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    Me han pasado muchos acontecimientos en los cuales me he sentido acosada, y esto no viene desde hace poco sino que desde hace años. Cuando tenía alrededor de 12 años comenzó todo, en ese tiempo el acoso que sufría eran miradas asquerosas y piropos. En el 2015, venía en el metro con mi mamá (ella iba sentada y yo de pie), cuando se subió un hombre alto y con mucha cara de pervertido. Al subir, se puso al lado mío, mi mamá me miró como diciéndome: “Aléjate un poco; cuidado”. Así que lo hice. Yo sentía que el viejo venía mirándome y me sentía muy incómoda. No recuerdo la estación en la que estábamos, cuando el señor trató de bajarse e hizo todo lo necesario por pasar detrás mío y así poder tocar mi trasero con su pene. Sin embargo, yo me di cuenta de su objetivo y me corrí. Ahora este año 2016 hace unas semanas, fui en la mañana a buscar unos exámenes. Iba con un vestido floreado y hawaianas, y en el camino muchos hombres me miraron y me gritaron cosas, pero cuando venía de vuelta un viejo me dijo al oído: “Hermosa, ojalá le quedara más cortito”, a lo cual respondí: “Cállate estúpido”. Cuando le respondí sentí miedo, porque él me respondió y me dijo “Ay, no se enoje”. Me pase muchas películas, pensé que me seguiría o que me pegaría, pero no pasó nada más allá, menos mal. También el otro día leía un testimonio, donde una mujer decía que se cuestionaba ella misma, que quizás ella era el problema, y a mí también me pasa eso.

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      Estoy harta.  Estoy harta de que todos los días al salir de mi casa, un tipo me grite cosas o haga gestos obscenos. Siempre me mantengo firme, con la cabeza en alto, porque cuando el tipo me grita algo asqueroso, lo miro fijamente a los ojos y es increíble cómo se desmorona y baja la mirada, con mucho miedo. O cuando respondo sarcásticamente, es divertido porque no se lo esperan.

      Antes sentía miedo, me sentía vulnerable, me ponía nerviosa cuando caminaba por donde había muchos hombres. Pero ya no. Estoy harta. Llegué al punto en que no siento absolutamente nada cuando me gritan cosas.

      ¿Hasta cuando va a seguir esto?, ¿cómo es posible que me tenga que acostumbrar a estas situaciones? ¡Ya es el colmo! Perdón la cólera, pero me da rabia y pena inmensa cuando leo los testimonios. ¿Cómo es posible que una persona ajena a ti, que nunca en tu puta vida has visto, te deje tan marcada?

      Estoy harta.

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        El día de hoy marcó un antes y un después en mi vida, en el sentido de vivir en carne propia el acoso y el abuso sexual callejero.

        Iba en micro camino a mi universidad y al bajarme para hacer conexión al intermodal, un asqueroso descaradamente metió su mano en mis partes íntimas, en mi trasero. Sin siquiera pensar qué es lo que debía hacer en ese momento, reaccioné con rabia, con impotencia, pero sin miedo. Lo agarré de su ropa y lo empujé contra la micro, le grité el rosario entero -cuando digo entero, es que ¡entero!- en la cara, pegándole manotazos y lo que saliera en el momento, volviéndolo a empujar cada vez que se quería arrancar. Desde lejos, escuchaba que una niña menor que yo decía que él también venía “molestándola”. ¿Molestándola?, ¡acosándola! Eso es lo que hizo ese cerdo.

        Pasaron unos 30 segundos, yo lo increpaba e intentaba detener, porque se quería arrancar. Pero estaba completamente sola. Estaba rodeada de tanta gente pero nadie me ayudó, nadie me apoyó, todos miraban como si fuera una función de circo. Eso terminó cuando, con la misma rabia que me permitió tener la fuerza para retener al acosador, le grité a las personas que me ayudaran, que qué hacían ahí parados mirando, que no podía retenerlo sola. Fue en ese momento cuando recién se acercaron tres hombres para detener al tipejo. Por fin pude soltar a ese asqueroso que había abusado de mí, de mi intimidad, de mi integridad, de mí como mujer, como persona. Los guardias del lugar me preguntaron si iba a poner constancia en Carabineros, mientras el sujeto me pedía perdón, que tenía que ir al trabajo y bla, bla, bla.

        Tenía dos opciones: irme a la universidad a dar mi prueba (que en realidad con los nervios ya no podría rendir) o perder toda la mañana en denunciar algo que sabía que de poco serviría, pues lo soltarían al tiro. Entonces escogí denunciarlo, para que al menos no pudiera llegar a su trabajo, quedara en sus antecedentes y pasara un mal momento en la detención. Para que, al querer hacerle de nuevo eso a una niña o mujer, se acordara de mí. Para terminar, le revisaron los antecedentes y resultó que tenía una orden de detención pendiente y quedó detenido. Por mi parte, Carabineros me informó que ahora las tocaciones en vía pública sí son abuso sexual, por lo que lo más probable es que me llamaran a declarar ante un juicio oral.

        Espero que este día no se le olvidé nunca más y que no sólo se haya llevado los golpes que le dí, o quizá el despido de su trabajo, sino que una lección de vida. Yo creo que nunca se esperó una reacción así de mi parte. Los acosadores nunca esperan que uno reaccione, ¡y es por eso que siguen tocando, acosando, abusando de nosotras!

        Si pudiera poner un nombre a este día sería ¡YA NO MÁS! Desde hoy, ya no más silencio, no más miedo a enfrentar a los acosadores. Pero para ello necesitamos la ayuda de todas y todos. Visibilicemos lo grave que es esta situación ¡YA NO MAS ACOSO NI ABUSO SEXUAL CALLEJERO!