#respetocallejero

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    Hubo un tiempo en el que realmente detesté el hecho de que me obligaran a usar jumper en el colegio. Sólo quería usar pantalones y chaleco para no oír más los silbidos y los gritos de los hombres (bastantes mayores, por lo demás) desde sus autos o camiones. Incluso, en ocasiones, llegaron a los toqueteos… El mayor acoso lo sufrí en mi etapa escolar usando jumper.

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      Soy hombre y tengo 24 años. Un día, hace no mucho, iba en el metro camino a juntarme con un pinche, cuando de repente sentí un movimiento sobre mi pene, pero como íbamos todos apretados, no le presté mayor atención y atiné a echar hacia atrás la cadera para que lo que fuese dejara de rozarme. Sin embargo, al cabo de unos segundos sentí otra vez que me estaban acariciando mi zona íntima, y ahora estaba seguro que era de una forma deliberada. Creo que ni siquiera pude ver quién era. Quedé congelado: nunca me había enfrentado a una situación como esa, sentí una angustia muy grande y no podía moverme. Al momento que se abrieron las puertas, salí corriendo del tren. Cuando me encontré con el tipo con el que salía, me preguntó por qué tenía mala cara y le comenté lo que me había pasado buscando contención. Al contrario, se rió y me trató de exagerado. Claramente ya no salgo con él por insensible, entre otras cosas.

      Siendo hombre, difícilmente uno está consciente de que puede ser víctima de acoso sexual, puesto que en general nuestra sociedad patriarcal remarca sólo la violencia hacia las mujeres, por lo que esta experiencia me pilló totalmente desprevenido. Uno pensaría, como hartos creo, que en caso de una situación así: “me achoro” o que “le saco la cresta al que me toque”, pero no, es muy distinto cuando ocurre: inexplicablemente  quedé paralizado, y eso fue lo que más angustia me dio, la fragilidad del cuerpo y la incapacidad de reaccionar. Sentí miedo. Me encantaría que existiese una forma en que las personas, sobre todo los hombres, que acosan en la calle pudiesen entender cómo se siente que te toquen el pene, sin que necesariamente sean víctimas de un acoso callejero.

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        Esto ocurrió cuando era más chica, tenía unos 16 años más o menos. Usaba una mini verde que era mi favorita y paseaba por el centro. Sin fijarme pasé cerca de un café con piernas que se encuentra en Paseo Ahumada, cuando sentí un agarrón. No supe qué hacer, corrí y me alejé llorando hasta mi casa. Nunca más me puse una falda corta y hasta el día de hoy paso bien lejos de ese café con piernas.
        Espero que con la labor que está llevando OCAC se eduque para que esto no le ocurra a nadie más. Ninguna mujer debería botar su mini favorita por culpa de un viejo sin escrúpulos.

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          El 21 de octubre el Observatorio Contra el Acoso Callejero de Chile expuso los principales puntos del proyecto de ley de Respeto Callejero, ante la Comisión de Seguridad Ciudadana de la Cámara de Diputados, en el Congreso Nacional de Valparaíso.

          Con éxito fue presentado por OCAC Chile el proyecto “Ley de Respeto Callejero” en el Congreso, que busca sancionar el acoso sexual callejero. La exposición estuvo a cargo de la Presidenta de la organización, Francisca Valenzuela, y de la Directora Ejecutiva, Bárbara Sepúlveda, quienes dieron a conocer a la Comisión de Seguridad Ciudadana de la Cámara de Diputados datos de su segunda encuesta “Estudio de caracterización y opinión sobre el acoso sexual callejero y sus posibles sanciones”, que valida el acoso callejero como un problema social grave e innegable.

          En el último año tres de acada cuatro personas reconocieron haber sido acosadas, en especial las mujeres jóvenes. Asimismo, el 90% de las víctimas y testigos concuerdan que este tipo de agresiones deben ser sancionadas.

          “Cuando comenzamos como organización pedimos testimonios y llegaron cientos. Nos convertimos en los primeros en levantar cifras del acoso callejero. De esta manera, pudimos demostrar lo grave y recurrente que es”, dijo Valenzuela.

          Junto con estos datos, la organización enseñó un video llamado “¿Cómo es el acoso sexual callejero en Chile”, donde se muestran tres testimonios de mujeres quienes relatan experiencias traumáticas de acoso sexual en el espacio público, sufridas en Santiago y Viña del Mar.

          Tras la exposición del video, la ministra del Sernam, Claudia Pascal, fue enfática en asegurar que “las imágenes muestran lo fuertemente arraigada que se encuentra esta práctica en nuestro país”.

          Por su parte, Marcela Sabat (RN) puso en evidencia que esta en una realidad país en donde muchas mujeres sienten vergüenza de denunciar el acoso callejero, por lo que la diputada aseguró que el desafío es lograr que “tanto hombres como mujeres que sientan menoscabo, sepan que tienen una herramienta legal para ser validados”.

          Es por ello, que OCAC Chile junto a las diputadas Camila Vallejo (JJ.CC); Karla Rubilar (Independiente); Daniella Cicardini (PS); Loreto Carvajal (PPD); Marcela Sabat (RN); Karol Cariola (PC); Yasna Provoste (DC); y los diputados Giorgio Jackson (Independiente-RD); Vlado Mirosevic (Liberal); y Gabriel Boric (Independiente-IA), proponen introducir modificaciones al código penal que permitan catalogar a las prácticas de violencia sexual callejera en delitos sancionables.

          En ese sentido, todo contacto corporal, de connotación sexual y no consentido, como “punteos” o “agarrones”, será considerado delito. El acoso callejero sin contacto físico como frases sexuales, toma de fotografías, masturbación o persecución, será falta. En el proyecto se pretende como máximo, multas de 20 UTM para las faltas y de 540 días de presidio para los delitos.

          Pero más allá de las penas, Fuenzalida explicó a la Cámara de Diputados que lo que se busca como fin último es “provocar un cambio cultural a largo plazo”, porque esta es una discusión de género, donde hombres y mujeres son víctimas de violencia.

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            La segregación por sexos en el transporte público no funcionará en el Reino Unido ni en ningún otro país, según una experta.

            La segregación por sexos en el transporte público no funcionará en el Reino Unido ni en ningún otro país, según una experta.

            Hace un par de semanas, la fundadora de la organización internacional ‘‘Stop Street Harassment’’, Holly Kearl, se refirió a los dichos del líder del Partido Laborista del Reino Unido Jeremy Corbyn, en los que reveló un plan para ‘‘terminar con el acoso callejero’’. Entre las medidas sugeridas, el político planteó llevar a cabo campañas de sensibilización pública, garantizar que los asuntos de seguridad pública sean debidamente representados y tratados por los líderes políticos nacionales, y finalmente planteó la idea de implementar transporte público ‘‘exclusivo para mujeres’’. Esto generó un debate en el Reino Unido y a nivel internacional.

            Holly no demoró en visibilizar su punto de vista sobre el tema, exponiendo que el acoso callejero desde hace mucho tiempo ha sido considerado como un ‘‘halago’’ o un malestar menor; algo que las personas deberían ‘‘superar’’. Sin embargo, muchas organizaciones y personas ahora están en desacuerdo con esta caracterización y Corbyn es uno de los que últimamente ha catalogado al acoso callejero como un problema serio. Kearl señaló que si bien era maravilloso que el político estuviera considerando este asunto, era un problema que tanto Corbyn estuviera considerando la idea de implementar transporte público exclusivo para mujeres .

            Ella indicó que la segregación de sexos en el transito público no es una idea nueva. Grandes ciudades en más de 15 países han implementado esta medida debido a que es muy común el acoso sexual en espacios públicos. Entre algunos de los países en los que opera el servicio de buses ‘‘solo para mujeres’’ se encuentran Bangladesh, Guatemala, India, Indonesia, México, Pakistan, Tailandia y los Emiratos Arabes. Y en el caso de los países que tienen servicios de carros subterráneos o trenes se encuentran Brasil, Egipto, Irán, Japón, Malasia, México, Nepal y Rusia. En estos países, son varias las personas que han expresado su apoyo a esta medida, aunque no hay duda que cuando se enfrentan enormes multitudes de gente y acoso constante, cualquier cosa que ofrezca un respiro parecerá atractivo.

            Holly señaló que se generan importantes problemas con esta medida y su ejecución. En primer lugar, con la división del transporte público se asume que el sexo y el género son binarios, y no considera a personas de la diversidad sexual. Tampoco se considera a los hombres que han sido agredidos y acosados, casos que se dan, a pesar de ser menos. Esto aplica especialmente en las personas que son (o son percibidos como) gays, bisexuales, queers, transgéneros y afeminados.

            En segundo lugar, la políticia de segregación de sexos no previene que las mujeres sean acosadas en los andenes o en los paraderos de buses. Pallavi Kamat, una corresponsal india del blog ‘‘Stop Street Harassment’’, escribió sobre su experiencia y lo que presenció en Mumbai, India: ‘‘Las mujeres continúan enfrentando el acoso cada vez que se suben al tren diario. Esto se puede presentar cuando el área de hombres se encuentra junto al de mujeres, por lo que se produce acoso verbal y ‘piropos’. A menudo cuando el tren se detiene en una estación en particular, algunos hombres en el andén que pasan por al lado de las mujeres, les dicen comentarios lascivos y les susurran’’.

            Por lo tanto, la ausencia de acoso en los carros ‘‘solo para mujeres’’ ni siquiera está garantizada. Tanto en Delhi como en el Cairo, es común ver que las mujeres tienen que ahuyentar a acosadores que tratan de subir a sus espacios.

            En tercer lugar, no todas las mujeres pueden utilizar esta opción de transporte público. Debido a que el transporte ‘‘exclusivo para mujeres’’ sólo es implementado en la hora punta, en las vías principales de buses y en algunos carros del metro, hay muchas mujeres que se valen por sí mismas en los carros mixtos. El año 2010 en Japón, las mujeres señalaron en un taller sobre el acoso callejero que la segregación de sexos ‘‘no resolvía nada’’. Una de ellas dijo: ‘‘las mujeres que eligen no viajar en buses ‘solo para mujeres’ a veces son vistas como un blanco fácil; es la lógica del ‘¿por qué están aquí sino para ser manoseadas?’’’.

            En cuarto lugar, no considera el problema base del por qué se produce el acoso y por lo tanto, no resuelve el problema. Simplemente les atribuye la responsabilidad a las mujeres de protegerse a sí mismas, en vez de atribuírsela a los acosadores para que cambien su comportamiento. Notablemente, una década después de que en Tokio se implementaran los carros de metro ‘‘solo para mujeres’’, una encuesta de YouGov realizada el 2014 ubicó a Tokio entre una de las primeras cinco ciudades del mundo donde se producía la mayor cantidad de acoso físico en el transporte público.

            Holly finalizó diciendo que admiraba que los políticos quisieran abordar el acoso callejero, sin embargo en lugar de la segregación de sexos, ella sugería algo más complejo: comenzar a educar en las escuelas sobre las diferentes formas de acoso sexual, sobre el respeto, el consentimiento y sobre cuáles son los derechos de una persona que enfrenta acoso. Es necesario que existan campañas de servicio público que motiven a las comunidades a no tolerar el acoso y a denunciarlo en el caso de que la familia, los amigos o los colegas formen parte de este comportamiento inapropiado. También es necesario que los medios de comunicación y las empresas no presenten el acoso callejero como una broma o un halago en los shows de televisión, las películas, las canciones y la publicidad. Kearl señaló que es un largo camino por recorrer, pero que el camino será aún más largo si se implementan soluciones ‘‘parche’’ como el transporte público ‘‘solo para mujeres’’.

            Imagen: Mujeres japonesas en el metro, TakePart.

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              Hace seis años fuimos con mis amigas a una discoteque. Estábamos en el segundo piso del recinto, en una especie de “vip” y podíamos bailar tranquilamente. Hasta ahí todo bien, pero me dieron ganas de ir al baño y tuve que salir de donde estaba y bajar hasta la pista central de baile. Fue allí cuando, entremedio de muchas personas, un tipo que no me llegaba ni al hombro, me tomó de la cintura y comenzó a bailar, rozando su cuerpo contra el mío. Para zafarme lo empujé y comencé a caminar rápido entre la gente, pero él me alcanzó y me pegó un combo en el brazo. Muy asustada fui directo donde el dueño del local, le conté lo que había sucedido e indiqué donde estaba ese enfermo. Menos mal que envió a dos guardias a sacar al agresor junto a su grupo de amigos. Me sentí tan agradecida del dueño, porque a pesar de no ser alguien muy agradable, demostró tener conciencia de lo que es el respeto a la mujer.

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                Hace un tiempo, la bloguera y actriz Franchesca "Chescaleigh" Ramsey hizo un video llamado ''Getting Called Out'' en el que señala que actualmente es muy común que la gente haga comentarios sexistas, homofóbicos, racistas, etc., y no actúe de la forma apropiada. Por lo tanto, en su video habla de las reacciones más comunes que tiene la gente y realiza un cambio de enfoque con respecto a la forma de disculparse en estas situaciones.

                Hace un tiempo, la bloguera y actriz Franchesca “Chescaleigh” Ramsey hizo un video llamado ”Getting Called Out” en el que señala que actualmente es muy común que la gente haga comentarios sexistas, homofóbicos, racistas, transfóbicos y que perpetúan la opresión sobre diferentes tipos de minoría; y que, al ser encarados, no reaccionen de forma apropiada. En su video, Franchesca habla de las las actitudes más comunes que tiene la gente y realiza un cambio de enfoque con respecto a la forma de disculparse en estas situaciones.

                En sus argumentos, invita a no actuar “a la defensiva” ni a responsabilizar a quien se ha sentido ofendido u ofendida, así como también rechaza profundamente la justificación basada en la ”intención que tenía alguien antes de emitir un comentario sexista u homofóbico”, ya que lo relevante es el impacto en las personas afectadas y el daño que se les produce.

                Subtítulos: Alejandra Pizarro

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                  Emitir comentarios es una falta de empatía y respeto por el bienestar y la seguridad emocional de la otra persona, al no saber cómo ésta reaccionará.

                  Hace un par de semanas, la revista virtual ‘‘Everyday Feminism’’ publicó un artículo basado en el debate social sobre los límites que existen para acercase a alguien o decirle algo en el espacio público. La autora, Aliya Khan, asegura que en sus conversaciones con distintos hombres, efectivamente conoce algunos cuya intención no es herir, acosar u objetificar a las mujeres en sus acercamientos. Sin embargo, también indica que más que un ‘‘piropo’’ o que conseguir una cita, las mujeres quieren tener el espacio y la libertad de vivir sus vidas sin la amenaza o el riesgo de ser acosadas en la calle.

                  Con este debate se genera la discusión sobre la manera en que una persona se debe acercar a otra, en la que surge la clásica pregunta sobre si el hombre se está acercando de forma ‘‘respetuosa’’. La autora indica que el respeto involucra empatía, preocupación y estimación mutua de lo que es único en la otra persona. Esto significa que sus necesidades inmediatas no se anteponen a las necesidades de la otra persona, por lo que emitir comentarios es una falta de empatía y respeto por el bienestar y la seguridad emocional de la otra persona, al no saber cómo ésta reaccionará.

                  A partir de los webcomics de Barry Deutsch y Tom Fonder, la autora entrega una lista de razones  sobre la manera en que todo tipo de acoso callejero (incluso los ‘‘piropos’’) puede promover un entorno negativo y contribuir al sexismo cotidiano.

                  • 1. Se está reforzando la idea de que el cuerpo de la mujer en el espacio público está expuesto para los demás.

                  La primera razón explica que el acercamiento público hacia alguien comúnmente es por su apariencia física, por lo que existe una implicancia de que su cuerpo está expuesto para la aprobación o desaprobación del resto. Con esto se indica que el cuerpo de la mujer no es de ella y está ahí para ser criticado. El escrutinio y evaluación constantes de la apariencia tiene como significado que las mujeres no puedan vestirse en virtud de su propia comodidad o placer.

                  • 2. Se está haciendo una suposición con respecto a la situación sentimental y/o a la identidad sexual de una persona.

                  La segunda razón señala que el acercamiento a alguien desconocido en público implica que la persona que se acerca tiene una razón para creer que 1) esa persona tiene interés en tener una cita y 2) esa cita es con la persona que aborda. Puede que ninguna de estas opciones sea verdadera para la persona a la que se le están acercando. Los espacios que están diseñados para socializar y reunirse con otros podrían ser más apropiados para acercarse a alguien desconocido y entablar una conversación. Por ejemplo, un bar.

                  • 3. Se está creando una cultura de aceptación hacia los transeúntes que miran, reforzando variados tipos de acoso callejero.

                  En la tercera razón, la autora habla a partir de su experiencia sobre gente que publica comentarios planteando: ‘‘sólo es un ‘piropo’. ¿Cuál es el daño?’’. Alguien puede elegir halagar la sonrisa de otra persona, sin embargo una persona que presencie eso podría emitir un comentario sobre las piernas, trasero, pechos u otras partes del cuerpo de otra persona, ya que se ha reforzado que es socialmente aceptable emitir comentarios sobre la apariencia de alguien.

                  • 4. Nadie puede determinar qué es un “piropo” y qué es “acoso” para la otra persona

                  En la cuarta razón, la autora plantea que los ‘‘piropos’’ son subjetivos y que el acoso, hasta cierto punto, también lo es. Por lo tanto, la única persona que decide si es ofensivo o no, es quien recibe el comentario. Debido a que uno no sabe cómo será recibido el comentario, se está corriendo el riesgo de que en vez de halagar a alguien, ocurra exactamente lo contrario.

                  • 5. Sin importar la intención, se está poniendo a alguien en una situación en la que esa persona debe responder, independientemente si quiere o no.

                  En la quinta y última razón del artículo, se afirma que en una sociedad en la que tantas personas experimentan amenazas en contra de su seguridad, muchas de ellas pueden no sentirse cómodas respondiendo de forma honesta a comentarios emitidos en público, debido a que no se sabe cómo reaccionará la persona que se está acercando si se le dice ‘‘no gracias’’. Se han asesinado mujeres por decir que no y los efectos de esta violencia tiene repercusiones en las comunidades.

                  Un ‘‘piropo’’ tiene el potencial de crear una situación en la que alguien se sienta inhibido y limitado en su vida diaria, lo que es el corazón del sexismo cotidiano. La reflexión final del artículo señala que por lo tanto, si tu meta es mostrar respeto a otro ser humano, entonces una de las mejores maneras de hacerlo es otorgándole la libertad de circular por su espacio libremente.

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                    Esta semana, OCAC Chile presentará al Congreso su proyecto “Ley de Respeto Callejero”, que sanciona el acoso sexual en los espacios públicos. ¿En qué consiste esta propuesta y por qué es necesaria?

                    Uno, porque el acoso callejero es violencia, afecta a tres de cada cuatro personas y lo sufren tanto hombres como mujeres. Además, el 90% de la gente opina que debe sancionarse.

                    Dos, porque hoy no existe una figura legal para denunciar y proteger a las víctimas. Por ello, proponemos crear la falta y el delito de acoso callejero. Serán falta actos como frases sexuales, exhibicionismo y persecución, que podrían sancionarse con multas en dinero. También se inscribe en el Código Penal el delito de acoso callejero, que acogerá los ataques que actualmente la ley no considera dentro del abuso sexual, como “manoseos”, “agarrones” y “punteos”, que podrían sancionarse con presidio.

                    Tres, porque nadie irá a la cárcel por “piropear”. No es meta de OCAC Chile criminalizar meramente el hecho ni privar a las personas de su libertad, por ello, el proyecto establece sanciones alternativas, como asistir a sesiones de sensibilización sobre acoso callejero o pedir disculpas públicas. La privación de libertad será la última opción, aplicada sólo cuando haya reincidencia o cuando la agresión vulnere a grupos con dificultades para defenderse, como niños, niñas o embarazadas.

                    Cuatro, porque contempla un foco educativo y preventivo. Paralelo al proyecto de ley, OCAC Chile presentará al Gobierno un conjunto de recomendaciones para impulsar políticas públicas educativas y preventivas, como programas de sensibilización para policías y conductores del transporte público.

                    Con la “Ley de Respeto Callejero”, Chile se sumará a los países de Latinoamérica y Europa que ya han avanzado hacia normativas que abordan, previenen y sancionan el acoso sexual callejero. Gracias a esta ley, como ciudadanía, por fin contaremos con una herramienta que nos permita usar la calle con libertad, seguridad y sin violencia.

                    Columna escrita por Pamela Olivares, publicada originalmente en HoyxHoy.

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                      No es meta de OCAC Chile encarcelar y criminalizar a quienes cometen acoso callejero. Al contrario, creemos en el poder de la sensibilización y de la educación, por eso, hemos propuesto medidas alternativas.

                      Vamos a partir con la verdad: nadie irá a la cárcel por decir “piropos” en el espacio público. Ese temor es sólo un mito. El proyecto de ley que sanciona el acoso sexual callejero, que esta semana fue presentado por OCAC Chile en el Congreso, es mucho más amable y astuto que eso.

                      Primero, la idea de legislar se basa en una cuestión social grave, que hemos denunciado desde 2013 y que este año, gracias a nuestro segundo estudio, fue validada por la ciudadanía. En el último año, tres de cada cuatro personas ha sufrido acoso callejero, afectando especialmente a mujeres jóvenes. Asimismo, las víctimas y los testigos de acoso no son indiferentes: más del 90% opina que es necesario sancionar estas agresiones. El problema existe y es innegable.

                      Como respuesta, en OCAC Chile elaboramos el proyecto “Ley de Respeto Callejero”, que incorpora a la legislación chilena toda manifestación de acoso callejero, desde la más leve hasta la más grave, porque consideramos esta forma de violencia en su globalidad y proponemos que la normativa también lo haga. Sin embargo, entendemos que no es igual recibir un comentario sexual al oído, que sentir genitales ajenos en medio de un tumulto. El proyecto se hace cargo de esa diferencia y propone tipificar faltas y delitos.

                      Todo contacto corporal, de connotación sexual y no consentido, como “punteos” o “agarrones”, será considerado delito. El acoso callejero sin contacto físico, como frases sexuales, toma de fotografías, masturbación o persecución, será falta. En el proyecto, proponemos, como máximo, multas de 20 UTM para las faltas y de 540 días de presidio para los delitos. Pero, honestamente, esperamos que dichas sanciones no sean aplicadas.

                      Qué queremos decir. El objetivo esencial de tipificar faltas no es repartir multas a destajo por cada comentario sexual que ocurra en el espacio público, sino empoderar a las víctimas, quienes necesitan acogida luego de sufrir una agresión. Hemos leído decenas de testimonios en los que las personas lo único que buscan tras un episodio traumático es que la autoridad las considere y levantar una alerta para prevenir futuros ataques.

                      En la actualidad, si una persona acude a Fiscalía, PDI o Carabineros para denunciar acoso callejero leve, no encuentra acogida, ya que las policías no pueden iniciar procesos por faltas que no existen. De todos modos, algunos funcionarios bien intencionados inscriben las agresiones bajo otras tipificaciones. El problema: las denuncias de acoso callejero se pierden en cifras negras, dificultando la creación de políticas públicas que traten el asunto.

                      Este vacío legal es alarmante cuando ocurre acoso callejero grave. Un caso: ¿qué pasa si una adolescente quiere denunciar que una persona mayor tocó sus pechos sin su consentimiento? Nada, hoy no pasa nada, porque la legislación chilena exige que haya contacto genital, anal o bucal para constituir el delito de abuso sexual. En consecuencia, las víctimas que sufren agresiones como “punteos” o “manoseos” quedan desamparadas. Así, el proyecto de OCAC Chile crea el delito de acoso callejero en el Código Penal, que corresponde a agresiones sexuales lesivas, que hasta ahora eran inexistentes para la legislación.

                      De este modo, la “Ley de Respeto Callejero”, en primera instancia, es una herramienta para las víctimas, sean éstas hombres o mujeres. En segundo término, como ya decíamos, establece sanciones. No es meta de OCAC Chile encarcelar y criminalizar a quienes cometen acoso callejero. Al contrario, creemos en el poder de la sensibilización y de la educación, por eso, hemos propuesto medidas alternativas. Las multas y la pena privativa podrán sustituirse por asistir a, mínimo, cinco sesiones de sensibilización sobre acoso callejero o, en el caso de falta por acoso verbal o no verbal (comentarios sexuales, abordajes intimidantes), la multa podrá ser reemplazada por disculpas públicas.

                      Con todas estas alternativas, apelamos a que el presidio sea la última opción, que se aplique solamente cuando exista reincidencia o cuando la agresión vulnere los derechos de los grupos que tienen más dificultades para defenderse, como niños, niñas o embarazadas.

                      La cárcel no sólo priva a las personas de su libertad, sino que segrega e impide vivir en diversidad. Las medidas alternativas de este proyecto apuntan precisamente a eso, al cambio cultural a partir del reconocimiento del otro u otra. Por eso las disculpas públicas, por eso la educación. No pretendemos que la gente deje de acosar por miedo, sino que a través del aprendizaje comprenda que sus actos son dañinos y atentan contra los derechos de los demás.

                      Por último, para que la transición desde el acoso callejero al respeto callejero sea completamente sana, en paralelo hemos entregado al Ejecutivo un conjunto de recomendaciones para impulsar políticas públicas educativas y preventivas. Por ejemplo, sugerimos capacitar a Carabineros y PDI sobre acoso callejero, ya que serán estas policías las que realicen las futuras denuncias. O, también, sensibilizar a conductores de transporte público, para que sepan cómo actuar ante una situación de acoso.

                      De ser aprobado, este proyecto sería un tremendo primer paso, uno imprescindible, para avanzar hacia espacios públicos seguros, donde se respete y se resguarde la libertad sexual no sólo de las mujeres, adolescentes y niñas, sino de toda la ciudadanía. Ésa es la voluntad de OCAC Chile y ése es el espíritu que impulsa esta propuesta de ley.

                      Columna escrita por el equipo de OCAC Chile, publicada originalmente The Clinic.