de personas. Tiene mayor impacto si lo dice un famoso, pero hay que erradicarlo de todos los aspectos. Sobre todo en los espacios cotidianos. Si en un ambiente de amigos alguien dice en serio: oye, las mujeres le dan color. Ahí es el momento de meter la cuchara y debatir.

                      —Una vez escribí un texto que decía que está mal hacer chistes sobre grupos que han sido históricamente vulnerados. Yo siento que tu humor, al contrario, es subversivo.
                      —Hubo mucho humor discriminatorio, del discapacitado, del tartamudo y no aportó nada. La otra vez Bombo Fica era jurado en un programa de talentos y un tipo contó un chiste que era de tartamudos o de gangosos y Bombo Fica dijo: durante muchos años los humoristas chilenos nos reímos de gente con problemas sin reflexionar que estábamos haciendo daño. O sea, se pueden hacer chistes con homosexuales, sí. Se pueden hacer chistes con extranjeros, sí. Pero qué vuelta le damos para no caer en la discriminación burda que es más parecida al bullying que al humor. Es fácil escudarse en el humor para hacerle daño a la gente. Si vai a hacer chistes de extranjero, ataca la xenofobia. Pero para qué atacar grupos que han sido históricamente perjudicados. Eso es ponerse del lado del poderoso. Y los humoristas, como cualquier oficio, no deberían estar del lado del poderoso; deberían estar al lado de la gente que está en la misma que uno.

                      —Tu discurso es bien progre, de izquierda. ¿Te identificas con algún proyecto político actual?
                      Con el único proyecto que me sentí identificado desde chico es el anarquismo. Es lo único que he leído y he dicho: esto me gustaría a mí, es lo que le hace mejor a las personas. No sé la factibilidad inmediata de un proyecto así. Esa es mi trinchera, a partir de la que uno cae en millones de contradicciones, en el día a día, en las cosas que uno se mete para vivir. Ahora, si me preguntai de movimientos como Revolución Democrática o Izquierda Autónoma, no me llaman mayormente la atención, además de propuestas puntuales. A mí no me interesa como institución el matrimonio, pero sí estoy a favor del matrimonio homosexual. ¿Por qué hablo de una ley si desde el anarquismo no creemos en las leyes? Porque uno no puede ser tan utópico de pensar que todo es con una varita mágica.

                      —¿Entonces no votas?
                      —Yo voté en las últimas elecciones. No voy a decir por quién. Sé que desde las elecciones no vas a cambiar las cosas, pero que si ese día no votai tampoco estai cambiando nada. En la última votación se había dado recién la inscripción obligatoria y el voto voluntario. Era más fácil. Preferí ir a dibujar algo en el voto que quedarme en la casa.

                      —¿Y qué dibujaste?
                      —Hice un monito de Malaimagen, el típico del bar. Le debí sacar una foto pero estúpidamente no lo hice. Espero que el vocal de mesa lo haya visto y lo haya encontrado divertido.

                      —¿Vamos a ver tus monos en estas elecciones entonces?
                      —Sí, las elecciones son muy entretenidas para quienes hacen humor gráfico político. Las últimas elecciones fueron un festín porque había muchos candidatos. Ahora tengo que empezar a dibujar a Lagos.