OCAC Chile

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    Salí de la estación de Metro Príncipe de Gales y un tipo me siguió, me puso un arma en la cabeza e intentó llevarme al canal que pasa por Tobalaba. Hice la denuncia en Puente Alto ya que Carabineros nunca acudió a la estación de Metro. Se demoraron demasiado y como era de noche, decidí irme. Entregué una descripción del sujeto. Tengo miedo ya que el sujeto se quedó con mi celular. Al no querer bajar con él, me obligó a desbloquear mi celular y entregárselo, luego de eso salió corriendo. Se quedó con todos mis datos y desde esa fecha me están acosando por todas las vías existentes

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      El Observatorio Contra el Acoso Callejero de Chile entregó una carta a la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, para manifestar su preocupación por el estancamiento del proyecto de ley de Respeto Callejero en el Senado. A continuación, la carta enviada a la Mandataria.

      Excelentísima señora
      Michelle Bachelet Jeria
      Presidenta de la República
      Presente

      Por la presente carta nos dirigimos a usted, con el fin de manifestarle nuestra preocupación por el estancamiento del proyecto de ley de Respeto Callejero en el segundo trámite constitucional en el Congreso (Boletín N° 9936-07).

      Este proyecto de ley busca sancionar el acoso sexual en los espacios públicos, entendiendo que éste es una forma de violencia de género.

      Si bien el acoso sexual callejero es un término nuevo, su manifestación es antigua, masiva e invisibilizada en Chile. El grupo que más lo sufre son las mujeres y niñas. Según un estudio del Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC) de Chile realizado en 2015, las niñas comienzan a sufrir acoso a los 14 años de edad. Al estrecharse el intervalo de tiempo, se observa que la mitad de las mujeres sufre acoso una vez a la semana y 2 de cada 10, todos los días. Entre las mujeres de 18 a 34 años, un 97% declara haber sufrido acoso callejero por lo menos una vez al año, cuatro de cinco una vez al mes, la mitad una vez a la semana y dos de 10 con frecuencia diaria. Estas agresiones generan, en el 55% de los casos, sensación de inseguridad y en un 62%, modificación de costumbres: las víctimas evitan transitar por ciertas calles en determinados horarios, por miedo a revivir la experiencia.

      Según estimaciones de OCAC Chile, desde que el proyecto de ley ingresó al Congreso, el 17 de marzo de 2015, hasta el día de hoy, han ocurrido más de 30 millones de acosos sexuales en espacios públicos sólo en la Región Metropolitana .

      Este escenario atenta contra los Derechos Humanos garantizados en nuestra Carta Fundamental y en Convenciones Internacionales ratificadas por Chile, en especial en contra de los derechos de niños, niñas y adolescentes. Es urgente que el Estado de Chile revise sus compromisos internacionales para erradicar estas expresiones de violencia de género, tal como lo establece el artículo 8 de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención Belém do Pará) y el artículo 5 a) de la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la mujer (CEDAW).

      Así, para contribuir a la protección legal de víctimas de acoso sexual en espacios públicos, el 17 de marzo de 2015, un grupo transversal de diputados presentó el proyecto de ley para sancionar el acoso sexual callejero (Boletín N°9936-07), elaborado 1 Fuente: Encuesta OCAC 2015 – INE. Cifra basada en la encuesta OCAC 2015 y proyecciones del INE año 2015 y 2016 en conjunto con OCAC Chile. El 12 de abril de 2016 el proyecto fue aprobado por unanimidad en la Cámara de Diputados, sin embargo, ahora duerme en el Senado.

      La tramitación del proyecto se ha visto trabada por la falta de voluntad del Ejecutivo y de los parlamentarios miembros de la comisión de Derechos Humanos del Senado. Hemos sostenido varias reuniones con el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género para solicitar una urgencia a este proyecto, para que avance su tramitación, pero estas reuniones han sido infructuosas. Desde su aprobación en la Cámara de Diputados, el único movimiento que ha tenido el proyecto de ley ha sido el cambio de comisión, desde la de Constitución, Legislación y Justicia a la de Derechos Humanos. Como podrá notar no se le ha dado la tramitación que merece un proyecto de tanta importancia. Apelamos a su compromiso sostenido en la cuenta pública del 21 de mayo de 2016, cuando anunció que el Ejecutivo patrocinaría todas las mociones parlamentarias relativas a temas de violencia de género.

      Por todo lo anterior, apelamos a usted como máxima autoridad del país, para darle urgencia a la discusión de este proyecto de ley y con ello, además, cumplir sus compromisos y los del Estado de Chile.

      Esperando que tome las medidas necesarias para proteger a las chilenas y chilenos y garantizar su derecho a vivir una vida libre de violencia, nos despedimos y reiteramos ¡necesitamos ley de Respeto Callejero ahora!

      Observatorio contra el Acoso Callejero
      OCAC Chile

      Adhieren:
      Casa Memoria José Domingo Cañas
      Centro de Estudios de la Mujer
      Colectivo sin fronteras
      Colectivo Ecuatoriano Por La Ciudadania
      Cimundis
      Coordinadora Autónoma contra la Violencia
      Comité de Servicio chileno-COSECH
      Corporación Opción
      Corporación Humanas
      Red Chilena Contra la Violencia Hacia las Mujeres

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        La campaña #NoTeDaVerguenza alcanzó el primer lugar del trending topic nacional. Algunas de las personalidades que se sumaron a la campaña en sus redes sociales fueron Natalia Valdebenito, Alejandra Valle, Mariana Loyola, Kena Lorenzini, Francisco Olea, Luis Larraín, Ignacio Lira y Malaimagen.

        Con un video que muestra cómo el tráfico de imágenes sexuales por chats y redes sociales, el acoso callejero y la violación son parte de un continuo de violencia, esta mañana el Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC) Chile y EME Masculinidades lanzaron la campaña #NoTeDaVergüenza, que busca sensibilizar a la comunidad masculina sobre la violencia sexual que sufren niñas, niños, adolescentes y mujeres.

        “¿No te da vergüenza ser parte de esto? Si no hay consentimiento, es violencia sexual”, narra el video animado, que fue desarrollado con el apoyo de la Embajada de Canadá en Chile y el patrocinio de la agencia FBC Mayo y Campaña del Lazo Blanco.

        “Vivimos bajo la ‘cultura de la violación’, que dificulta que la sociedad comprenda y prevenga la violencia sexual. En Chile, observamos este fenómeno cuando, por ejemplo, se culpa a la víctima en los casos de abuso y violación o cuando se pasa por alto el consentimiento en el acto sexual”, comentó María Francisca Valenzuela, presidenta de OCAC Chile.

        En tanto, Francisco Aguayo, director de EME Masculinidades, se refirió a la importancia de incluir a los hombres en la erradicación de la violencia sexual contra las mujeres. “Es necesario que los hombres dejemos de normalizar este tipo de violencia, erradicando los micromachismos y agresiones sexuales que ejercen algunos contra las mujeres, en sus relaciones de pareja o en espacios como la calle, la casa, la escuela, el carrete o el trabajo. Los hombres tenemos un papel muy importante en esta lucha y es momento de involucrarnos en el cambio, si los hombres son parte del problema de la violencia masculina tenemos que involucrarlos en la prevención y solución”.

        Además del video, la campaña cuenta con el sitio www.notedaverguenza.cl, que recomienda acciones para que los hombres se involucren en la prevención de la violencia sexual. “Nunca culpes a la víctima” y “Reacciona cuando seas testigo de un caso”, son algunas de las recomendaciones.

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          Mi vecino, a quien sólo conozco de vista, me saludó y me pidió que le diera un beso en la boca. Me negué y me dijo que por último le diera un beso en la cara. Le dije que parara de molestarme y seguí caminando (casi corriendo). Empezó a gritarme que me quería mucho, que le alegraba el día cuando me veía y que esperaba verme todos los días.

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            Tenía 16 años, era muy delgada y no atraía a mucha gente. Mis amigas ya tenían pololos y yo ni siquiera había dado un beso. Sufría acoso escolar por parte de mis compañeras ya que tenía una apariencia poco habitual, me sentía muy insegura. Un día, una amiga me dijo que para llamar la atención debía ajustar mi jumper. Al principio me pareció mal, pero sentía que quería encajar. Fuimos a la casa de su tía y esta me lo dejó corto y apretado. El primer día salí a la calle y recibí toda aquella atención que nunca había tenido. Llamé la atención de un tipo y quiso salir conmigo, insistía en tocarme la cintura o decirme cosas como que estaba rica. Me sentía muy mal, pero sentía que debía encajar.

            A medida que pasaban los días, comencé a sentir los ojos amenazantes de muchos hombres, algunos de la edad de mi papá. Eso me volviós insegura y aún más tímida. Me volví muy torpe y comencé a taparme nuevamente con kilos de ropa. Estuve años atrapada en mis pensamientos de lo que era correcto llevar o no. Si la ropa realmente te hacía ver atractiva, si estaba bien escuchar “halagos” de esa índole tan… inadecuados.

            Hoy soy una persona segura que incluso defiende a niñas que están siendo acosadas a vista y paciencia de otros adultos, quienes se sienten con la obligación de decirte algo desagradable. Entendí y viví, esta experiencia y creo que me hizo ser la persona que soy.

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              En la micro que tomo a diario de regreso a casa, se sube un hombre de edad avanzada. Este tipo se masturba y al parecer nadie se da cuenta, o al igual que yo lo hacen pero no quieren tener problemas. Varias veces lo vi haciendo cosas raras con las manos, pero por lo general se coloca algo en su regazo para taparse. Sin embargo, ayer fue mucho más descarado, pero me dio miedo grabarlo o encararlo, porque sentí que nadie me iba a apoyar.  Ahora me siento culpable por no actuar, pero de verdad en ese momento sentí que si hacía algo no iba a pasar nada y que el tipo volvería a masturbarse en la micro que, por cierto, debo tomar todos los días. Lamentablemente, no he podido contarle a mis cercanos.

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                Tras un año de desafíos y logros, la organización logró evidenciar el acoso callejero como una forma de violencia, generar alianzas con otras organizaciones del sector civil y de gobierno y participar del Plan Piloto en contra del acoso callejero en el Transmetro.

                Guatemala es un país pequeño, posee un territorio de 108,889 km2 en el que viven aproximadamente 15 millones de habitantes que día a día se enfrentan a diversas problemáticas, entre ellas, el acoso sexual callejero. Una situación que, al igual que en Chile, por mucho tiempo permaneció normalizada e invisibilizada.

                Hace un año, sin embargo, un grupo de valientes mujeres guatemaltecas decidieron dar un alto a esta situación. Se trata de Lidia, Cristina, Pili, Lu y Desirée, quienes indignadas con la noticia de tres mujeres que decidieron tirarse de un puente, tras ser acosadas por un grupo de hombres de que amenazaban con violarlas; se unieron para crear una organización feminista que lucha contra el acoso sexual callejero.

                “Las hermanas Shirley Madiel y Ángela María Hernández García de 15 y 19 años, junto a su tía, Darlyn Ramos García, de 27, salieron a trotar ayer por la mañana cuando cuatro hombres empezaron a perseguirlas y les gritaban que las iban a violar, por lo que decidieron tirarse del puente de Santa Marta, ubicado al final de la colonia Jocotales. Los gritos desesperados pidiendo auxilio que dieron las mujeres alertaron a los lugareños, quienes salieron a ver qué ocurría y fueron testigos de la decisión de las jóvenes, la que afortunadamente no tuvo un desenlace mortal”, publicó Siglo 21, el 6 de julio de 2015.

                Inicios

                Como en Guatemala no existía una institución u organismo que trabajara el acoso callejero, es que estas cuatro mujeres buscaron apoyo en otros países de Latinoamérica. Es así como encuentran en Chile el Observatorio contra el Acoso Callejero (OCAC), organización feminista que lucha por erradicar el acoso sexual en los espacios públicos y semipúblicos, y deciden ponerse en contacto para replicar la experiencia.

                Con el apoyo de OCAC Chile, estas mujeres dan comienzo un nodo del Observatorio en Guatemala, estableciendo una colectiva de trabajo y dos objetivos estratégicos para enfocar sus esfuerzos durante su primer año. El primero, visibilizar el acoso callejero como un tipo de violencia y un problema a resolver, tomando en cuenta a todos los sectores de la sociedad (civil, estatal, educativo, universitario, comunitario). El segundo, arrancar un estudio en el cual se determinaran las principales características de esta forma de violencia para luego emprender acciones puntuales junto a otras organizaciones y la sociedad civil.

                Logros

                Tras un año arduo de trabajo, OCAC Guatemala logró evidenciar el acoso callejero como una forma de violencia, generó alianzas con otras organizaciones del sector civil y de gobierno, participaron del Plan Piloto en contra del acoso callejero en el Transmetro; y realizaron diversos talleres a la comunidad sobre violencia de género.

                Junto con ello, iniciaron un mapeo del acoso callejero con la finalidad de identificar la magnitud el problema, que arrojó 260 incidentes de acoso callejero de abril a noviembre 2016. De ellos, el 58,8% ocurre en calles y avenidas y el 13,5% en el transporte público. Asimismo, se reportó que el 93,8% de los perpetradores de acoso sexual fueron hombres.

                Desafíos

                Luego de un primer año lleno de trabajo y logros, OCAC Guatemala se prepara para enfrentar nuevos desafíos y manifiesta que para prevenir el acoso callejero y transformar la cultura que lo normaliza, la sociedad civil junto a las instituciones y organizaciones que representan al Estado de Guatemala serán claves. Es por ello que en 2017 las acciones de la organización se enfocarán en acompañar procesos de formación que permitan a niñas, niños y jóvenes, la reflexión acerca de su autonomía en los espacios públicos, de tal manera que sea posible la construcción participativa de nuevas formas de interacción ciudadana en los espacios públicos con base al respeto y la NoViolencia.

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                  En el marco de la publicación de su primer libro, “Quiltras”, la Directora de Comunicaciones de OCAC Chile, Arelis Uribe, se refiere a la necesidad de más referentes femeninas en la literatura y sobre ser una autora feminista.

                  Conocida por sus cercanos como “Arolas”, la historia de Uribe cruza diversas inquietudes desde los bordes: crecer en un barrio de clase media, no sentirse identificada por la literatura a la que accedió cuando era más joven y la eterna otredad que representa el ser sujeto de diferencia. Fue desde allí que la autora terminó por comprometerse con la causa feminista, luego de estudiar un magíster en Comunicación Política.

                  Tras coronarse como ganadora del concurso “Santiago en 100 Palabras” en su versión 2016, y con un historial ligado a otros premios literarios y periodísticos, Arelis se decidió a dar origen a su primer libro de la mano de la editorial Los Libros de la Mujer Rota.

                  ¿El libro empieza con una cita de Supernova, en qué medida sientes que están impresas esas referencias pop?
                  Me gusta escribir como hablo. Hay una comparación política bien profunda en el libro y es con el Chavo del 8; puede parecer liviano, pero como persona que creció en los noventa y dos mil, el pop te cruza mucho. Me encanta que Supernova sea una banda de niñas cuicas con una canción con crítica social súper dura.

                  A referentes literarios femeninos, como Gabriela Mistral, siempre se las relega a zonas de trabajo comúnmente asociadas a mujeres, como la educación y el ámbito sentimental. ¿Cómo sientes que podría cambiar esto con libros como “Quiltras”?
                  El 70 por ciento de los profesores son mujeres, eso te habla de que las pegas con peores remuneraciones las hacen mujeres; a Mistral se la idealiza en el cuidado de los niños. El otro día me entrevistaron y me preguntaron si había machismo en la literatura, yo dije que había machismo en todos lados. Si tú analizas bien, te das cuenta de la desigualdad; si te fijas en los nombres que marcan las eras literarias siempre son hombres: estuvo Bolaño, luego Fuguet y ahora Zambra. No es culpa de ellos, son talentosos, pero te habla de una cultura androcentrista que no se lo cuestiona. Por algo escribí un libro con posicionamiento político súper explícito, pero no es un panfleto, son decisiones estético-políticas.

                  ¿Cómo suma a terminar con situaciones de desigualdad el hecho de que exista representación de las historias de mujeres en primera persona?
                  Ojalá una adolescente lea un libro donde vea que su historia de amor con su amiga está representada. Creo que uno aspira a lo que puede ver; en la medida en que ves mujeres protagonistas o autoras, puede que sientas que también lo puedes hacer. Me honraría muchísimo que cualquier mujer se inspirara a escribir a propósito de “Quiltras”.

                  ¿Crees que en el ámbito masculino se admite mayor mediocridad en términos de talento?
                  No sé si más mediocridad, pero es más fácil que el mundo tenga altas expectativas contigo si eres hombre. Es como ser cuico: cuando eres pobre, nadie piensa que por serlo llegas a brillar; cuando eres cuico, es como obvio que te va a ir bien porque te han estimulado y lo tienes todo. Es muy charcha que te subestimen desde antes: tienes que ser el doble de buena que un hombre, demostrar que no te han regalado nada. Es paradójico ser sujeto de diferencia, porque hablas desde el ser distinto para apelar a lo universal, pero tampoco puedes ser universal porque eres distinto. Me gustan mucho las mujeres que escriben ahora en Latinoamérica: Lina Meruane es súper feminista y encuentro que su lucidez es maravillosa. Leila Guerriero es un monstruo, al igual que Margarita García Robayo. Tengo sintonía con Paulina Flores y Romina Reyes; con Romina tenemos sintonía en el feminismo y con Paulina desde la clase media.

                  ¿Qué implica ser quiltra?
                  Ser quiltra es, primero, no saber de dónde vienes, es algo que me llama mucho la atención de los cuicos: saben exactamente cuál es su origen. En mapudungun, quiltro es perro, pero como en Chile lo indígena es menos, la palabra pasó a significar perro sin raza, sin clase, y con eso abrazó todo lo mezclado. Ser quiltra es ser alguien que merodea, que es pobre y mestizo.

                  ¿Por qué decidiste que todos los personajes masculinos en “Quiltras” fuesen secundarios?
                  Es curioso porque siempre pasa que las mujeres en películas son “la polola de”, “la amiga de”. En varios cuentos siento que aparece lo masculino muy marcado como la otredad, ese espacio nebuloso en que no sabes cómo son, esa otra mitad de la población muy desde el recelo y el miedo. Hay mucho miedo desde la sexualidad, hay mucho despertar sexual en el libro, la mujer es un personaje que analiza y teme mucho de la masculinidad violenta, de los fanáticos del fútbol, de los hombres que se curan. Encuentro bacán mostrar lo masculino como lo desconocido. En esta sociedad que nos sitúa tan binariamente, hay un montón de cosas que no se entienden de la idea de ser hombre. Me gusta que “Quiltras” sea un libro en que los hombres son personajes secundarios, como en una revancha, aunque no es lo mismo una revancha que una reivindicación. Ésta es una reivindicación.

                  ¿Por qué crees que al mundo le asusta una postura feminista en el mundo de la literatura o de las artes en general?
                  Que me consideren radical es un poco herencia de la dictadura, pero nuestros papás vivieron con miedo de hablar de política, porque meterse en problemas significaba morirse. Nosotros crecimos con ese miedo también, pero la generación que nació en los 90 está desprendida de ese miedo, por algo llenaron la Alameda tan hermosamente. Con respecto al miedo…a mí también me asustaría, si no estuviese ligada a la política, que alguien llegara a decirme que todo en lo que creo es violento. Nadie quiere estar en el banquillo de los acusados, cuando te muestran que estás reproduciendo violencia es súper fuerte, pero yo estoy convencida que no hay progreso sin rebelión. Probablemente no soy la más radical, pero sí sé que estoy muy a la izquierda; no me da miedo. Está bien gritar, si no, las cosas no cambian.

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                    En la Semana de Internacional Contra la Violencia hacia las Mujeres, el equipo de gestión de OCAC Chile realizó junto al espacio amigable de Juventud Providencia, actividades educativas en tres establecimientos educacionales emblemáticos de la comuna de Providencia, con el fin de concientizar sobre el acoso callejero sexual callejero y así construir una sociedad más equitativa y libre de violencia.

                    Las intervenciones se llevaron a cabo en el Liceo Tajamar, Carmela Carvajal y Liceo 7. Allí durante los recreos, un grupo de niñas recibieron información sobre cómo enfrentar el acoso callejero y fueron invitadas a escribir en una pizarra cómo se sentían cada vez que eran acosadas en el espacio público.

                    Cabe señalar que la “Encuesta 2015: ¿Está Chile dispuesto a sancionar el Acoso Callejero”, arrojó que el grupo más vulnerable de sufrir acosos en espacios públicos son las mujeres: 97% de ellas ha sufrido acoso en el último año, la mitad por lo menos una vez a la semana y dos de cada 10 con frecuencia diaria.

                    Estas son algunas de las frases que ellas compartieron:

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                    “Los que acosan no sienten vergüenza y muchas veces no hago nada por miedo”.

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                    “Me han acosado en diversas ocasiones y he sentido rabia, impotencia, desesperación. Me he sentido sola. Todos son súper indiferentes, cuando uno alza la voz como que te dejan aparte y es como ‘tú soluciona tu problema’”.

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                    “Me siento como un objeto que se puede acosar cuando sea y sin respeto. Me siento como algo que no tiene valor”.

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                    “Donde más me han acosado en el Metro, en las calles solas e incluso en donde hay mucha gente”.

                    7 “Cuando me defiendo algunas personas piensan que está bien que me respete y otras, que uno es colorienta”.

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                    “Me parece bueno que se esté discutiendo el proyecto de ley Respeto Callejero, pero creo que se han demorado harto en tomar cartas en el asunto. Debería ser un proceso mucho más rápido porque es un problema que existe, que se ve en el día a día y que muchas mujeres sufrimos”.