piropo grosero

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    Desde que soy muy chica recuerdo acosos, miradas y respiraciones asquerosas de tipos pervertidos. Todos me decían que era una niña tan bonita y que debía ser modelo, pero para mí siempre ha sido una carga mi apariencia física, así que intentaba pasar lo más piola posible usando la ropa menos provocativa que encontraba, y esto hizo que yo fuera muy tímida. A los 8 años, cuando recién empezaba a irme sola del colegio a la casa -ya que era una ciudad chica y me demoraba unos 10 minutos- un hombre de unos 30 años se puso frente a mí y dijo: “Te chuparía todo el sapito”. Yo salí corriendo y con una sensación de asco horrible. A los 12 años, estaba llegando a mi casa sóla y no era muy tarde, pero como era invierno había oscurecido hace poco. Iba un hombre adelante mío y miró hacia atrás; al verme empezó a caminar más lento, así que yo también disminuí la velocidad para no acercarme. Cuando llegué a la puerta de mi casa alcancé a golpear una vez y este tipo me agarró por la espalda y me levantó para llevarme a una zona oscura. Me quedé helada y no supe qué hacer, pero menos mal que mi mamá abrió la puerta de la casa y él salió corriendo. Nunca conté nada por vergüenza. Durante toda la época escolar escuché obscenidades y los mal llamados “piropos” y moría del miedo. Cuando tenía 15 años conocí a mi pololo, con el cual seguimos juntos, y empecé a tener más confianza para afrontar estas situaciones (además que estando con él nunca me dicen nada). A los 20 años quedé embarazada, pero ni por eso los acosos cesaron. El peor “piropo” fue cuando tenía 8 meses y un hombre con voz repugnante me gritó en la calle: “Guachita le haría un aborto con el pico”. Como se fue en su auto, yo alcancé a levantarle el dedo no más. También al estar sola con mi hija me han dicho cosas como: “Mamita le hago el hermanito”.

    En el verano iba en la micro sentada en el lado de la ventana vestida con short y un viejo empezó a frotar su pierna contra la mía, por lo que lo tuve que empujar  para que se alejara de mí; nadie hizo nada. Ahora que mi hija el próximo año empezará el colegio, me da un pánico horrible que ella pase por lo mismo. Ninguna persona debería pasar por estas cosas.

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      Se ha hablado mucho de que somos culpables, por cómo “andamos vestidas”.

      Ese día iba con unos pitillos, mis zapatillas ultra “carretiadas” y una polera cualquiera (pabilo o con mangas, pero ese día hacía calor). Siempre que salgo voy escuchando música, para no escuchar las bocinas de los idiotas y los típicos “guachita rica”, que no quiero ni necesito escuchar. Ese día justo no iba con audífonos. Iba camino a la casa de mi pololo que vive como a cuatro cuadras de la mía. Cuando iba a mitad de camino, se acercó un tipo de unos cuarenta años que me dijo “mijita, te lo metería todo”. Sentí tanta impotencia y rabia que sin dudarlo me di vuelta y lo encaré diciéndole “VIEJO CULIAO ASQUEROSO, PUEDO SER TU HIJA O TU NIETA HUEÓN; NO TE DA VERGÜENZA? QUE ASCO HUEON”. Me miró sorprendido, casi asustado, se dio media vuelta y se fue. Me sentí tan bien por no haberme quedado callada con el asco y rabia dentro.  Sentí que nadie me iba a volver a acosar nunca más porque desde ese día comencé a defenderme. Desde los trece años que sufro de acoso, pero ya no me callo más.