OCAC Chile

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    El 2016 ha sido el año en dónde las demandas por educación no sexista han tenido bastante notoriedad. Primero con Marina Ascencio Muñoz, la niña de once años que pidió terminar con la tradición de sólo aceptar varones en el Instituto Nacional. El tema también ha sido parte de las consignas de las dirigentas secundarias dentro de la reforma educacional y la semana pasada volvió a la palestra al conocerse el caso de un jardín que pedía implementos de fútbol para sus alumnos y de cocina para sus alumnas.

    Pero, ¿qué es la educación sexista y por qué debemos terminar con ella? Desde Londres nos comunicamos con Camila Bustamante, ex vicepresidenta y directora de comunicaciones de OCAC Chile, socióloga con especialización en género, educación y juventud, parte de la Unidad de Equidad de Género del Ministerio de Educación y que hoy se encuentra cursando un Master en temas de Género, Políticas Sociales e Inequidades en la London School of Economics and Political Science.

    – ¿Qué se entiende por educación sexista?
    –Una educación sexista se identifica al menos en dos aspectos: cómo ocurre y cuáles son sus resultados. El primero se refiere a todas las dimensiones en las que se construye la educación de niños, niñas y jóvenes: las prácticas pedagógicas de docentes y académicos/as; los recursos que se utilizan, como libros y materiales; el currículo, es decir, la definición de qué tienen que aprender y en qué nivel o curso; la infraestructura; el lenguaje; entre otros.

    – ¿Cuál es tu diagnóstico sobre lo que ocurre en las aulas chilenas?
    –La educación chilena actual tiene un marcado sesgo de género, por ejemplo: estudios que analizan prácticas pedagógicas de educadoras de párvulo o docentes de nivel básico y medio, han demostrado que suelen dirigirse más a varones que a mujeres, a ellos les plantean preguntas más desafiantes y les entregan mayor feedback. Además, se entrega mayor apoyo a hombres en las áreas de matemática y ciencias; y a mujeres en humanidades y ciencias sociales. Otros estudios han mostrado que los textos escolares que se entregan en el sistema educativo suelen referir a varones, por ejemplo, a los héroes de la historia o a los científicos que han hecho descubrimientos. Lo mismo se replica a nivel universitario: si se analizan los autores que se estudian en las diversas disciplinas. Esto no ocurre porque no haya mujeres que hayan hecho aportes relevantes en esos campos, sino porque suelen ser invisibilizadas.

    – ¿Cuales son los resultados del sexismo en el sistema educacional chileno?
    –Podemos identificar el sexismo en la educación con sus resultados y estos son muy claros. No se trata sólo de las importantes diferencias de niños, niñas y jóvenes en pruebas estandarizadas como el SIMCE y la PSU, donde las brechas también se producen por sesgos sexistas en los instrumentos. El sistema educativo moldea los intereses y el desempeño de las personas en las distintas áreas del conocimiento, lo que tiene como resultado que hombres y mujeres escojan carreras distintas y se desempeñen luego en el mundo laboral en ámbitos altamente estereotipados como masculinos (ingeniería, ciencias, construcción, minería, negocios) y femeninos (educación, salud, humanidades, ciencias sociales, servicios).

    – ¿Existe evidencia respecto a que los niños sean mejores en determinadas áreas que las niñas, o viceversa?
    –Existe evidencia empírica de la diferencia de resultados de aprendizaje entre hombres y mujeres en diversas pruebas estandarizadas y estudios, donde ellas son mejores en lectura y escritura, y ellos en matemática. No obstante, hay dos grandes pero en esta realidad. El primero, es que algunas pruebas, como la PSU, tienen un importante sesgo de género en el diseño del instrumento, que sólo profundiza esas diferencias. El segundo, es que al analizar la evolución de los puntajes en el tiempo en este tipo de pruebas, se evidencia que en los primeros años de educación (primer ciclo de educación básica), las diferencias son casi nulas, sin embargo, van creciendo a medida que aumenta la edad de las y los estudiantes, llegando a brechas abismantes en la educación media. Un ejemplo de ello es lo que ocurrió este año con los resultados del SIMCE, que mostraron una gran desventaja de los varones en lectura en segundo medio, lo que se corresponde con los resultados complementarios que muestran que los varones no consideran la lectura como un pasatiempo y les gusta menos que les regalen libros.

    – ¿No existen entonces estudios científicos que avalen diferencias biológicas?
    –Algunas personas podrían aducir a que hombres y mujeres somos biológicamente distintos y que las diferencias en nuestras habilidades y preferencias estaría determinada naturalmente. La evidencia científica no es concluyente aún respecto a si existe verdaderamente un cerebro masculino y uno femenino, pero estudios recientes sobre plasticidad neural parecen apuntar a que las diferencias entre hombres están influenciadas por factores externos, la cultura y la sociedad, a medida que la persona se desarrolla.

    – ¿Qué ocurre en el caso de los niños, niñas y jóvenes LGTBI?
    –Los espacios educativos son percibidos de manera distinta por los distintos géneros. Por ejemplo, las personas LGBTI experimentan en general un paso por el sistema escolar altamente violento y discriminatorio, afectando su derecho a la educación. Otro ejemplo, son los niveles de acoso sexual que experimentan las mujeres en la educación superior, que es un tema que se ha vuelto cada día más relevante.

    El currículo oculto: azul o rosado, princesas o héroes

    – ¿Qué sucede con el denominado currículo explícito y el currículo oculto en la formación de niños y niñas?
    –Los sesgos y estereotipos de género en educación son provocados por lo que se ha denominado el currículo oculto, que refiere a todas aquellas creencias, imaginarios y valores que se transmiten a niños, niñas y jóvenes y que no están expresados en el currículum oficial o explícito. En el sistema educativo, el currículo oculto comienza a operar desde el inicio de la vida escolar de niños y niñas, donde se les muestra un mundo dividido en dos: rosado o celeste, princesas o héroes, muñecas o pelotas, comunicar o moverse, expresar o reprimir, usar el rincón del hogar o usar el rincón de la construcción en el jardín infantil.

    La transmisión del currículo oculto ocurre de manera inconsciente. No necesariamente una educadora de párvulos va a cuestionarse en el momento de calmar a un niño, al decirle que los hombres no lloran. Un profesor de matemática no necesariamente reflexiona cuando prefiere que un varón entregue una respuesta, aunque una niña a su lado también haya levantado la mano para responder. Todas y todos nosotros, incluidas las y los docentes, nacimos y nos desarrollamos en una cultura patriarcal, que naturaliza la posición dominante de los varones en la sociedad y la reproducción de conductas discriminatorias y violentas. Hemos estado expuestos/as a ellas toda la vida y es muy difícil identificar cuándo algo que hacemos o decimos está reproduciendo el orden patriarcal.

    Foto: El desconcierto

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      Debido a que no me gusta estar encerrada, suelo salir harto. Supongo que eso aumenta mis probabilidades, tal vez sólo es mala suerte, o simplemente las calles están llenas de acosadores, o todas las anteriores. Estas son mis experiencias:

      La primera vez que me acosaron era súper chica, iba como en séptimo básico. Estaba con ropa de colegio junto a mis amigos jugando videojuegos adentro de un supermercado, cuando vino un tipo y me tocó una pierna. Yo grité y les dije a mis amigos y uno de ellos salió persiguiendo al tipo en cuestión. Yo fui donde un guardia y este me dijo: “¡Déjelo!, que no le pegue su amigo porque él es enfermito y viene siempre para acá y hace esas cosas”. Quedé impactada al saber que lo dejaban hacer esas cosas con tranquilidad a cabras chicas de colegio y quién sabe a cuántas más. Me enojé muchísimo y quise insultar al guardia. Ahí aprendí que tienes que defenderte solita y defender a las demás.

      En otra ocasión, ya más grande, yo estaba sentada en la micro al lado de la ventana y un viejo se sentó junto a mí como cualquier persona no más. Yo iba con el bolso sobre las piernas y de un momento a otro sentí algo extraño en mi cadera, levanté mi bolso y era la mano de este viejo que iba en dirección a mi entrepierna. Le pegué en el brazo, lo empujé, me senté más atrás y le grité como pude porque no me salía la voz, le dije: “¡Viejo degenera’o!”. Algunas personas se dieron cuenta, pero él ni se inmutó. Se bajó cuatro paraderos más adelante, justo en el que me tenía que bajar yo, así que preferí bajarme después y darme una vuelta gigante por otras calles. Me arruinó el día, tenía demasiada rabia por lo ocurrido, por no haber actuado diferente y haber hecho algo más.

      En otra, yo iba en el Metro cuando un viejo me tocó el trasero, lo agarré del brazo, lo miré a los ojos y le dije: “Cuidadito con las manos hueón” y le enterré las uñas unos buenos segundos. Sonó la puerta y se bajó corriendo. Una señora me felicitó.

      Una vez vi a un viejo que iba punteando a una niña como de 14 años y le dije: “¡Oye!, córrete de atrás de la niña, la micro tiene harto espacio pa’ atrás”. El viejo se desfiguró entero y se fue calladito. La cabra no entendiendo nada, se avergonzó.

      También me ha tocado escuchar a viejos que le gritan a escolares y yo les grito de vuelta o me voy caminando al lado de ellas cuando es de noche. Es raro y es lindo eso. En las micros las mujeres nos sentamos con las mujeres y en las calles oscuras y paraderos también se forman silenciosos grupos de mujeres que se acompañan porque, de una manera u otra, todas sabemos que es difícil y peligroso. Además, si algo pasa, solo otra mujer te puede entender y ayudar.

      Es súper estresante caminar por la calle, sobretodo en Santiago (en otra región me relajo un poco). Yo defiendo mi espacio con uñas y dientes. Si un tipo se me pone muy cerca me corro, lo alejo o lo encaro.

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        Es verdad que siendo mujer eres acosada y discriminada diariamente, aun más cuando eres lesbiana. Mi pareja, con la que estoy en una relación hace ya dos años, y yo tenemos una opinión muy negativa respecto de cómo son vistas las relaciones lésbicas en Chile. Casi nunca nos tratan de forma normal, como quisiéramos que nos tratase, solo es un gusto distinto y ya. Sin embargo, la gente es cruel y juzga todo desde su punto de vista, en cómo se debería vivir para ser “normal” porque de lo contrario eres rechazada por la mayoría de las personas.

        Debido a la relación que tenemos, hemos sufrido la discriminación incluso por parte de nuestras familias que no nos aceptan. La familia de mi pareja no me deja entrar a su casa y me trata de lo peor. También nos ha pasado en lugares públicos; recuerdo una vez que estábamos en Santa Lucia, me recosté en el pasto con mi pareja y un tipo empezó a mirarnos, a hacer gestos vulgares, sonidos e intimidaciones acercándose mucho a nosotras.

        También fuimos discriminadas en una entrevista de trabajo. Con el fin de cuidarnos la una a la otra decidimos trabajar juntas para darnos apoyo y compañía en un mal momento de nuestras vidas. Fuimos a ciudad empresarial a una entrevista para call center en Virgin Movile. Nos preguntaron si éramos pareja y dijimos que sí ya que ya estábamos hartas de que nos miraran como cosas raras. Ante nuestros ojos, fue claramente una situación de discriminación ya que de todo el grupo que estaba en la entrevista, nosotras éramos las únicas con experiencia en el rubro, vivíamos cerca del lugar en cuestión y además sabíamos bastante bien cómo manejarnos en el trabajo indicado. Finalmente, después de la gran pregunta nos hicieron salir de la sala y esperar fuera, los demás quedaron dentro y esperamos bastante rato. Al final, le consultamos a un guardia qué pasaba y llamó a una chica que confirmó que ya hace bastante se había terminado esa selección y que ya estaban casi en la última etapa para comenzar a trabajar. Nadie se dignó a decirnos algo para que nos retiráramos.

        Sin embargo, el último y más violento, traumante y humillante episodio por el cual pasamos ocurrió un día que íbamos desde Lo Espejo a Puente Alto en metro para hacer un trámite. Pagamos nuestro pasaje, entramos al tren y nos sentamos. Todo iba bien y tranquilo hasta que se subió un mimo que hacía reír a los pasajeros burlándose de algunos. En cuanto lo vimos, él nos miró feo y se fue acercando a nosotras con sus bromas e imitaciones. Nos empezó a molestar a los minutos de haber subido con una señora que se había subido y nos increpó con gestos y burlas para que nos paráramos y le diéramos el asiento. Ante estos gestos, la señora señaló que no necesitaba sentarse ya que se bajaría en la próxima estación, este tipo siguió con las burlas hasta más no poder, haciendo gestos obscenos y burlas respecto a ser pareja. Nosotras en ningún momento le prestamos atención y eso más le molestó, porque siguió y siguió. Finalmente llegamos donde debíamos bajarnos, nos paramos y cuando se abrieron las puertas del vagón, el mimo nos gritó algo como “bájense lesbianas maracas conchesumadre”. Al escuchar esto, me di vuelta y después de aguantar harto, me defendí diciendo que parara el hueveo y le lancé unas gotas de agua de una botella prácticamente vacía que llevaba porque con los nervios me había tomado toda el agua. Este tipo me respondió inmediatamente, se lanzó encima de mí, me agarró fuertemente del cuello y con el otro brazo me tiró un combo. Mi única reacción fue intentar taparme con los brazos para que no me golpeara la cara. Recuerdo ese segundo como eterno ya que me quedé inmóvil y en shock, solo sentí miedo y no sabía qué hacer. Mi pareja rápidamente al ver lo que pasó, se abalanzó encima de él y lo sacó para que no me siguiera golpeando. Lo increpó y comenzaron a pelear a golpes. La gente nunca intervino y él, como un cobarde, nos tiraba golpes con patadas y puños mientras se escondía detrás de la gente, burlándose. La gente, como en un circo romano, lo defendía diciéndonos que habían niños, que tuviéramos cuidado, que para qué le hacíamos caso, etc. Yo les pregunté que cómo eran capaces de ver cómo se burlaba, que no hicieran nada ante los golpes que este tipo me propinó, la gente respondía una y otra vez de la misma forma.

        Entre todo este caos, dejaron parado el metro ya que él mismo salía y entraba al tren para golpearnos. Después, llegó un guardia y nos hizo subir hacia la boletería donde estaba carabineros, que allí arregláramos nuestro “problema”. Yo estaba llorando de impotencia y por la humillación que nos hizo pasar a mi pareja y a mí.

        Le pregunté a los guardias y hasta a las personas del aseo para saber a quién le podía pedir las grabaciones del metro con el fin de demostrar que él se lanzó encima de mí y que mi pareja solo me defendió para que no me siguiera pegando, pero fue inútil porque nadie dio una respuesta y nos ignoraron; se lavaron las manos diciendo que las grabaciones las debía pedir Carabineros. Por otro lado, el mimo seguía burlándose de nosotras mientras carabineros tomaba su declaración.

        Nos llamó mariconas de mierda delante de Carabineros, pero ellos siguieron escribiendo lo sucedido. Él contó que nosotras le pegamos de la nada, bastante ilógico ya que nadie se lanza de la nada a pegarle a alguien, a excepción de él. El mimo reiteró que nosotras lo golpeamos, sin embargo, físicamente no teníamos ninguna posibilidad de defendernos ante alguien como él. Un hombre que pesaba unos 85 kilos, medía 1,80 y tenía 35 años. Nosotras por otro lado, teníamos 22 años, pensábamos 60 kilos y medíamos 1,58.

        Carabineros decidió que era riña y nos llevó a los tres detenidos y a constatar lesiones ya que él tipo indicó y aseguró que lo golpeamos, que estaba mal y dando lástima cambió su actuar para salvarse .

        Fuimos a constatar lesiones y gracias a dios no alcanzó a hacernos nada tan grave salvo las evidentes lesiones de golpes, patadas, además de mi cuello en donde tenía las uñas y manos marcadas del tipo .

        Llegamos a la tenencia de carabineros y empezaron con hacer el informe o algo así para relatar y dejar por escrito lo sucedido. Dimos toda la información que nos solicitaron y solicitamos nuevamente las grabaciones de las cámaras del Metro para que quedara en evidencia el actuar del sujeto. Carabineros dijo que tendríamos que pasar todo el día, tarde y noche en el calabozo para pasar al otro día a la fiscalía e indicar lo sucedido .

        Nosotras no podíamos quedarnos ahí todo ese tiempo ya que teníamos comprado unos pasajes a Viña del Mar porque nos íbamos para allá y teníamos todo listo y, obviamente no esperábamos que ocurriera lo mencionado anteriormente, ni tampoco teníamos como deshacer todo de un momento a otro.

        Carabineros nos mandó al calabozo. A él a uno de hombres y a nosotras a otro de mujeres donde gracias a Dios una Carabinera que nunca esperé que se compadeciera me trató de una manera decente y me preguntó qué había pasado. Yo le conté y me dio frases de aliento y lamentó lo sucedido.

        Finalmente pasamos unas dos horas en el calabozo y nos preguntaron si seguiríamos el caso. El tipo obviamente se rehusó porque no le convenían las pruebas que podrían encontrar, estableció que ya se sentía mejor y que no quería seguir el caso. Nosotras por otro lado ya teniendo planes y cosas por hacer, dijimos que tampoco podríamos ya que no disponíamos de tiempo para seguir con eso. Sé que quizás fue un error por parte nuestra, pero realmente solo queríamos irnos y olvidar lo sucedido. Luego de unas horas, lo dejaron salir a él y después a nosotras.

        Ese día quedó en mi mente para siempre. Desde ese entonces que mantengo mucha angustia cada vez que ando en metro o en micro, tampoco quise volver al lugar ni tener alguna relación con lo sucedido ese día. Debo confesar que a pesar de que ya han pasado unos cinco meses de esto, todavía no lo olvido, siempre está en mi mente el miedo y pánico del momento y no sé cómo superarlo.

        He tenido constantes sueños y recuerdos de lo sucedido y siempre me inunda una gran pena, además de un sentimiento de asco y humillación. Este tipo me trató así y me golpeó solo por algo que a no le gustó.

        Desde ese día siento miedo de los homofóbicos y sus reacciones. Hasta cambié mi forma de ser con mi pareja, sé que no es su culpa, sin embargo, desde aquel momento no quise tomar su mano, ni besarla, ni tocarla en público nuevamente.

        Me siento muy perseguida y siempre que salimos estoy muy alerta de todos, con miedo en mi corazón y un nudo en la garganta.

        Sé que mi pareja me ama y entiende, pero para mí es muy difícil olvidar lo sucedido.

        Después de las cosas mencionadas, perdí la fe en la gente y me ha costado mucho avanzar. Últimamente me siento mejor encerrada y le pido a Dios que por favor se lleve el miedo y el trauma que me atormenta día a día .

        Se perfectamente cómo es sentirse acosa y violentada por ser mujer y por ser lesbiana.

        Agradezco mucho sus artículos y espero que algún día historias como esta no ocurran y nuestras próximas generaciones vean la discriminación y el acoso como un delito repudiable.

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          Aunque el número de hombres y mujeres que ingresan a la educación superior es similar, las cúpulas académicas que integran paneles de expertos son de dominio masculino. Esta situación la hizo notar Giorgio Jackson a comienzos de este año en Icare, donde aseguró que nunca más asistirá a “un panel donde selectivamente se excluya a las mujeres”, instalando el debate: ¿Acaso no hay mujeres? Sí, las hay. Entonces, ¿por qué no son consideradas para participar de estas instancias?

          Es común ver en los anuncios de paneles, foros y seminarios una lista de expertos de diversas áreas. Lo que es extraño, lamentablemente, es que estén compuestos por, al menos, una especialista. Si bien hay mujeres destacadas en prácticamente todas las áreas del conocimiento, están excluidas de estas instancias de debate. La excusa suele reducirse a un simple “es que no había mujeres”.

          Esta situación inquietó a un grupo de mujeres, que decidieron crear el Tumblr “Panel de Hombres”, versión chilena de “All Male Panel”, sitio web que documenta seminarios, foros y eventos cuyos paneles de expertos están integrados sólo por hombres. Cada semana se publican anuncios de paneles de expertos que no incluyen mujeres.

          Según un artículo publicado en La Tercera, cifras del Servicio de Información de Educación Superior(SIES) sostienen que desde el año 2007 hay un incremento del 60% en la matrícula femenina en la educación superior. El mismo artículo expone que en el caso de los postítulos, en el año 2015 había cerca de 40 mil mujeres más que hombres, según el ex ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre. En el caso de la educación escolar, la brecha entre hombres y mujeres ha disminuido en los últimos veinte años, equiparando la cantidad de niños y niñas que terminan la educación secundaria. Entonces, ¿por qué no hay mujeres?

          Myriam Aravena, periodista, voluntaria de OCAC Chile y una de las creadoras de “Panel de Hombres”, sostiene que la falta de expertas empobrece el debate. “Cuando se excluye a las mujeres, todos perdemos. No se trata de incluirlas por ser mujeres, sino porque estamos escuchando siempre al mismo grupo y nos hace perder riqueza”.

          Esta situación tiene su origen en la forma en que se presenta el mundo a las mujeres desde la infancia y que se repite en la vida profesional . “Tiene que ver primero con la sociabilización, con una forma de educar en donde el valor que se nos da es el del silencio, la quietud y no agitar mucho las aguas. Esto luego se replica en la vida adulta como el mansplainning y terminamos creyendo que nuestras ideas no son tan importantes y que alguien las dirá mejor”.

          Por ello, dice Aravena, la idea de “Panel de Hombres” es hacer notar que es precisamente en las instancias de debate donde se piensa el país, por lo que es importante que “se incorporen miradas diversas y no sólo de hombres blancos y heterosexuales. Es un llamado de atención a los hombres a que también sean críticos”.

          NO SIN MUJERES

          Fue el diputado Giorgio Jackson (RD), quien a comienzos de este año denunció públicamente en Icare la falta de mujeres en paneles de expertos. En esta instancia se debatía, justamente, sobre cómo venía el 2016 en términos políticos y económicos en el foro “Cómo viene el 2016”. Ante un público masculino, señaló: “Nunca más voy a asistir a un panel donde selectivamente se excluya a las mujeres”.

          Tras su declaración recibió tibios aplausos de los asistentes, pero acaparó los titulares de la prensa. En conversación con OCAC Chile, dijo “es grave que invisibilicemos a la mitad de la población y estamos conscientes que no asistir a un panel donde no hayan mujeres, es una medida minúscula en relación a la realidad que existe en Chile con respecto a la desigualdad de género”.

          Luego de esta intervención, firmó una carta con expertos de otras áreas, como Benito Baranda, Jorge Baradit, Pedro Cayuqueo, Daniel Gedda, Nicolás Copano, Marcelo Correa, Sebastián Depolo y Luis Larraín Stieb. Todos señalaron explícitamente que no asistirán a estas instancias si no se incluyen mujeres. Sobre ello, Jackson reflexiona y afirma que “me da la sensación que el machismo está tan incorporado en nuestra mentalidad, que muchas veces no somos muy conscientes de que nuestros propios actos contribuyen a la exclusión de las mujeres en distintos ámbitos”.

          Según Jackson con el fin del sistema binominal y la aprobación de la ley de cuotas, que exige un 40% de mujeres en cada lista, se podrá asegurar mayor presencia en la política. “En la próxima elección parlamentaria lo podremos ver por primera vez y me parece que eso va a ayudar en la sub representación que existe actualmente en el Congreso. ¡Imagínate que en la Cámara hay sólo 19 mujeres, de 120 parlamentarios! La diferencia es demasiada”.

          HAY MUJERES

          Lo cierto es que las mujeres están en prácticamente todos los ámbitos del conocimiento. María de los Ángeles Fernández, Analista Política y fundadora de “Hay Mujeres”, se ha encargado de probarlo. Junto a su equipo elaboraron un directorio de expertas, que a estas alturas suma 429 profesionales de diversas áreas.

          Fernández sostiene en su columna “No estás autorizada a dar tu opinión”, que las mujeres no logran valorar sus propias capacidades debido a una serie de elementos. Uno de ellos y el principal, la socialización: “En el hecho de que las mujeres no terminamos por valorarnos a nosotras mismas se encuentran factores como la socialización que recibimos. De las mujeres, se esperan ciertas cosas y de los hombres, otras. En el caso de las mujeres, no se nos alienta a opinar, a emitir nuestro propio juicio, a ser deliberantes. Por suerte, eso está cambiando”.

          Otro factor es la educación escolar. Desde la infancia se nos inculca que hay profesiones que son de niñas y otras de niños a través de juegos. Así, la educación formal contribuye a reproducir estereotipos: “El rol de la educación preescolar se convierte, desde este punto de vista, en una etapa clave, pero no parece ser una prioridad a nivel de las políticas públicas ni del debate público”, explicó Fernández.

          Según la fundadora de “Hay Mujeres”, la inclusión de mujeres en paneles de expertos “es fundamental si queremos que el debate se acerque a lo que se espera que sea una sociedad democrática: diversa, abierta, plural y heterogénea”.

          La experta concluye que incluir mujeres es primordial para entregar una visión de país integral. “Estoy convencida de que buena parte de los problemas que enfrentamos para entender los dilemas que vive Chile, se relaciona con diagnósticos limitados y parciales, donde los problemas se observan con un sólo ojo y una sola sensibilidad: la masculina”.

          DESMANTELAR EL SISTEMA

          Actualmente las mujeres son bienvenidas en el espacio público y ocupan puestos de dirección, siempre y cuando cumplan con el estereotipo de mujer, explica María José Guerrero, socióloga y Directora de Estudios de OCAC Chile: “Responde a los mismos patrones de sexismo, en el sentido que si bien las mujeres son bienvenidas a los espacios públicos, como en las universidades, se sigue exigiendo que realice una normatividad de mujer con una mayúscula. Que siga el estereotipo de mujer que no toma decisiones y acata temáticas. Las mujeres, si bien están en espacios públicos, no en la alta dirección. Y si es así, están en recursos humanos o de cuidado”.

          Guerrero sostiene que esto se replica en paneles de expertos, ya que “siguen reproduciendo la categoría de mujer con mayúscula, que no toma decisiones para los otros. Por lo tanto, una mujer no tiene cabida en un panel de expertos. Y si la tiene, está en la diferencia. Por ejemplo si vamos a hablar de aborto, llevaremos a la mujer que abortó, no a la médico. Eso es lo que se reproduce”.

          Guerrero sostiene que si bien políticas como la Ley de Cuotas aportan al sentido de equidad, es necesario reformar el sistema para lograr un cambio real: “Son medidas parche dentro de un sistema patriarcal. La falta de mujeres en cargos políticos, de alta dirección y en paneles de expertos es un síntoma. Esto se acaba con educación no sexista, reforma desde los sistemas educacionales, políticos y culturales. Es un sistema completo que tiene que ir derrumbándose, pero comienza con la visualización y falta mucho todavía”, concluye.

          Imagen: http://www.vanityfair.com/

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            La cultura del acoso ya no se vive únicamente en espacios físicos. Hoy también se ejerce a través de mensajes de texto y redes sociales, dejando profundas huellas en quienes son víctimas de este tipo de violencia.

            A fines de mayo nos horrorizamos con lo sucedido en Río de Janeiro, donde una joven de 16 años fue drogada y violada por 30 hombres. No suficiente con esto, los sujetos compartieron en redes sociales un video de 40 segundos del ataque, junto a una foto posando frente a los genitales lastimados de la adolescente.

            A pesar de la brutalidad de esta situación, en el último tiempo hemos sido testigos de una multitud de casos de ciberacoso: esto es amenazas, hostigamiento, acoso o humillación sexual reiterados que se han masificado por las mismas redes sociales o de mensajería, violando la privacidad y los derechos básicos de las mujeres. Hablamos de violencia de género, colocando a las mujeres como víctimas, puesto que el comportamiento machista de la sociedad se ha encargado de estigmatizar la sexualidad del género femenino, al castigarlas y entregarles una marca social indeleble. Al mismo tiempo, se naturaliza el actuar de los hombres en tales situaciones, al restarles culpa desde el punto de vista social. Dicho sesgo lo pudimos ver en los casos de “Wena Naty” o “Fifi”, videos de contenido sexual que se viralizaron en 2007 y 2015 respectivamente, en donde se criticó y juzgó moralmente a la mujer por sus actos y no a los hombres que difundieron el material en redes sociales, sin la autorización de sus participantes. Es más, los hombres no son siquiera nombrados en las noticias respectivas, trasladando la carga completa a las víctimas.

            Al respecto María Francisca Valenzuela, Presidenta de OCAC Chile, sostiene que “cuando se trata de difusión de contenidos violentos en redes, específicamente que tienen que ver con tratos vejatorios a mujeres, adolescentes y niñas, es importante comprender que no se tratan de situaciones aisladas y que tal como otras dimensiones de violencia, forman parte del continuo de violencia de género. Las redes sociales u otras plataformas de internet, son simplemente otras de las dimensiones en las cuales podemos encontrar este tipo de agresiones”.

            En la misma línea, Patricia Peña, profesora del Instituto de Comunicaciones e Imagen de la Universidad de Chile (ICEI) y parte del directorio de Girls in Tech Chile, agrega que “los casos de acoso en redes, que en sí es violencia online, deben ser entendidas como violencia y no minimizarlos con los clásicos argumentos de que sólo fue en redes sociales”.

            Chile y Latinoamérica no están solos en casos de esta índole. Alrededor del mundo nos topamos con miles de incidentes, tales como las fotos y videos privados de famosas, extraídas sin autorización y publicadas en la red, e incluso una preocupante cantidad de videos sexuales grabados en un contexto de confianza e intimidad para luego ser distribuidos sin permiso. Esto último ha sido utilizado en reiteradas ocasiones como “porno de venganza”. Según un estudio de la BBC, en Inglaterra sólo en 2015 más de 1.160 personas fueron víctimas de esta situación, partiendo incluso desde los 11 años. Se trata de una práctica que busca humillar a la víctima, buscando un torcido sentido de justicia y usualmente viene acompañado de amenazas y chantaje de todo tipo.

            Cabe mencionar que esos son sólo los casos registrados, ya que según un estudio de la revista “Cyberpsicología, comportamiento y redes sociales”, enfocado en menores de edad, sólo un 60% de los casos es reportado y sólo la mitad de esos obtiene respuesta alguna. En casos extremos, las jóvenes terminan suicidándose por la presión social, la condena al ostracismo y el sentimiento de culpa que cae sobre ellas. Es así como tenemos los casos de Amanda Todd, Tovana Holton, Rehtaeh Parsons, Júlia Rebeca, Audrie Pott, junto a una extensa lista que, afortunadamente, cuenta con casos no fatales, pero no menos arduos.

            Lamentablemente, agrega Peña, “grabaciones de video de tipo cyberbulling contra niñas o niños en sus lugares de estudios, grabaciones de video no consentidas de una pareja en relación a situaciones de intimidad (como chantaje o porno-venganza), amenazas online contra activistas (bajo el rótulo de feminazis), acoso u hostigamiento online contra una mujer o ex pareja; son situaciones que en nuestros países no pueden ser denunciadas de manera correcta en una comisaría o ante las autoridades, ya que los sistemas legales no los reconocen como formas de violencia o acoso, hasta que finalmente ocurre en ‘la realidad’. Y aun así, muchas veces se transforman en procesos engorrosos para quienes lo viven”.

            Pese a ello, “gracias al trabajo de incidencia de organizaciones de la sociedad civil, estos temas se han comenzado a discutir con las empresas de social media, las que han incorporado en sus políticas de uso mecanismos o sistemas para denunciar acoso, abuso online, suplantaciones de identidad digital o bloqueo de pornografía infantil”, afirma Patricia Peña.

            Cabe destacar que tanto Facebook como Twitter recomiendan a sus usuarios simplemente bloquear y reportar a los usuarios agresores. Caso aparte son las aplicaciones de mensajería, donde el tema se complica, ya que la manipulación de dichos datos se vuelve imposible dada la encriptación que poseen; medida que apunta a proteger la privacidad de todos los usuarios.

            Patricia, quien también participa en el directorio de Girls in Tech Chile, comenta que “recientemente, las dos Relatorías de Libertad de Expresión, tanto la de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la de Naciones Unidas, han comenzado a elaborar principios que establecen estándares base sobre Internet: Derechos Humanos, Libertad de Expresión y Privacidad; llamando a los gobiernos y a empresas a tomar acciones y posiciones más activas y de responsabilidad.” Es de esperar que dichos avances logren sentar nuevas bases para que se desarrollen leyes pertinentes. Actualmente, no hay una ley que combata directamente esta ofensa, a pesar de haberse planteado un proyecto de Ley en 2014. Las ofensas existentes en el código penal (como en el Art 161-A) dejan de lado tanto el carácter íntimo como la culpa de quienes comparten dicho material, y no reflejan el contexto virtual en el que nos desarrollamos actualmente.

            Desafíos

            En relación a los desafíos pendientes que tenemos en el país para combatir estos temas, Claudia Pascual, ministra de la Mujer y la Equidad de Género, señala que necesitamos “una transformación cultural profunda, que nos permita a hombres y mujeres relacionarnos en el marco del respeto”. Además de “valorar el aporte que las mujeres han hecho a lo largo de la historia y en todos los ámbitos de la vida y la cotidianidad en nuestra sociedad. No sólo en el plano de la familia, sino que en nuestra sociedad en lo económico, en lo político, en lo cultural”.

            Al respecto, Patricia Peña opina que “en Chile y América Latina, tenemos como principal desafío la educación y el fomentar estrategias de auto cuidado. Falta abrir y potenciar aún más las conversaciones de este tema con niñas y niños, con adolescentes y jóvenes, ya que ellas y ellos viven sus interacciones digitales (el uso cotidiano de la web, y sus recursos y espacios) como un continuo, donde no hay diferencia entre la vida online – offline”.

            Concordando con esto último, la Presidenta de OCAC Chile cree que “para poder combatir estas situaciones es importante, en primer lugar, tomar conciencia desde dónde provienen estos actos y a partir de allí educar. Actualmente no tenemos una sexualidad que sea igualitaria, desde cómo la vivimos a cómo emitimos juicios”. De esta forma, una meta esencial es tener “una educación en base al respeto entre géneros, así como también una formación sobre nuestra sexualidad que no cree una noción de ‘placer’ a partir del control sobre otro”, aseveró.

            A raíz de ello es que nuestro deber es condenar activamente a quienes apoyan y comparten contenido de maltrato sexual por internet. La impunidad que otorgan las redes sociales, así como la facilidad de viralización de contenidos debe ser considerada como agravante a la hora de divulgar material íntimo. Además, podemos generar un impacto previo a la masificación del contenido al frenar y educar a nuestros propios círculos online.

            Foto: kom-agency.com

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              En su nuevo libro sobre humor político “Malditos Humanos”, Malaimagen decidió incluir temas de género. De hecho, trae dos viñetas sobre acoso sexual callejero. “No entiendo por qué hay hombres que atornillan para el otro lado en algo tan grave”, dice en esta entrevista sobre humor, política y feminismo.

              Como un rockstar. Guillermo Galindo, “Malaimagen”, lanzó su nuevo libro “Malditos Humanos”: en una sala repleta de gente, con personas frustradas que no lograron entrar al lanzamiento, vestido de negro y al lado de Ana Tijoux. Esa fama, dice él, no le ha hecho perder el foco: dibuja porque piensa que el arte tiene un compromiso político contra el poder. Y eso, también, en coordenadas feministas.

              —Tu bio de Twitter es “aborto obligatorio”, ¿por qué?
              —Por fastidiar. (Cuando se votó la idea de legislar en el Senado) me la iba a cambiar a “aborto 3500 causales”. Es que encuentro que los argumentos anti aborto son delirantes. Lo que habló la Van Rysselberghe, de los fetos de 80 años; la Alvear, relacionándolo con el rodeo. O la otra vez, que se va a acabar la Teletón o que el aborto es como la esclavitud. Qué argumentos más idiotas. Es triste cuando vienen de mujeres. Uno lo podría entender de un hombre, que habla desde una ignorancia masculina, pero no me cabe en la cabeza que haya mujeres que quieran quitarle derechos a otras mujeres o a ellas mismas. Las mujeres deberían unirse de forma transversal.

              —Y al revés: había hombres, como Rossi o Girardi, defendiendo el derecho a decidir.
              —Es un tema de egoísmo. Por qué alguien que no tiene un problema va a pensar que nadie más lo tiene. Yo estoy por el aborto en tres causales y creo que se debiera llegar al aborto libre y seguro. Encuentro triste cuando la oposición viene de mujeres porque, al final, son ellas quienes se embarazan. Eso no le quita responsabilidad a los hombres. Un hombre que está en contra del aborto es igual de nocivo y repudiable.

              —En tu nuevo libro, Malditos Humanos, viene toda una sección de humor político sobre género, ¿por qué decidiste incluir esos temas?
              —Siempre ha sido importante para mí ocupar mi tribuna de dibujante para hacer algo constructivo. Al ir articulando el libro fui detectando problemáticas que no se dan solamente en Chile y una grande fue el género, incluyendo la moral religiosa en políticas públicas, el machismo, la publicidad sexista, la discriminación. Fue un granito de arena, para empujar y que se logren avances.

              Cuando se habla de género casi siempre el tema se reduce a los gays o a las mujeres, pero en tu libro incluiste chistes sobre las masculinidades agresivas, sobre machotes rudos.
              —Es que los estereotipos de lo masculino y lo femenino pesan sobre hombres y mujeres, pero pesan de forma más compleja sobre las mujeres porque los hombres tienen privilegios, como ganar más plata por hacer el mismo trabajo. En el libro traté de incluir el estereotipo del hombre machista, porque me causa gracia el sinsentido de que un hombre se sienta más hombre por menospreciar a otros. Además, hay muchas mujeres haciendo cómic feminista, pero hay pocos hombres haciendo cómic feminista.

              También incluiste dos chistes sobre acoso callejero.
              —Me molesta que se ridiculice el acoso callejero. La caricatura que pesó. Que no se le va a poder decir linda a una mujer en la calle porque te van a llevar preso. Y no es así, se está luchando por algo mucho más grave. Yo trabajé en un departamento de diseño donde la mayoría eran mujeres y llegaban contando que las habían perseguido hombres masturbándose, o que las habían toqueteado o les habían hecho insinuaciones sexuales en la calle. Me llamaba la atención eso: hombres que se masturbaban siguiéndolas. Y eso pasaba todas las semanas. Es fácil no ver el problema cuando uno no tiene el problema. Es fácil decir que le están poniendo color si a uno no le pasa nada. No entiendo por qué hay hombres que dicen “feminazi” y atornillan para el otro lado en algo tan grave. Si a ellas les molesta, cuál es tu problema de que se quieran defender. Ante esa ridiculización, creí importante incluir el acoso callejero, para apoyar.

               

              opresion
              Esta es una de las viñetas de “Malditos Humanos” sobre acoso sexual callejero, que Malaimagen compartió en exclusiva con OCAC Chile.

              inmoralidad

              —¿Y qué piensas del feminismo?
              —No soy un conocedor de la teoría y de la historia del feminismo y de muchas otras cosas, pero creo que es absolutamente válido y actual. Mucha gente lo hace ver como algo pasado, como que hubo feminismo para que las mujeres votaran y con eso basta. El feminismo es una lucha que se tiene que dar hasta que se logre la igualdad. Es un movimiento valiente, necesario y me alegro de que sea cada vez más fuerte.

              El humor discriminatorio no aportó nada”

              —En el lanzamiento de Malditos Humanos dijiste que antes de escuchar punk, escuchabas Los Tres, y que pensabas que no entendías sus letras, pero en verdad era porque no decían nada. ¿Crees que el arte debe ser político?
              —Escuchaba La Ley, no Los Tres. Me gustaba La Ley, pero no entendía las letras. Y Los Tres no me gustaban, pero tampoco entendía las letras (se ríe). No creo que el arte deba estar necesariamente al servicio de temas políticos. La creación tiene que ser lo más libre posible. No es una obligación usar la tribuna para temas sociales, es una oportunidad, pero es irresponsable no usarla. En los 80 había grupos que tenían mucho público y cantaban canciones súper estúpidas, mientras se mataba gente en la calle. No entiendo cómo ni por qué hay autores indiferentes ante cosas tan evidentes. Es decisión de cada autor, pero nadie debería ser indolente a temas que nos afectan a todos.

              Y qué piensas de esos casos donde los autores no manifiestan algunos temas en su obra, pero salen con declaraciones políticas desafortunadas, como pasó con Bersuit. No sé po, qué pasa si alguien que admiras sale con un desmadre.
              —No me ha tocado admirar a alguien y que se me caiga. Yo no era fanático de Bersuit y no creo que el tipo sea un violador, creo que es un imbécil. Hace poco salieron declaraciones del vocalista de Attaque 77, que decía que era capaz de erotizarse con una niña. Debió darse cuenta de que eso era una estupidez, con todos los casos de pedofilia y abuso infantil que hay. Hay femicidios todos los meses, no vai a salir diciendo que las mujeres le dan color. Eso lo encuentro imbécil lo diga alguien en un carrete o un músico que leen millones de personas. Tiene mayor impacto si lo dice un famoso, pero hay que erradicarlo de todos los aspectos. Sobre todo en los espacios cotidianos. Si en un ambiente de amigos alguien dice en serio: oye, las mujeres le dan color. Ahí es el momento de meter la cuchara y debatir.

              —Una vez escribí un texto que decía que está mal hacer chistes sobre grupos que han sido históricamente vulnerados. Yo siento que tu humor, al contrario, es subversivo.
              —Hubo mucho humor discriminatorio, del discapacitado, del tartamudo y no aportó nada. La otra vez Bombo Fica era jurado en un programa de talentos y un tipo contó un chiste que era de tartamudos o de gangosos y Bombo Fica dijo: durante muchos años los humoristas chilenos nos reímos de gente con problemas sin reflexionar que estábamos haciendo daño. O sea, se pueden hacer chistes con homosexuales, sí. Se pueden hacer chistes con extranjeros, sí. Pero qué vuelta le damos para no caer en la discriminación burda que es más parecida al bullying que al humor. Es fácil escudarse en el humor para hacerle daño a la gente. Si vai a hacer chistes de extranjero, ataca la xenofobia. Pero para qué atacar grupos que han sido históricamente perjudicados. Eso es ponerse del lado del poderoso. Y los humoristas, como cualquier oficio, no deberían estar del lado del poderoso; deberían estar al lado de la gente que está en la misma que uno.

              —Tu discurso es bien progre, de izquierda. ¿Te identificas con algún proyecto político actual?
              Con el único proyecto que me sentí identificado desde chico es el anarquismo. Es lo único que he leído y he dicho: esto me gustaría a mí, es lo que le hace mejor a las personas. No sé la factibilidad inmediata de un proyecto así. Esa es mi trinchera, a partir de la que uno cae en millones de contradicciones, en el día a día, en las cosas que uno se mete para vivir. Ahora, si me preguntai de movimientos como Revolución Democrática o Izquierda Autónoma, no me llaman mayormente la atención, además de propuestas puntuales. A mí no me interesa como institución el matrimonio, pero sí estoy a favor del matrimonio homosexual. ¿Por qué hablo de una ley si desde el anarquismo no creemos en las leyes? Porque uno no puede ser tan utópico de pensar que todo es con una varita mágica.

              —¿Entonces no votas?
              —Yo voté en las últimas elecciones. No voy a decir por quién. Sé que desde las elecciones no vas a cambiar las cosas, pero que si ese día no votai tampoco estai cambiando nada. En la última votación se había dado recién la inscripción obligatoria y el voto voluntario. Era más fácil. Preferí ir a dibujar algo en el voto que quedarme en la casa.

              —¿Y qué dibujaste?
              —Hice un monito de Malaimagen, el típico del bar. Le debí sacar una foto pero estúpidamente no lo hice. Espero que el vocal de mesa lo haya visto y lo haya encontrado divertido.

              —¿Vamos a ver tus monos en estas elecciones entonces?
              —Sí, las elecciones son muy entretenidas para quienes hacen humor gráfico político. Las últimas elecciones fueron un festín porque había muchos candidatos. Ahora tengo que empezar a dibujar a Lagos.

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                La iniciativa se llevó a cabo en la Biblioteca de Santiago y logró juntar a diversas generaciones de feministas luchando por la equidad de género.

                El pasado martes 6 de septiembre, el Observatorio Contra el Acoso Callejero realizó en conjunto con la Fundación para la Promoción y el Desarrollo de la Mujer (PRODEMU), el “Encuentro Intergeneracional Feminista: Discutiendo la Violencia de Género”. Esta iniciativa se llevó a cabo en la Biblioteca de Santiago y logró juntar a diversas generaciones de feministas luchando por la equidad de género.

                En palabras de María Francisca Valenzuela, Presidenta de OCAC Chile, “son muy importantes las instancias para democratizar el conocimiento del feminismo, para que empecemos a expresar y ordenar un poco este conocimiento y crear estrategias de acción colectivas.”

                En primera instancia, el evento contó con exposiciones de María Francisca y también de Roxana Valdés, por parte de la Red Chilena Contra la Violencia hacia las mujeres. Con esta introducción se dio paso a las mesas de trabajo, en donde más de 50 personas se juntaron a discutir acerca de la violencia de género y la importancia del feminismo para abordar este desafío. Finalmente, se dio cierre a una jornada de casi tres horas con una plenaria en donde se expusieron y debatieron los principales puntos del ejercicio anterior.

                En relación al trabajo que se generó, Javiera Prieto, Directora de Intervención de OCAC Chile, señaló que “en las mesas de trabajo se vio que todas estaban muy motivadas por dar su opinión y a pesar de que las opiniones que tenían sobre violencia de género, feminismo y sobre cómo la mujer vive los distintos tipos de violencia eran muy diversas; se pudo llegar a consensos entre los grupos y la discusión fue muy enriquecedora. Yo creo que para todas las asistentes esto fue muy educativo”.

                Por su parte, Valenzuela recalcó la importancia de tener instancias de discusión de feminismo como la que se vivió en este encuentro feminista. “Es importante que las nuevas generaciones empiecen a tener instancias de discusión de feminismo, como también que generaciones más antiguas de feministas nos traspasen su conocimiento y su experiencia como por ejemplo, la Red Chile que existe desde la década de los 90, cuando en Chile empezó a verse una institucionalización de los temas de género”, concluyó.

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                  principal testimonios nuevoTenía diecinueve años y tuve que rendir la PSU de Lenguaje. Cuando salí de la prueba decidí caminar a un paradero que estaba un poco alejado de la sede, al lado de un parque. Me faltaba menos de una cuadra para llegar, cuando un tipo en bicicleta de unos 50 años se me cruzó y dijo: “Uy, mijita, qué rica. Los pelitos de abajo, ¿también los tiene colorines?” Me sentí pésimo y le grité cuanto improperio se me ocurrió, pero él se alejó con su bicicleta y me siguió gritando cosas.

                  Luego de eso, me apuré en ir al paradero y llegué llorando a mi casa, porque más vulnerable no me pude sentir.

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                    La autora de “No abuses de este libro” conversó con OCAC Chile sobre su libro, el abuso y el machismo. Su novela gráfica cuenta la historia autobiográfica que retrata la vida de Tina, una niña de siete años que ve cómo su mundo cambia cuando sus padres se divorcian y re hacen sus vidas con otras parejas. Ahí es cuando aparece R, nuevo novio de su madre y su abusador por más de cuatro años.

                    Natalia Silva tiene 23 años, es feminista, ilustradora y autora de “No abuses de este libro”, una novela ilustrada que muestra la historia de una pequeña niña llamada Tina, quien sufre un cambio de 180 grados en su vida cuando su padrastro -un hombre de apariencia correcta, intachable, de esos que no matan ni una mosca- abusa sexualmente de ella. Este abuso se perpetuó por cuatro años, hasta que un día decide romper el silencio y contarle a su psicóloga.  Se trata de una historia autobiográfica y al igual que Tina, Natalia por años también sufrió abuso por parte de su padrastro.

                    La ilustradora cuenta que a los 16 años comenzó a escribir, a dibujar la historia como parte de su proceso de sanación. Pero que con el tiempo fue tomando otra connotación hasta transformarse en un libro con el que espera educar sobre esta violenta realidad y ayudar para que otras personas se atrevan a enfrentar a sus abusadores y sacar la voz.

                    Si bien Natalia Silva afirma que no publicará otro libro sobre su propia historia, está abierta a hablar de este tema. En conversación con OCAC Chile cuenta por qué decidió crear esta historia para niños y niñas inspirándose en su propia experiencia.

                    – ¿Cómo nace este libro?
                    – Nace como una necesidad de expulsar todo lo que me había pasado. Los primeros dibujos los hice en mi diario de vida de adolescente y me demoré siete años en poder sacar este libro. Hoy ya está todo dicho ahí y no quiero ser una víctima, quiero ser una heroína.

                    – ¿Qué significó para ti publicarlo?
                    –Cerré un ciclo. Fue mi manera de poder sacarme todo lo que tenía adentro. Pero no ha sido igual para todo el mundo. Una pariente me dijo hace poco: “Por fin vas a dejar este tema de lado, espero que seas feliz”. Y yo le dije: “No, no voy a dejar de hablar del tema, voy a vivir con esto toda la vida ¿qué te pasa?” ¿Cómo puede ser posible que se normalice tanto el tema? Lo peor es que ella misma sufrió situaciones de acoso cuando chica.

                    – ¿Cuáles han sido las reacciones?
                    –He recibido buenas críticas, constructivas también, y feedback muy positivo. Con el abuso me han dicho exagerada toda la vida, pero con el libro sólo una vez: fue un comentarista de Emol que dijo que era un asco de historieta, porque yo estaba aprovechándome para hacerme millonaria con el libro. Dijo que era una mentirosa y que no podía probarse. No tuve que ni meterme, me defendió mucha gente. También me pasó con una entrevista que me hicieron por mail, que me preguntaron cómo sabía que había sido abuso y no una mal interpretación. Pensé que era broma. Fuera de eso, he recibido muchos correos en agradecimiento por contar mi caso, como también para contarme los suyos. Ha sido heavy.

                    – ¿Qué pasó con tu familia cuando les contaste que fuiste abusada?
                    –Mi familia por el lado materno lo minimizó, como suele pasar en los temas de abuso. Es brígido cómo eso pasa en todos lados, como la chica que fue violada por un nadador en Standford y la gente de algún modo lo justificó diciendo: “Es que estaba curada”. ¡¿Y qué tiene que ver?! En el abuso no hay un termómetro de cuándo es grave y cuándo no. ¡Siempre es grave! Siempre te va a marcar. Lo del abuso es machismo puro y duro.

                    – ¿En algún momento te sentiste culpable?
                    –Obvio que cuando chica me lo cuestioné, porque era lo que todos decían. Es más, cuando probé la marihuana por primera vez, pensé que podía llegar a sentir algo de lo que decía sentir mi abusador, que siempre relacionó la weed con el abuso. Claramente no pasó. Incluso recuerdo que una vez una psicóloga dijo que mi padrastro se había enamorado de mí y que eso no significaba algo particularmente malo o que fuera a repetirse. Pero un hombre que se enamora de una niña de ocho años es un pedófilo, punto.

                    – Esa normalización de los abusos también suele hacerse con los acosos callejeros, ¿lo has sufrido?
                    –Sí, lógico. Acá es súper normal que pase, porque piensan que por ponerte un vestido tienen derecho a decirte cosas. Es tan machista la sociedad que hasta mis amigas me dicen que no puedo salir a trotar a las 12 de la noche en peto. Pero, ¿por qué no voy a poder? Estoy en todo mi derecho. Tenemos que hablar de estos temas, educar a los niños y niñas sobre el abuso y dejar de normalizar situaciones que no lo son.

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                      principal testimonios nuevo

                      Mientras estaba esperando locomoción en el paradero un tipo me gritó “¡qué te vaya bien en el colegio, yo te acompaño!“.  Morí de miedo, así que apenas paró mi micro me subí de inmediato, pero para mi desgracia él también. Se paró frente a mí, me tiró besos y dijo palabras sexuales. Le hablé a una señora y lo único que conseguí fue un “es normal, siempre pasa, no puedes hacer nada“. Sin saber qué hacer, me alejé lo más posible. Cuando llegué a mi parada (Parque Bustamante) me di cuenta que él también se había bajado; me persiguió cinco cuadras hasta que entré a un negocio llorando. Después de 40 minutos de estar ahí dentro, el tipo se fue. Corrí a mi colegio sin entender muy bien por qué algunos normalizan estos actos.