ropa

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    Me pasa siempre cuando salgo y lo detesto. No hay día en que pueda salir tranquila, sin que un imbécil me grite algo, me toque la bocina o blah, blah, blah. Llegó un momento en que no quería ni salir, porque no me quería amargar el día con ese tipo de cosas, porque es algo que realmente te quita el ánimo del día, te llena de impotencia y ya no quieres ni volver a salir. O, por lo menos, no salir sola. Hasta que fue tanta la rabia, que en las calles perdí todo lo señorita, gritándole a los tipos o haciéndoles el típico “hoyuo”, porque ya estoy harta.

    Pero lo  más asqueroso y terrible que me ha pasado en las calles y que me hizo salir una furia terrible, fue una vez en la que iba caminando por el centro de Santiago. Pasa un tipo y me mira con una cara de imbécil, como si nunca hubiese visto piernas en su vida el muy idiota. Suelo usar shorts en verano, porque no quiero morir de calor. Bueno, sigo caminando y el tipo muy cara dura se devuelve y me dice al oído -lo que me dio un asco enorme- “con ese poto, mamita, qué no te haría”. Y no satisfecho con eso, el muy cerdo me da un agarrón, pero con tantas ganas que me hizo sacar una furia y le planté un combo en toda la cara al muy imbécil. También le grité un par de cosas. El gil quedó helado y yo con una mezcla de indignación, rabia, impotencia y un asco tremendo.

    Detesto que una tenga que pasar por este tipo de cosas cuando sale, no soporto los “piropos”, odio las miradas de babosos, odio al típico viejo verde que no se aguanta las ganas de decirte algo. En fin, creo que este tipo de actos son una falta de respeto total, ¿estos tipos no tiene madre acaso? Con este tipo de cosas no dan ganas de salir a la calle y ahora que mi hermana chica tiene que ir al colegio sola, para mí es terrible pensar que le pueda pasar algo como eso.

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      No he tenido experiencias con toqueteos ni tipos que me persigan, pero sí muchos piropos. Tengo 22 años y será recién hace cuatro que comencé a ocupar ropa ajustada y, hasta hace unos meses, poleras escotadas.

      Nunca me había atrevido a ocupar ropa así, porque no quería pasar por la experiencia de ser piropeada, ya que había sido testigo de frases ofensivas hacia mis amigas.

      Lo que me da asco de los hombres que acosan, es que crean que porque una muestre un poco de piel -debido al calor- o porque use ropa ajustada -es más cómoda-, piensen que es netamente para su degustación y placer. Siento que piensan que las mujeres nos vestimos para ellos y que andamos
      buscando el piropo.

      ¿Acaso las mujeres piropean a los hombres que andan con sudaderas y shorts? ¡No! ¿Acaso pensamos que lo hacen para nosotras? ¡NO! Entonces, ¡por qué se achacan un derecho tan absurdo, como creer que nos vestimos para ellos y que, por tanto, tienen derecho a mirar, tocar y opinar!

      Lo que más rabia me dio, fue en uno de esos tantos días calurosos. Una amiga andaba con jeans y con una polera muy linda. Me confesó que era un vestido, y que decidió ocuparla como polera porque había sido piropeada -y me tinca que más que eso- y y ya no quería vivir aquello de nuevo. No podemos dejar que los hombres definan nuestro modo de vestir, debido a su negligencia de ponerse en el lugar de nosotras y por no controlar sus instintos. No podemos permitir que seamos sus sueños eróticos ni refugio de sus necesidades sexuales.

      Estoy cabreada de andar con calzas y que crean que, por eso, les estoy dando el derecho a que comenten acerca de cómo se marca mi cuerpo, a que me piropeen o algo peor.

      Sólo una vez, a un par de cobardes les respondí a su manera. Estaban en un auto. Esperaron a que yo pasara por delante, sin darme la cara, para piropearme. Yo les hice un gesto irrespetuoso con la mano sin darme la vuelta, a lo que respondieron con risotadas. Pero sé que esa no es la solución.