rozando

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    A mis 23 años, ya me ha pasado tres veces y la impotencia que se siente es enorme. El problema es que una se paraliza y no sabe cómo reaccionar. Lo peor de todo es que nadie hace nada.

    Recuerdo muy bien la primera vez que me pasó. Iba en una micro y por mucho rato un tipo me tocó el trasero por el espacio que quedaba entre el respaldo y el asiento. Yo tenía 12 años aproximadamente y la señora que estaba sentada en el asiento de al lado miró al tipo, vio lo que sucedía y me miró con cara de “pobrecita”, pero no hizo NADA. A mí nunca me han gustado las faldas largas y me sentí culpable porque andaba con una mini. Por mucho tiempo creí que yo tenía la culpa.

    Las otras veces han sido al pasar. Uno en una bici y el otro trotando, mientras yo caminaba, ni siquiera dieron la cara y además iba sola, no tenía cómo defenderme ni pedir ayuda. Sin contar todas las oportunidades en las que los hombres se paraban al lado de una, mientras iba sentada en la micro y rozaban sus genitales en el hombro. Aunque una se corría, ellos lo seguían intentando. ¡Un asco total!

    Creo que de una vez por todas se debe hacer algo respecto a este tema. Tengo una hija de cinco años y no me gustaría que por nada del mundo le pasara algo así. Nadie merece que un enfermo, por sentirse más hombre, la vulnere de esa manera.

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      Hace un mes, un tipo se subió en la estación Salvador y venía rozándome con su entrepierna todo el rato en el túnel. Yo me corría y estaba tan apretada, que no lograba zafar. Finalmente me bajé en Manuel Montt y al abrirse las puertas el tipo me pegó un agarrón que me hizo saltar. Me di vuelta y le pegué un cornete en la cara -tengo tres hermanos hombres, así que de chica supe pegar combos- y le grité “sicópata asqueroso”. La gente me aplaudió y le gritaban cosas al estúpido. Lo malo es que lo acusé con el guardia y él me dijo que no podía hacer nada. Me sentí pésimo por ser violentada así y de llegar tan lejos en mi reacción a golpes, pero ya sufrir casi todos los días esa intimidación, en todos lados, por parte de hombres que se sienten con el derecho a invadir nuestro espacio y calma, ya nos hace caminar a la defensiva.