#respetocallejero

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    Asistieron a la ceremonia las fundadoras del observatorio, las voluntarias y colaboradoras actuales, además de autoridades como la directora de ONU Mujeres, representantes de Sernameg y diputadas.

    Con un acto en el ex Congreso Nacional y una firma simbólica, el Observatorio Contra el Acoso Chile (OCAC) celebró la promulgación de la Ley 21.153 que modifica el Código Penal para tipificar el delito de acoso sexual en espacios públicos. La actividad viene a finalizar un largo proceso de tramitación del proyecto de ley que comenzó en marzo de 2015.

    A la instancia asistió la Seremi Metropolitana de la Mujer y la Equidad de Género, Isabel Varas; la diputada Karol Cariola (PC); y la directora de ONU Mujeres en Chile, María Inés Salamanca, entre otras autoridades.

    El acto fue presidido por la presidenta de OCAC, María José Guerrero, quien en la instancia recordó el camino que ha recorrido la organización que, desde un esfuerzo colectivo y organizado, ha trabajado para que el acoso sexual callejero sea entendido como un tipo de violencia sexual, a través de numerosas campañas comunicacionales y la generación de estudios propios, que tuvieron como finalidad visibilizar esta problemática social.

     “Dimos cuenta que 12 años es la edad donde se genera el peak del comienzo de la victimización de acoso callejero en nuestro país, donde una de cada dos mujeres jóvenes sufre acoso callejero por lo menos una vez a la semana. Si sacamos una proyección rápida, al ser acosada una vez a la semana, de los 12 a los 25 años habrás sufrido más de 600 actos de acoso de violencia sexual en el espacio público”, explicó Guerrero.

    El inicio de OCAC fue cuesta arriba para quienes iniciaron el proceso de concientizar que el acoso es un delito. María Francisca Valenzuela, fundadora y primera presidenta del observatorio, señaló que el impulso para comenzar el trabajo “fue de un equipo con la capacidad de organizar la rabia y dejar de guardar silencio sobre la violencia que vivimos las mujeres”.

    Para que el proyecto se volviera una realidad, una de las parlamentarias que se involucró en el proceso fue la diputada Karol Cariola (PC), quien en la oportunidad destacó que, en el inicio, cuando la propuesta fue llevada a la Cámara Baja, los diputados fueron reticentes al proyecto y a ver el acoso como un problema social. “Se lo tuvimos que demostrar. Tuvieron que ver cifras y gráficos, si no lo veían en esos términos no estaban dispuestos a legislar”.

    En la ceremonia también estuvo presente la directora de ONU Mujeres en Chile, María Inés Salamanca, quién resaltó que OCAC “lo que hizo fue establecer lazos de confianza para que otras mujeres también contaran y visibilizaran para decir a mí también me pasó”. En tanto la seremi de la Mujer, Isabel Varas, destacó el rol de la sociedad civil organizada para la creación de políticas públicas. “Cualquier participación de la sociedad civil es un aporte fundamental que recoge los planteamientos de la gente, las necesidades que tenemos las mujeres en general respecto a distintas temáticas”, indicó.

     Próximos pasos

    A partir de este año, el Observatorio Contra el Acoso Chile ha comenzado a trabajar para abordar nuevas líneas de acoso: acoso sexual online, laboral y en establecimiento educacionales, con el fin de avanzar en la erradicación de estas prácticas en nuestro país.

    En este sentido, María José Guerrero, hizo además un llamado a avanzar en otras temáticas relacionadas a los derechos de las mujeres: “Debemos seguir avanzando, por ejemplo, hacia una educación no sexista (…) en la representación política de las mujeres como un derecho a la autonomía de toma de decisión, en los derechos reproductivos, en el matrimonio igualitario, en la reforma de la ley de adopciones que permita adoptar niños y niñas sin importar el sexo de esas parejas. Y claramente debemos avanzar en la aprobación de la ley integral de violencia contra las mujeres, entre muchos otros puntos”.

     Primeras denuncias

    El 3 de mayo fue publicada en el Diario Oficial la Ley de Respeto Callejero, entregando así la posibilidad a todas las mujeres de Chile de denunciar este tipo de violencia sexual.

    A pesar de que la primera piedra de tope fue la negación de algunas fuerzas policiales de tomar la denuncia de las personas que eran víctimas, el Observatorio Contra el Acoso Chile solicitó una reunión con la ministra de la Mujer y Equidad de Género a través de la Ley del Lobby para abordar este problema.

    Una de las conclusiones de esa reunión es que se planificará un trabajo en conjunto para capacitar a distintos actores de Estado y de gobierno para que se realice una mejor implementación de la ley. Se trata de un proceso fundamental para que los relatos de quienes han sufrido acoso sean escuchados y conseguir que ese delito no quede impune.

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      Hoy, viernes 3 de mayo despertamos con la feliz noticia de que el proyecto de Ley que impulsamos desde el Observatorio Contra el Acoso Chile por fin fue publicada en el Diario Oficial, siendo promulgada y entrando en vigencia.

      En el 2013 éramos un grupo de estudiantes de sociología de la Universidad de Chile que notamos que en nuestro país nunca se había hablado sobre el acoso sexual callejero. Al buscarlo en Google, al consultar bibliografía y al mirar redes sociales, nos dimos cuenta que no existía material con perspectiva local sobre el tema, como sí existía en otros países.

      Entonces, se nos ocurrió hacer una página de Facebook, algo muy artesanal y sencillo, donde le pedíamos a la comunidad que compartieran sus testimonios de acoso. La primera semana recibimos decenas de textos, el primer año eran cientos. Nuestra comunidad explotó de seguidoras y empezamos a salir en la prensa. De repente, éramos “las niñas en contra del piropo”, la “brigada antipiropos”, “las acosadoras de los acosadores” y otros títulos que poco y nada aportaban al debate que estábamos planteando, pero que sin embargo, al ser titulares incendiarios y cazaclic, nos ayudaron a visibilizar lo que nos estaba movilizando.

      Al poco tiempo tuvimos una primera reunión. Llegaron mujeres de distintas disciplinas que tenían en común las ganas de poner su tiempo, su talento y sus conocimientos al servicio de esta causa. Fue ahí cuando formamos los primeros equipos, con excelentes profesionales, quienes trabajaron de forma gratuita en pos del cambio que esperábamos ver en Chile. Nos dividimos en Jurídica, Comunicaciones, Vinculación, Gestión, Intervención y Estudios, y desde nuestras diversas plataformas empezamos a empujar el debate, superando todas las críticas, las ridiculizaciones y hasta los memes que aparecieron ante la pobre cobertura de nuestro trabajo por parte de los medios de comunicación.

      En el 2014 lanzamos nuestro primer estudio y la campaña #AcosoEsViolencia con apoyo de la Unión Europea, Cultura Salud, Metro y ONU Mujeres. Era también el primer estudio que buscaba levantar datos sobre acoso callejero como una manifestación de violencia de género en el país. Los datos eran dramáticos: del total de personas encuestadas, 71% había tenido una experiencia de acoso callejero que considera traumática. Estos casos ocurrían en promedio a los 18 años, siendo común sufrirlos entre los 10 y los 25 años.

      Con esos datos en mano, y sabiendo que en Chile no había ninguna figura legal que amparara a las mujeres ante las distintas manifestaciones de acoso, es que decidimos redactar la primera ley en la historia de nuestro país que se hiciera cargo de esta problemática social. De esta forma, nosotras mismas empezamos a crear el cambio que esperábamos ver.

      Una vez listo el proyecto de ley, realizamos una potente labor de lobby legislativo y, con apoyo de los y las diputadas Camila Vallejo, Gabriel Boric, Loreto Carvajal, Daniella Cicardini, Marcela Sabat, Karla Rubilar y Giorgio Jackson, nuestro proyecto de ley ingresó a la Cámara de Diputados.11074702_1590781511133893_2409400202500265733_n

      Más de tres años pasaron para que nuestro proyecto superara todas las etapas de tramitación. En el intertanto realizamos hitos ciudadanos, campañas digitales, un nuevo estudio, abrimos observatorios contra el acoso en diversos países de Latinoamérica y El Caribe, participamos en marchas y manifestaciones, bajamos campañas de publicidad sexista, tuvimos más dos mil apariciones en prensa, realizamos charlas junto a empresas, instituciones y escuelas, creamos importantes alianzas y empujamos desde todos los frentes la idea de que el acoso sexual callejero es violencia.

      En el 2019 nos dimos cuenta de que “acoso callejero” nos quedaba chico: simplemente no lo íbamos a tolerar en ningún espacio. Por eso nos cambiamos el nombre a OCAC, Observatorio Contra el Acoso Chile, y desde ahí hemos ampliado nuestras líneas de acción.

      El 3 de abril de este año, nuestra ley fue aprobada por unanimidad en su último trámite legislativo. El 29 de abril la Contraloría realizó la toma de razón y hoy, 3 de mayo del 2019, por fin la Ley que modifica el Código Penal para tipificar el delito de acoso sexual en espacios públicos, fue publicada en el Diario Oficial. Con esto, lo que partió como un sueño, una incomodidad sin nombre definido, pasaba a ser Ley de la República.

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      No es común que se haga política pública desde un tema instalado por la sociedad civil, por lo que esto es una nueva razón para estar llenas de orgullo y satisfacción. Eso sí, queremos dejarlo claro: salir a la calle sin miedo al acoso callejero es un piso mínimo, es un “desde”. Nuestra labor continúa para erradicarlo de los espacios educativos, de las empresas, en el mundo online, etc., simplemente porque no debiéramos tener que sacar una ley para convivir sin violencia de género. Todo nuestra trabajo no tendría que haber sido necesario si es que tuviéramos un lugar seguro para desenvolvernos.

      Queremos agradecer cada like, cada conversación en familia, cada asistencia a nuestros eventos, cada mensaje cariñoso, cada testimonio recibido. Este es nuestro regalo para la ciudadanía, pero el triunfo es de todas y todos.

      Con cariño, orgullo y satisfacción
      Equipo OCAC
      03 de mayo, 2019 #RespetoCallejeroEsLey

      *Conoce aquí en qué consiste la Ley que modifica el Código Penal para tipificar el delito de acoso sexual en espacios públicos.

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        Desde el 08 hasta el 14 de abril de 2019 se celebra una nueva versión de la Semana contra el Acoso Callejero, iniciativa que surgió el año 2011, y que busca sensibilizar respecto al acoso sexual callejero y que la ciudadanía pueda evidenciar este tipo de violencia. En cada una de sus versiones, desde sus inicios, participan más de 100 agrupaciones de alrededor de 40 países en todo el mundo. OCAC es una de ellas junto a sus nodos internacionales en Nicaragua, Guatemala y, ahora, en Panamá.

        ¿Por qué la Semana Contra el Acoso se conmemora en abril?

        Según cifras de OCAC, las niñas comienzan a sufrir acoso sexual a los 14 años de edad y el 20% de las mujeres adultas lo sufre todas las semanas. Daniela Sánchez , directora del área de Vinculación de OCAC, nos remonta a los inicios de esta iniciativa, explicando que, en Estados Unidos, abril es el mes de la sensibilización del acoso sexual ya que en el hemisferio norte comienza la primavera, temporada en que hay más luz, lo que invita a estar más tiempo en la calle. Por esto, el 20 de marzo de 2011 se realizó el día Internacional Contra el Acoso Callejero, que en 2012 se extendió a una semana para amplificar las voces de las organizaciones y activistas que se dedican a visibilizar y erradicar este problema.

        Sin embargo, Daniela Sánchez explica que “el acoso callejero no sólo afecta en primavera, sino que ocurre en todas las estaciones y en todos los países. De hecho, también en 2011 se organizó el movimiento “Paremos el Acoso Callejero” en Perú, que decantó en la creación conjunta con la organización Stop Street Harassment en la Semana Internacional Contra el Acoso Callejero. La iniciativa ya se replica en Argentina, Colombia y Brasil, entre otros países”.

        Semana Contra el Acoso 2019: un panorama diferente

        La conmemoración de este año viene a instalarse en un contexto diverso. Según María José Guerrero, presidenta de OCAC, “en Latinoamérica se da en un escenario legislativo que está dando un giro hacia la derecha, donde lamentablemente también se ponen en cuestión los derechos de las niñas, mujeres y diversidades sexuales”. Desde esa mirada, complementa, es clave hacer un llamado a pensar las violencias sexuales en los espacios públicos y cómo como continente nos podemos unir en torno a demandas comunes.

        A nivel nacional, esta semana emerge con un hito que tiene que ver con la aprobación por unanimidad de la Ley que sanciona el acoso sexual callejero, proyecto creado por el Observatorio Contra el Acoso Chile y que estuvo en espera durante cinco años para ser aprobado. “Esto genera y nos invita a reflexionar cómo la ciudadanía, como actor social importante, podemos y debemos exigir y trabajar por los cambios, por políticas de género transversales que nos ayuden a avanzar hacia una sociedad más pluralista, democrática y feminista”, concluyó María José.

        Las invitamos a estar atentas y atentos a nuestras redes sociales y a participar de la actividad que por tercer año consecutivo organizamos como OCAC. La cita es para este sábado 13 de abril entre 15:00 y 18:00 horas en el Parque Forestal. Vamos a estar con un stand informando sobre acoso y respondiendo dudas sobre el tema, además de tener una actividad interactiva. ¡Nos vemos!

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          Existen varias firmas para ser parte de esta semana que tiene como objetivo reforzar la lucha y el camino que hemos emprendido contra el acoso de que sufren las mujeres en las calles.

          La participación de todas y todos es clave para que esta Semana Contra el Acoso Callejero sea un éxito y logremos visibilizar una vez más lo urgente que es terminar con este tipo de acoso en nuestro país.

          Es por este motivo que te entregamos 12 ideas para participar activamente de esta semana. Toda acción es un tremendo aporte: desde organizar paneles de discusión, debates, reuniones, expresiones  artísticas, publicaciones en redes sociales, hasta asistir a un evento. ¡Todo suma!

          Lo importante es que todas las acciones que realicemos tengan como impacto hacer conciencia sobre el acoso y sus consecuencias, cambiar actitudes y discursos, y promover cambios concretos.

          12 ideas:

          1. Comparte tu historia de acoso callejero con alguien que sepas que le vaya a impactar o incluso puedes compartirlo en tus redes sociales.
          2. Cambia tu foto de perfil de Facebook a una imagen relacionada con el acoso callejero.
          3. Twittea sobre el acoso callejero usando el hashtag #RespetoCallejero contando ideas, historias hechos, ¡todo lo que se te ocurra!
          4. Publica también en todas tus plataformas sobre el acoso callejero: blog, Tumblr, Instagram, Pinterest, YouTube, Facebook (usa también el HT), etc. ¡La idea es llenar el internet!
          5. Propaga mensajes de no acoso y de respeto en todas partes: reparte folletos en la calle, pública en tu oficina o espacio laboral, que sea tema de almuerzo, pega afiches, entre otras instancias.
          6. Organiza o asiste a un evento, como una clase de autodefensa, una charla o un taller.
          7. Realiza una encuesta en algún entorno para visibilizar si tus compañeras han sufrido acoso callejero.
          8. Organiza campañas públicas (como publicar trabajos de arte o volantes). Acá una guía (en inglés), sobre cómo trabajar el arte. ¡También es una buena idea si es que eres docente de arte!
          9. Mira o muestra un documental o película sobre acoso callejero y recomiéndala a alguien más.
          10. Si eres profesor/a, conversa con tus estudiantes sobre este tema. Una idea fácil: muestra a los estudiantes la galardonada película de cuatro minutos “Walking Home” y conversen en torno a ella.
          11. Escribe y envía un artículo de opinión.
          12. Revisa y comparte las actividades que estaremos difundiendo en nuestras redes sociales de OCAC.

          Cualquiera de estas acciones, u otra que se te ocurra a ti, es un tremendo aporte. ¡Súmate!

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            25 ciudades del país se unen a la convocatoria.

            En 1975, las Naciones Unidas declaró el 8 de marzo como la fecha oficial del Día Internacional de la Mujer, en recuerdo de los cientos de mujeres de una fábrica de textiles de Nueva York que salieron a protestar en contra de los bajos salarios que recibían, que eran menos de la mitad de lo que percibían los hombres por la misma labor, y que terminó con 120 mujeres fallecidas debido a la brutalidad con la que la policía actuó.

            Desde ese entonces, cada 8 de marzo, se conmemora a estas valientes mujeres que se atrevieron a alzar la voz y a luchar por sus derechos, pero también se recuerda a los movimientos políticos, sociales y culturales que a través de la historia han luchado por lograr la igualdad de derechos entre hombre y mujeres.

            Es por eso que este jueves más de 150 países preparan movilizaciones para exigir demandas históricas de las mujeres. En España las organizaciones feministas, emulando la huelga simbólica de las islandesas que en 1975 paralizaron el país, llamaron por primera vez a una huelga general contra la discriminación de género bajo el lema “Si nuestras vidas no valen, ¡produzcan sin nosotras!”. Mientras que Argentina por segundo año consecutivo realizará un paro general de mujeres; el año pasado fue bajo la consigna #NiUnaMenos y esta vez por #AbortoLegalYA.

            Chile tampoco queda ajeno a estas movilizaciones. Diversas organizaciones sociales, feministas  y sindicales estarán realizando actividades a lo largo del país para exigir un futuro más justo, menos violento y más feminista.

            Si bien en el actual Gobierno se han realizado avances como la despenalización del aborto en tres causales y la urgencia que se le dio al proyecto de ley de Identidad de Género, aún queda mucho por avanzar en temas de brechas salariares entre hombres y mujeres; en la falta de mujeres en altos puestos; en la discriminación por la maternidad; en la desvalorización del trabajo no remunerado que las mujeres hacen en las casas; en la violencia de género, en el acoso sexual callejero, entre otros.

            En ese contexto, el Observatorio Contra el Acoso Callejero de Chile (OCAC Chile) invita a hacer un alto en la rutina diaria, a reflexionar y a adherir a las movilizaciones convocadas para exigir igualdad de derechos, construir un mundo libre de discriminación y exclusión, y frenar todo tipo de violencias, en especial, las que se ejercen a diario en las calles y en el transporte público.

            Proyecto de ley Respeto Callejero

            Caminar en paz por la calle es un derecho, pero no todos ni todas lo disfrutan por igual. La primera encuesta nacional que realizó OCAC arrojó que, en promedio, las encuestadas comenzaron a sufrir acoso a los 14 años y que un 20% de las mujeres adultas lo sufrían todas las semanas. En un segundo estudio, realizado entre noviembre de 2014 y enero de 2015, llamado: “¿Está Chile dispuesto a sancionar el acoso callejero? Estudio de caracterización y opinión sobre el acoso sexual callejero y sus posibles sanciones”, se constató que tres de cada cuatro personas habían sufrido acoso sexual callejero en Chile, en los últimos 12 meses. Es decir, un 75% de la población. En el caso de las mujeres, la cifra llegó al 85% y de los hombres al 55%.

            Tras estos estudios es que en marzo de 2015 OCAC ingresó al Congreso el proyecto de ley Respeto Callejero que tipifica y sanciona el acoso sexual. Luego de un año de tramitación, la iniciativa legal fue aprobada de forma unánime en la Cámara de Diputados. Sin embargo, desde su aprobación, no ha habido voluntad política para aprobar este proyecto de ley que lleva dos años durmiendo en el Senado.

            Marchas a nivel nacional

            25 ciudades de Chile se unen a la convocatoria de la jornada de protesta del Día de la Mujeres Trabajadoras #ContraLaPrecarizaciónDeLaVida.

            calendario

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              principal testimonios nuevo

              Iba en el último asiento de la micro y un viejo muy extraño  se sentó a mi lado. Me sentí demasiado incómoda con su presencia, por lo que me enfoqué en mirar por la ventana aunque pendiente de que no me fuera a hacer algo, ya que las circunstancias eran muy raras. Lamentablemente, es bastante común que en lugares reducidos o con mucha gente corran mano.

              Luego de un rato, volteé mi mirada hacia él y me di cuenta que se estaba masturbando y que no paraba de mirarme. Me puse tan nerviosa que le grité que me dejara pasar para cambiarme de asiento. Él haciendo como que nada pasaba, y sin dejar de masturbarse, tocó el timbre y se bajó de la micro. La gente miró, pero todo fue tan rápido que nadie atinó a hacer algo. Sentí miedo, impotencia y rabia.

              Luego pensé que podría haber hecho mucho más contra él, pero el estado de indefensión en el que me encontraba no me lo permitió (una no anda preparada para estas cosas). Cabe mencionar que era invierno, andaba muy abrigada, vestida con un gran abrigo y sin  nada “provocativo”.  Sentí rabia en el momento, pero no le di más vueltas al asunto. Hoy me doy cuenta de lo que tenemos que aguantar en el día a día: manoseos y piropos obscenos que nos infunden odio y temor.

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                principal testimonios nuevo

                Ya sabía lo que era sentirme denigrada al caminar, pero hace un tiempo experimenté mi mayor miedo.

                – Huachita te espero mañana – dijo tocando mi cuello.
                Al llegar al colegio sólo rompí en llanto y no supe qué hacer.

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                  principal testimonios nuevo

                  Al inicio de mi pubertad, hombres de todas las edades (viejos, universitarios y adolescentes mayores que yo) se tomaron el derecho de decirme cosas a mí, una niña de doce años que recién comenzaba a entender los cambios en su cuerpo y lo que sería ser mujer en las calles.

                  Lo que más recuerdo son dos eventos, ambos a mis 14 años. El primero, fue cuando me acercaba al paradero de mi población a tomar micro. Vi a un señor de unos 70 u 80 años que, mientras caminaba hacia mi dirección, me miraba con gracia. Pensé que por observarme de esa manera, y estar en el paradero de mi población, quizás conocía a mi mamá (ella conoce a todos). Entonces pasó por mi cabeza que debería saludarlo, pero él se agachó para ver de frente mi trasero y decirme algo horrible que ni repetiré. Me aterré y encontré el colmo que ni si quiera un adulto mayor respete a una niña que anda sola por la calle.

                  El segundo fue aún peor. Andaba con mi mejor amiga en bicicleta en una villa cercana a la casa de mis padres, cuando un furgón de una famosa panadería comenzó a seguirnos. Nos hicimos a un lado pensando que así nos dejaría, pero no. Nos tiró el furgón para llamar nuestra atención y luego se detuvo, exclusivamente, para hacernos gestos con sus manos y lengua.

                  Ninguna de estos traumáticos episodios se lo conté a mis padres, solo a unas amigas y resultó que todas habían sufrido acoso callejero.

                  Yo ya no quiero que esto sea normal y que tengamos que pasar por lo mismo, menos que sea una situación transversal a todas las generaciones; ni que nuestras niñas tengan que sufrir esos sucios momentos en las calles y que deban “aprender” a afrontarlos.

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                    principal testimonios nuevo

                    Soy una mujer en la mitad de los 20. A lo largo de mi vida, hombres en la calle me han gritado, silbado, susurrado, dado agarrones, me han seguido y se han expuesto frente a mí. Todo desde más o menos los once años. Después de casi 15 años de no poder caminar con tranquilidad por la calle, siempre temiendo que alguien pueda decir algo, me he convertido en una mujer cansada. De solo pensar en la cantidad de mujeres que cargan con su propia mochila de años de acoso, me siento también una mujer derrotada.

                    De todas aquellas experiencias que puedo recordar, hay una que está en el centro de mi mente: tenía 16 años y había salido recién del colegio una tarde y caminaba a tomar la micro cuando paré a esperar una luz verde. Casi al cambio, un auto se detuvo en la esquina frente a mí y escuché a los hombres en su interior decirme casi gritando un “elogio” a cómo me quedaba la ropa que estaba ocupando, o sea, un jumper y corbata de colegio. Instintivamente subí la mirada y vi frente a mí un auto de carabineros con dos hombres dentro que me miraban y sonreían. Sí, Carabineros, los defensores de nuestro bienestar estaban ahí “piropeando” a una (y por ninguna parte alguien podría haber pensado que yo no lo era) escolar.  Traté de no congelarme y crucé la calle.

                    Es cierto que en cuanto a acoso he vivido muchas otras experiencias que podrían ser consideradas “peores”, pero jamás se va a comparar a la sensación de vulnerabilidad, de rabia y decepción que sentí en ese momento. Para una adolescente ese es un golpe en la cara que deja escrito “estás sola, no hay nadie que pueda ayudarte en este momento ni nunca.”

                    Puede que después de eso me haya vuelto más fuerte, pero de seguro me volvió más débil también. Comencé a tener miedo a las multitudes y a que la gente me mirara. Si salir de mi casa era realmente necesario, desde la puerta me ponía audífonos con música y pretendía que nada pasaba a mi alrededor.

                    Después de años y mucho trabajo ya no trato de esconderme del mundo. Pero no porque me haya acostumbrado a este sistema mental en el que todos estamos insertos, sino porque he perdido la esperanza; la fe en esta “humanidad”. Incluso mis ganas de en el futuro tener un hijo o una hija se desmoronan. No quisiera traer a una mujer a esta sociedad machista y discriminadora que pareciera estar esperando por su próxima víctima. Ya dejé de achacarme al escuchar un “piropo” y dejé también de defenderme con palabras contra ellos porque sólo lograba deprimirme más. Ahora, aunque sé que no es la opción perfecta, cuando un “auto de aquellos” se detiene en alguna esquina, o algún hombre se acerca o me dice algo desagradable, tomo mi celular y comienzo a grabarlo. O al menos actúo como que lo estoy grabando. No discuto, sólo lo enfoco con la mínima esperanza de que al menos algo del miedo que nosotras sentimos lo sientan ellos al ser expuestos.

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                      Tengo 22 y creo que he sufrido muchos más acosos que los años que tengo. Me han asaltado tres veces y en mi etapa escolar sufrí a diario miles de punteos

                      En mi etapa escolar sufrí miles de acosos, el más chocante fue en los años que me movilizaba en la hora punta hacia mi liceo. Un viejo verde empezó a tocarme la vagina. Probablemente tenía hijas y nietas. Quedé paralizada y solo atiné a pegarle un codazo y tratar de moverme. En ese momento, el cobarde se movió rápido.

                      Después en la universidad sufrí otro episodio de violencia. Recuerdo que a eso del mediodía iba camino a la micro, pero para llegar al paradero tengo que pasar por una calle solitaria, donde por una cuadra es solo pared y rejas de unas parcelas. Me faltaba la mitad de esa calle y vi que un auto dio la vuelta en U, estacionándose justo frente mío, en una vereda que es muy chica. Escuché que algo me dijeron desde la ventana y al mirar, vi que el huevón se estaba pajeando y gritándome cosas sexuales. Comencé a caminar rápido hacia donde hubiera más gente. Me di vuelta para ver la patente y el tipo empezó a retroceder el auto para seguirme. Ahí tuve que correr hasta llegar a un sitio concurrido, pero el loco volvió a avanzar. Mi miedo y desesperación fue terrible. No sabía qué hacer ni a quién acudir. Llamé a los pacos, pero no hicieron nada. Después de un largo rato, tomé la micro y el huevón seguía ahí.

                      Creo que nunca había relatado todas las cosas que me han pasado, y eso es solo una parte, pero ¿qué se puede hacer? Solo sé que tipos como esos, no lograrán que ande con miedo. Mujeres, somos fuertes, somos más y por eso hay que aprender a defenderse, porque son unos cobardes que se creen superiores a nosotras, pero cuando los enfrentamos se descolocan. Luchemos, no nos rindamos, hermosas mujeres. ¡Luchemos por nuestro respeto!